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Más allá de la prosa escrita

In document Maduro, Otto - Mapas Para La Fiesta (página 54-56)

¿A usted no le parecen fastidiosísim os la m ayor parte de los discursos políticos? ¿Y qué me dice de los serm ones religiosos? ¿Y de los panfletos d e izquierda? ¿ Y q u é tal los análisis económ icos de la m ayor parte de los periódicos? No es tanto que no se entiendan. Pueden hasta estar en un lenguaje bien claro, bien “popular”. Tam poco es que necesariam ente mientan o que hablen de cosas poco importantes. Pueden hasta traer con cierta frecuencia inform aciones graves y ciertas. Es que ¿no es cierto? les falta humor, amor, afecto, carne, realidad. Carecen de variedad, color, im aginación, vidas reales, ¿no le parece?

Creo que una buena parte de la dificultad de todos esos “discursos" es que confían dem asiado en la palabra hablada, en la prosa, en la abstracción intelectual, los datos fríos y el razonamiento “lógico” com o vehículos “superiores y privilegiados” del conocim iento. Pero resulta que en el fondo este vehículo del conocimiento no es sino “el dialecto de una tribu particular”. El gran problem a, entretanto, es que esa “tribu particular” está, en general, más cerca de los poderosos que de los m argin ad os... lo que le da, con frecuencia, aires superiores y estilos de vida privilegiados. Y esto contribuye a que vean su peculiar “d ia lecto ” (el argot o la jerga de los expertos y especialistas, de los intelectuales) com o una lengua “superior y privilegiada" para com unicar, discutir y re co n stru ir el conocimiento humano.

En cam bio, ¿conoce usted la música de Mercedes Sosa, de Chico Buarque, de Rubén Blades, de Juan Luis Guerra y 4:40? ¿O las caricaturas de Quino, Zapata o Gila? ¿Y qué le parece la poesía de G ioconda Belli, las novelas de Rubem Fonseca, las m editaciones de Dom Helder Cámara, la películas de Oliver Stone, los artículos de M arina C olasanti, los libros de Alice W alker? ¿No hay en todo ello con más frecuencia que en la “prosa verbosa” de muchos de nuestros “expertos” conocim iento, estím ulo a la investigación, recuperación de la historia, articulación de teorías, crítica de las “evidencias" predominantes, y hasta “vigilancia” y “rupturas” epistem ológicas?

Lo que acontece, me parece, es que los lenguajes humanos y las formas de expresar, com unicar, criticar y transform ar el conocim iento son infinitamente más ricos que esa “prosa verbal", que el “discurso verboso”. Incluso la propia palabra humana tiene una variedad mucho más inmensa que la “prosa verbosa" poesía, décima, mito, canción, máxima, “repente", metáfora, parábola, “rap",

Mapas para la fiesta - Olio Maduro

galerón, anécdota, cuento, oración, chiste, m editación, fábula, ironía, s á tira ... y un sinfín de otras m aneras de utilizarla. Y, junto con la palabra, o más allá de ella, están otras form as de expresión y com unicación, otros “lenguajes” , que también pueden servir para difundir, evaluar y transm utar nuestros conocim ientos: teatro, títeres, fiesta, sim bología religiosa, baile, m úsica, “descarga", caricatura, pintura, escultura, tacto, gestos, m iradas ¡e infinitas com binaciones de todas esas cosas!

Para mí, “liberación del lenguaje” son los miles de esfuerzos actuales por reconstruir y m ultiplicar a partir de realidades opresivas lenguajes capaces de anunciar nuevas m aneras de vivir: abiertas, flexibles, hum ildes, pluralistas, fraternales, igualitarias, participativas, cooperativas. Tal liberación del lenguaje, me parece, va m ás allá de ejercicios intelectuales abstractos ejercidos sobre la “prosa verbosa". Se hace también con la palabra en toda su diversidad pero más allá de ella: en los más variados ámbitos y los más diversos canales donde las personas intentam os encontrarnos, expresarnos, com unicarnos, am arnos y conocernos unas con otras; allí donde vamos a disfrutar, celebrar, curar, nutrir, m ultiplicar, defender, proteger, com unicar y brindarle sentido en com unidad a nuestras vidas.

Una genuina liberación de los lenguajes populares, de la palabra de los oprim idos, pasa por muchas de las formas de com partir, criticar y enriquecer el conocim iento que están presentes hoy entre la gente com ún. C uando son liberadores, esos esfuerzos contribuyen a rom per las am arras que relegan a la palabra popular así com o a la experiencia y a la sabiduría populares a un lugar subalterno y despreciado dentro de nuestras com unidades. Y, análogam ente, pueden crearse así puentes tensos y problem áticos, sin duda para un auténtico diálogo entre las com unidades populares y los más diversos especialistas. Así, ojalá muchos ensayos de liberación del lenguaje popular se tornan en alimento de la vida de las com unidades marginadas de nuestra Am érica.

UNA SÍNTESIS BREVE DEL ASUNTO

C onocem os nuestra realidad a sabiendas o no m ediante el lenguaje que heredam os de las generaciones pasadas y que aprendem os a diario de la gente con la que convivim os. Ese nuestro lenguaje nos sirve, pues, aunque no nos dem os a veces cuenta, de herram ienta para conocer el m undo que nos rodea: instrumento de expresión, transm isión, discusión, crítica y transform ación de los conocim ientos que vam os construyendo en comunidad.

El lenguaje, entonces, a la vez que hace posible el conocim iento, también lo orienta y le pon e límites. Hay cosas que no sabem os decir aúnque las experim entem os hondam ente o que somos incapaces de entender porque

¿Cómo expresamos y compartimos el conocimiento?

nuestro lenguaje no es todavía capaz de form ularlas claram ente. Hay cosas a las que prestam os atención porque nuestro idiom a hacia allá nos lleva. Y hay conocim ientos que son posibles porque disponem os de las palabras para decir lo que nuestra experiencia nos indica.

Por todo ello, cuando en una com unidad se dan intentos de dominación de un grupo hum ano por otro, el lenguaje entra de inm ediato en juego: para justificar, cuestionar, ocultar o denunciar la violencia en curso. Si tales intentos de sojuzgam iento son exitosos más allá de un par de generaciones, entonces nuestro propio m odo de ver y decir la realidad m ediante el lenguaje tanto de poderosos com o de m arginados se transform ará ... y tenderá con frecuencia a expresar y confirm ar de algún modo esa victoria.

En consecuencia, también la oposición al dom inio, como los impulsos por liberarse del mismo, se hallan íntimam ente vinculados con el lenguaje. El lenguaje de una com unidad en parte fruto de la resistencia a la opresión, pero también m arcado por la dom inación mism a es, entonces, aparejo necesario y obstáculo potencial para que los m arginados puedan percibir, decir, discutir y transformar sus condiciones de vida.

Yo hablaría, pues, de una “liberación del lenguaje", para referirme a los afanes presentes hoy en muchas com unidades latinoam ericanas por recuperar, difundir, m ultiplicar, expandir, profundizar y reflexionar crítica y creativamente, en colectividad y con orgullo las formas de expresión de los oprimidos: las maneras más propias suyas de definir, decir, recordar, soportar, disimular, resistir, llorar, m editar, ridiculizar, denunciar, enaltecer, alegrar, anunciar y celebrar la propia vida.

Pero hay más. “Liberación del lenguaje", también, serían todos los intentos dentro y fuera de los sectores oprimidos por detectar, denunciar, criticar y superar todas las facetas opresivas de nuestro lenguaje actual: es decir, todas las maneras com o nuestro lenguaje en toda su inm ensa variedad incluso más allá de las palabras inspira y reafirma actitudes, relaciones y comportamientos violentos, autoritarios, abusivos, discrim inatorios y destructivos.

¿Cómo expresamos y compartimos el conocimiento?

QUINTA PARTE:

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