UN PARADIGMA
Examinen el siguiente intercambio entre una paciente (P) y un terapeuta (T): P. «Tengo un nuevo proyecto: ser puntual».
T. «Trataré de cooperar».
P. «No importa lo que usted haga, yo lo hago por mí misma… ¡Adivine qué calificación obtuve en mi prueba de historia!».
T. «B».
B. «¿Cómo lo supo?».
T. «Porque usted tiene miedo de obtener una A».
P. «Sí, tenía A, pero releí la prueba y taché tres respuestas correctas y puse tres equivocadas».
T. «Me gusta esta conversación. Está libre de tonto».
Y. «Sabe usted, anoche estuve pensando en lo que he progresado. Calculé que ya sólo soy tonta en un 17%».
T. «Bueno, esta mañana está en cero, así que tiene derecho a un 34% de descuento en el siguiente round».
P. «Todo empezó hace seis meses, estaba mirando la cafetera y por primera vez la vi realmente. Y usted ya sabe cómo están las cosas ahora, cómo oigo cantar a los pájaros, y miro a la gente; la gente está realmente ahí como personas, y, lo mejor de todo, es que yo estoy realmente ahí. Y no sólo estoy ahí, sino que ahora, en este momento, estoy aquí. El otro día estaba parada en una galería de arte mirando una pintura, y un hombre se acercó y dijo: “Gaugin es muy delicado, ¿no es verdad?”. Así que yo comente: “A mí también me gusta usted”. Entonces salimos y tomamos una copa; él es muy simpático».
Este ejemplo es presentado como una conversación libre de tonto y libre de juegos, entre dos Adultos autónomos, con las siguientes anotaciones:
«Tengo un nuevo proyecto: ser puntual». Este anuncio se hizo después del hecho. La paciente casi siempre llegaba tarde. Esta vez llegó a tiempo. Si la puntualidad hubiera sido una resolución, un acto de «fuerza de voluntad», una
imposición del Padre sobre el Niño, sólo para romperse, se hubiera anunciado antes del hecho, diciendo: «Ésta es la última vez que llego tarde». Ése hubiera sido un intento de iniciar un juego. Su anuncio no lo fue; sino una decisión de Adulta, un proyecto, no una resolución. La paciente continuó siendo puntual. «Trataré de cooperar». Esto no fue una expresión de «apoyo», ni tampoco el primer movimiento de un nuevo juego de «Sólo trato de ayudarte». La cita de la paciente era después de la hora del café del terapeuta; ya que ella siempre llegaba tarde, él había caído en la costumbre de volver tarde también. Cuando ella anunció que sería puntual, él supo que era en serio e hizo su anuncio también. La transacción fue un compromiso de Adultos que ambos cumplieron, y no un Niño engañando a una imagen Paternal quien, debido a su posición, se sintió obligado a ser un «buen papá» diciendo que cooperaría.
«No importa lo que usted haga». Esto enfatiza que su puntualidad es una decisión, no una resolución para explotar como parte de un juego pseudocondescendiente.
«Adivine qué calificación obtuve». Éste es un pasatiempo del cual ambos se dieron cuenta y al que se sintieron libres de entregarse. No había necesidad de que el terapeuta demostrara lo vigilante que estaba diciéndole que era un pasatiempo, algo que ella ya sabía, y no había necesidad de que ella se abstuviera de jugarlo sólo porque era un pasatiempo.
«B». El terapeuta comprendió que, en el caso de la paciente, ésta era la única calificación posible, y no había por qué no decirlo. Una falsa modestia o el temor de equivocarse podían haberlo inducido a pretender que no lo sabía.
«¿Cómo lo supo?». Ésta fue una pregunta de Adulto, no un juego de «Oh, es usted maravilloso», y merecía una respuesta pertinente.
«Sí, tenía A». Ésta fue la verdadera prueba. La paciente no se enfurruñó discutiendo o alegando, sino que se encaró con su Niño francamente.
«Me gusta esta conversación». Ésta y las siguientes frases semiburlonas fueron expresiones Adulto de respeto mutuo, con un poco de pasatiempo Padre - Niño tal vez, lo cual fue opcional para los dos, y de lo cual ambos se dieron cuenta. «Por primera vez la vi realmente». Ella tiene derecho ahora a su propia conciencia de las cosas, ya no está obligada a ver a las cafeteras y a las personas como sus padres querían que las viera.
«Ahora, en este momento, estoy aquí». Ella ya no vive en el futuro o en el pasado, aunque puede discutir brevemente acerca de ambos si tuviera algún provecho.
«A mi también me gusta usted». Ella no está obligada a jugar «Galería de arte» con el recién llegado, aunque podrá hacerlo si quisiera.
El terapeuta, por su parte, no se siente obligado a jugar «Psiquiatría». Hubo varias oportunidades de sacar a relucir problemas de defensa, transferencia e interpretación simbólica, mas él pudo dejarlas pasar sin sentir ninguna ansiedad. Pareció que valía la pena, sin embargo, averiguar, para consultas futuras cuáles habían sido las respuestas que ella había tachado en su examen.
Desafortunadamente, durante el resto de la hora, el 17% de tonta que quedaba en la paciente y el 18% que quedaba en el terapeuta, se asomaron, de rato en rato. Resumiendo, los procedimientos dados constituyen una actividad aligerada con algo de pasatiempo.