DESEO DE PERFECCION Y ARREPENTIMIENTO
2ª ORACIÓN: JUICIO.
PETICIÓN: crecido e intenso dolor y lágrimas por mis pecados. COMPOSICIÓN DE LUGAR:
Poner delante de mí a todos aquellos a quienes he hecho mal, y dejar que me juzguen; lo mismo con aquellos a quienes no hice bien debiendo haberlo hecho. Imaginemos un juicio. Pensemos en el Juicio Final de Mt 25. Y es juicio porque ha habido muertos. Porque en definitiva quien no ama es como Caín, dice Juan. Y todo pecado, de un modo u otro, colabora con la muerte de Jesús. No hay que esperar a la muerte para experimentar el juicio, pues el juicio no tiene un dictamen improvisado, se va escribiendo en la historia.
TEXTO:
Mt 25, 31-46. Sentirme interpelado por Jesús que está presente en los otros. El mensaje central es que lo que hacemos o no hacemos con uno de ellos, lo hacemos o no con Jesús. LA ESCENA:
En todo juicio hay tres elementos: el acusado, los ofendidos, el acto criminal.
Primero pongo delante de mí los ofendidos. ¿Qué siento al verlos? ¿Qué me dicen al verlos? ¿Cómo están? ¿Cómo me miran? Aquí es importante la composición de lugar: poner delante de mí a todos aquellos a quienes he hecho mal, aquellos de los que me olvidé, y dejar que me juzguen. Aquellos ante los que mentí, a los que en el fondo odié o fui indiferente o ignoré, aquellos o aquellas de las que usé o me aproveché, aquellos que en el fondo desprecié, aquellos con los que mi corazón tiene deuda. ¿Qué me dicen aquellos a quienes ofendí? ¿Qué me dicen aquellos de quienes me olvidé? Ver las secuelas de mi pecado: el infierno que produje en otros y en mí. Eso, en eternidad, es el infierno.
Después me pongo yo. Yo soy el acusado. ¿Cómo estoy yo? ¿Qué me duele? Tal vez siento necesidad de esconderme, porque, como dice 1ª Jn 2,10, quien odia al hermano está en las tinieblas y anda en tinieblas pues las tinieblas lo han cegado.
Por último, el tercer elemento es la acusación. ¿De qué se me acusa? ¿Qué es lo que hice? Ver la fealdad y malicia del pecado. Ignacio pone un añadido importante: el pecado es feo y malo en sí mismo y no porque esté prohibido, “vedado”. Matar es malo no porque está prohibido, sino que está prohibido porque es malo. El Decálogo existe no porque fue escrito en unas tablas de piedra sino en el corazón del hombre. El que ha pecado ha roto con lo más hondo de sí mismo y por eso, como Adán, se esconde, tiene miedo. Antes de que Dios le diga algo, ya sabe él que ha hecho algo malo.
Y eso compararlo con mis discursos, con mis creencias, convicciones teóricas y pertenencias institucionales, experimentando la distancia farisea que hay entre lo que digo y lo que soy. ¡Cuantas contradicciones e inautenticidades hay en mi vida!
COLOQUIO:
Terminar con el Coloquio. Primero el del Nº 60 de los Ejercicios: exclamación admirativa. ¿Cómo no se ha volcado todo contra mí? Yo merecería que me hubieran pagado con la misma moneda. Si soy honesto, mi conciencia me condena. Pero no es así, sino que "Dios me ha dado vida hasta ahora". Aunque la conciencia me condene, Dios no me condena (1ª Jn 3, 20), pues tenemos un abogado que es Jesús y nos defiende (1ª Jn 2, 1.). Y terminar con un Padre Nuestro, pidiendo que yo perdone como Dios me perdona.
3ª ORACIÓN: DIOS CONTRA QUIEN PEQUE (cfr EE 59).
Aquí se trata de ver el pecado desde Dios, como por dialéctica, contraponiendo todo lo que Dios ha hecho por mí a lo largo de mi vida y lo que yo le he devuelto. Recordar todas las experiencias de presencia de Dios en mi biografía. Y si soy honesto desde mi conocimiento, descubriré un inmenso contraste entre mi ingratitud, mi falta de fidelidad, y la permanente e incondicional acogida del Padre. De eso se trata: de reconocer la historia contrapuesta de Dios que siempre me ha sido fiel a lo largo de mi vida y yo que no he podido ser recíproco.
Descubrir la presencia de Dios en el don de la vida, como el primer don que me dio. En nuestros países tener vida ¡ya es un inmenso don! Ver todo el cariño de mis seres queridos, el don de conocerle a El, las oportunidades de crecer, la educación que recibí, las tantas y tantas personas que han hecho posible el hombre que soy... Sin yo saberlo, todo estaba
preparado por él como quien prepara un regalo con todo cariño para sus hijos. TEXTOS:
- Deut. 1, 30-34: Yahveh iba contigo, delante de ti, combatía por ti, te llevaba como un hombre a su hijo a lo largo del camino, pero no confiabas en El.
- Oseas 11: Desde que Israel era niño, yo lo amé, pero cuánto más me acercaba a él, él más se alejaba. Este texto se puede aplicar a mi propia biografía si considero tantos dones como Dios me ha dado a lo largo de mi vida, y mi ingratitud hacia El. - La poesía de la viña ingrata. Isaías 5,1-8. Voy a cantar a mi amigo la canción de su
amor por la viña. Esperaba de ella uvas dulces y sólo da frutos amargos: esperaba amor y sólo da asesinatos y violencia. La viña del Señor son los hombres de Judá. - Ezequiel 16, 1-63. La ingratitud de Israel para con Dios. Yo te lavé con agua,
limpié la sangre que te cubría y te perfumé con óleo… pero tu te preciaste de tu hermosura para prostituirte a todo el que pasaba.
- Y concluir con esa exclamación admirativa de San Ignacio en EE 60: Dios me ha consentido, Dios me ha esperado, Dios ha tenido misericordia de mí. Dios siempre me espera como el Padre del hijo pródigo. Me dejó ir y me espera. Dios inmensamente paciente.
- 2ª Tim, 2, 13: Si somos infieles, Dios permanece fiel.