INTERMEDIO ARMENIO
17 Alberto de Aix, III, 24, págs 355-6
magníficos regalos de su tesoro y, para que se afincasen, los alentó a casarse con herederas armenias. El mismo, ahora viudo y sin hijos, predicó con el ejemplo. Su nueva esposa era la hija de un capitán conocido por los cronistas latinos como Taphnuz o Tafroc. Era un príncipe rico con territorios en las proximidades, al parecer estaba emparentado con Constantino de Gargar, y tenía relaciones con Cons tantinopla, adonde acabó por retirarse. Es posible que fuese el mis mo Tatoul, gobernador de Marash, cuya alianza sería, sin duda, de valor para Balduino. Dio a su hija una dote de sesenta mil besantes y una vaga promesa de que heredaría sus tierras. Pero el matrimonio no fue feliz para ella, y no nacieron hijos de la unión 18.
Así, Balduino estableció los principios de la política que iba a desarrollar más tarde para el reino de Jerusalén. El poder del gobier no lo tendrían el príncipe franco y sus vasallos francos; pero los orientales, tanto cristianos como musulmanes, fueron invitados a des empeñar su papel en el Estado, que gracias a una mezcla general de razas acabaría por fundirse en un todo estructurado. Era la política de un estadista de clara visión; pero a los caballeros recién llegados de Occidente, empeñados en dedicarse a la Cruz y exterminar el in fiel, les parecía casi una traición a los votos de un cruzado. No había sido por elevar a Balduino y fomentar su afición a las monarquías semiorientales por lo que Urbano había lanzado el llamamiento de Clermont a los fieles.
Tampoco resultaba al principio fácil seguir esa política. Los mu sulmanes veían en Balduino al aventurero transitorio del cual se po día sacar provecho, Entre Edesa y el Eufrates, al suroeste de la ciu- dad, estaba la ciudad musulmana de Saruj, Era tributaria de un príncipe ortóquida, Balak ibn Bahram, aunque recientemente se había
,e La identidad del suegro de Balduino no puede establecerse de modo absoluto. Alberto de Aix, III, 31, pág. 361, le llama Taphnuz y dice que era hermano de Constantino. Guillermo de Tiro, X , i, I, pág. 402, le llama Tafroc. Dulauríer, pág. 431, n. 2, en su edición de Mateo de Edesa, supone que debía de ser un hermano de Constantino el Roupenío, llamado Thoros; pero admite que no se le conoce a Constantino ningún hermano con tal nombre. Hagen meyer, pág. 421, n. 7, en su edición de Fulquerio de Chartres, acepta la iden tificación. Pero es evidente que el Constantino en quien Alberto estaba pen sando era Constantino de Gargar. Hotiigmann, artículo «Marash» en la Ency
clopaedia of Islam, sugiere que Taphnuz es, en realidad, Tatoul. En apoyo
de esta opinion, sabemos que Tatoul se retiró a Constantinopla en 1104 (Ma teo de Edesa, II I, clxxxvi, pág. 257), y que la mujer de Balduino pidió per miso para reunirse con sus padres en Constantinopla poco después de ser repudiada por él en 1104 (Guillermo de Tiro, X I, i, I, págs. 451-2). No hay razón para suponer que ella tuviese el nombre de Arda, con el que a veces se la designa. Véase Hagenmeyer, edición de Fulquerio, loe. cit. Alberto de Aix, V, 15, págs. 441-2, da los nombres de los caballeros que se unieron a Balduino.
sublevado. Balak escribió ahora a Balduino solicitando alquilar sus servicios para reducirla, y Balduino, entusiasmado por la oportuni dad que se le ofrecía, accedió a realizar la tarea. Después de esto, los ciudadanos de Saruj enviaron en secreto emisarios a Balduk instán dole a venir y salvarles. Balduk y sus tropas salieron clandestinamen te de Edesa y fueron admitidos en Saruj. Pero Balduino salió pisán doles los talones, y llevó consigo algunas máquinas de asedio. Balduk y los hombres de Saruj se descorazonaron. Los últimos en seguida ofrecieron abandonar la ciudad en favor de él y pagarle tributo, mientras Balduk salió a su encuentro, manifestando que simplemente se había adelantado tan aprisa con el fin de ocupar la ciudad para él. Balduino estaba desengañado. Aceptó la explicación de Balduk y, en apariencia, le devolvió su privanza; pero pocos días después exigió que el emir le entregase su esposa e hijos como rehenes. Como Bal duk vacilara, le arrestó y le cortó la cabeza. Entretanto fue situada una guarnición franca en Saruj, al mando de Fulco de Chartres, que no debe confundirse con el historiador Fulquerio. E l episodio de mostró a Balduino que no se podía confiar en los musulmanes. Des de entonces procuró que todos los que vivían en su territorio care cieran de jefe; pero les autorizó 3a libertad de cultos. Si tenía que gobernar una ciudad como Saruj, donde la población era casi toda árabe y musulmana, no podía obrar de otro modo. Pero su tolerancia disgustó a la opinión occidental19.
La conquista de Saruj, a la que siguió pocos meses después la de Birejik, con su vado por el Eufrates, despejando las rutas entre Ede sa y sus fortalezas de Turbessel y Ravendel, consolidó el condado de Balduino y aseguró sus comunicaciones con la Cruzada principal. Al mismo tiempo mostró a los musulmanes que el conde de Edesa era un poder que había que tomar en serio, y se concentraron para su destrucción. Su determinación y el valor de una Edesa franca para los cruzados se demostraron en mayo, cuando Kerbogha, de camino para socorrer a Antioquía, se detuvo para eliminar a Balduino. Du rante tres semanas luchó en vano contra las murallas de Edesa antes de desistir del ataque. Su fracaso acreció el prestigio de Balduino, y el tiempo que había perdido salvó a la Cruzada20.
Los armenios tampoco habían tomado bastante en serio a Bal duino. Estaban molestos por la riada de caballeros francos que entra ba en su territorio y por los favores que Balduino les concedía. Tam poco gustaban a los caballeros francos los armenios, a los que trata ban con desdén y a menudo con violencia. Los notables de Edesa se
'* Alberto de Αίχ, III, 25, págs. 356-7,
50 Idem, IV, 10-12, págs. 396-7; Fulquerio de Chartres, I, xix, págs. 242-3; Mateo de Edesa, II, clv, pág. 221,
hallaban excluidos del consejo del conde, donde sólo estaban repre sentados los francos; pero los impuestos que pagaban no eran infe riores a los que tenían que pagar en tiempos de Thoros. Además, a los advenedizos se les entregaban tierras armenias en el campo; y los campesinos estaban sujetos a ellos por la costumbre feudal occi dental, mucho más rígida, A fines de 1098, un armenio reveló a Balduino que había una conspiración contra su vida. Se dijo que doce de los ciudadanos principales habían establecido contacto con los emires turcos del distrito de Diarbekir. E l suegro de Balduino, Taph- nuz, estaba por entonces en Edesa; la boda de su hija se había cele brado hacía poco. Se rumoreó que los conspiradores le querían poner a él en el puesto de Balduino, o, al menos, obligar a Balduino a com partir el gobierno con él. Al conocer la noticia, Balduino en seguida montó en cólera. Los dos conspiradores principales fueron arrestados y cegados; a sus más importantes seguidores se les cortó la nariz o los pies. Muchos armenios, sospechosos de complicidad, fueron en carcelados y se confiscaron sus bienes. Pero, según la sabia costum bre oriental, habían escondido su dinero lo bastante bien para eludir a los inspectores de Balduino; así, éste, generosamente, les permitió comprar su libertad a un precio que oscilaba entre los veinte y los sesenta mil besantes por cabeza. Taphnuz, cuya complicidad con la conspiración no pudo probarse, consideró, sin embargo, prudente huir a sus montañas, lejos de su terrible yerno. Llevó consigo la ma yor parte de la dote de la condesa, a la cual sólo había entregado setecientos besantes21.
La cruel represión llevada a cabo por Balduino contra los cons piradores acabó con el peligro de desorden procedente de los súbdi tos armenios. Siguió empleando a algunos de ellos en altos puestos, como a Abu’l Gharib, a quien nombró gobernador de Birejik. Pero como se le unieron más francos, atraídos por su renombre, pudo arriesgarse a ignorar a los orientales. No hacía aún un año que había llegado a Edesa, y su fama era ya inmensa. Mientras el ejército prin cipal de los cruzados avanzaba penosamente camino de Jerusalén, él había fundado un rico y poderoso Estado enclavado en Asia y era te mido y respetado por todo el mundo oriental. Había salido a la Cru zada como segundón, sin un céntimo y a merced de la caridad de sus hermanos. Había sido totalmente eclipsado por grandes nobles como Raimundo de Tolosa o Hugo de Vermandois, o por aventureros ex pertos como Bohemundo. Ya era un potentado mucho más impor tante que cualquiera de ellos. En él la Cruzada podía reconocer a su político más capacitado y más astuto.