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EL UNIVERSO DE LA PALABRA

LA IMAGEN ÁRBOL

IX. LA APARICIÓN DE LA VIDA

José entra en una nueva fase de la vida después de haber interpretado el sueño del faraón. Es la cuarta fase de su vida: La primera se extendió hasta su venta a Egipto; la segunda fue su servicio en la casa de Potifar; la tercera, en la cárcel.

Los sueños del faraón se dan a la orilla, y dentro del agua del río. Siete vacas gordas y siete espigas llenas vienen a ser devoradas por siete vacas magras y por siete espigas flacas. Nítidamente se distingue acá dos dualidades, ya que estamos en la dualidad de Egipto, de Mitzraim. El sueño del faraón descubre lo que en realidad es Egipto.

La forma FaR tiene una estructura especial. El título del rey es “faraón”. El primer amo de José es Potifar. José, finalmente, recibe una mujer, Osnat, hija de Potifera, sacerdote de On (Gén. 41:45). También las vacas, que juegan un papel principal en el sueño del faraón, se denominan, en hebreo, far. La voz “far” está emparentada con “pri” (fruto), y con “pru” (fértil, multiplicarse). También en el nombre del hijo de José, Efraín, nacido en Egipto, este far forma la raíz de la palabra.

Far (vaca), es el segundo signo del Zodíaco (toro, buey). Es la fertilidad en el

mundo de la izquierda. El rey de este mundo de la realidad es el “far-aón”, un nombre que lleva en sí fertilidad y crecimiento.

Entonces las vacas, en el sueño del faraón, expresan aquello que es la esencia del desarrollo egipcio. Egipto no puede superar los opuestos, lo magro devora lo gordo, la muerte devora la vida. ¿Para qué todo esto?, ¿Cuál es el sentido de la vida, de lo gordo?, ¿Cómo superar esta contradicción, esta dualidad?.

Por fin, con la inercia del curso del tiempo, el copero se acuerda de José, se acuerda de este hombre “del otro lado”, del ibrí, del hebreo. A pesar de ser un extraño, o sea un individuo de otro mundo, quizás podrá dar una respuesta a los problemas, ya que José había dado testimonio de su saber antes de la liberación del copero. Así llega José, el ibrí, ante el faraón. El une los dos mundos opuestos y muestra que el tiempo magro – la muerte– no debe ser magra, siempre y cuando uno lo considere ya durante su vida.

La vida debe ser orientada siempre hacia lo venidero, hacia los años magros que con toda seguridad vendrán. Frente a la vida del séptimo día está la muerte del séptimo día, como sentido del mundo de la dualidad.

José presenta la solución al faraón: Por medio de una determinada actitud en la vida se pueden suavizar los años magros. De todos los “años gordos” del futuro, un quinto de la cosecha debe conservarse como reserva (Gén. 41:34). Nuevamente es el 1 frente al 4, un quinto frente a los cuatro quintos restantes. No se trata aquí de un veinte por ciento terrenal, sino de la unidad frente a la multiplicidad.

Sólo un ibrí, individuo procedente del “otro lado”, que viene de otro mundo, puede demostrar semejante sentido de la vida. El conoce a Dios y puede mostrar cómo se hace la unión de lo múltiple, el “cuatro”, con la unidad del “uno”. En el mundo egipcio nunca hubiera podido surgir tal proyecto: sólo quien conoce las medidas de Dios puede unir vida y muerte.

El faraón encarga a José el plan de abastecimiento. Faraón es la fuerza del desarrollo, es la fuente vital de Egipto, casi su dios. Pero siendo la fuerza del desarrollo, estando en el lado de far, entra finalmente en rebelión contra Dios. Sobre esto nos habla más ampliamente el relato del éxodo.

José obtiene el más alto cargo en el país, al lado del faraón, quien le manifiesta: “Sólo por la silla real estaré más alto que tú”, y lo nombró consejero secreto y le dio una mujer, Osnat, la hija de Potifera, del sacerdote de On (Gén. 41:40 y 45). El título “consejero secreto”, en hebreo, es: “TZaFNaT PANeaJ”: 90-80-50-400, 80-70-50-8, cuyo valor total es 620 + 208 = 828.

Esta cifra (828), la habíamos encontrado justamente como el medio tiempo del 1656-1657-1658, como período en el cual el 10-5 debe ser unido al 6-5, terminando en el mundo prometido, en el octavo día. Esta es justamente la tarea de José, llevar al mundo que se encuentra en la dualidad, en el cual uno de los 5 está separado del otro 5, a la unidad que incluye a ambos. Este “llevar de vuelta” es medido en la Biblia con los 828-829 años que se enfrentan con el tiempo total, o sea con el 1656-1658 años, el 1 al 2.

De Osnat, su mujer, nos cuenta la Tradición que era la misma que lo quiso seducir como mujer de Potifar. Su inclinación por poseer a José se explica de su intuición que le decía que algún día estará unida a José. Las fuerzas del desarrollo, del crecimiento, llegan, finalmente al hombre justamente porque las había rechazado en el momento en el cual tenía que caminar hacia la unificación.

Si el hombre va a través del rechazo hacia el 1, encuentra allí el Árbol de la Vida, el árbol que es fruto y hace frutos. Este árbol, unidad, también contiene el desarrollo, pero ya no apartado, sino como parte de la maravillosa armonía.