del marco de análisis
3. Los procesos de consecución del bienestar
3.1. Análisis de los procesos de consecución del bienestar
El logro del bienestar no puede entenderse sin el funcionamiento del sistema social y económico, lo que lleva a plantear que el modelo económico debe evaluarse según su capacidad o incapacidad para generar el bienestar de la población. El objetivo priorita- rio del modelo económico imperante en un país debe ser asegurar el acceso suficiente a los bienes y servicios de la población para que ésta pueda disfrutar de una vida dig- na. Desde esta perspectiva macro, el estudio de los procesos de bienestar enfrenta dos grandes cuestiones a resolver:
a) garantizar que la actividad económica produce las cantidades suficientes de los bienes y servicios necesarios para satisfacer los requerimientos de una vida plena para sus miembros;
b) garantizar que el total disponible de bienes y servicios que una sociedad tiene en un momento dado se distribuye entre las personas y los hogares de manera que permita el acceso de todas las personas a los recursos imprescindibles para cubrir lo que se considere el umbral de la vida digna, es decir, del bienestar. Los análisis económicos convencionales no dan una respuesta satisfactoria a ambas cuestiones. Por ello hay que enfrentar de manera directa: a) por el lado de la disponi- bilidad, que no se trata de una disponibilidad genérica, sino que debe incluir los bienes y servicios necesarios para alcanzar los umbrales de vida digna; b) por el lado de la accesibilidad, que se trata de asegurar que las personas disponen de las titularidades45
suficientes para acceder a esos bienes y servicios.
Esto no es suficiente para garantizar el bienestar, pero es la base material del bien- estar. Luego, los resultados materiales deben traducirse a través del proceso par- ticular en logros reales de bienestar para las personas, a través de: un consumo eficaz, un ejercicio real de las titularidades, una distribución interna en el hogar de los recursos, etc.
a) La relación entre el proceso particular y los procesos colectivos
La anterior consideración plantea la importancia de la dimensión particular en el análi- sis del bienestar. En última instancia, el bienestar sólo se consigue cuando las personas concretas alcanzan ese nivel de vida que permita calificar su vida de digna. Por eso el proceso económico del bienestar tiene que plantearse un objetivo doble: que se den las condiciones para que puedan acceder al bienestar y que no se den situaciones de pobreza en las personas.
Así, el proceso social de producción del bienestar se integra con el proceso privado de producción del bienestar. En este último es donde se produce, o no, que los insumos disponibles se traduzcan en el resultado personal de bienestar, lo que dependerá de: a) que la persona ejerza efectivamente sus titularidades y acceda a los bienes y servi- cios que podrían proporcionarle la vida digna; b) que, habiendo ejercido realmente esa capacidad, sea capaz de utilizar adecuadamente los bienes y servicios y extraiga de ellos las prestaciones necesarias para conseguir el bienestar; y, c) que se realicen las transferencias privadas de manera suficiente, sobre todo en referencia a la distribución dentro del hogar de manera que sus miembros accedan equitativamente y no se pro- duzca el uso injusto de unos sobre otros.
Toda la construcción de la función del bienestar se enfrenta en su último eslabón con personas individuales de las que se tiene que investigar si su vida es digna o no. Para conocer ese proceso hay que proceder al análisis de los procesos que se integran en las estructuras sociales, en un progresivo descenso que nos lleve a los mecanismos con- cretos por los que las titularidades de las personas se ven afectadas. En definitiva, el conocimiento de la situación de las personas será una referencia imprescindible para evaluar la eficacia del modelo de cara al bienestar.
El análisis de los procesos privados o particulares supone no sólo conocer dimensio- nes cuantitativas o mensurables sobre los resultados en las personas, sino que tiene que responder a las dos preguntas siguientes: a) ¿cómo inciden los procesos sociales en las personas?; b) ¿cómo las personas utilizan los recursos de cara a conseguir el bienestar? La primera nos conduce directamente a los vínculos entre los procesos privados y los sociales; la segunda, nos introduce en los procesos internos de la esfera privada.
El análisis de las relaciones entre esas dos dimensiones de los procesos ha sido des- cuidado en general a la hora de estudiar la consecución del bienestar, al considerar ambas esferas como compartimentos relativamente autónomos. El estudio del bien- estar desde esta perspectiva de los procesos en su conjunto, teniendo en cuenta las interconexiones, encuentra en la categoría de las titularidades una herramienta útil para estudiarlas.
El trabajo se propone analizar las potencialidades que encierra el enfoque de las titu- laridades de Sen (1981) para el análisis de los procesos de consecución del bienestar, así como para sus contrarios, los procesos de empobrecimiento. Tanto los estudios del bienestar o de la pobreza de las personas se han caracterizado por centrarse en las
consecuencias o síntomas pero han prestado poca atención a las causas o procesos en que se originan. La propuesta de Sen de las titularidades supone un cambio en el enfoque convencional al poner el acento en la accesibilidad a los recursos más que en la mera disponibilidad de los mismos. Sin embargo, este marco analítico no se ha de- sarrollado suficientemente como instrumento que permita comprender tanto a nivel, macro, meso y micro las dinámicas de los procesos.
La preocupación dominante ha sido conocer las características de los pobres, de manera que se pudieran diseñar políticas específicas para paliar el impacto de las políticas macro, o, como mucho, diseñar políticas específicas paralelas de incentivos a la producción para los sectores pobres. Pero no se plantea la necesidad de refor- mular las políticas macro en función de su incidencia negativa para el bienestar de las personas. Desde nuestra perspectiva, la crítica a esta visión convencional no se hace sólo por su falta de legitimidad al no tener en cuenta de manera suficiente los elementos básicos normativos, sino porque considera que la relación social/par- ticular es unidireccional, de la primera a la segunda, desconociendo la interacción que se da en ambas direcciones. Esto quiere decir que existen muchos factores en las personas que pueden incidir en la mejora de los resultados de la actividad eco- nómica, especialmente si se considera la pobreza no sólo como una carga, sino que desde el enfoque de las titularidades y las capacidades se descubre el potencial a desarrollar que allí se encuentra. Además, trabajar desde la perspectiva de quienes sufren y desde la explicación cercana del porqué del fracaso de la consecución del bienestar en personas y hogares, permitirá una mejor comprensión de los procesos de empobrecimiento y las consecuencias de los mismos. Desde esta perspectiva, los procesos sociales de consecución del bienestar, y las políticas macro en particular, pueden tener contenidos muy distintos y ser más eficaces tanto para los objetivos tradicionales de la economía (crecimiento) como para la eliminación de la pobreza y el aumento del bienestar.
b) La dimensión externa de los procesos de consecución del bienestar
La comprensión de los procesos de consecución del bienestar actuales tiene que in- cluir el análisis de sus relaciones con acontecimientos externos. En unas economías caracterizadas por el cambio y las transformaciones por sus nuevos vínculos con la esfera global, el análisis de las relaciones entre las variables macroeconómicas y los ho- gares, por un lado, y las respuestas de acomodación de los hogares al nuevo entorno, por el otro, resultan fundamentales.
A efectos ilustrativos, aquí se encuentran las remesas de migrantes, cuyos efectos pue- den afectar simultáneamente a los tres niveles (personal, local y estatal). Por otro lado, se encuentran los flujos de cooperación internacional que incidirán más en los proce- sos a nivel local y estatal y, con menor intensidad en los procesos particulares, aunque ello dependerá de cada caso. En cuanto sea posible se analizarán de manera común los procesos que se originan en la esfera global, aunque sus efectos sean específicos para cada uno de los niveles.
Es un hecho que los países en desarrollo han experimentado en las últimas décadas un proceso de reformas económicas y políticas, y, asimismo, se reconoce que su apli- cación ha incidido en la definición de su inserción en el escenario internacional, así como en la modificación de las relaciones internas que establecen la asignación de recursos entre los agentes económicos locales. Los cambios experimentados en las dos dimensiones, interna y externa, no son independientes entre sí, sino que, por el contrario, son consecuencia del mismo fenómeno de reforma.
La propuesta de las reformas económicas se articula en torno a dos ejes: el cambio de dirección de las economías, que deben orientarse hacia fuera, y, las modificaciones internas necesarias para conseguir de manera adecuada ese resultado. Estas últimas, a su vez, se basan en el énfasis en el mercado como la institución que determine la asignación eficiente de los recursos, lo que implica la liberalización o desregulación del mismo y el protagonismo del sector privado.
La expansión de los mercados supone la aparición de dos fenómenos simultáneos que pueden apoyarse o enfrentarse mutuamente. Por un lado, la posibilidad de que aumenten la productividad y los ingresos de la economía que se inserta en un mercado más amplio, en este caso las economías de los estados-nación. Y, por otro, la desapari- ción o debilitamiento de los modelos internos de articulación existentes en cada país, lo que origina modificaciones internas profundas con importantes consecuencias so- ciales y políticas.
Desde nuestro enfoque, las reformas han producido una modificación profunda de los procesos de consecución del bienestar. Todo proceso de cambio produce mo- dificaciones, por lo que una cuestión fundamental será identificar las consecuencias que comporta. La capacidad de los países de acceder a conseguir los recursos que necesitan, pueden verse afectadas por dos procesos: a) los cambios en sus dotaciones por alteraciones en el PIB, la inversión, el ahorro y, de manera general, su capacidad competitiva; y b) los cambios en la reglas de acceso, donde se encuentran todo tipo de movimiento que altere las condiciones de acceso del país a los mercados, especial- mente las modificaciones de los precios y las regulaciones proteccionistas, bien sea directa o indirectamente.
A su vez, estas modificaciones producidas en el proceso social de consecución del bienestar a nivel del país y de la comunidad local, tienen su correlato en las alteracio- nes que se producen en los procesos particulares. Pero los procesos de apertura de las economías hacia el exterior, así como los procesos de empobrecimiento, no son simplemente el resultado de la puesta en marcha de acontecimientos externos sobre los que las instituciones y las personas no poseen margen alguno de acción. Los acon- tecimientos son entendidos, modelados y respondidos de acuerdo a las percepciones, potencialidades y objetivos que tienen los actores.
La intensidad y extensión de este proceso de reformas, impulsado externamente por las instituciones financieras multilaterales y auspiciado por las economías integradas en la OECD, supuso en las tres últimas décadas una homogeneización de los marcos
de política económica, como jamás se ha conocido, a través de la implantación de un modelo económico para la inmensa mayoría de los países en desarrollo. Tras la crisis de finales de 2008, algunos de esos presupuestos se han puesto en cuestión, aunque todavía no resulta claro cuál sea el marco resultante. En consecuencia, se hace necesario entender el marco regulatorio de la actividad económica global que se halla en pro- ceso, buscando que esa explicación ayude a comprender mejor los efectos sobre el bienestar de las poblaciones de esos países.
Un aspecto del análisis será tener en cuenta las ideas que están conformando las políticas de los actores internacionales dominantes. La concepción que tengan del bienestar y su papel como referencia evaluadora de la actividad económica tendrá una influencia significativa en el diseño, el ritmo y la intensidad de la aplicación de las políticas que se ponen en práctica. La evaluación de la incidencia de las institu- ciones internacionales -entendidas no sólo como las multilaterales, sino incluyendo los foros no formales como los G y otros- que desempeñan un papel relevante en la formación y aplicación de las reformas económicas no resulta una tarea fácil. Pero partir de la hipótesis de que estas instituciones han jugado y juegan un papel central en la conformación del escenario donde todos los países ven condicionadas sus posibilidades de bienestar está fuera de toda duda. El estudio de la conformación de la voluntad colectiva de estas instituciones, los procesos que explican su toma de decisiones y las relaciones que establecen con los gobiernos nacionales y los demás agentes de la economía internacional resulta fundamental para entender el actual proceso.
En el contexto de una economía crecientemente interdependiente, que parece exigir cada vez mayor tributo de los países, resulta fundamental conocer si cabe o no la atenuación de los choques externos con políticas internas dirigidas a conse- guir determinados resultados distributivos y de eliminación de la pobreza. Den- tro de cada país, las consecuencias de los cambios percibidos como imposición foránea pueden encontrar acomodo muy distinto según las características sociales y políticas. Especialmente, la cohesión social y la capacidad organizativa de la so- ciedad civil pueden resultar decisivas en el resultado final. La importancia de esta vinculación ha llevado a dedicar un capítulo al análisis de las relaciones entre lo local y lo global.