Capítulo 3. Resultados
3.1 El cambio Urbano-Rural: de las haciendas a los barrios
3.1.1 Antecedentes del desarrollo urbano de la ciudad
La ciudad de Bogotá se funda en 1537 en la sabana del Zipa, territorio Muisca, por el interés de los expedicionarios españoles a cargo del –invasor- Gonzalo Jiménez de Quesada. Esta aldea se nutrió tanto de la densa mano de obra indígena y de las condiciones climáticas favorables para las prácticas agropecuarias europeas (Sanclemente & Palacio, 2008). Así pues, Santa Fé se mantuvo como una aldea que concentraba el poder político, económico y eclesiástico de la región central del país, lo cual fue reafirmado con las Reformas Borbónicas –en 1723 y 1766- al ser declarada capital virreinal de la Nueva Granda (Palacio G. , 2008).
La práctica española que aglomera las poblaciones nativas en resguardos se fue transformando paulatinamente a final del periodo colonial, perfilando a un conjunto de redes urbanas que a la postre constituirían los actuales municipios de la región andina (Zambrano & Bernard, Ciudad y Territorio: el proceso de poblamiento de Colombia, 1993). Este proceso se aceleró durante la mitad del siglo XIX, con la disolución de los resguardos a mano de los liberales y la expansión de la economía agroexportadora (Palacio G. , 2008).
La constitución de haciendas criollas sobre la sabana de Bogotá y el altiplano Cundiboyacense marco el desarrollo ambiental de la región central durante el siglo XIX y XX al igual que un desarrollo económico. La ciudad de Bogotá para inicios de XX, más específicamente en 1907, tenía una población de 86.328 habitantes8, y su área se mantenía casi igual que en los últimos tres siglos
sobre las laderas de los cerros de Monserrate y Guadalupe entre los ríos San Francisco y San Agustín.
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Mapa 6. Bogotá 1790.
Tomado de IEU (n/d) https://institutodeestudiosurbanos.info/endatos/0100/0140/01411.htm
El deterioro de los cerros orientales por el aprovechamiento desaforado para combustible y materiales de construcción en busca del crecimiento del desarrollo económico afectó las ollas de las que se surtía el acueducto municipal y, la privatización de la empresa de acueducto desde 1887 hasta 1914 afectaron gravemente la calidad de vida de la población Bogotana (Gómez, 1996). Desde 1911 la administración municipal tenía evidencias de mal servicio que prestaba la Compañía Jimeno e inició el proceso de compra de la compañía. Al recibir la empresa esta cubría tan solo el 25% de la demanda de acueducto (Vargas & Zambrano, 1988).
Este contexto junto a la expansión urbana hacia Chapinero (al norte), San Victorino (al occidente) y Las Cruces (al sur) impulsaron a las autoridades locales a encontrar alternativas al abastecimiento de agua. La expansión hacia la Cuenca del Río Salitre se puede remontar hasta el año de 1879 cuando es definido por Joaquín Esguerra como un:
“Caserío que hace parte del barrio de Las Nieves de la ciudad de Bogotá de la cual dista 5 kilómetros. Una capilla común, rodeada de algunas casas de teja y otras de paja, constituyen el poblado. El movimiento de viajeros por el camino que va a Zipaquirá le da una curiosa animación.” (Palacio G. , 2008, pág. 39)
Sin embargo, es en 1884, con la inauguración de un tranvía de carros tirado por mulas, que se conecta la plazuela de San Francisco (hoy Parque Santander) con Chapinero. Así mismo “Chapinero adquirió el carácter de barrio permanente hasta finales del siglo XIX (…) Aunque Chapinero empezaba a jalonar el crecimiento hacia el norte de la ciudad, la forma de desarrollo predominante seguía siendo concéntrica (…)” (Palacio G. , 2008, pág. 37) alrededor de la Plaza de Bolívar.
Igualmente, a finales del siglo XIX, se ampliaron los sistemas de alcantarillado –con tuberías de hierro- en Bogotá y Chapinero, y el servicio de energía y alumbrado además de otra serie de obras públicas igualmente relevantes. Entre las obras que se destacan está la construcción del templo católico de la Virgen de Lourdes en 1885, que favoreció el crecimiento urbano y las actividades comerciales.
Ante la explotación de los Cerros Orientales de la ciudad que abastecían de agua, recursos energéticos y materiales al municipio, su estado crítico llevo a la expedición por parte del Concejo Municipal del Acuerdo 29 de 18949, en estar “prohibida la explotación de canteras de cualquier naturaleza en la zona alta y oriental de la Ciudad, comprendida entre el " El Arroyo de la Vieja," en Chapinero, y el "Alto de Vitelma," en el camino de San Cristóbal”.
A pesar de la prohibición, las medidas para superar la afectación ambiental en los cerros orientales y el abastecimiento de agua potable en la ciudad se demoraron un par de décadas más toda vez que las inversiones superaban el capital con el que contaba la administración municipal (Osorio, 2008). Muestra de esto es lo que denominó la “Batalla del Cloro” por la potabilización de las aguas en los acueductos de Vitelma y San Diego10 a principios de la década de los 20’s; este proceso permitió reducir las muertes por fiebre tifoidea de 206 por cada 100.000 Hab. En 1920 tan solo 24 muerte cuatro años después (Vargas & Zambrano, 1988).
Mapa 7. Plano Topográfico (1915).
Tomado del Atlas histórico de Bogotá.
9 Léase completo en http://www.alcaldiabogota.gov.co/sisjur/normas/Norma1.jsp?i=11784 10
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La consolidación de Chapinero y del resto de Bogotá (Mapa 7) se mantuvo durante la primeras dosdécadas del siglo pasado en el cual se consolido el abastecimiento de agua desde el río Arzobispo y las quebradas Las Delicias y la Vieja además del sistema férreo del norte, con lo cual “el vacío entre Chapinero y el centro estaría destinado a estimular la actividad constructora de barrios, por parte de grupos sociales relativamente pudientes, a partir de la expansión demográfica de los 30” (Palacio & Rouillón, 2008, pág. 133). Evidencia de esta expansión se da en la siguiente tabla:
Tabla 4. Densidad habitacional de Bogotá 1793-1938.
Tomado de Vargas & Zambrano, 1988. p. 19
Se evidencia que entre 1900 y 1938 la población aumenta más del 300% así como el área crece casi 10 veces. Este vertiginoso cambio se da por las mejores condiciones económicas y políticas del país luego de la Guerra de los Mil días y el desarrollo productivo industrial y artesano de la ciudad y la región central del país. Estas zonas de expansión y consolidación respondieron a los planteamientos desde Brunner y su modalidad de “ciudad-jardín” en el que destaca “la avenida arbolada, el parque de barrio, los parques urbanos, así como el antejardín (…) formando parte de una nueva imagen de una nueva ciudad que se expandía principalmente hacia el norte” (Palacio & Rouillón, 2008, pág. 142).
Para 1930, “se abría paso la moderna Avenida Chile, en un escenario donde los bogotanos con poder económico podían vivir en espaciosas quintas, haciendas y casas de campo” (Preciado, Leal, & Almanza, 2005, págs. 84-85); avenida que disputa espacio con la quebrada La Vieja. En esta misma época las líneas de tranvía consolidan la expansión en diferentes partes de la ciudad, pero con espacial valor hacía Chapinero sobre el eje de la Avenida 7ª, la Carrera 13 y la Avenida Caracas además de entablar camino hacía Engativá sobre los sectores de Barrios Unidos y San Fernando. De igual forma surge el parque Lago Gaitán, en el actual barrio El Polo (Preciado, Leal, & Almanza, 2005).
Mapa 8. Mapa de Bogotá 1938.
Tomado del Atlas Histórico de Bogotá.
En esta muy breve reseña histórica se evidencia una ruptura muy importante en el paisaje de la Sabana de Bogotá y la apropiación que los grupos humanos han hecho de ella. Se pasa entonces de una relación relativamente armónica entre las comunidades indígenas con su entorno a la constitución de un sistema urbano y la introducción de prácticas y especies foráneas.
A pesar de la baja tasa poblacional, desde la llegada de los invasores españoles, Bogotá incluyendo los caseríos y municipios hasta el río Bogotá se hizo evidente el deterioro de los diferentes ecosistemas en especial los cerros orientales y los ríos urbanos.