Sexta propuesta: Modelo activando todos los canales sensoriales
17) Búsqueda del tesoro.
En esta fase utilizamos como cierre de todo el proceso terapéutico un esce- nario de trabajo llamado “La búsqueda del tesoro”, que permite sintetizar en un solo cuadro toda la historia del paciente que resume simbólicamente to- dos los planes de acción de futuro (ver Capítulo XIV “El cierre de terapia”). Para terminar este apartado, es importante tener siempre presente la pri- mera cualidad que debería tener todo buen terapeuta: la paciencia. Si ha- cemos buen uso de ella, no sacaremos conclusiones precipitadas con sólo el resultado de una sesión de trabajo. No por el hecho de ver a una persona gritar un día debemos pensar que es un histérico, hay que corroborar que esta actuación se repite en numerosas situaciones para poder afirmar tal hecho. De la misma manera debemos tener cuidado, ya que muchos tera- peutas tienden a clasificar y etiquetar a sus pacientes en base a experiencias con otros pacientes anteriores e influenciándose, a veces, con proyecciones propias olvidando que cada persona es un mundo diferente a los demás y no hay ni una sola problemática que se repita dos veces.
Para no equivocarnos, deberemos ceñirnos a los hechos concretos que han ido saliendo a lo largo de las sesiones de trabajo y no a las interpretaciones. No debemos trabajar únicamente con lo abstracto puesto que los símbolos son sólo una vía para llegar a lo concreto.
También quiero añadir que todas estas fases de la terapia no tienen por qué presentarse en una sola sesión de trabajo. Más bien esto suele ser lo atípico y necesitaremos de varias sesiones para ir pasando cada una de las etapas descritas con anterioridad.
Algunos terapeutas a veces me han preguntado cómo debían hacer para que sus pacientes fueran hacia los lugares que ellos tenían en principio previstos antes de iniciar alguna sesión de trabajo. En ocasiones pretendían llevar a sus pacientes a vidas pasadas y en lugar de eso, sus pacientes se han visto en una situación concreta que ocurrió hace unos meses, o bien man- teniendo un contacto con algún familiar fallecido o con un Guía. Muchas veces el problema radica en un desplazamiento erróneo dentro de un esce- nario de trabajo; por esta razón, el conocer esta Ley le permitirá moverse con soltura en los diferentes escenarios que detallaré más adelante –ver Capítulo V– y reconducir a sus pacientes en los momentos que considere se están saliendo del marco terapéutico establecido.
Existen cuatro desplazamientos básicos que son: arriba, abajo, izquierda y derecha. Anotamos como primer punto de partida, que antes de subir o ir a la derecha, deberemos bajar e ir a la izquierda. No podemos hacer el tejado de una casa si no tenemos bien asentados los cimientos de la misma. Veamos la simbología de estos desplazamientos:
Esta Ley se basa en conceptos arquetípicos que apuntan a que lo relacionado con “lo que está arriba”, obedece a la espiritualidad, los ideales, los logros y lo divino. Sin embargo, si hacemos referencia a lo inferior, lo subterráneo o ir hacia abajo, rápidamente lo relacionaremos con los sufrimientos, lo te- rrenal o aspectos del concepto junguiano de “la sombra”. Parafraseando a Jung, incluyo la siguiente cita: “Cada uno de nosotros proyecta una sombra tanto más oscura y compacta cuanto menos encarnada se halle en nuestra vida consciente. Esta sombra constituye, a todos los efectos, un impedi- mento inconsciente que malogra nuestras mejores intenciones”. Por tanto, estos rasgos los encontraremos en dirección descendente o hacia abajo. Dios está en los cielos –arriba– y el demonio en los infiernos –abajo–. Ar- quetipos adquiridos en la educación cristiana.
También en el lenguaje verbal tenemos incorporadas expresiones como: “Siempre estás en las nubes”, para hacer referencia a alguien con tenden- cia a la imaginación y la fantasía o “Con los pies poco en la tierra”. No es casualidad que la paz se simbolice con una paloma blanca, ni tampoco que
caron el reino de las Formas con el cielo –arriba–, pasando éste a otro sím- bolo arquetípico que nos sugiere lo más sublime, el premio más anhelado; no existe nada mejor que estar en el cielo. También utilizamos expresiones de subir otro escalón como un aspecto de mejoría y evolución, estar en un nivel superior, estar en la cima, estar en lo más alto, subir de categoría, al- canzar la cumbre, los maestros ascendidos...
Por esta razón, normalmente todo lo que conlleve a subir montañas o al cielo, el Universo... nos llevará a contactos más de tipo espiritual, ex- periencias transpersonales, contactos con Guías, Ángeles e identificación con la Unidad...
Es importante no olvidar que la tendencia natural de muchos pacientes, ya sea de manera consciente o inconsciente ante una situación donde se le ofrezca la opción a elegir entre ascender o descender en diferentes esce- narios de trabajo, va a ser, por regla general, la de subir, puesto que como hemos visto anteriormente, normalmente esto nos puede conducir a expe- riencias de tipo místico o cuando menos, experiencias agradables. Todos tenemos tendencia a quedarnos con lo bueno y huir de lo malo, lo dolo- roso, lo dañino; pero como también le comentaba, no podemos empezar una casa haciendo un tejado muy hermoso sin antes asegurarnos de que los cimientos han sido revisados y están en perfectas condiciones.
En muchas ocasiones hay pacientes que enseguida acceden a este tipo de experiencia y comienzan a subir hacia lugares hermosos, utilizando esto como un mecanismo de defensa y evasión para huir de la realidad. Por eso, en el desarrollo de las sesiones de trabajo, el terapeuta debe co- nocer estos movimientos de desplazamiento y si ve que la persona tiene esa tendencia a buscar únicamente escaleras de ascenso, subir montañas, elevarse, entonces deberá reconducir la sesión y hacer que su paciente, primero investigue en lugares que están a pie de tierra o mejor aún, bajo tierra (presente y pasado).
Veamos un ejemplo de este tipo de tendencias y cómo reconducirlas:
Terapeuta: Muy bien. Cuéntame, ¿cómo es esta casa por dentro?
Paciente: Hay pocos muebles, veo una mesa... creo que la usan para co-
mer... hay un fuego donde cocinan la comida.
Terapeuta: Muy bien, ¿qué más cosas ves por ahí?
Paciente: En el salón está todo un poco destartalado... también veo unas
Terapeuta: ¿Son de subida o de bajada?
Paciente: Hay dos. Una sube y hay otra más estrecha que baja al sótano y
va haciendo una curva.
Terapeuta: ¿Qué sensación experimentas al verlas?
Paciente: La que sube parece muy bonita... creo que arriba debe dar más
la luz y se tiene que estar más calientito.
Terapeuta: Y la que va hacia el sótano, ¿qué sientes al verla?
Paciente: No me gusta, me da un poco de miedo… está muy oscura. Se
tiene que estar más frío ahí abajo.
Terapeuta: Bueno, en otro momento subiremos a ver la parte de arriba
de esta casa, pero ahora quiero que inspeccionemos ese sótano; cuando yo te diga, tú vas a bajar a ver qué cosas hay ahí. Vamos allá...
Como se ve en este ejemplo, el paciente tiene una tendencia a subir, ya que intuye que en la parte de abajo no le esperan acontecimientos agradables e intenta una huida.
El terapeuta debe controlar la situación y no entrar en este juego, puesto que esto implicaría alimentar esa actitud de evitar enfrentarse a sus expe- riencias dolorosas del pasado; así, el hecho de que el sujeto experimente siempre sesión tras sesión momentos de gratificación para nunca afrontar la realidad de su vida, no sólo es poco útil sino que iríamos en dirección opuesta a la que un Facilitador en Terapia Regresiva Reconstructiva debe encaminar a su Cliente y ésta no debe ser otra que revelar los contenidos emocionales dañados y/o reprimidos de su historia personal.
También hay veces en que esa parte inconsciente del paciente sabe que está realizando un juego engañoso con ese intentar ascender, y en algún momento de la sesión, su propio “yo interior le reconduce al sitio donde debe ir”. Veamos otro ejemplo ambientado en el escenario de “El Edificio” (ver en Capítulo V):
Paciente: Sí, veo los cuatro ascensores: dos a cada lado del hall.
Terapeuta: Muy bien, pues fíjate porque los que están a la izquierda son
ascensores sólo de bajada y los de la derecha son sólo de subida. Ahora quiero que presiones el botón de llamada y veas cuál es el primero que se abre.
Paciente: Se ha abierto uno de la derecha... el primero... Terapeuta: Bueno y… ¿qué vas a hacer?
Paciente: Voy a subir por este.
El paciente accede al ascensor, presiona el botón de subida y se eleva.
Paciente: ¡Ahí va!
Terapeuta: ¿Qué ocurre?
Paciente: Pues que se ha abierto la puerta y había como un tobogán y me
ha tirado, y estoy otra vez en el hall de entrada.
Aquí podemos comprobar lo mencionado en el párrafo anterior; él mismo –su inconsciente– se ha reconducido al inicio, sabiendo que no estaba ju- gando limpio.
Cuando queremos transmitir sentimientos de abatimiento o pesar, utiliza- mos frases como: “Me siento hundido” y “he tocado fondo”. Al hacer re- ferencia a algo que preferimos no recordar decimos: “Está enterrado en el olvido”. Veamos un ejemplo:
Terapeuta: ¿Y qué sensación tienes al ver esa madriguera?
Paciente: No me gusta, creo que puede salir un animal o un bicho, y ha-
cerme daño.
Terapeuta: Pues ahora quiero que te metas por ella y vas a empezar a
bajar. Avanza sin miedo y ve contándome lo que ves y sientes.
Paciente: Es muy estrecho, sigo avanzando; ahora el camino se hace un
poco más ancho y empieza a descender más hacia el fondo, sigo hacia abajo... llego a un lago que hay en medio de la gruta.
Terapeuta: ¿Y qué vas a hacer?
Paciente: Creo que en el fondo del lago está escondido un cofre. Terapeuta: ¿Y qué puede contener ese cofre?
Paciente: Las cosas que no he querido ver de mi vida, mi pasado...
Para que el lector pueda ubicarse en esta Ley de Desplazamientos, le pro- pongo que mentalmente me conteste la siguiente pregunta:
Si la línea trazada más abajo fuera la línea de su vida y su momento actual, su presente… y se encontrara donde he marcado una cruz... ¿en qué punto señalaría el principio de su vida?, ¿en la parte de la izquierda o en la dere- cha? ¿Y el final?
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Nuevamente a nivel arquetípico, tenemos en nuestra cultura –asociado– que el pasado está en la izquierda y el futuro en la derecha. Por esta razón, cuando dentro de un escenario una persona se dirige hacia la izquierda,
normalmente nos situará en su pasado, lo que ya sucedió. Asimismo, la de- recha está asociada a lo que está por venir, lo que nos espera o el futuro. A continuación, analice este ejemplo:
El paciente ha llegado a una playa.
Terapeuta: Muy bien, ahora quiero que te acerques a la orilla y sientas el
contacto con la arena prensada y húmeda bajo tus pies... ahora quiero que mires hacia la izquierda y vas a ver cómo poco a poco va apareciendo una niebla muy espesa por esa parte, ¿la ves?
Paciente: Sí.
Terapeuta: Pues ahora comienza a caminar en esa dirección y a medida
que yo voy contando del 10 al 1, tú te vas a ir metiendo dentro de esa niebla, vas a seguir andando y poco a poco vamos a ir regresando hacia atrás en tu pasado, a buscar esa información pendiente, esa información que necesitas rescatar ahora para seguir tu proceso de evolución...
Si se hubiera intentado llevar al paciente hacia el pasado caminando en la otra dirección de la playa, es decir, hacia la derecha, probablemente no se hubiera conseguido llevarlo a experiencias pasadas
Espiritualidad Instintos, lo terrenal Futuro Pasado Figura 4
Esta Ley de Desplazamientos nos permite estructurar la terapia y dirigir al paciente, según la fase que estemos trabajando.
En la práctica clínica cuando deseemos accesar al pasado, siempre utiliza- remos direcciones a la izquierda; si queremos que afloren emociones re- primidas y por tanto, dañinas, será necesario que en nuestros escenarios lo hagamos descender… bajar. La derecha y las direcciones ascendentes se utilizarán con más frecuencia en las fases de refuerzo y de cierre, una vez elaborados los daños pasados.
Son diferentes las técnicas que se usan durante el diálogo terapéutico con el fin de situar al paciente en el marco adecuado según el objetivo que preten- demos conseguir, y en función de la carga emocional que representa para la persona. Así, en ocasiones es necesario inducir una disociación para disminuir una presión excesiva o para promover una mayor comprensión objetiva de los hechos. Veamos varios modelos diferentes según estas premisas.
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odeloi. v
ivenciar en lugar de recordar(
siempre en primera persona)
Para que la experiencia con la que se está trabajando resulte lo más tera- péutica posible, hay que tener presente que todas las escenas que se estén visualizando, deberán revivirse en primera persona y en presente; es decir, el paciente que está haciendo la sesión terapéutica debe estar en ese mo- mento, inmerso en la escena describiendo lo que está viendo y sintiendo como el protagonista de la película en ese momento concreto.
En muchas ocasiones el sistema defensivo del paciente tiende a recordar –utilizando el pasado– y no a revivir (utilizando el presente).
Ejemplo de lo usual incorrecto.Elpaciente puede decir: “Papá me regaña-
ba y yo estaba triste y lloraba”.
En este ejemplo la manera de rectificar el diálogo sería repitiéndole esta frase,pero en tiempo presente del siguiente modo:
Ejemplo de rectificación por parte del terapeuta. Así que ahora papá te está regañando y estás triste… estás llorando…
Esta rectificación verbal hará que la persona automáticamente se sitúe en el marco que nos interesa: en la vivencia y no en la distancia del recuerdo. Automáticamente haremos que tome contacto con lo que sentía cuando ocurrió aquello. Por lo tanto, recuerde que siempre que su paciente se en- cuentre inmerso en una experiencia pasada, tiene usted que estar hablán- dole en presente y no en pasado.
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odeloii. p
royección en pantallaCuando la imagen que se está reviviendo es demasiado fuerte o dolorosa, a veces el paciente tiende a proyectarse en tercera persona, viéndose así en una pantalla como si estuviera visualizando una película; de esta forma le resulta más sencillo conocer lo que ocurrió. Asimismo, este modelo puede ser utiliza- do e inducido por el terapeuta cuando el paciente no es capaz de enfrentarse a la imagen real. Es válido en primera instancia para soltar tensión y bloqueos emocionales, e ir poco a poco acostumbrando al paciente a afrontar la reali- dad de los hechos tal como ocurrieron. Pero no hay que olvidar que, tarde o temprano, deberá hacer que el interesado vivencie todo el relato en primera persona y en tiempo presente, según el Modelo I. Por ejemplo:
Terapeuta: ¿Dónde te encuentras ahora? Paciente: Estoy en el pasillo.
Terapeuta: ¿Cómo te sientes?
Paciente: No sé. Tengo miedo. Hay una puerta pero no quiero abrirla. Terapeuta: No te preocupes, no va a pasar nada puesto que todo ya que-
dó en el pasado. Vamos a abrir esa puerta ahora y vamos a ver qué hay detrás de ella.
Paciente: No veo nada, se han ido las imágenes y las sensaciones.
Aquí se puede observar cómo el paciente presiente que hay algo impac- tante que puede hacerle daño detrás de esa puerta y decide salirse de la experiencia bloqueando sus emociones.
Ante esta situación, el terapeuta lo reconduce de la siguiente manera:
Terapeuta: Muy bien, no te preocupes, no pasa nada. Ahora quiero que
te sitúes junto a mí y te imagines que estamos en un cine. Tenemos la pantalla frente a nosotros y ahora, cuando yo cuente del tres al uno, el telón se va a abrir, las luces se apagarán y podremos ver esa secuencia de lo que hay detrás de esa puerta. Quiero que me lo vayas relatando como si fueras un director de cine y me comentes las diferentes tomas de la cámara que vas viendo. Vamos y cuento: 3, 2, 1…
Paciente: El niño está en el pasillo. Frente a él está la puerta de la cocina. Terapeuta: ¿Cómo dirías que se encuentra este niño?
Paciente: Está aterrorizado, tiene los pantalones meados de miedo. Terapeuta: Deja que siga avanzando la imagen.
Paciente: El niño abre la puerta y se hace un cambio de plano. Ahora se
ve a la madre y al padre discutiendo; el padre está borracho y está pegán- dole a su mamá. El niño se abraza a su mamá.
Terapeuta: ¿Y cómo te estás sintiendo ahí? Tú eres demasiado pequeño.
El paciente empieza a llorar.
Paciente: Tengo miedo de que papá nos pueda hacer daño. Chilla mucho
y yo me tapo los oídos, no quiero escuchar lo que dice.
Aquí puede observar cómo el terapeuta induce sutilmente y consigue que el paciente vuelva a entrar en primera persona en la escena a través de la frase: ¿Y cómo te estás sintiendo ahí? Con esa frase se le lleva al Modelo I revivenciando en primera persona los hechos.
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ambio de rolLos problemas y el dolor que nos generamos, siempre los vivimos desde nues- tro punto de vista, desde nuestro Ser; pero, ¿qué pasaría si por un instante fuéramos capaces de estar en la cabeza de aquella o aquellas personas que nos ocasionaron ese daño?, ¿cómo pensaban ellos y cuál era su perspectiva del problema desde su enfoque? Esto me recuerda la historia de los ciegos que tenían que describir cómo era un elefante, pero cada uno lo hace en función de una parte del cuerpo que toca de este animal: Uno dice que el elefante es como un muro ancho y sólido; otro que como un tubo blando y flexible; otro que como una gran hoja de un árbol y el cuarto dice que es como una serpiente. Todos tenían razón –relativa– porque cada uno había tocado una parte diferente del elefante y creía que era la única posible. Algo parecido nos sucede en general a los humanos cuando hablamos desde nues- tra verdad sin entender el punto de vista de nuestro interlocutor.
Esta técnica de cambio de roles, muy conocida en el psicodrama, permi- te ponernos en la mente del otro y ver el problema desde otro punto de vista. La propuesta que le hago es que cuando su paciente se encuentre reviviendo una situación pasada donde no es capaz de llegar a entender la actuación de un tercer personaje, entonces se le puede sugerir que entre en la cabeza de esa persona que en esos momentos le está causando tanto daño, para ver si de esta manera consigue captar lo que esa persona sentía en esos momentos. Suele ser una técnica muy efectiva para aumentar la perspectiva y, por tanto, la comprensión. Como ejemplo, este caso:
Paciente: Papá está a punto de entrar en casa. Acabo de oír el coche.
Terapeuta: Y tú, ¿cómo te sientes?
Paciente: Estoy muy contento, tengo muchas ganas de verlo porque hace
varios días que no estaba en casa. Papá viaja mucho. Se abre la puerta. Está ahí, saluda a mamá. Yo me abrazo muy fuerte a él pero sólo me da
un beso y me deja en el suelo. Yo tenía muchas ganas de verlo pero él no me hace caso… no me quiere, nunca me quiere (comienza a llorar).
Terapeuta: Quizás papá tiene ahora otras cosas en la cabeza que le pre-