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4. DE ACUÑA A MARGLIANI LA APUESTA POR LA PAZ.

4.2. ADVERTIMIENTOS PARA LA PAZ Y EL NEGOCIO DE MEHMED BEY

Aunque la figura de Acuña hubiera sido relegada del negocio de la paz en junio de 1577, las detalladas instrucciones que se entregan a Giovanni Margliani a final de mes para continuar con la tregua parten de lo que el desacreditado don Martín dijo haber tratado en Estambul.

Así, en el primer advertimiento sobre la paz que harán Felipe II y Antonio Pérez para su nuevo embajador52 le exponen cómo Acuña fue también preso en Túnez, cautivo en Constantinopla y vuelto a Madrid, desde donde fue de nuevo enviado a la capital otomana, en la que negoció con el Gran Visir, del que trajo una carta para Su Majestad e hizo relación de los posibles medios barajados para la paz: la fórmula abierta y oficial y la secreta o suspensión de armas temporal.

El cambio de protagonista en las negociaciones se justifica en principio por las muchas cualidades de Margliani, entre las que se destaca su lealtad, y por otra serie de razones que no se quieren especificar:

Y, siendo el negocio de la calidad e importancia que es, ha querido Su Magestad encargar y encomendar la resolución y respuesta deste negocio al dicho señor Juan de Margliano, por ser persona de quien Su Magestad ha hecho de continuo y haze mucha confiança por su mucha discreçión y fidelidad y secreto, y por otras causas particulares. Y requiérese para tal negocio persona de tales partes y confiança53.

El enviado habría de partir rápidamente hacia Estambul para asegurar los tratos de paz, aunque haciendo escala, como era habitual, en Nápoles, con el objeto de proveerse de todo cuanto fuera necesario para continuar su viaje y la negociación de la tregua. Una vez en Constantinopla habría de dejarse notar y pedir audiencia de inmediato a Mehmed Sokollu Paşa, y, ante todo, agradecerle su buena voluntad en el negocio y los presentes y la carta que envió al rey. A continuación, debería darle la misiva que Felipe II le destinaba, extendiéndose en las palabras de lisonja que el soberano le dirigía:

Diziéndole lo que Su Magestad ha holgado de entender la buena voluntad que el dicho Baxa tiene a Su Magestad y a sus cosas, y que la de Su Magestad para con él y para todas las suyas es y será siempre muy buena, y que, assímismo, ha holgado de entender lo mucho que vale su persona y quánta razón y merescimiento tiene çerca del Gran Turco aquel lugar, por su mucha prudençia, valor y discreçión, y otras raras y

52 El término embajador se usa aquí en sentido amplio, como sinónimo de enviado o interlocutor en las negociaciones con el Primer Visir del Imperio Otomano. Más tarde, en 1579, Margliani recibirá poderes de embajador y podrá ser denominado así en sentido estricto.

53 AGS, Estado, Castilla, legajo 158, ff. 24-25. “Copia del advertimiento que se dio a Juan de Margliano para lo que ha de tratar con el Primer Baxa. Don Martín de Acuña”, El Escorial, 24 de junio de 1577 (ver anexo transcripciones, documento 22).

extravagantes partes y calidades que concurren en su persona54.

Después, Margliani debía comunicar oralmente al visir todo lo que el rey le transmitía por escrito, es decir, que Felipe II había entendido, por la carta de Sokollu y por lo que Acuña le había referido, no sólo la buena inclinación del ministro hacia el Rey Católico y sus asuntos, que él mismo decía corresponder habiendo enviado orden a su armada de no atacar posiciones o intereses otomanos, sino también lo que trató y platicó con el vallisoletano sobre:

Quánto importaría hazer una suspensión de armas por algunos años entre mí y el Serenísimo y muy poderoso Príncipe Sultán Murat, Emperador de los Turcos, para el bien público y benefiçio particular de los Reynos y vasallos de entrambos. Y que, en caso que esto no paresciesse por agora, vos os offrecíades de encaminar con dissimulaçión y secreto que se suspendiessen las armas por dos o tres años, con otras particularidades que el dicho don Martín me ha referido de vuestra parte55.

Desde Madrid se manda al milanés Margliani con órdenes de continuar las conversaciones con Mehmed Sokollu donde Acuña las había dejado, en la posibilidad de la paz, los beneficios que podría reportar a los paladines del Islam y el Catolicismo y las formas en que se podría llevar a cabo esta suspensión de hostilidades entre el cruzado y el muyahidín. Según la relación de Acuña esa suspensión de armas podría realizarse de forma pública o secreta. A su vez, la paz pública conllevaría el consiguiente intercambio de embajadores, presentes y el establecimiento de una comunicación directa, así como una mayor duración, mientras que el acuerdo secreto se asentaría por menos años y sin un documento oficial, bastando casi la palabra de los monarcas y sus legados para formalizar el laxo trato56.

Desde Estambul, Mehmed Sokollu Paşa había pedido a Felipe II que se reenviara a Acuña o se mandara un nuevo emisario para continuar las conversaciones. Esta posibilidad de sustituir al interlocutor que da Sokollu la aprovechan los católicos para justificar la retirada de Acuña del negocio. Margliani debería explicar al Primer Visir esta sustitución por «no poder bolver el dicho don Martín por falta de salud y otros impedimentos»57, y por la mucha confianza del rey en las cualidades de su vasallo itálico, como se le refería antes al propio Margliani.

54 AGS, Estado, Castilla, legajo 158, ff. 24-25. “Copia del advertimiento que se dio a Juan de Margliano para lo que ha de tratar con el Primer Baxa. Don Martín de Acuña”, El Escorial, 24 de junio de 1577. 55 AGS, Estado, Castilla, legajo 159, f. 292. Felipe II a Mehmed Sokollu Paşa, El Escorial, 24 de junio de 1577.

56 AGS, Estado, Castilla, legajo 159, ff. 283-285. “Copia del memorial que don Martín de Acuña dio a Su Magestad sobre lo que passó con el Gran Baxa en Constantinopla”, lugar incierto, 18 de marzo de 1577. 57 AGS, Estado, Castilla, legajo 159, f. 292. Felipe II a Mehmed Sokollu Paşa, El Escorial, 24 de junio de 1577.

El rey quería transmitir igualmente al Diván turco el interés y brevedad con que, dentro de lo posible, se había tratado y discutido el negocio de la paz en Madrid, para el que finalmente se había decidido aceptar su segunda forma: la tregua secreta.

Que Su Magestad es muy contento de aceptar por agora el segundo medio, que por dos o tres años se haga con dissimulaçión y secreto la suspensión de armas por una parte y por otra, ygualmente diziéndole como Su Magestad también le escrive que esto es para que se pueda mejor tratar y assentar en este tiempo lo demás que lleva entendido del primer medio, y, porque entretanto que esto se trata y concluye, comiençen a gozar desde luego los reynos y vassallos de ambas partes del beneficio grande desta suspensión de armas58.

Acuña dijo que Mehmed Sokollu le ofreció la posibilidad de una paz secreta, aunque matizó que Murad III y Mehmed Sokollu preferían una paz pública. Los hispanos, entonces, eligen la fórmula secreta pero presentando esa elección como provisional: sería un acuerdo rápido que evitaría la guerra mientras se negociaba un acuerdo más oficial, que requeriría más tiempo y ceremonial.

De todos modos, independientemente de la forma en que se estableciera el acuerdo, se deja claro, como en la tentativa de paz de Secco y Franchis, que no se quiere ningún tipo de comunicación ni comercio con el Imperio Otomano59.

Más tarde tanto el gobierno turco como el hispano culpabilizarán a Martín Vázquez de Acuña de haber urdido por sí mismo la posibilidad de realizar una paz secreta, y los dirigentes ibéricos y Margliani sostendrán que se había ido a Estambul a negociar sin saber que los otomanos sólo ofrecieron una paz pública. Mehmed Paşa espetará a Margliani que, necesariamente, tenía que saber antes de partir de Nápoles que querían negociar una paz oficial, aunque Acuña hubiera mentido en su memorial sobre lo que se trató en Constantinopla y hubiera modificado la carta que envió con él a Felipe II. La carta de Mehmed Sokollu Paşa que Acuña mostró al monarca encaja con el ofrecimiento de una paz secreta. En ella se admite la posibilidad de sustituir a Acuña por otro enviado y que aquél que fuera a negociar lo hiciera con total discreción:

58 AGS, Estado, Castilla, legajo 158, ff. 24-25. “Copia del advertimiento que se dio a Juan de Margliano para lo que ha de tratar con el Primer Baxa. Don Martín de Acuña”, El Escorial, 24 de junio de 1577. 59 Las instrucciones a Margliani en este punto, de hecho, parecen haberse copiado de las condiciones para la paz que se fijaron en 1559. Los advertimientos a Margliani en AGS, Estado, Castilla, legajo 158, ff. 24- 25 dicen: “que no ha de haver [...] ningún género de comunicaçión de una parte a otra, sino simple suspensión de armas, para que ninguno de los súbditos, tierras, amigos o confederados que por las partes se declaren sean en ninguna manera offendidos ni damnificados, por mar ni por tierra, y que, como está dicho, fuera de esto no ha de haver comunicaçión, si no fuesse con especial licencia y salvoconducto de los Príncipes”. Esta escritura es prácticamente idéntica a la redactada para el legado Niccolò Secco en AGS, Estado, Alemania, legajo 652, f. 62. “Las condiciones con que verná Su Magestad en la tregua o supensión de armas con el Gran Turco” (ver anexo transcripciones, documento 3).

Et in quel tempo che piacerà di darmi resposta per il detto fidelissimo vassallo suo, ho per un altro, se potrà securamente venire a questo Imperio con la secretezza che lui sa (e) la Maiestà Vostra vede che importa60.

En esta traducción al italiano de la misiva del Gran Visir al Rey Católico se pide que se envíe algún interlocutor para negociar la paz. Mehmed Sokollu no pide un embajador formal y sugiere que el emisario viaje y negocie secretamente. Esta diplomacia extraoficial parece muy alejada de los habituales ritos turcos en las relaciones con otros príncipes, lo que lleva a pensar que Acuña falsificó la carta del visir antes de entregarla a Felipe II.

Mehmed Sokollu Paşa acusará más tarde a Margliani y a los hispanos de haber mentido al decir no saber que él no propuso ningún acuerdo secreto, ya que después de Acuña envió otra carta con Aurelio di Santa Croce, con quien necesariamente debía de haber coincidido Margliani en Madrid o en Nápoles en el verano de 1577, antes de emprender el camino a Estambul, adonde llegaría en diciembre. En esta nueva carta, efectivamente, la formulación era muy diferente:

Però con le amorevole et syncere littere della Maestà Vostra apposta uno sufficiente imbasciatore si mandi, acciò che secondo il desiderio il negotio della pace et quiete habbia il suo compimento61.

Según esta última redacción era evidente que Sokollu y el Turco exigían la negociación de una paz pública y el envío de un embajador oficial. Podría ser, no obstante, que los otomanos hubieran engañado a Acuña para iniciar las conversaciones de paz, ofreciendo un acuerdo secreto para atraer a los hispanos a la negociación y retractándose después, echándole la culpa al vallisoletano del entuerto.

En todo caso, el Primer Visir tenía razón cuando acusaba a Margliani de saber con antelación a su llegada a Estambul que se había solicitado un embajador y acuerdo formal, pues, efectivamente, el milanés coincidió con Aurelio di Santa Croce en Nápoles y pudo saber las condiciones turcas para la paz antes de continuar su viaje a Constantinopla.

Pero incluso antes de la llegada de la carta del bajá con Aurelio di Santa Croce los dirigentes hispanos habían de saber, o al menos sospechar, que no era probable que la Sublime Puerta hubiera ofrecido una suspensión de armas secretas tal y como sostenía Acuña y era el deseo filipino. Esto debió de ser así no sólo por la práctica habitual de la

60 AGS, Estado, Castilla, legajo 159, f. 287. “Copia de la carta del Baxá para Su Magestad que truxo don Martín de Acuña”, fecha y lugar inciertos.

61 AGS, Estado, Nápoles, legajo 1073, f. 135. Marqués de Mondéjar a Felipe II, Nápoles, 7 de agosto de 1577. “Traducción italiana de la carta de Mahamet Bajá”.

diplomacia entre los dos potencias mediterráneas, de la que el ejemplo de Franchis y Secco es paradigmático, sino también porque las propias palabras empleadas por los católicos en las instrucciones a Margliani reflejan la poca confianza en que los otomanos transijan con el acuerdo oculto: ¿por qué si no se iba a decir que se optaba por el segundo medio, el secreto, pero sólo mientras se negociaba para conseguir el primero, la paz oficial? El tratado público con el Infiel nunca fue una opción deseada por la Monarquía Hispánica, sino, en todo caso, forzada, y era una opción obligada porque se sabía que los turcos sólo negociaban y firmaban paces oficial y ceremonialmente. El sentido más probable, pues, de que se elija el pacto secreto mientras se negocia el público es que, al margen de que mintiera o no Acuña, los dirigentes ibéricos supieran que no era posible que Mehmed Sokollu hubiera ofrecido un acuerdo secreto, pero que intentaran disimular amparándose en lo que refiere el emisario hispano de sus tratos en Constantinopla y sin indignar en demasía a los otomanos. Por ello tratan de ofrecer un compromiso entre sus deseos de negociación provisoria y los turcos de diplomacia oficial, buscando siempre una conciliación que permita a la Monarquía Hispánica, ante todo, ganar tiempo y ahorrar recursos de la guerra mediterránea para poderlos emplear en los nuevos o incipientes frentes de conflicto: el Atlántico, Inglaterra, Flandes, Francia o Portugal.

Además resta la duda de si Acuña realmente modificó la carta de Mehmed Sokollu Paşa, si lo hizo otro al traducirla al italiano, como pudiera ser el Gran Dragomán Hurrem Bey, o si simplemente era la carta original y eran los turcos los que mentían. En descargo de Acuña se podría apuntar que no termina de tener sentido que si fue él quien la modificó y mintió no se sugiriera a sí mismo como único enviado posible para continuar las conversaciones. La carta de Sokollu decía que se mandara a él o a otro, y por ello Felipe II le sustituyó por Margliani, siendo un contrasentido que Acuña no se recomendara exclusivamente a sí mismo.

Fuera elegida sincera o hipócritamente, a sabiendas de que no era realizable, la opción de la paz secreta, se mandó con ella relación de los aliados que habrían de ser obligatoriamente incluidos en el acuerdo que se firmara, independientemente de la forma que tuviera éste. Destacaba entre ellos la República de Venecia, cuya inclusión, bien por indicación de los turcos o por manipulación de don Martín, no parecía inicialmente querida por Sokollu, quien argumentaba que el gobierno turco estaba mal inclinado hacia ella. Además de los habituales conflictos fronterizos mediterráneos entre ambos estados, el que la Serenissima no hubiera mandado aún, a mediados de 1577, un

nuevo baylo que sustituyera al licenciado en 1575 Antonio Tiepolo, sino que hiciera sus veces el vicebaylo Giovanni Correr, pudiera ser la causa de esta supuesta desavenencia. La inclusión de Venecia, junto con el Papa y el emperador Rodolfo II, era para Felipe II de todo punto esencial para poder mantener el acuerdo, aunque éste se presentara como una suspensión provisional de las armas. Así lo proclamaba el monarca en la carta que él mismo dirigía a Mehmed Sokollu Paşa. Esta misiva resultaba esencial por cuanto implicaba una comunicación directa del Rey Católico con el ministro turco, una claudicación de los hispanos a un trato medianamente normalizado con el Imperio Otomano:

Pero quiero también advertiros y declararos aquí que deven y han de ser comprehendidos en esta suspensión y dissimulaçión de armas, demás de los reynos y estados y tierras y súbditos de los amigos y confederados de una parte y de la otra, en particular, el Serenísimo Emperador, mi sobrino y hermano, la Sanctidad del Papa y la República e Veneçia y todas sus cosas y estados y vasallos, lo qual importa grandemente por muchas y muy justas causas y razones, y principalmente porque será causa de mayor seguridad y continuación de esta buena correspondençia, porque de lo contrario podrían nasçer ocasiones en alteraçión y perturbaçión della62.

Una vez más Felipe II tomaba el testigo de su padre, de tal forma que sólo se mostraba dispuesto a firmar la paz en el nombre de la Cristiandad y, por tanto, incluyendo no sólo a sus aliados más directos como pudiera ser el Sacro Imperio sino a la cabeza del catolicismo y sus más significativos representantes, salvo, si acaso, la Francia envuelta en las Guerras de Religión. Asimismo habrían de ser incluidos el resto de aliados y feudatarios del Imperio en los territorios italianos, como Génova, Luca, Saboya, Florencia, Ferrara, Mantua, Parma, Urbino o el señor de Piombino. Se pretendía también la inclusión de la isla de Malta y los caballeros de San Juan, epicentro del corso cristiano mediterráneo y baluarte occidental, junto con Nápoles, de la defensa del Mare Nostrum frente al Turco. El atrevimiento del gobierno de Felipe II rayaba aquí con el descaro y la afrenta al honor de la Sublime Puerta.

El honor, la reputación y el prestigio es lo que se trataba de defender con las siguientes indicaciones a Margliani para negociar el acuerdo, que no eran otras sino las de establecer el trato en absoluta igualdad entre las dos potencias63. La hegemonía hispánica en el Mediterráneo occidental habría de quedar paragonada a la turca en el Mediterráneo oriental.

62 AGS, Estado, Castilla, legajo 159, f. 292. Felipe II a Mehmed Sokollu Paşa, El Escorial, 24 de junio de 1577.

63 AGS, Estado, Castilla, legajo 158, ff. 24-25. “Copia del advertimiento que se dio a Juan de Margliano para lo que ha de tratar con el Primer Baxa. Don Martín de Acuña”, El Escorial, 24 de junio de 1577.

En lo que sí existía una mayor transigencia y laxitud era, como ocurrió en el intento de negociación de la paz con Franchis y Secco, en las dádivas y pagos que se habrían de efectuar a los visires de acuerdo a la hilat. Así, Margliani podría prometer a Mehmed Sokollu Paşa grandes recompensas presentes y futuras por favorecer y asegurar el mantenimiento de la paz:

Ha de dezirle en particular que Su Magestad piensa mostrarle esta buena voluntad con los effectos y buenas obras, y que, demás de la demostraçión que Su Magestad es servido que se haga con él en señal desto por agora, tendrá cuydado de que adelante conozca con mayores demostraciones lo que Su Magestad le estima y dessea complazer64.

Por último, habría que justificar ante el Diván la vuelta a Constantinopla del hasta entonces servidor de Venecia, Bartolomeo Brutti65. El sustituto de Acuña en las negociaciones con el Imperio Turco debía contar a Sokollu que el albanés se encontraba en tierras hispanas a propósito, según la excusa habitual, de un rescate de galeotes, que no pudo consumar por ver Su Majestad la utilidad que de él podría colegirse para facilitar el viaje y la negociación de Margliani:

Paresciendo a Su Magestad [...] que importaría mucho la persona del dicho Bartholomeo Bruti para yr en su compañía por la plática grande que tiene de las cosas de aquellas partes, y de los caminos para guiarle y acompañarle, ha querido Su Magestad que vaya el dicho Bruti con él66.

Ya antes de estas instrucciones públicas a Giovanni Margliani, fechadas el 24 de junio