2. ESTADO DEL ARTE 19
2.1. ANTECEDENTES HISTÓRICOS 19
A lo largo de la Historia, los esfuerzos de la Humanidad por dominar un bien económico y vital como es el agua, se han centrado en tratar de regular el recurso y llevar a cabo el transporte del mismo.
Los primeros transportes se realizaron en lámina libre en los regadíos egipcios y babilonios, y ya los reyes de Babilonia hace 4500 años, disponían de un cuarto de baño con tubos cerámicos como sumidero, semejante al que tenía el Rey Minos en el palacio de Knosos en el año 1700 a. C. (Fig. 18).
Fig. 18 Abastecimiento de agua en el Palacio de Knosos. Foto del autor
Los chinos dispusieron, muchos años después, de tuberías de transporte hechas de bambú, antecedentes de los tubos fabricados con la madera de los troncos de árboles que todavía se empleaban en Boston y Montreal a comienzos del siglo XIX, sin embargo el mérito técnico del empleo de tuberías se suele atribuir a la civilización romana.
Los romanos emplearon ampliamente acueductos y túneles excavados en roca revestidos de cerámica horneada así como tubos de terracota, e incluso algunos estaban realizados con hormigones primitivos, mezcla de limos y puzolanas volcánicas del monte Vesubio; pero su verdadero logro fue el empleo de tuberías de plomo o plumbum, de donde procede el termino anglosajón plumbing o fontanería (Fig. 19).
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A pesar de su carácter contaminante, los tubos de plomo no fueron sustituidos por la tecnología del hierro sino hasta comienzos del siglo XIX, con el desarrollo en 1812 de la técnica para soldar elementos cilíndricos. Así, en 1815, el escocés William Murdock comenzó la fabricación de tuberías de gas para el alumbrado de Londres. En 1824, el inglés James Russell patentó un método para soldar tubos con o sin mandril, y al año siguiente, Cornelius Whitehouse concibió un método para fundir directamente tuberías. Ya en 1830, Morris construyó el primer horno de fundición de tubos en Estados Unidos. Posteriormente, a principios del siglo XX, la tecnología de tubos metálicos se innovó con el empleo de tuberías de cobre de pequeño diámetro, aunque su uso no se extendió hasta mediados de siglo.
Fig. 19 Tubería de plomo en Pompeya. Foto del autor
Paralelamente, en la era moderna, y para diámetros mayores, se comenzaron a usar otros tipos de materiales como el hormigón en masa, empleado por primera vez en 1842 en el alcantarillado de Mohawk, en el estado de Nueva York, siendo los franceses quienes incorporan la armadura de acero, conocida como patente Monier, en 1896.
En esa búsqueda de materiales alternativos, tuvo una especial importancia el empleo del fibrocemento, inventado en el siglo XIX por el austriaco Ludwig Hatschek y que, por sus características, tuvo una gran aceptación en la fabricación de tuberías con la técnica del mandrilado (desarrollada en la ciudad de Genca en 1906 por la compañía italiana Società Anonima Eternit de Pietra Artificiale). Ésta tuvo enorme difusión mundial hasta que se pusieron de manifiesto los graves inconvenientes de su uso, ya que se trata de un material cancerígeno, que además produce una enfermedad específica al ser inhalado, la asbestosis. Ello ha llevado a su proscripción oficial, de forma que en España se finalizó su fabricación en junio de 2002.
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La necesidad de reconstrucción de las infraestructuras en la Europa Occidental tras la finalización de la Segunda Guerra Mundial, promovió un enorme desarrollo en el empleo de tuberías plásticas dada la disponibilidad de materiales termoplásticos a bajo coste. Dentro de estos materiales, los empleados en tuberías han sido el polietileno (PE), el polipropileno (PP) y el entonces más difundido cloruro de polivinilo (PVC), cuyos primeros tubos se habían fabricado ya en Alemania en 1932.
Por otro lado, se desarrollaron las técnicas de los plásticos termoestables como el poliéster reforzado con fibra de vidrio (PRFV) y sus distintos modos de fabricación.
La primera patente de estos tubos fue la del método Hobas, desarrollado en Suiza en 1957, cuando la industria textil Basler Stückfäberei intentaba sustituir los cilindros de madera donde oreaba la tela en el teñido, pues se astillaban. Los resultados con cilindros de poliéster reforzados con fibra de vidrio mediante centrifugado promovieron la idea de fabricar tubos, instalando la primera fábrica en 1961. El desarrollo fue tal que, a principio de los años 70, se inició la fabricación de diámetros entre 400 y 1500 mm, al tiempo que se produjo la fusión con la empresa sueca Höganäs, que desembocó en la constitución de un nuevo sistema mundial para la nueva tecnología, Hobas Engineering A. G., nombre comercial con el que se conoce en España esta tipología de PRFV en lugar de la habitual de
Centrifugal casting o moldeo por centrifugación.
Otros fabricantes como Jotun, en la ciudad noruega de Sandefjord, junto a su filial
Vera Fabrickker, decidieron fabricar tubos de PRFV basados en su propia tecnología, desarrollada en este caso por el inventor danés Frede Hilmar Drostholm, dando lugar a tubos mandrilados en continuo en 1968, que se instalaron en Estados Unidos en 1977 dando lugar a Owens Corning.
Las primeras fábricas de tubos de poliéster reforzado con fibra de vidrio en España datan del año 1984 con la creación de la empresa Politubo S. A., con tecnología de arrollamiento continuo, y que tuvo muy poco éxito comercial por los problemas de falta de estanqueidad de sus juntas. No es sino hasta el año 1996, cuando se comienza su utilización masiva, al sustituir en sus fábricas la empresa Uralita las, por entonces proscritas por la legislación, tuberías de fibrocemento por la tecnología Hobas. Posteriormente, otras empresas instalan sus fábricas con patentes de Filament winding (FW) continuo y cruzado.
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