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El alma y el pecado.

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AREA DE TEOLOGÍA

C. EL ALMA HUMANA

4. El alma y el pecado.

El alma vive su vida natural por medio de los instintos. Los instintos son la fuerza motriz de la personalidad de la cual el Creador ha dotado al hombre a fin de capacitarlo para su existencia terrenal. También lo ha dotado de facultades espirituales para capacitarle para la existencia celestial. Se denomina instintos porque son estímulos naturales implantados dentro de la creatura para capacitarla para hacer instintivamente lo que es necesario para el origen y la preservación de la vida natural.

Los cinco instintos son: a) Instinto de conservación, este nos advierte del peligro y nos capacita para cuidarnos y protegernos. b) El instinto de adquisición, este nos lleva adquirir aquellos que nos es necesario para la subsistencia. c) El instinto del hambre y de la sed, este nos estimula a buscar alimentos y a satisfacer el hambre natural. d) El instinto de reproducción o sexual, por el se perpetua la raza humana. e) El instinto de dominación, que conduce a desplegar ese espíritu de iniciativa y afirmación necesaria para cumplir la vocación y responsabilidad de uno.

El pecado surgió cuando estos instintos traspasaron sus límites, esto se encuentra en los primeros capítulos de Génesis. El instinto de conservación fue el que traspaso sus límites cuando comió del fruto prohibido porque Dios había dicho que si comían del fruto morirían. El instinto de adquisición es evidente al recibir Adán de manos de Dios el huerto de Edén.

El instinto del hambre y la sed, queda expuesto, cuando Dios le da al hombre las plantas y los árboles que dan frutos para su alimentación. El instinto de reproducción, se ve en las siguientes declaraciones de Dios que le dijo que se fructificarían y multiplicaran. El instinto de dominio, esta implicado en las palabras de Dios cuando le ordenó a Adán que llenara la tierra y que la sojuzgar y se enseñoreara de ella o gobernara.

También se le honró al hombre con el libre albedrío y la razón, para que se disciplinara y se convirtiera en árbitro de su propio destino. En calidad de

guía para regular las facultades del hombre Dios impuso una ley. El entendimiento del hombre, con respecto a esta ley produjo la conciencia. Cuando el hombre escuchó la ley, tenía una conciencia instruida, cuando desobedece tiene una conciencia que lo acusa (Gn. 3) Se halla como el hombre se rindió a la concupiscencia de los ojos, de carne y la soberbia u orgullo de la vida (1 Jn. 2:16).

Tristemente el alma usó el cuerpo para pecar contra Dios. Desde entonces el deseo del alma es inclinarse al pecado y se conoce como la ―intención de la carne‖ (Ro. 6:6; 8:7; Gn. 15:24). Porque el hombre pecó con el cuerpo, será juzgado de acuerdo a los ―hechos‖ por medio del cuerpo (2 Co. 5:10); esto habla de la resurrección del cuerpo (Jn. 5:28-29).

El cuerpo será condenado por el alma pecante que hay en él, solo el Espíritu Santo puede destruir los impulsos pecaminosos que hay en el alma (Col. 3:5; Ro. 8:13).

La ―carne‖ se define como la suma de todos los instintos del hombre después que se torcieron y se convirtieron en anormales por el pecado, no como Dios, los creó puros y santos.

La naturaleza humana en su condición caída ha quedado debilitada y desorganizada por la herencia racial derivada de Adán, debilitada y pervertida por actos conocidos de pecado.

La perversión de los instintos y las facultades por las cuales Dios dotó al hombre lo constituye la base del pecado. Ejemplo el egoísmo, la susceptibilidad, la envidia, el enojo son corrupciones del instinto de conservación. El Robo y la codicia son corrupciones de los instintos de la adquisición. La glotonería es la desnaturalización del instinto de buscar alimento y por tanto es pecado. La impureza es perversión del instinto de reproducción. La tiranía, la injusticia y el espíritu contencioso contribuye abuso del instinto de dominación. Por tanto el pecado es fundamentalmente el abuso desnaturalizado de las fuerzas con las cuales Dios nos ha dotado Consecuencias de la corrupción de los instintos. Primero. Tenemos una consecuencia culpable que le dice al hombre que ha deshonrado a su Creador y le advierte con respecto al terrible castigo. Segundo. La desnaturalización de los instintos reacciona contra el alma, debilitando la voluntad, iniciando y fortaleciendo malos hábitos y creando males del carácter (Gá. 5:19-21). Tercero. Bajo la culpabilidad y el poder del pecado, el alma muere en delitos y pecados (Ef. 2:1). Situada entre el cuerpo y el espíritu, entre lo superior e inferior, entre lo terreno y espiritual, ha escogido incorrectamente. Su elección no ha producido beneficio, sino perdición eterna (Mt. 16:26; He. 12:16).

Existe un remedio para la curación de la culpabilidad y el poder del pecado. El pecado es una ofensa contra Dios se necesita la expiación para remover la culpabilidad y limpiar la consecuencia. Para esto Dios nos provisto el evangelio y la sangre de Cristo. El pecado provocó la enfermedad del alma y el desorden en el ser del hombre, por lo que se necesita una fuerza sanadora y correctiva.

Ese poder es proporcionado mediante la operación interna del Espíritu Santo que corrige la perversidad de la naturaleza, y pone en movimiento, en nuestro interior, fuerza en la dirección que corresponde (Gá. 5:22-23). Solo el Espíritu Santo puede hacer recto al hombre delante de Dios, nuevamente. 5. El alma y el corazón

Las Sagradas Escrituras nos enseñan que el corazón es el centro de todo el ser del hombre (Mt. 12:40; Dt. 4:11; Ex. 15:8; Sal. 46:2). El ―Corazón‖ del hombre es por lo tanto el centro mismo de la personalidad. Existe un físico y el corazón como centro del ser del hombre.

a. El corazón físico es el centro de la vida física. ―Según la ciencia médica es lo primero que vive, el primer movimiento es señal segura de vida, su detención señal segura de muerte‖.

b. El corazón, como centro del ser del hombre, es el lugar de convergencia de toda las corrientes de la vida, tanto espirituales como del alma porque es la parte mas profunda de nuestro ser, de él proceden los impulsos que determina la personalidad, el carácter y la conducta del hombre.

c. El corazón es el centro de la vida, de los deseos, voluntad y juicio. El amor, el odio, la determinación, la buena voluntad, la alegría (Sal. 105:3). El corazón conoce, entiende (1 R. 3:9), delibera, valúa, calcula. El corazón puede dirigirse hacia algo o presta atención a algo. Se inclina hacia algo. El corazón es el depósito de todo lo que se oye o experimenta (Lc. 2:51). En el corazón se forma los pensamientos y los propósitos ya sean buenos o malos (Sal. 14.1. Mt. 9:4. 1 Co. 7:37. 1 Rey. 8:17).

d. El corazón es centro de la vida de las emociones. A él se le atribuye el gozo y el placer (Is. 65:14). El dolor, desde el descontento y la tristeza (Pr. 25:20; Jn. 14:1); la angustia (Sal. 109:22; Hch. 21:13); el disgusto y la ira (Pr. 23:17). El deseo de la venganza (Dt. 19:6); todo el orden del miedo, desde el temor reverencial (Jer. 32:40), hasta el terror ciego (Dt. 28:28) y es consumido por su fuego sagrado (Jer. 20:9).

e. El corazón es el centro de la vida moral. Ahí se produce el amor a Dios o el orgullo blasfemo (Sal. 73:26; Ez. 28:2-5). Es el taller de todo lo que es bueno o malo en los pensamientos, palabras y hechos (Mt. 15:19). El corazón es el lugar donde originalmente fue escrita la ley de Dios y donde la misma ley es renovada por la operación del Espíritu Santo (Ro. 2.15; He. 8:10) y en el corazón reside la conciencia (He. 10:22). Todos los testimonios de la conciencia le son asignados a él (1 Jn. 3:19-21). Con el corazón el hombre creé (Ro. 10:10), o no creé (He. 3:12). Es el terreno donde se siembra la palabra de Dios (Mt. 13:19).

Según las decisiones que adopta, se deja inspirar de Dios (2 Co. 8:16) o Satanás (Jn. 13:2). El corazón es la habitación de Cristo (Ef. 3:17) y del Espíritu Santo (2 Co. 1:22). Goza de Paz de Dios (Col. 3:15). Es ahí donde se recibe el amor de Dios (Ro. 5:5). Es donde nace la luz del evangelio (2 Co. 4:6). Es el corazón el que puede tener comunión secreta con Dios (Ef. 5:19). Solo Dios puede sondearlo (Jer. 17:9). Por eso las Sagradas Escrituras dice: Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón porque de él mana la vida (Pr. 4:23).

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