CÉSAR VALLEJO: CRÓNICAS DE POETA
LA BUSQUEDA IMPLACABLE
"Me viene, hay días, una gana ubérrima, política" (De Poemas humanos, 6 de nov. de 1937)
Entre las idas y venidas de Vallejo de París a Madrid, las angustias económicas no dejan por un instante de ser un elemento descontrolador en su vida. Y en 1927 cambia de trabajo; aunque no deja en ningún momento de colaborar en los periódicos acostumbrados. Es más, se produce el abandono definitivo hacia los "Grands Journaux" y entra en estrecha relación con un vespertino de Argentina en condiciones al parecer deplorables. Eso se desprende de una carta dirigida a Pablo Abril de Vivero: "He entrado a trabajar a La Razón de Buenos Aires, con un sueldo de quinientos francos y con un trabajo enorme, de once a doce y de dos a seis y media de la tarde. Soy aquí un poco secretario, portapliegos, traductor, portero, etcétera. Como usted ve, he vuelto a caer en 'amanuense' en la calidad económica de amanuense". Y entre otros pormenores el poeta narra con lujo de detalles las circunstancias de aquella experiencia. Su ánimo es taciturno y desconsolador. Pero no obstante eso, su fibra crítica, de acuerdo a las notas de esa época, no baja su perfil ni desmerece la calidad de sus hipérboles deductivas en el replanteamiento estético y mucho menos en los parámetros éticos de su visión de las cosas y de la naturaleza humana. De aquella misma carta, prosigue diciendo: "Salí de los Grands Journaux y caigo ahora en esta otra cosa. Es irremediable. El que nació para esto, no puede ser aquello. Estaba escrito. Mientras tanto, los hay quienes son económicamente felices, con tanto o menos mérito vital
que yo. Tanto peor. Le aseguro, Pablo, que tengo a veces momentos de fe en el 'reino que no es de este mundo' de Nuestro Señor. De otro modo, hay que concluir en que no hay justicia en el universo".
Acaso una de las crónicas más bellas que Vallejo escribiera en esos días (tanto por su valor poético como por su detenido espectáculo surreal al que obstinadamente recurre), es el titulado "La Fiesta de las Novias en París", con el que inicia sus publicaciones en Mundial del 1° de enero. El texto, claro está, es decididamente prosa poética. Y la magia no deja de rondarle como por encantamiento y resurrección de las penurias parisienses. Allí vibra el esplendor dialéctico de las metáforas sin descuidar el encuadre social y el anecdotario cotidiano del entorno urbano.
De aquel periplo que va de lo reflexivo a lo nostálgico, se cuenta una variedad importante de temas relacionados con el cine (al que Vallejo rinde admirable testimonio), a la plástica (donde alude a la muerte de Claude Monet), a la ópera y la danza (con la muerte de Isadora Duncan) y en el entreacto político y social, "El otro caso de Mr. Curwood", relacionado con la ejecución de los anarquistas Sacco y Vanzetti. Hay, además, una constante preocupación del poeta ante los temas específicos del arte y, en particular, de la literatura en relación con las tendencias vanguardísticas. La polémica de la literatura proletaria era un tema vigente y él lo trata en varias crónicas ("Sobre el proletariado literario", "Ejecutoria del arte socialista" y "Literatura proletaria", etcétera). Pero también se desliza en un tema que linda con la psiquiatría, "La locura en el arte", polemiza en torno de Maiakovsky, indaga sobre el teatro moderno y se detiene en una semblanza de "La Nueva Poesía Norteamericana", así como entrevista al poeta Tristán Tzara, creador del movimiento Dadá, rinde homenaje a Baudelaire y, en suma, hace una constante indagación acerca del surrealismo ("Autopsia del surrealismo", 1930) y entre otros textos paralelos afines ("La Gioconda y Guillaume Apollinaire", 1927), donde concluye diciendo: "De Mallarmé a Guillaume Apollinaire. Tal es la cordelada en la poética francesa. El tiempo irá diciéndolo, más y más claro, con su enorme vozarrón". Es ésta una referencia a un suceso en el que Apollinaire es acusado de haber robado La Gioconda de Leonardo Da Vinci, por su vinculación con el aventurero belga Géry Pieret. En esa historia, éste huye, pero Apollinaire es detenido el 7 de septiembre de 1911 y puesto en celda en la Santé en París; aunque seis días más tarde su abogado obtiene su libertad y al año siguiente se le concede el sobreseimiento definitivo al comprobarse su total inocencia.
De modo que Vallejo, retomando aquel célebre suceso y dotándolo de un ingrediente humorístico que, por lo insólito, revive el caso desde el punto de vista del absurdo, juega con la imaginación hasta reconstruir la anécdota y su relación con la vanguardia y su alcance en la poesía moderna. En este aspecto, se burla de la misma historia judicial y reconoce en Apollinaire la
dignidad de su merecimiento intelectual en cuanto al mito: "Guillaume Apollinaire fue, pues, el ladrón de Monna Lisa, el padre del superrealismo y el primer que, antes que nadie, recolectó en los vastos cementerios de la guerra, donde todos le mataron, las nuevas wagneritas del espíritu nuevo en poesía. Por todos estos hechos inolvidables, desaparecido Apollinaire, se empieza a admirar y a enaltecer su nombre, haciéndole justicia. Se empieza a descubrir los ricos yacimientos de radio en grano lírico, ocultos en su obra y en su vida. Un archipiélago de amor y desagravio surge en torno a su recuerdo".
Antes de 1930, realiza dos viajes a Rusia de donde viene profundamente impresionado; pero también aterrado ante la incomprensión del idioma y esperanzado porque ha conseguido, al menos, la promesa de colaboraciones para algunos periódicos soviéticos. Consecuentemente, muchos de aquellos escritos se vertieron en Rusia en 1931 y otros en El arte y la Revolución aparecido póstumamente.
En enero de 1930 el poeta interrumpe los envíos a Mundial y, en cambio, los inicia en la revista Bolívar que dirige su amigo Pablo Abril de Vivero, en un total de diez artículos.
Desde allí hasta su muerte, el autor de Los heraldos negros, asume una posición cada vez más involucrada con la lucha española y el estudio del marxismo. Escribe "Las grandes lecciones culturales de la Guerra Civil Española" (1937) y culmina con una nota incompleta acerca de "La responsabilidad del escritor", publicada, como ya se dijo, en la revista de Neruda El Mono Azul, un año después de la desaparición del poeta.
No obstante estas deducciones, y del gran interés que el poeta peruano manifestó por la política, él ya había tomado partido sobre la diferencia que existe entre el poeta y el político, estableciendo sus personales coordenadas: "El poeta es un hombre que opera en campos altísimos, sintetizantes. Posee también naturaleza política, pero la posee en grado supremo y no en actitudes de capitulero o de sectario. Las doctrinas políticas del poeta son nubes, soles, lunas, movimientos vagos y ecuménicos, encrucijadas insolubles, causas primeras y últimos fines. Y son los otros, los políticos, quienes han de exponer e interpretar ese verbo universal caótico, pleno de las más encontradas trayectorias, ante las multitudes. Tal es la diferencia entre el poeta y el político".