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Ética de la veracidad 4.1 Las brujas de Salem.

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Los problemas éticos de las drogas 3.1.Paraísos artificiales (y pasajeros)

Capítulo 4 Ética de la veracidad 4.1 Las brujas de Salem.

En esta sesión intentaremos seguir un orden distinto: primero una película, luego la discusión, después las opiniones de los filósofos y finalmente otra discusión.

Ponte de acuerdo con tus amigos para ver juntos la película Las brujas de Salem (''The Crucible" en inglés), protagonizada por Daniel Day-Lewis y Winona Ryder. Después de verla, responde las siguientes preguntas:

a) ¿Qué hubiera bastado a Rebecca Nurse, el señor Jacobs, Elizabeth Proctor ya los demás

para quedar libres?

b) ¿ Qué opinas de la decisión que toma John Proctor al final de la película? ¿ Crees que

tú hubieras actuado de forma similar?

c ) Investiga cuál es la relación entre el senador norteamericano John McCarthy y la obra

de teatro The Crucible, escrita por Arthur Miller, en la cual está basada la película. 4.2 Engaño y mentira

Hubo una vez, durante el siglo IV d.C., un cristiano muy diligente que deseaba infiltrarse por medio de engaños en una secta herética, cuyos miembros practicaban ocultamente rituales ajenos a la ortodoxia. Quería hacerse pasar por uno de ellos para denunciarlos y de esta manera servir a la Iglesia. Antes de hacerlo escribió una carta a San Agustín, obispo de Hipona, quien le respondió que su proyecto era absolutamente injustificable. San Agustín argumentó que para un cristiano, que se enorgullece de vivir en la verdad, mentir a los herejes, a quienes considera sumidos en la falsedad y el engaño, significaría borrar una de las mayores diferencias entre los dos.

No importa qué tan piadoso sea el objetivo (por ejemplo, desenmascarar a los herejes), según San Agustín engañar es siempre moralmente inaceptable.

Engañar, según la filósofa norteamericana Sissela Bok, es el acto de comunicar mensajes que intentan hacer que alguien crea lo que nosotros mismos no creemos. Podemos engañar a través de la palabra, a través de nuestros actos, por medio de un disfraz o incluso sirviéndonos del silencio. No hace falta hablar para engañar a alguien, porque una mentira es cualquier mensaje engañoso que comunicamos intencionalmente.

Para ejemplificar estas posibilidades, pensemos en un reportero que se halla en las siguientes situaciones:

a) Al llegar a la escena de un crimen, el reportero se abre paso entre la multitud y consigue burlar a la policía diciendo: "Déjenme pasar, soy doctor".

b) Para averiguar si un sospechoso está siendo investigado en otra jurisdicción, el reportero va a la comandancia de policía, toma su teléfono celular y llama diciendo: "Soy Fulano de Tal, hablo de la comandancia de policía de Tangamandapio, necesito saber si. ... ".

c) Tratando de entrevistar a la familia de un político enfermo en un hospital, el reportero se pone una bata blanca y pasa la barrera de los oficiales de seguridad, que tienen instrucciones de no dejar pasar sino al personal médico.

d) El reportero quiere averiguar si un personaje conocido tiene problemas con la bebida, para lo cual se inscribe en un grupo de apoyo para alcohólicos. El moderador advierte que la sesión es exclusiva para gente que padece alcoholismo, pero el reportero se queda callado y permanece dentro del salón.

Se puede clasificar estos engaños como a) mentira activa, b) mentira por ambigüedad, c) engaño no verbal y d) engaño por omisión.

4.3 Mentir es una forma de agresión

Sissela Bok afirma que la violencia y el engaño son dos formas de agresión contra los seres humanos: ambos pueden obligar a las personas a actuar en contra de su voluntad. En el primer caso, alguien puede obligarte a que te metas a su automóvil si te apunta con un arma: está ejerciendo violencia contra tu libertad. En el caso del engaño, alguien puede, mediante un micrófono oculto, obligarte a repetir frente a millones de espectadores lo que tú pretendías decirle únicamente a esa persona.

Siguiendo con la argumentación de Bok, mentir causa daño en tres instancias:

a) Primero, dañamos a aquéllos a quienes mentimos en la medida en que pasamos por encima de su libertad.

b) Quien miente se daña a sí mismo porque pierde su integridad. Recuerda lo que explicamos en el capítulo dedicado a Sócrates: ¿Quién resulta más peIjudicado: el que comete una injusticia o el que la padece? A primera vista parece que el más perjudicado es el que la padece: si me roban la cartera, habré perdido dinero, pero mi integridad moral está intacta: soy el mismo antes y después del robo. En cambio, el que me robó queda peIjudicado en su integridad moral, porque se ha convertido en un ladrón. Puesto que los actos repercuten en aquel que los ejecuta, entonces pierde más el que comete una injusticia que el que la padece.

c) El tercer daño es más abstracto, pero a Bok le parece el más perjudicial: es el daño en el nivel general de confianza y cooperación social. Y es que la vida en comunidad es inconcebible sin la confianza. Nuestra vida diaria está llena de actos de confianza. Cuando compramos una botella de agua y leemos en la etiqueta que se trata de agua purificada, jamás llevamos esa botella al laboratorio para asegurarnos que está libre de partículas tóxicas. Cuando una azafata dice, antes de despegar, que en caso de emergencia una máscara de oxígeno saldrá del compartimiento superior, nosotros damos por hecho que así será. La vida sería imposible si desconfiáramos de la veracidad de todo mundo.

Las sociedades con menores niveles de confianza, según el politólogo Francis Fukuyama, encuentran mayores dificultades para alcanzar prosperidad. De manera similar, Sissela Bok afirma que la confianza es un valor social que la mentira perjudica, en la medida en que la deshonestidad interfiere con la posibilidad de trabajar por objetivos comunes.

4.4 ¿Puede traer beneficios mentir?

Supongamos que hay una persona escondida en mi casa, porque yo sé que un individuo trata de matarla. Si dicho individuo

toca a mi puerta y pregunta si su víctima se encuentra allí, ¿debo responder la verdad? El filósofo alemán Inmanuel Kant propone este ejemplo en su ensayo "Sobre el supuesto derecho de mentir por motivos altruistas". Su respuesta, sorprendentemente, es que debo responderle al asesino con la verdad. "El deber de la veracidad", dice Kant, "no hace distinción entre las personas con quienes estamos obligados a decir verdad y aquéllos a quienes podemos negársela, sino que es un deber incondicional que es válido en toda circunstancia".

Para Kant no hay ninguna mentira inofensiva, porque incluso si ciertas mentiras no dañan a ninguna persona en particular, todas ellas dañan a la humanidad en general, pues afectan la fuente misma de la ley. Una excepción que contradiga la universalidad de los principios, los volvería vacíos y sin fuerza.

La postura de Kant es muy atractiva, aunque tiene una debilidad. No estoy obligado a decirlo todo a todo mundo indiscriminadamente. El asesino no tiene derecho a saber quién está en mi casa y mucho menos, si me amenaza. Piensa en otro ejemplo muy sencillo. Si un compañero de tu salón te pregunta, "Oye, ¿te gusta Manganita?", tú no tienes ninguna obligación de responderle que, en efecto, llevas un mes sin dormir pensando en ella. Hay asuntos que no todo el mundo tiene porqué saber. Existe un derecho a la privacidad que debe armonizarse con la veracidad.

Ejemplo del asesino, ¿no te suena contrario al sentido común? El filósofo norteamericano David Nyberg sostiene que el engaño es una estrategia válida de la inteligencia práctica, es decir, de la inteligencia aplicada a nuestra vida diaria. Con ello no intenta decir que lo único que hacemos es engañamos unos a otros todo el tiempo, sino que todos podemos señalar numerosas ocasiones en que engañar puede ser un mal menor. Un ejemplo es el del asesino que toca a mi puerta: puedo elegir la mentira como la decisión moral válida para esa ocasión. Pero Nyberg se refiere también a casos menos llamativos. La franqueza absoluta, dice este filósofo, puede llevamos a un extremo antisocial, de no ser porque cierto grado de engaño está presente en las relaciones humanas. Pensemos por ejemplo en aquel hombre que siempre y a toda costa decía la verdad; el día de su cumpleaños le regalaron una corbata y le preguntaron que si le gustaba; el hombre respondió: "Me parece horrorosa y jamás me la voy a poner, pero agradezco la amabilidad" .

La argumentación de Nyberg no debe entenderse como una defensa de la mentira, sino como una defensa del razonamiento moral, que muchas veces puede encontrarse con dilemas o con valores que entran en conflicto. La ética es un saber práctico y no consiste en la aplicación mecánica de unas recetas. Siempre hay que razonar y considerar las circunstancias concretas. El valor de la veracidad puede enfrentarse, en ocasiones, con el valor de la amabilidad, con el valor de la amistad, o incluso con el valor de la vida. Habrá veces en que sea preferible la vida a costa de la veracidad (como en el ejemplo del asesino que toca a mi puerta), pero también puede haber situaciones (como la que se plantea en la película Las brujas de Salem) en que una persona elija decir la verdad incluso a costa de su propia vida.

4.5 El argumento del mal menor

Sucedió una vez que una cadena de supermercados estaba vendiendo carne en mal estado. Al llegar la fecha de caducidad, se ordenaba a los empleados que sustituyeran la etiqueta por una con fecha posterior. Para denunciar dicha práctica —ilegal y peligrosa—, un reportero fue a buscar empleo en los supermercados. En su solicitud de empleo no dijo que trabajaba para un noticiero de televisión, ni utilizó su nombre auténtico. Con una cámara escondida grabó a los empleados cambiando la fecha de caducidad. Cuando la noticia salió al aire, los televidentes se escandalizaron por la falta de ética de la cadena de supermercados. En cambio, otro periodista se escandalizó por la falta de ética del reportero, y publicó una crítica en la que argumentaba que el fin jamás justifica los medios.

Pero tal vez el argumento de que "el fin no justifica los medios" no sea el único para valorar un caso de este tipo. El filósofo y teólogo medieval Tomás de Aquino, por ejemplo, nos ofrece otro posible razonamiento. Aunque afirma que mentir es siempre inmoral, también añade que a veces es válido elegir un mal menor cuando se intenta prevenir uno más grave. Es un caso Análogo, dice Tomás de Aquino, al del doctor que decide amputar una parte del cuerpo (causándole un mal) para impedir la muerte (un mal mayor).

Es cierto que el [m no justifica los medios. La mentira y el engaño nunca es buena, nunca debe desearse por sí misma. Pero también es cierto que el razonamiento moral (decidir si algo es éticamente acertado o no) puede aducir otros argumentos, como por ejemplo el del mal menor. Este argumento, sin embargo, no es una llave para justificar la mentira. Estaría mal aplicado, por ejemplo, si decido copiar en un examen porque 10 juzgo un mal menor comparado con reprobar la materia.

El argumento del mal menor debe cumplir al menos tres condiciones:

a) El mal que se permite es una respuesta ante otro mal, cuyas consecuencias injustas intenta cancelar o aliviar.

b) El mal que se permite es menos malo que cualquier injusticia que trata de prevenir. c) No hay ningún otro camino éticamente preferible para responder a la injusticia en cuestión. Es decir, es el último recurso:

Ejercicios

Formar equipos para discutir si los siguientes casos son éticamente justificables:

1) El nieto consentido de una anciana de 90 años falleció en un accidente. Cada vez que

pregunta por su nieto, sus familiares le dicen que está de viaje.

2) Un reportero se hace pasar por otra persona para entrar a una cena y averiguar quién

es el nuevo novio de Shakira. El reportero juzga que la suplantación es un mal menor.

3) A un adolescente de 15 años le diagnostican una enfermedad mortal. Su familia decide

ocultárselo para que no sufra.

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• Tomamos estas tres condiciones del libro Good Reasoning Mattersl, de Groarke, Tindale y Fisher, Oxford University Press, Toronto, 1997.

Capítulo 5

La ecología y el respeto a la naturaleza

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