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Otras asociaciones extranjeras en el socorro humanitario y fraternidad protestante.

In document Renovación nº18 Febrero 2015 (página 56-58)

HURGANDO EN LA HISTORIA

1.4 Otras asociaciones extranjeras en el socorro humanitario y fraternidad protestante.

fue usado ocasionalmente para el reparto de ropa. Un asilo secular fue centro del reparto de alimentos; recomendamos para ese tra- bajo a hermanos vascos y leridanos de nues- tra confianza. Era un gran gozo contar con la ayuda que podía ser dada a todos y no so- lamente la que era enviada a los creyentes evangélicos. Ocurría entonces lo que ocu- rrirá –decía yo– cuando llegue la venida del Señor: todo el mundo quería ser evangélico. Muchos habían venido antes a hacernos re- cordar que habían asistido al culto en tal o cual fecha, ya que la ayuda colectada por el Comité de Londres era solamente para los miembros de las iglesias y no había para todos. Pero ahora contábamos con ayuda más abundante, que los cuáqueros nos con- fiaban para toda clase de personas necesita- das. Tenían más confianza en las iglesias evangélicas que en los órganos oficiales, cuyo interés era mayor para las necesidades de los frentes de lucha, que para las mujeres y niños de la retaguardia.”

En julio de 1938, Samuel Vilaes incorpo-

rado a filas. Parecía haber sido un error vol- ver a la España en guerra. Junto al antiguo compañero del seminario bautista de Barce-

lona y pastor de Alicante, Zacarias Carlesse

preparaban para ir a recoger heridos al frente del Ebro donde se organizaba una

gran batalla. Sin embargo el genio de Vilay

Carlesles hizo ver que serían más útiles en el extranjero solicitando socorros. Indalecio Prieto, ministro de la Guerra, había recibido una comisión de pastores evangélicos que se ponían a su servicio pero no de armas sino en los servicios de sanidad. Había sido una reunión muy distendida donde Indalecio Prieto, aludiendo a los años de su infancia en las escuelas de Bilbao, les dijo: “Aún me acuerdo del coro. “Firmes y adelante, hues- tes de la fe,/ sin temor alguno que Jesús nos

ve.” Presentada la solicitud por Vilay Carles

para ir a Inglaterra con el fin incrementar la obra benéfica, se concede a los pastores la petición pues era mejor aprovecharlos para

ministerios de socorro. Zacarías Carlesfue

con su familia y Vila solo, dejando a su es- posa al cuidado de la iglesia y sus padres. Es-

tando en Londres Vila en el “Mildmay

Missionary Center” escuchó la noticia de la

entrada de las tropas de Francoen Tarrasa,

produciendo multitud de gentes pasando la frontera.

Ante la avalancha de refugiados en- trando a Francia, recluidos en campos de concentración en las playas del Mediterrá- neo, Vila se traslada a Perpiñán, donde en-

cuentra al misionero Robinsony su esposa

que le ayudaría a trasladarse de un campo a otro y celebrar cultos con los que habían sido miembros de las iglesias evangélicas y simpatizantes. Allí publicará una revista gra- tuita titulada “El Refugiado” con artículos in- formativos y de consuelo y esperanza. “Eran tantas las necesidades en aquellos campos

–dice Vila- que si no tenías alguna persona

que respondiera económicamente de tu per- sona no se podía salir de aquellas alambra- das. En la revista “El Refugiado” se hizo la oferta a todos los que necesitasen sobres, papel y bolígrafo, para poderse comunicar, ya que el correo francés también era gra- tuito.

Allí Vilarepartió centenares de paquetes

con alimentos y dieciséis tiendas de cam- paña para los refugiados evangélicos. Relata

Vilaque donde él se alojaba, una casa de un

panadero de Tarrasa miembro de su iglesia,

se hallaba refugiado don Samuel Morera

presidente del círculo republicano durante la Monarquía y después alcalde. Este siendo alcalde había derribado el muro que sepa- raba el cementerio Civil del católico en los

primeros días de la República. Vilaviajó de

nuevo a Londres, después a los Estados Uni- dos, donde expondría las necesidades en Es- paña y volvería de nuevo a Londres con el fin de sacar el visado para entrar en España. Se trasladó a Perpiñán cerca de la frontera con el visado ya en mano. Todos le decían que era una locura pasar en aquellos momentos, ya que todo el que hubiera ayudado al Go- bierno republicano podía ser fusilado sin acusaciones concretas. En Perpiñán se en-

contrará con Nicolás Bengston9 quien du-

rante quince años había colaborado estrechamente, viéndolo como una señal para entrar en España y con el que entró y

9. El misionero sueco Nicolás Bengston trabajó en Va- lencia. Marcha a vivir a Barcelona en 1922, donde se hace miembro de la iglesia bautista La Bona Nova, co- laborando en la predicación y como organista entre otras cosas. Ocupado en el campo de la literatura evangélica, en 1923 edita la publicación El Mensajero Bautista que viene a cubrir la ausencia de El Eco de la Verdad, suspendido desde hace algunos años. Es por esta época que colabora con Samuel Vila.

no pasó nada de lo previsi- ble.

Los primeros en ayudar a los protestantes en primer lugar y a todos los españo- les en general, fue la igle- sia Reformada de Francia, con los bautistas del “Midi” y los protestantes británicos. En efecto, la mi- sión Francesa del Alto Ara- gón organizó en Pau un refugio para mujeres y otro para niños en la ciu- dad costera de Séte. En esta última ciudad estaba la residencia veraniega de jóvenes protestantes fran- ceses que llegó a acoger unos trescientos niños de familias evangéli- cas españolas, asistidos por unas veinticinco madres de los pequeños.

Las Iglesias anglicanas y reformadas de Ir- landa, mucho menos discriminatorias, envia- ron algunos socorros “para los niños republicanos de Madrid”, distribuidos en el templo catedral de la IERE en la calle Benefi- cencia. Algo parecido sucedía en el principal templo bautista madrileño, y en diferentes locales de la IEE de Madrid, que atendían a numerosos indigentes a base de las aporta- ciones de los protestantes locales, y de los

facilitados por la Misión Suiza. Relata Juan B.

Vilar que en Cataluña, por el contrario, se mostraron especialmente activos los evan-

gélicos extranjeros Lereiuxy Sigfrid, suizo y

alemán respectivamente, antiguos residen- tes de la región, quienes propiciaron una no- table labor filantrópica. De los cuáqueros tanto británicos como americanos en Cata- luña, desarrollaremos ampliamente su labor en cifras y en operaciones de socorro.

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