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El andamiaje de Bruner y su teoría del crecimiento cognoscitivo

Son diversas las posturas que Jerome Bruner ha adoptado a lo largo de todo su trabajo, que en última instancia han contribuido a pensarse la educación desde otros enfoques luego de la segunda mitad del siglo XX, sin embargo, en este apartado, se procurara mediar entre dos posturas disyuntivas para destacar la relevancia del aprendizaje por descubrimiento guiado y el andamiaje. El aprendizaje por descubrimiento desde la perspectiva de Bruner (1961) supone que el estudiante tenga la capacidad de ser autodidacta y obtenga conocimientos por sí solo (citado por Shunk, 2012), sin embargo, el descubrimiento implica una especie de razonamiento inductivo puesto que no se trata solo de leer o escuchar la lección de un maestro, sino también, de formular y probar hipótesis, pasando así de estudiar ejemplos específicos, a la formulación de conceptos y principios generales de un tema determinado. Tal y como lo plantean Klahr & Simon (1999), el descubrimiento es una forma de resolver problemas, sin embargo, los estudiantes necesitan ser orientados pues no se trata de que hagan lo que deseen por el hecho de ser autónomos, por lo cual, este método de enseñanza involucra un cierto nivel de dirección a partir de guías mínimas en las que se organicen las actividades, de tal modo que lo estudiantes indaguen y manipulen la información con el fin de adquirir nuevos conocimientos que sean relevantes.

Para Bruner y sus colegas (1976), el maestro toma una figura donde no es el poseedor exclusivo del conocimiento, para convertirse en el facilitador de un proceso

de descubrimiento guiado, formulando así la figura tutor (citado por Shunk, 2012), haciendo alusión a la idea de acompañar el proceso de construcción del conocimiento, llevándolo a ir más allá de las capacidades ya presentes en el estudiante, todo esto se propicia a partir de un sistema de apoyos para la adquisición de un lenguaje determinado, en donde se ejecute un proceso de interacción comunicativa entre quien aprende y quien enseña, acercándolo de esta forma a introducirse en nuevos campos de conocimiento o nuevos mundos, de esta forma Bruner propone el concepto de “andamiaje”, en el cual se genera un proceso de transferencia de habilidades, a partir de las cuales el niño se apoya en el adulto para desarrollar su aprendizaje, sin embargo, Bruner (1978) deja claro que al principio el apoyo puede ser grande en vista de las destrezas que posea el estudiante, pero poco a poco se va retirando su control sobre el proceso como se hace con los peldaños de un andamio, hasta que el niño logra su aprendizaje (citado por Shunk, 2012).

Para afianzar esta idea del andamiaje, Bruner utiliza como ejemplo la acción de aprender a caminar por parte de los seres humanos, en primera instancia se recibe un gran apoyo en donde el adulto extiende sus brazos al niño a lo largo de sus intentos por caminar, a medida que el niño va adquiriendo capacidades motrices, se retiran paulatinamente los soportes pero acompañando el proceso de desplazamiento, hasta que en última instancia el niño camino por si solo y queda como un aprendizaje afianzado en él; así mismo, se pretende instaurar este concepto en el campo de la educación como un andamiaje conceptual, en el cual la interacción comunicativa del maestro con sus estudiantes aporte a una evolución cognitiva de los mismos. Es importante aclarar que no se pretende trasladar la responsabilidad del aprendizaje que tiene el maestro con los estudiantes, ya que su rol es determinante en el proceso de formación, pero se procura que sea el estudiante quien se encargue de la construcción de su conocimiento aprovechando los apoyos que recibe durante la interacción.

De acuerdo con Bruner, el desarrollo del funcionamiento intelectual humano, desde la infancia hasta la perfección que puede alcanzar, es determinado por una serie de avances tecnológicos en el uso de la mente… esos avances tecnológicos dependen de una facilidad cada vez mayor en el uso del lenguaje y la exposición a la instrucción sistemática (Bruner, citado por Shunk, 2012). Con este planteamiento, se puede inferir que la evolución en el lenguaje denota la capacidad cognoscitiva que el sujeto ha adquirido a lo largo de su proceso de formación y en este sentido, los avances tecnológicos estarían enmarcados como un sistema de apoyos que el tutor ofrece en su acto de enseñanza, ya que como refiere, el lenguaje es el mejor ejemplo de una tecnología potente, en términos de no solo comunicarse, sino también en términos de

ocuparse de la representación, codificación y transformación de la realidad, sin embargo, cuando se refiere a la instrucción sistemática, indicaría que estos andamios deben ser puestos de forma metódica por el maestrante y retirados en la misma medida en que el aprendiz ya no necesite de los mismos.

En correspondencia al desarrollo del funcionamiento intelectual humano, Bruner (1964) formula que los seres humanos tienen la capacidad de desarrollarse cognitivamente en tres modalidades distintas de representación, que se dan de forma secuencial y que están ligadas en cierta medida a la propuesta de enseñanza que se ofrece: por medio de la representación enactiva, icónica y simbólica (citado por Shunk 2012). Estas modalidades de representación son concebidas por Bruner como herramientas mentales que permiten la realización de acciones como la solución de un problema o la toma de una decisión. A pesar de que la apreciación que se ofrece de estas modalidades se encuentra determinado por un carácter temporal, en el que la etapa de representación simbólica denota el mayor grado de abstracción principalmente para niños con edades superiores a los 7 años, Bruner afirma que incluso las personas que han accedido a esta etapa de representación, a menudo necesitan de la representación enactiva e icónica cuando tratan de aprender algo nuevo, así, posiblemente podrían pasar de elementos concretos a abstracciones conceptuales, en este sentido, Bruner hace una invitación a los formadores para que utilicen en la escuela estas últimas modalidades de representación cada que se desee enseñar algo nuevo, hasta el punto de resaltar que se puede lograr un mejor aprendizaje significativo, si se pasa por estas tres etapas de representación (Bruner, citado por Aramburu, 2004).

La representación enactiva o por medio de la acción, va acompañada de las respuestas motrices o de las interacciones con el ambiente, es decir, los estímulos son definidos por las acciones que lo provocan, en este sentido, al involucrar en la propuesta la construcción de dispositivos mecánicos tales como ballestas, catapultas, caucheras, péndulos y demás, se pretende que el estudiante reconozca las capacidades de su instrumento, la relación entre las diferentes variables que están involucradas e interaccione con objetos fuera del marco del aula de clase, además, la interacción con este tipo de dispositivos supone que el estudiante identifique no solo la trayectoria curvilínea que se da producto de un lanzamiento, sino que también en medio de su acto investigativo, se cuestione por como optimizar su instrumento, que influencia tiene este tipo de dispositivos en su contexto y como aporta el trabajo práctico a su

comprensión del concepto; en este caso, los apoyos del tutor son determinantes, puesto que durante la acción de construcción de los dispositivos, puede aprovechar para afianzar algunas características básicas de la temática que se verían reflejadas en el funcionamiento del dispositivo, aportando así a su proceso de aprendizaje sobre el mismo.

La representación icónica hace alusión a todas aquellas representaciones mentales que carecen de acción, es decir, la presencia de imágenes o iconos que estén en concordancia con la idea que se desarrolla. Como las modalidades propuestas por Bruner no tienen un orden de desarrollo especifico, se propone plantear como ejercicio diagnóstico que los estudiantes evidencien algunas imágenes características del movimiento parabólico, para que luego traten de relacionar en términos físicos sus similitudes y diferencias, de este modo se hace un trabajo de reconocimiento en la temática que se va a desarrollar, en última instancia, se puede optar por solicitarles que representen algunas imágenes mentales por medio de una representación icónica ya sea de imágenes o dibujos, donde se deje ver sucesos que se encuentren asociados a su contexto y al mismo tiempo presenten una relación con las imágenes previas, de tal forma que puedan indicar características como su trayectoria y algunas variables asociadas al comportamiento tales como la velocidad y los desplazamientos.

De este modo, como se busca establecer un vínculo entre la etapa de representación icónica e introducirlos a la etapa simbólica, se plantea como actividad utilizar un dispositivo mecánico para lanzar proyectiles en el que se ponga una pantalla que oculte la trayectoria del proyectil, de este modo, se les solicitara a los estudiantes que realicen predicciones del lugar exacto donde realizo el impacto valiéndose de los conocimientos adquiridos hasta ese momento.

Por último, Por último, la representación simbólica se aprovecha del lenguaje adquirido para introducir una cantidad de símbolos y signos como es el caso de la notación matemática, de forma que se pueda codificar el conocimiento específico. Es claro que un tema como el lanzamiento de proyectiles cuenta con diversos símbolos y signos atendiendo a la cantidad de variables que involucra, como trabajar con vectores en los cuales su dirección y sentido determinan su signo, pero también, ser un comportamiento que se ejerce de forma simultánea en dos dimensiones. Sin embargo, para este caso se puede proponer una actividad a los estudiantes en la que se realice un apareamiento entre variables y sus respectivos conceptos, ocupándose así, de mostrar el desarrollo de la habilidad y el grado de abstracción que han adquirido hasta el momento.

Con respecto al movimiento bidimensional, no se imprime una gran dificultad en vista que las variables utilizadas suelen tener descriptores con sus respectivas iniciales, sin embargo, se pretende que esta etapa de representación invite al estudiante a familiarizarse con el lenguaje formal que denota el movimiento hasta el punto en que lo aplique en la resolución de problemas, luego se podría aprovechar que los estudiantes tienen una representación icónica del fenómeno, para presentar una imagen en la que se caractericen los diferentes vectores del movimiento, pero en la cual los estudiantes deben indicar donde se ubican las variables y que elementos de su entorno se relacionan con la imagen. Otra actividad que favorecería la comprensión de los símbolos y signos del movimiento podría ser construir un cuestionario en forma de acertijos en donde las variables se ofrezcan de forma aleatoria y los estudiantes deban completar los espacios que satisfagan tales acertijos, así bien, darían cuenta de una comprensión significativa de los símbolos que hacen parte del lanzamiento de proyectiles.

En consecuencia a estas tres modalidades mencionadas, Bruner (1966) destaca que luego de un periodo representativo de maduración de la representación enactiva, el sujeto tiene la capacidad de reemplazar el movimiento o la acción por la imagen del objeto con el que está operando (citado por Shunk, 2012), es decir, su grado de abstracción le sugiere contar con la capacidad de inferir, si un dispositivo tiene mejores condiciones que otro o si potencializa mejor algunas variables sobre otras con solo ver su imagen, pero luego se abre la puerta a la representación simbólica la cual constituye la forma de representación más compleja y sofisticada, pero que da lugar a la evolución del desarrollo del lenguaje.

El hecho de que el sujeto se desarrolle cognitivamente por medio de estas tres modalidades de representación, invita a los maestros a que reflexionen sobre las formas en que se puede variar la enseñanza de un concepto de acuerdo el nivel de desarrollo que presente un aprendiz, para esto es necesario adecuar la instrucción a las capacidades cognoscitivas de quien aprende, haciendo uso de metodologías diferentes, que permitan tener un vínculo directo e individualizado con el estudiante, de tal forma que no prime el grado de dificultad de lo que se desea enseñar, puesto que como lo menciona Bruner (1960), se puede enseñar cualquier contenido de forma significativa a aprendices de cualquier edad, ya que solo es cuestión de revisar el contenido (citado por Shunk, 2012).

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