2. Marco teórico

2.1. Conflictos escolares en secundaria

2.1.1. Acoso escolar presencial

70, con el trabajo pionero de Olweus en1973, trabajo que generó conciencia sobre la problemática y abrió una dimensión educativa hasta el momento sin explorar desde un enfoque investigativo. Posteriormente la producción de diversos trabajos realizados en la década de los 80, originados principalmente en Europa, dieron como resultado el

reconocimiento de la problemática del bullying como un fenómeno a escala mundial (Nashiki, 2013).

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Dentro de lo que se conoce como acoso escolar presencial, el bullying sólo se refiere a una parte de la compleja variedad de conflictos que ocurren al interior de una institución educativa, entre otras manifestaciones de acoso escolar presencial se pueden mencionar la violencia espontánea entre alumnos, de maestros hacia los alumnos y viceversa, modalidades de acoso escolar que generan conflictos y que constituyen amplios campos de investigación (Nashiki, 2013). Por otra parte, investigaciones referidas por Castro-Carrasco et al. (2012), señalan la existencia de distintos focos de conflicto al interior de las instituciones educativas, afectando de forma negativa la convivencia dentro de ellas, en donde los estudiantes son los principales actores y los más afectados.

Los estudiantes adolescentes, por la etapa de formación biológica y sicológica que afrontan, son en muchos casos los principales focos de conflictos. Éstos presentan necesidades de distinto tipo, como construcción de identidad, exploración de roles, relaciones afectivas significativas, reconocimiento, espacio y condiciones para

experimentar, entre otras; y que por su naturaleza, tienden a contraponerse a una cultura escolar. Paradójicamente, paralelo al proceso educativo, el ambiente escolar presenta una tendencia a negar y/o desvalorizar estas necesidades, facilitando el desarrollo de distintos grados de desacuerdo o conflictos (Castro-Carrasco et al. 2012). Es por ello, que el conflicto entre alumnos, tomó toda una serie de connotaciones que en algunos casos se ha valorado poco, incluso se ha ignorado, señalando que las peleas, los conflictos y maltratos son parte de los procesos de socialización y formación de los niños (Nashiki, 2013).

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Por lo anterior, es importante resaltar que si bien es cierto que desde la naturalidad con que se consideran los conflictos escolares entre niños, se reconoce que en el diario vivir de la escuela, la convivencia entre niños y jóvenes está sujeta a que se presenten discusiones, peleas y conflictos y que estos eventos algunas veces son parte de su desarrollo. No obstante, hay que reconocer que lo que marca el límite con el acoso escolar, es la reiterada violencia ejercida hacia determinados alumnos, es decir, el ataque y abuso sistemático sobre alguien elegido por diversas razones, entre otras: aspecto físico, condición económica, social o racial, e incluso el credo. Esa agresión

sistematizada y constante, constituye el bullying (Nashiki, 2013).

El no diferenciar esta frontera, implica que los directivos, el personal

administrativo, los padres y docentes, sólo reconozcan el problema cuando ha alcanzado graves proporciones. Esta situación es más evidente en los colegios de secundaria, pues los adolescentes a veces tienden a no comunicarse con sus padres y maestros (Ortega 1992).

Por eta razón, es importante concluir que las instituciones educativas, además de generar conciencia sobre el acoso escolar, deben establecer y aplicar políticas de

prevención y control de conflictos escolares. Éstas, deben partir desde la concienciación de los actores del sistema educativo, directivos, docentes, padres de familia y

estudiantes, hasta aplicar mecanismos de seguimiento y control de los diferentes

episodios de acoso escolar. Ello incluye, llevar estadísticas e historiales que permita a la institución reconocer cuándo los sucesos dejan de ser naturales y se han convertido en situaciones problemáticas que ameritan atención urgente.

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Otras consideraciones que hacen más álgido el problema con los adolescentes, y que determinan que el control externo sea parte importante en la regulación social del conflicto escolar, son las retomadas por Mejía-Hernández y Weiss (2011), haciendo referencia a lo que argumentan Furlan y Saucedo (2010), frente a la dificultad que pueden tener los adolescentes para controlar sus emociones y sus reacciones de ira; Furlan y Saucedo (2010, citado por Mejía- Hernandez y Weiss 2011), sostienen que la capacidad para controlar impulsos todavía está en proceso de formación y es por eso que ante una orden o un acontecimiento se comportan de manera impulsiva.

Esto mismo es corroborado por Nashiki (2013), cuando define que el maltrato entre compañeros partiendo de una relación inequitativa de recursos, es decir de poder, tiende a culminar en violencia física, debido a que por la forma de interactuar de los adolescentes, carecen de habilidades de negociación, e incluso la verbalización del conflicto, no es muy utilizada por los alumnos para resolver sus problemas. Estos comportamientos generan en los planteles el registro de actos intimidatorios de distinta índole (Nashiki, 2013).

Al respecto, puede señalarse que a pesar de las limitaciones propias de los adolescentes, planteadas por Furlan y Saucedo (2010, citados por Mejía-Hernández y Weiss 2011) así como Nashiki (2013), los alumnos en esta etapa de formación agravan la situación, creyéndose maduros y totalmente independientes. Lo que los conlleva, a no comunicar a docentes y padres las situaciones de acoso escolar donde directa o

indirectamente (como víctimas, agresores o testigos de violencia) están involucrados. Esto conlleva a destacar la importancia de que los docentes logren ganarse la confianza de sus estudiantes, mostrándose en un nivel de igualdad, de apoyo y comprensión, a fin

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de acercarse a ellos y conocer sus inquietudes y preocupaciones; específicamente, cuando padecen agresiones por parte de sus compañeros.

Finalmente, es conveniente resaltar que una parte considerable de los problemas de indisciplina que termina en conflictos escolares, son generados como formas de

oposición y resistencia a las normas y a la dinámica escolar, desde donde no encuentran respuesta a sus perspectivas culturales, o no se les brindan oportunidades de una

participación equitativa en la escuela y se les señala reiteradamente con términos despectivos (Saucedo, 2005).

2.1.2. Diferentes tipos de agresión. La generación de conflictos que terminan en

In document Fortalecimiento de la competencia docente para el manejo de conflictos escolares que se presentan entre los alumnos de secundaria, mediante un curso impartido en Moodle (página 38-42)