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Acercadeísmo

In document Psico Gestalt III (página 58-62)

Introducción a las técnicas de la terapia gestáltica

I. Acercadeísmo

Acercadeísmo (aboutism) es un nombre que a Peris le gusta darle al “juego

científico”, en la misma forma que considera al debeísmo (shouldism) como la esencia del “juego religioso”. En la situación terapéutica, las manifestaciones más frecuentes de esta actitud son la ofrenda de información (diagnóstica), la búsqueda de explicaciones causales, la discusión de asuntos filosóficos o morales o del significado de las palabras. Todos éstos, junto con los clichés de las buenas costumbres, son materia de tabú en terapia gestáltica por constituir una manifestación de “verbiage” (verborrea). Como lo ha dicho Peris: “Por qué y

porque son palabras sucias en terapia gestáltica. Sólo conducen a

racionalizaciones y pertenecen a la segunda clase de producciones de verborrea. Yo distingo tres clases de producciones verborréicas: chickenshit (caca de pollo) —que es algo así como ‘buenos días’, “cómo le va”, etc.; bullshit (caca de toro) — se refiere a esto es ‘porque’, racionalizaciones, excusas; y elephantshit (caca de elefante) —que es cuando uno habla de filosofía, terapia gestáltica existencial, etc., lo cual estoy haciendo ahora”.

El término bullshit, en particular, se ha convertido en parte de la jerga técnica de la terapia gestáltica debido a su expresividad —indica algo que debe ser eliminado, algo insustancial cuando se mide junto a la experiencia directa.

La falta de consideración de los terapeutas gestálticos por las conceptualizaciones, a menudo es muy frustrante para los pacientes que previamente han sido expuestos al sicoanálisis o a la literatura sicoanalítica, porque ahí la interpretación es considerada como el camino a la verdad. Más aún, parece ser que la tendencia a buscar alivio a las tensiones sicológicas mediante las explicaciones causales, es, al mismo tiempo, una tendencia natural en muchas personas. Deberíamos llamar a estos intentos sicoanalíticos y espontáneos de entender algo, nada más que un estéril “juego de calce”, como lo propone Perls?

Personalmente, estoy convencido del valor de conservar la expresión de afirmaciones intelectuales como técnica sicoterapéutica, a pesar de que no estoy de acuerdo con la actitud un tanto pedante de muchos terapeutas gestálticos hacia el deseo del paciente de entender a un nivel intelectual. Creo que el respeto por ambos no sólo es algo perfectamente compatible con el empleo de la técnica, sino que más efectivo. No tenemos que creer que “el juego del por qué-porque aristotélico” es siempre otra técnica de evitación (conducta fóbica), para dar cuenta de la utilidad de la regla bajo discusión. Basta con que creamos que a

veces las explicaciones son evitaciones. Si es así, cuando el paciente debe jugar

el juego gestáltico, donde las reglas no le permiten un “por qué” o un “porque”, tarde o temprano llegará el momento en que se sienta incómodo sin su muleta habitual. En otras palabras, algunas de sus explicaciones serán funcionales, mientras que otras serán fóbicas. Sin embargo, cuando se le pide que renuncie en masa a todas sus explicaciones, encontrará que no puede abandonar tan fácilmente algunas de éstas, y se sentirá culpable, vacío, temeroso, y hablará

acerca de en lugar de vivenciar la incomodidad del momento o de su “tener” que

explicarse a sí mismo.

Si mi punto de vista es correcto, la técnica de declarar tabú las formulaciones intelectuales puede ser considerada, en cierta medida, como lo que el revelador es a la película fotográfica: un medio para hacer visible lo que de otra manera hubiera permanecido invisible. Pienso que ésta es una de las cosas que se puede decir de las técnicas supresivas en general.

Por otra parte, una apreciación de la efectividad de la técnica de omitir la interpretación, no tiene que estar basada en la suposición de que todas las interpretaciones son estériles y que el deseo de la comprensión intelectual constituye ya sea un síntoma o el no entender algo. Basta con que veamos que a

veces la interpretación es estéril y que la expectativa del paciente de que este tipo

de comprensión lo cambie, es, por lo general, su opción de un camino innecesariamente largo.

Y una vez más, veo el asunto de la no-interpretación como de preferencia para la técnica más efectiva —un asunto más bien de eficiencia comparativa que como el resultado de un mandato sagrado según el cual toda interpretación es intrínsecamente “mala”.

La terapia gestáltica es esencialmente un enfoque no-interpretativo, porque su objetivo es la experiencia, el percatarse, y no la introvisión intelectual. El sicoanálisis se basa en el hallazgo de que la introvisión intelectual puede conducir

a una introvisión emocional. La terapia gestáltica se apoya en la creencia de que, aun cuando eso sea posible, lo más frecuente es que la introvisión intelectual se convierta en sí misma en una trampa, un sustituto o una muleta que reemplaza para siempre a la experiencia acerca de la cual habla. De cualquier forma, la toma de conciencia se puede estimular por medios más directos que la formulación intelectual de sus probables contenidos. Aparte de lo indirecto de tal enfoque “computacional”, el terapeuta gestáltico se opone a ello en términos del juego “yo te estoy diciendo a ti”, el que implica una relación no favorable para el desarrollo del auto-apoyo o la responsabilidad.

Pienso que si les pedimos a nuestros pacientes que sigan la regla de la no auto-interpretación y acepten nuestra propia regla de la no-interpretación, sabiendo que es una técnica y no un asunto moral, estaremos en mejor contacto con ellos que si implícitamente consideramos sus “porque” como evitaciones o “sabotaje”. Generalmente, en mi propia práctica hago una declaración en el sentido de que la necesidad de interpretaciones puede estar basada en suposiciones erróneas, e invito a mis pacientes a experimentar con una situación donde no haya lugar para interpretaciones. Cuando un paciente no se somete a una regla que él ya ha aceptado, podemos inferir que:

1. En ese momento está vivenciando algo que debe evitar;

2. Su deseo de jugar el juego “vean cuán inteligente soy”, u otro semejante, es mayor que su deseo de compartir su experiencia;

3. No se atreve a confiar en el terapeuta y/o en el método empleado por él.

En cualquiera de estas instancias, el fracaso del paciente para persistir en la conducta prescrita (de meramente verbalizar sus experiencias), es al menos tan importante para el terapeuta como lo son sus éxitos. Si se mantiene alejado de las intelectualizaciones, tarde o temprano va a:

1. Darse cuenta que no las necesita para obtener auto-conocimiento, 2. Encontrarse con los “hoyos” de su personalidad: las áreas de impotencia, parálisis, incapacidad para aceptar la experiencia, etc., lo que da origen a la experiencia del vacío. Como hemos visto, esto es en sumo grado deseable.

Si, en forma alternativa, el paciente explica o busca explicaciones en él o en su terapeuta, éste puede seguir uno de estos dos cursos de acción:

1. Insistir en la regla.

una incomodidad hasta aquí no reconocida, la compulsión de explicar las cosas o justificar en términos de eventos pasados, su deseo de sentirse aceptado como un paciente con capacidad de introvisión, su elección de su propio enfoque en lugar de aquel sugerido por el terapeuta, etc.

En instancias como las enumeradas, el que el paciente no siga la regla es

tomado como una clave, y la regla, indirectamente, ha servido entonces la función

de hacer aparente la clave. Parte del éxito del terapeuta en cualquier enfoque, depende de su capacidad para captar, en el tramo del discurso del paciente o en el flujo de su percatarse, las claves de los aspectos significativos, la expresión de tales aspectos en su personalidad que requieren confrontación. Las reglas supresivas de la terapia gestáltica constituyen un medio valioso para detectar aquellos momentos en la experiencia del paciente que necesitan ser sacados a la luz. En general, éstos son los momentos en que, a pesar de la estructura establecida por el terapeuta, el paciente escoge no expresar su experiencia en curso, sino que más bien hablar acerca de sí mismo o de los demás.

La regla del no-acercadeísmo, que involucra las reglas de la no- explicación o búsqueda de explicación, del no-filosofar o búsqueda de otra verdad que no sea la evidencia, del no-diagnóstico de la personalidad o reunir información conducente a interpretaciones (además de discusiones sobre el tiempo, las noticias matinales, etc.), no sólo se aplica al paciente individual, sino que es particularmente efectiva en situaciones de interacción grupal. En la terapia individual, las explicaciones representan pérdidas ocasionales de tiempo. En una situación grupal, una explicación lleva a otra y a otra y a otra, de modo que tal nivel de discurso se establece en que nada significativo puede ocurrir. Por otra parte, la simple regla de suprimir la verbalización de opiniones, ideas, opiniones acerca de los sentimientos de Otros miembros, etc., es, por sí misma, una garantía de que algo significativo va a ocurrir en la sesión: porque el compartir experiencias gatilla otras experiencias, y en una atmósfera de no evitación, es probable que la expresión de sentimientos “menores” evolucione —así como las chispas que aumentan hasta convertirse en una hoguera— hasta llegar a ser un compromiso dramático.

La regla de la no-intelectualización no sólo se aplica a la verbalización. Ya se trate de terapia individual o grupal, éste puede ser un ejercicio útil para realizar en forma privada, extendiéndolo a todo nuestro pensar. Pero nuevamente tengo que enfatizar que esto no implica que un estado mental libre de pensamientos sea un estado ideal válido para todos los momentos de la vida. Implica que gran parte del tiempo estamos optando por calcular en lugar de percatar- nos de nosotros

mismos, y que ni siquiera nos damos cuenta de nuestra opción de hacer esto. La técnica de apagar la “computadora” puede ponernos en mejor disposición para contactamos con nuestra experiencia en curso, la que puede involucrar el deseo de prefigurar el futuro o no. De hecho, la naturaleza de gran parte de nuestro pensamiento es tipo ensayo y habla de una necesidad de controlar el futuro. En la búsqueda de esta “seguridad”, podemos evitar perder y que nos duela, pero si nos hemos convertido en computadoras, tampoco podemos vivir.

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