2.3 Aportes al Desarrollo de los Grupos y Psicoterapia de Grupo

2.4.2 Aspectos Prácticos

En 1985 las Naciones Unidas se manifiesta preocupada por la Violencia Familiar, y por sus efectos en las generaciones futuras, condenando las actitudes discriminatorias y abusivas contra las mujeres, y convocando a los países miembros especial atención a las leyes, procedimiento, recursos de protección y asistencia especializados, métodos de educación y coordinación entre los sistemas de salud y justicia (Ferreira, 1993).

Para Arón et al. (2001) “A partir de 1990, el tema de la violencia se puso en la agenda pública.”, creándose el Servicio Nacional de la Mujer y apoyándose iniciativas que culminan con la promulgación de la Ley de Violencia Intrafamiliar, que penaliza el abuso y el maltrato, y da una señal clara a la comunidad del intento de cambiar las creencias que mantienen la subordinación de la mujer en el hogar (p. 23).

Hasta los primeros años del 2000 se asistió en Chile, a un aumento de la sensibilización y de preocupación institucional por el problema de la Violencia Intrafamiliar y Doméstica. Algunos ejemplos de esta preocupación en Chile, son la incorporación a los programas de salud del plan Regional de la Organización Panamericana de la Salud sobre Salud y Violencia (OPS, 1994), la ratificación de las Convenciones sobre los Derechos de la Mujer y del Niño, y la promulgación de la Ley de Violencia Intrafamiliar (Arón, 2001).

La Ley V.I.F. 19.325

El problema de la Violencia Intrafamiliar fue tratado expresamente por primera vez en 1980 en la Conferencia Mundial del Decenio de las Naciones Unidas para la Mujer, reunida en Copenhague. En la década de los ’80, las legislaciones de América Latina y el Caribe comienzan a modificarse con la aprobación de la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer, la cual aunque no trata el tema de la Violencia Doméstica, exige a los Estados miembros la no discriminación tanto en la esfera pública como privada (Binstock, 1998).

La Conferencia Mundial de Nairobi incluye por primera vez, en 1985, a la Violencia Doméstica como tema relativo a la paz. En 1992, el Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer, adoptó una recomendación general afirmando que la violencia contra la Mujeres es una forma de discriminación de Género, que los gobiernos deben eliminar. La Asamblea General de las Naciones unidas en diciembre de 1993 adopta la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, que intenta reforzar y complementar el proceso de aplicación de la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, y sobre todo, hacer visible a nivel internacional la preocupación por la Violencia Doméstica. La Conferencia Mundial sobre Derechos Humanos

(Viena, 1993) recomendó la creación de un procedimiento de denuncia de las violaciones de la Convención sobre la Eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer.

Para Binstock una nueva fase comienza en marzo de 1994 cuando la comisión de Derechos Humanos acuerda aprobar un proyecto de resolución para integrar los derechos de la mujer dentro de los mecanismos de derechos humanos de las Naciones Unidas, nombrando un Relator Especial para informar y recomendar medidas nacionales, regionales e internacionales para eliminar la violencia contra la mujer y sus causas.

Desde la Región se realizaron muchos foros para la preparación de la Conferencia Mundial de Derechos Humanos de 1993, estando bastante presente el abordaje de la violencia de género como violencia de los derechos humanos y la reconceptualización de éstos para superar el enfoque androcéntrico tradicional. Paralelamente, la Comisión Interamericana de Mujeres (CIM), en 1990 realiza la Primera Consulta Interamericana sobre la Mujer y la Violencia y en 1994 se aprueba en Belem do Para la convención interamericana para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer.

En Chile, en el mes de septiembre de 1990, se presenta a la Cámara de Diputados un proyecto de Ley de Violencia Intrafamiliar que se funde con el proyecto presentado en el año 1991 por el SERNAM. La discusión del proyecto en el Parlamento demoró casi cuatro años, no constituyendo prioridad. Incluso la Red Chilena contra la Violencia Doméstica y sexual propone como alternativa incluirla en los crímenes y simples delitos contra las personas del Código Penal (Navarro, 1997).

La ley de Violencia Intrafamiliar, tipifica a ésta, como un acto punible y la define como “Todo maltrato que afecte la salud física o psíquica de quien, aún siendo mayor de edad, tenga respecto del ofensor la calidad de ascendiente, cónyuge o conviviente o, siendo menor de edad o discapacitado, tenga a su respecto la calidad de descendiente, adoptado, pupilo, colateral consanguíneo hasta el cuarto grado inclusive, o esté bajo el cuidado o dependencia de cualquiera de los integrantes del grupo familiar, que vive bajo un mismo techo” (Reglamento de la Ley Nº 19325 sobre Violencia Intrafamiliar, 17 Octubre 1994)

Un aspecto importante de la nueva ley dice relación con las penas a los agresores intra familiares. Con respecto a esto, la ley define: “El autor de actos de violencia intrafamiliar, será sancionado con algunas de las siguientes medidas: asistencia obligatoria a determinados programas terapéuticos o de orientación familiar, multa a beneficio municipal, y prisión en cualquiera de sus grados.” (Título 1 De las sanciones Art. 1º, Reglamento de la Ley Nº 19325 sobre Violencia Intrafamiliar, 17 Octubre 1994). Los siguientes artículos especifican la posibilidad de conmutar la sanción de multa o prisión con trabajos a beneficios de la comunidad, explicitan la forma de control de la asistencia a los programas terapéuticos, a cargo de la institución (SERNAM, Centros de Diagnóstico, COSAM), el monto de las multas, el carácter y control de los trabajos y el sistema de registro.

Algunos avances de esta Ley se refieren a que aportan en gran parte al proceso de sanción de las mujeres víctimas al percibir la violencia como un comportamiento antijurídico, a que muchos hombres golpeadores validan el valor represivo de la norma contra las conductas penadas y a que el problema de la violencia va tomando cada vez más carácter público (Navarro, 1994). Esto último, posibilita atacar al principal enemigo el silencio que colabora con el ejercicio de la violencia al interior de los sistema abusivos (Arón, 2001). Por otra parte, esta Ley ha posibilitado una solución civilizada a los conflictos de las parejas que llegan a tribunales, principalmente debido a que, analizada comparativamente con las otras legislaciones de América Latina y el Caribe, se iguala a aquellas que proponen un tratamiento civil a la problemática. Este tipo de tratamiento es el más acertado a juicio de Binstock (1998) y Navarro (1997), ya que se ajusta más a las circunstancias especiales de la violencia intrafamiliar, ya que: las personas que viven cotidianamente esta realidad, sufren un proceso muy complejo de deterioro emocional y hasta económico; y por otra parte, el cambio de pautas necesario para el tratamiento del tema no se logran con la mera sanción penal. Asimismo se plantea como necesario el tratamiento de la problemática por medio de los tribunales de familia. Una práctica que se estima altamente probable para la realidad socio-jurídica de nuestro país, en el futuro.

A juicio de Navarro, la Ley que se promulgó es novedosa en sus planteamientos, sin embargo la realidad chilena le es adversa, por la permisividad hacia la violencia y la resistencia a considerar un problema social cualquier cosa que ocurra en el ámbito privado.

No obstante los avances, Binstock (1998) recomienda para la Región de América Latina y el Caribe, que en materia civil debe incluirse la violencia intrafamiliar, por ejemplo como causal de divorcio. Se verifica que han aumentado las denuncias lo que ratifica la necesidad de crear o modificar leyes. Como parte de su diagnóstico, la autora recomienda la facilitación al máximo de la denuncia, mantener la posibilidad de la conciliación y la mediación, aunque a cargo de personal capacitado que priorice asegurar la integridad de la víctima y no sólo la convivencia. Asimismo, propone capacitar a los funcionarios judiciales y policiales, la inmediatez de las medidas de protección, debe asegurarse la brevedad y eficacia del proceso, y no se califique la inasistencia del inculpado como desistimiento. Es necesario promover planes de acción concretos que comprendan medidas a todo nivel, incluyendo la educación, los medios de comunicación. Deben considerarse las alternativas de sanción social al agresor y focalizarse en la igualdad como forma de erradicar la violencia.

Actualmente, se hace necesario un tratamiento interdisciplinario del problema de la Violencia Doméstica. La creación de esta ley ha provocado la saturación del sistema asistencial y judicial, que habitualmente no cuentan con la infraestructura, la sensibilización ni la experiencia necesaria (Navarro, 1997; Arón, 2001).

En 1995, la Asamblea General urgió a los Estados partes a reforzar en las legislaciones nacionales, las sanciones para castigar la violencia contra la mujer en el hogar, el trabajo, en la comunidad y en toda la sociedad, y declaró todas las formas de violencia sexual y de tráfico sexual como una violación de los derechos humanos de las mujeres y de las niñas.

Intervención.

Aportando al Modelo Ecológico en el tratamiento de la Violencia Intrafamiliar, Arón et al. proponen el Modelo de Competencias, la Intervención en Crisis y el Modelo de Redes. El primero de estos, ha estado cada vez más presente en las últimas décadas, y sus intervenciones intentan crear y promover condiciones que faciliten el desarrollo de los recursos y potencialidades propias en la solución de problemas relacionados con el bienestar psicosocial, centrándose en las fortalezas o competencias psicológicas. En este cambio de perspectiva se enmarca el concepto de Resilencia que se refiere a la capacidad para recuperarse luego de vivir situaciones adversas. Otro aporte de este enfoque es limitar la dependencia y la expectativa de las personas de ser acogidas por un

promoviendo el trabajo y la colaboración interdisciplinaria. Este Modelo también llamado de Bienestar Psicosocial propone intervenciones tempranas, con el objetivo de prevenir la aparición de problemas (Arón, 2001).

El segundo Modelo propuesto es el de Intervención en Crisis que plantea una serie de acciones necesarias para enfrentar y acoger a un ser humano que vivencia una crisis, tomando en consideración los fenómenos propios de estas situaciones. Con estas acciones se pretende evitar la inadaptación al estrés, descrito por Caplan (1993) como las dificultades para adecuarse a los cambios en situaciones de crisis, constituyéndose en uno de los principales factores en la etiología de los trastornos psicológicos. El Modelo propone el fortalecimiento de quien presenta la crisis, frente a la erosión de la propia autoeficacia, mantener la esperanza y transmitir confianza, ayudar en tareas concretas, contener emocionalmente y preocuparse de la fatiga propia de las personas que enfrentan las crisis.

Por otra parte, el Modelo de Redes amplía el foco hacia las unidades sociales más amplias, para definir y diseñar estrategias de intervención para los problemas de salud. Dos modelos básicos son: el modelo de redes sociales personales o focales y el modelo de red abierta. El primero de estos plantea la Intervención en Red, incluyendo a la red social (familiares más cercanos, amigos compañeros de estudios y trabajo, miembros de instituciones que frecuenta y conocidos esporádicos) como elemento importante para la comprensión del sufrimiento del consultante y la utiliza como recurso central en aliviar este sufrimiento. El segundo se refiere también al concepto de red más amplio, que incluye los distintos grupos e instituciones de la comunidad, y propone el Trabajo en Red, que también se centra en el protagonismo y los recursos del consultante, creando un contexto donde las redes puedan emerger y asocien sus esfuerzos, experiencia y conocimientos para lograr fines comunes.

Ferreira plantea que el problema de la violencia despierta reacciones defensivas que obstaculizan su enfrentamiento, pues señala cuestiones desagradables, que nadie quiere asociar con la familia, dada su valoración como núcleo social. Al enfrentarse a una situación de violencia, Ferreira destaca la importancia de tomar en cuenta la necesidad de las mujeres golpeadas de tiempo, paciencia, contención, apoyo y protección, revaloración, conocimiento de sus derechos, información sobre su situación, expectativas realistas, estrategias claras y directas; evitando críticas,

presiones, incredulidad, desprecio, inculpaciones, actitudes rígidas, preguntas impertinentes y prejuiciosas.

Ferreira (1989) plantea la contraindicación de atender a la mujer junto al hombre, dado que la mujer no puede hablar libremente, temiendo su venganza y el aumento del control en privado. Otro peligro radica en la tendencia a inducirse por las estrategias de evasión y minimización de la violencia por parte del agresor. Por otro lado, está el riesgo en responsabilizar al masoquismo de la mujer unido o no a la creencia de una tendencia sádica en su pareja. Ferreira explica que se trata de un vínculo que atrapa dada su oscilación entre el amor y la agresión, donde la carencia afectiva y la desvalorización de la mujer hacen que no pueda abandonar a su compañero.

2.4.3

Síntesis

Según Corsi (1992), la violencia intrafamiliar la constituyen todas las formas de abuso que tiene lugar entre los miembros de la familia. Para Barudy la violencia intrafamiliar es la consecuencia de una perturbación de las relaciones de apego y un fracaso en los rituales que regulan las emociones suscitadas por los cambios interpersonales. Según Barudy la violencia se produce como un abuso de poder en un contexto de silenciamiento. La violencia intrafamiliar, también puede entenderse como una problemática dentro de un sistema social y cultural que se organiza en torno a dos variables: el poder y el género.

En relación al abuso, Corsi (1992) señala que puede presentarse de diversas formas: Abuso físico, Abuso psicológico o violencia emocional, Abuso sexual y Abuso financiero.

Para entender la violencia intrafamiliar, actualmente en nuestro país se privilegia la perspectiva compleja del Modelo Ecológico, que incluye: el Macrosistema, que remite a las creencias asociadas a la sociedad patriarcal; el Exosistema que se refiere al conjunto de instituciones y grupos, que en ocasiones contribuyen a la victimización secundaria; el Microsistema, que constituye la red vincular más próxima a la persona, usualmente de estructura autoritaria. Corsi agrega el Nivel individual, discriminando cuatro dimensiones: la dimensión cognitiva, la dimensión conductual, la dimensión interaccional, y la dimensión psicodinámica.

La violencia conyugal se ha definido como un fenómeno social resultado de una unión consensual o legal y que consiste en el uso de medios instrumentales por parte del cónyuge o pareja para intimidar o anular a su pareja, con el objeto de controlar el sistema familiar. El desarrollo de esta problemática en el Cono Sur, parte con el interés centrado en la denuncia.

Se han encontrado dos fenómenos característicos y relevantes para el fenómeno, su carácter cíclico y la presencia de la escalada.

Larraín reconoce que en la Región Metropolitana una de cada cuatro mujeres son víctimas de maltrato al interior de su familia. En un estudio de prevalencia (2001 SERNAM), se constató que 1/3 de mujeres en la Región Metropolitana, y 1/4 en la Región de La Araucanía, de entre 15 y 49 años, han vivido violencia física.

Larraín describe las siguientes características en el hombre que ejerce violencia: la negación y/o minimización de la violencia, la externalización de la responsabilidad; el miedo a la dependencia y a perder a la pareja, lo que aumenta el control; la internalización de un modelo masculino tradicional; la dificultad en la expresión emocional; el aislamiento emocional y del entorno; la dificultad para tolerar y resolver conflictos con un pobre control de impulsos. Además, muchos presentan experiencias infantiles de violencia, baja autoestima e inseguridad. Según Ferreira, la madre del hombre violento, suele no haberle entregado afecto auténtico a su hijo, y el padre pudo ser autoritario y afectivamente ausente.

El problema de la Violencia Intrafamiliar fue tratado expresamente por primera vez en 1980 en la Conferencia Mundial del Decenio de las Naciones Unidas para la Mujer, reunida en Copenhague. En Chile, en el mes de septiembre de 1990, se presenta a la Cámara de Diputados un proyecto de Ley de Violencia Intrafamiliar que se funde con un proyecto presentado en el año 1991 por el SERNAM. La discusión del proyecto en el Parlamento demoró casi cuatro años, hasta que se promulga en 1994. Algunos avances de esta Ley se refieren a que aportan en gran parte al proceso de sanación de las víctimas al percibir la violencia como un comportamiento antijurídico, a que muchos hombres agresores validan el valor represivo de la norma contra las conductas penadas y a que el problema de la violencia va tomando cada vez más carácter público. Posibilitando una solución civilizada a los conflictos de las parejas, principalmente debido a que se iguala a aquellas que proponen un tratamiento civil a la problemática, proponiendo por ejemplo el

ingreso de hombres que ejercen violencia a programas de tratamiento psicoterapéutico. Actualmente, la creación de esta ley ha provocado la saturación del sistema asistencial y judicial.

Aportando al Modelo Ecológico en el tratamiento de la Violencia Intrafamiliar, Arón (2001) propone el Modelo de Competencias, la Intervención en Crisis y el Modelo de Redes. En este cambio de perspectiva se enmarca el concepto de Resilencia, limitando la dependencia y la expectativa de las personas de ser acogidas por un sistema asistencialista, al mismo tiempo que resguarda al profesional del desgaste.

2.5

Experiencias en Chile del trabajo con hombres que ejercen

In document SATISFACCIÓN EN PARTICIPANTES DE UN TRATAMIENTO PSICOTERAPÉUTICO GRUPAL PARA HOMBRES QUE EJERCEN VIOLENCIA BASADO EN EL ENFOQUE GESTÁLTICO (página 76-85)