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Cómo se enseña? Todos los caminos conducen a la clase magistral

Otra perspectiva desde la que puede pensarse la gramática institucional que venimos delineando, es la de los docentes en el aula. Resulta intere- sante retomar el análisis que efectuáramos en base a las entrevistas reali- zadas a los profesores titulares de materias «codificadas».15 En la línea de

13. Vale aclarar aquí que no se trata de una lógica privativa de la FCJyS, sino que es propio de una lógica universitaria en general.

14. Sostenemos incluso que la manifestación masiva de dificultades de rendimiento no es percibida como un problema que pueda tener que ver con la enseñanza, sino con el «ser alumno», ya sea individual o por su pertenencia a una generación («alum- nos eran los de antes»). En el caso de que se introduzca la cuestión educativa, suele responsabilizarse al nivel educativo anterior.

15. Entrevistamos a los profesores titulares de las cátedras de Derecho Privado. En total se realizaron catorce entrevistas, dos de Derecho Civil I, tres de Derecho Civil II, dos de Derecho Civil III, una de Derecho Civil IV, una de Derecho Civil V, tres de Derecho Comercial I, y dos de Derecho Comercial II. Las citas que hagamos de estas entrevistas serán transcripciones textuales de las mismas, manteniéndose el estilo oral de los discursos.

lo que comenzamos a plantear más arriba, abordaremos la descripción de algunas RR. SS. que estos docentes construyen respecto de su propio rol y el de los alumnos.

Cuando hablamos de RR. SS. nos referimos, como lo hace José Castorina (2005), a la realidad social desde la percepción de los pro- pios sujetos, en este caso las prácticas de enseñanza en la Facultad de Derecho, desde la perspectiva de las explicaciones que los propios actores formulan sobre ellas.16

Una R. S. involucra algo más de lo que cada sujeto en particular percibe sobre esa realidad, pues se trata de una construcción colec- tiva, histórica y social, de una elaboración realizada en la interacción social. Las RR. SS. se originan y modifican en tal interacción, parti- cularmente en los actos de comunicación. Las prácticas didácticas son actos de comunicación, y lo que los profesores eligen decir sobre ellas forma parte de las representaciones que manejan acerca del rol que desempeñan.

Nuestro interés en desentrañarlas radica en que las mismas fun- cionan como teorías, pues permiten describir, clasificar y hasta expli- car los acontecimientos sociales. Pero, a diferencia de las teorías cien- tíficas, en las representaciones sociales no existen intentos de verifi-

16. Castorina (2005) explica que la representación social es la representación de algo para alguien, una relación intrínsecamente social con un objeto. Una forma de saber práctico que vincula a un sujeto con un objeto. La representación actúa de mediadora entre el sujeto y el objeto, en tres sentidos:

a) emerge de las experiencias de comunicación e intercambio comunicativo en las instituciones;

b) las prácticas sociales son condición de las representaciones sociales;

c) son utilizadas por los individuos para actuar sobre otros miembros de la sociedad o para ajustar su comportamiento en la vida social.

No son un reflejo de la realidad sino su estructuración significante. En esta estructuración quedan incluidas creencias, necesidades y valores de un grupo. Toda necesidad de la vida social se asimila a una red de significados que permite comprenderla de una deter- minada manera. Estructura y función de las representaciones sociales:

a) son implícitas, ya que los individuos no tienen conciencia de su existencia como representación. Son tácitas. Su fuerza reside en la posibilidad de imposición sin ape- lación a los individuos en tanto éstos desconocen su origen y su función social; b) dan significado a lo novedoso: se producen para otorgar sentido a situaciones sociales que cuando ocurren provocan un vacío social;

c) son episódicas, su producción social apunta a llenar las fisuras; d) funcionan como teorías.

cación, puesto que lo que las caracteriza específicamente es su impli- cación con creencias y valoraciones personales y sociales que operan sin reflexión o cuestionamiento previo (Castorina, 2005).

De modo que, como dijimos, el uso que los actores hacen del len- guaje nos permite acercarnos a conocer las representaciones que tienen sobre sus prácticas docentes, ya que se trata de palabras que eligen utilizar para describirlas y que designan sus concepciones específicas dentro del campo. Por ello optamos por detenernos en este aspecto.

Así vemos que, al referirse a ellas, todos los entrevistados, con excepción de uno, expresaron que su actividad central es la clase magistral, refiriéndose también a ella como expositiva o teórica. Si bien la mayoría eligió exclusivamente uno de estos dos términos para referirse a su práctica más extendida, otros los utilizaron de manera indistinta; entendemos que aludían a una misma forma de resolverla, aun cuando las valoraciones acerca de ésta difirieran, como veremos más adelante.

Al referirnos a una «misma forma de resolverla», la «resolución» que indicamos es aquélla en la cual un profesor se encuentra al frente de cierta cantidad de alumnos, con la tarea de exponer determinados contenidos, previamente seleccionados, y en la que, por su parte, los alumnos tienen como tarea central el escucharlo.

Como expresáramos, los docentes parecieron centrar su rol en esta forma de enseñanza, refiriéndose a ella como «lo tradicional»; y, si bien reconocieron que la misma era criticada o manifestaron que se trataba de un método superado, entendían que no estaban dadas las condiciones para implementar otros, a causa de la cantidad de alum- nos y de la infraestructura. De modo que, en este sentido, la clase magistral se estaría constituyendo, en la Facultad, en la forma de pensar y de estructurar la cursada, al menos para los profesores titula- res. Así lo fundamentaban en las entrevistas:

La masividad impide cualquier técnica didáctica salvo la clase magistral; hay un impedimento de base a la posibili- dad de implementarherramientas didácticas, pedagógi- cas y educativas, porque mientras se tengan 140 alumnos

no hay otro destino que la clase expositiva.

Ningún profesor titular de cátedra que de clase a 200 alum- nos puede usar otra cosa más que clase teórica.

Las clases del titular son siempre más numerosas, son cla- ses de entre ochenta y cien alumnos. Con lo cual no puede ser desarrollada de otra manera que en función de clase de lo que se denomina clase magistral o exposición monologuista desde el profesor. No hay otra posibilidad.17

En este marco, la clase magistral se presentaba como la modali- dad más pertinente para la enseñanza en la Facultad; pertinencia que habría estado dada por las condiciones estructurales señaladas, las cuales, además, habrían convertido la decisión en una cuestión inevi- table y sin opciones.

Cuando les preguntamos qué tareas realizaban para preparar sus clases, y qué actividades les parecían más importantes para ello, des- tacaron algunas como: «lectura», «actualización permanente», «bús- queda de jurisprudencia», otros señalaron «la experiencia en el ejerci- cio profesional». Sólo uno de ellos hizo referencia a tareas específicamente vinculadas con aspectos pedagógico-didácticos.

Observamos aquí que, del mismo modo en que aparecería como algo regular o general la elección de la clase magistral, también lo era la prescindencia de ciertas tareas para prepararla: los docentes buscaban materiales y seleccionaban jurisprudencia para armar una exposición; lo que no apareció, en ningún momento, como importante y necesario fue cierto tiempo y espacio de reflexión y discusión sobre la enseñanza, el aprendizaje y los contenidos como problemas a resolver.

Entendemos que una posible explicación de esta ausencia es que se estaría incluyendo como elemento constitutivo de la clase magis- tral –que como vimos es la base sobre la cual se estructuran las prác- ticas docentes– la no necesidad de una planificación específica en función de la definición y formulación de objetivos de enseñanza, en base a los cuales seleccionar contenidos, actividades y materiales. Las explicaciones brindadas por los profesores sobre este punto nos llevaron a concluir que la falta de este tipo de planificación resultaría de las características intrínsecas de la modalidad.

Sobre este tema, citaremos la opinión de uno de ellos:

Todas las técnicas didácticas jamás fueron pensadas para una cantidad de alumnos que excediera los veinte ó 25 para

poderlas implementar; en las clases del titular, que como mínimo tiene tres comisiones, o sea de 140 alumnos es imposible trasladarlas. No es la facultad de derecho propi- cia a hacer una cuestión seria del proceso de enseñanza aprendizaje. Digamos, es pre-pedagógica la facultad de derecho, como si fuera un ámbito donde se ponen conoci- mientos, transmiten, se incorporan y se evalúan los cono- cimientos, previo al nacimiento de la pedagogía y de la didáctica. Como si estuvieran en el siglo no XIX, para atrás.

Siguiendo con este razonamiento, si nuestra Facultad es «pre-pe- dagógica» porque se estructura sobre la clase magistral, sin llevar a cabo prácticas didácticas, podríamos llegar a la conclusión de que dicha modalidad existiría desde antes del nacimiento de la Pedagogía como disciplina, y que, después del advenimiento de ésta, se habría decretado su exclusión del universo de las técnicas didácticas, ya que representaría algo así como a la naturaleza misma. Creemos que esta interpretación acarrea el riesgo de que se la considere también exclui- da de las decisiones que toma el docente como parte de su rol.

En esta misma línea de pensamiento, encaja perfectamente el su- puesto de que no haya que planificarla en función de objetivos de enseñanza. Esto es: si no es una técnica pedagógica, no requiere de planificación específica, bastando entonces ser un experto en la ma- teria, aun cuando nada se sepa sobre métodos de enseñanza; concep- ción impensable para ninguna otra técnica docente. Concluiríamos así que la propia modalidad excluye la posibilidad de una prepara- ción de la clase fundada en objetivos de enseñanza, los cuales, enten- demos, deben ser producto de una reflexión del docente sobre su rol y el de los alumnos en dicho campo.

El trabajo sobre las RR. SS. de los docentes nos condujo indefec- tiblemente a un punto ya transitado: la percepción de las prácticas y la realidad intramuros como fenómenos naturales e inevitables.

Esta naturalización de situaciones que se consideran problemáti- cas conlleva el riesgo de la ausencia de reflexión de la Institución sobre sus prácticas y sobre sí misma. Se resalta la cuestión de la masividad como argumento, y se considera la clase magistral como una práctica que se encuentra fuera del alcance de las decisiones que toman los actores institucionales concretos.

Entendemos que es imprescindible trabajar sobre las representa- ciones porque éstas son condiciones emergentes de los discursos y condensan las concepciones que se encuentran legitimadas como dis- cursos de verdad, de las que los actores son producto y productores debido a la sujeción que éstos generan.

En este sentido las voces de los docentes nos permitieron leer la ausencia de justificación en torno a los contenidos y las valoraciones subyacentes, que tampoco se han puesto en discusión. Por tanto, nos preguntamos cuál es el tipo de Derecho que se encuentra comprendi- do en dicha enseñanza tipo.

Hemos sostenido que las formas que asumen las prácticas de en- señanza en la Institución ponen de manifiesto concepciones acerca de la función social de la universidad pública; de allí nuestro interés en cuestionarlas y develar las lógicas que las estructuran.

Entre estas representaciones se encuentra cierta concepción de la educación pública y de la consiguiente posición de la Facultad, que incluye y afecta no sólo los estudiantes y docentes, sino a la comuni- dad de la que forma parte. Nos interesa aquí considerarla porque se trata de una característica constitutiva de la Institución en relación a su función educativa.

En el transcurso de explorar y comprender las prácticas institucionales que se ejecutan en el desarrollo del proceso de sociali- zación de los estudiantes de Derecho –junto a otros aspectos proble- máticos también analizados en el marco de esta investigación, como el ingreso a la carrera, los intentos frustrados de reforma curricular, la formulación de los programas de las materias, y otras prácticas peda- gógicas–, creemos que algunas de las decisiones y omisiones antes señaladas pueden encontrarse en sus matrices históricas.

Nos referimos a una concepción liberal de la educación pública, y, por lo tanto, de la sociedad que la produce, que lee el proceso educa- tivo como una carrera abierta al talento, en la que el sistema de enseñanza tiene la función monopólica de dotación de capital cultu- ral institucionalizado. En este marco, el avance en el recorrido pro- puesto por el sistema de educación se explica por el mérito –con el esfuerzo y la superación entre sus principales expresiones– y la ca- pacidad –principalmente medida en términos de inteligencia– indivi- duales. En convivencia complementaria con esto, se sostiene un dis-

curso respecto de la igualdad de oportunidades. En términos históri- cos no está demás marcar, ante todo, la adscripción del sistema edu- cativo argentino a este modelo liberal imperante en todos los sistemas nacionales de educación constituidos en la modernidad occidental.

En relación específicamente a la carrera de Abogacía de la UNLP, es necesario tener presente que sus planes de estudios se han estructu- rado a partir de los distintos títulos del Código Civil francés y su visión local. El lugar asignado al estudio del Derecho Civil codificado produce un efecto de naturalización de la identificación de las categorías funda- mentales del Derecho con las categorías del Derecho Civil clásico.

Las teorías dominantes en la carrera de Derecho están contenidas por las materias codificadas y de Derecho Privado (veintidós de treinta materias son codificadas, diez son de Derecho Privado). En términos cuantitativos y de valor simbólico, el peso es abrumador. El Derecho continental europeo ha sido la fuente del Derecho estatal latinoameri- cano, y ha tenido una gravitación desproporcionada en su reproduc- ción cultural en el país.

En cuanto a la resolución metodológica, como lo confirmamos en el transcurso de la investigación, la tendencia hegemónica reproduce los cánones del formalismo jurídico europeo. Las prácticas de ense- ñanza del docente enfatizan la memorización del contenido, la for- mulación del juicio implícito (el carácter racional de la legislación da legitimidad al contenido, el juez aplica el derecho, el lenguaje es unívoco, etcétera), la visión de las leyes generales desde un método hipotético deductivo, el uso de la jurisprudencia desde un lugar se- cundario (destinado simplemente a completar dudas o puntos oscu- ros) , otorgándosele espacio nulo a la Sociología Normativa, el Dere- cho oficial y no oficial.

En tal sentido la enseñanza que predomina, heredera de la Ilustra- ción europea, continental y decimonónica, es aquélla que podríamos llamar tradicional, basada en los contenidos. Como ya hemos dicho antes, reiteramos que los contenidos se encuentran establecidos en los programas de estudio de las materias, desprovistos de cualquier argumentación que los legitime en las necesidades sociales o los vin- cule a objetivos relacionados al proyecto institucional; igualmente, predomina la clase magistral y la evaluación memorística, así como la escasa presencia de prácticas pedagógicas que fomenten la partici- pación activa de los estudiantes.

De acuerdo a lo que hemos venido planteando, las prácticas jurídi- cas en la Facultad ponen en juego claramente concepciones de la educación y del Derecho; cuestión que habilita la pregunta acerca de

qué se enseña en la Facultad.

¿Qué se enseña en la Facultad? La homología

*

entre discur-

sos pedagógicos y discursos jurídicos

Procuramos establecer un vínculo entre la formulación de los conte- nidos de la carrera de Abogacía y los objetivos institucionales de la Facultad, bajo el planteo de que las prácticas concretas de enseñanza y de gestión o jurídico-institucionales deben ponerse en diálogo y debate con el proyecto educativo en que se enmarcan. La dificultad radica en que este último se construye cotidianamente mediante las interacciones relevadas, pero no se encuentra explicitado ni ha sido objeto de re- flexión y justificación en el marco institucional. Esto resulta interesan- te sobre todo teniendo en cuenta la relación del campo jurídico con los demás espacios sociales a los que extiende sus efectos y de los cuales debería abrevar necesidades que justificaran la constitución de los co- nocimientos y subjetividades que allí se producen.

Pretendemos arrojar una mirada crítica sobre ambos discursos (pe- dagógico y jurídico) pues presumimos que, por la estructura de los campos en los que se producen y por los efectos de la homología, han vuelto invisibles las diferencias y desigualdades sociales, y colabora- do para desactivar interpelaciones colectivas: la retórica pedagógica y jurídica de la neutralidad, universalidad e igualación social ha impedido debatir los diferentes intereses que se presentan en la so-

* El término «homología« es utilizado aquí en el sentido en que lo hace Bourdieu. «Pero no podríamos dar cuenta plenamente de la eficacia del derecho sin tomar en cuenta los efectos del ajuste de la oferta jurídica a la demanda jurídica, que debe ser imputado menos a transacciones conscientes que a mecanismos estructurales tales como la homología entre las diferentes categorías de productores o de vendedores de servicios jurídicos y las diferentes categorías de clientes: quienes ocupan posicio- nes dominadas en el campo (como el derecho social) tienden a estar dedicados más bien a clientelas de dominados que contribuyen a redoblar la inferioridad de esas posiciones» (2001a: 219).

ciedad y, al mismo tiempo, han omitido la reflexión sobre sus efectos prácticos. Tratándose de discursos que, a diferencia de la hermenéu- tica filosófica o literaria, no tienen un fin en sí mismos sino que obede- cen a una finalidad práctica, resulta paradójico que la formación jurí- dica se apoye en una técnica pedagógica –la clase magistral– en la que prevalece el estudio de la norma jurídica y su espíritu.

Términos como «democracia», «igualdad», «autonomía», «parti- cipación», conforman un lenguaje común a la Pedagogía y al Dere- cho. Sin embargo, la puesta en acto de estos conceptos requiere de prácticas concomitantes que permitan significarlos y constituirlos.

Si los abogados son producto de una formación en que la demo- cracia es parte del enunciado pero no necesariamente de la vida uni- versitaria, no resulta descabellado suponer que incluso en sus prácti- cas profesionales se vea reflejada esta disociación.

En referencia a esto, María Teresa Sirvent señala que

se asume que un proceso democrático lleva implícito un proceso educativo para y en la vigencia y consolidación de una democracia [...]. El desafío se presenta en el logro de la necesaria congruencia entre las formulaciones de princi- pios democráticos y los estilos tecnológicos imperantes en la vida cotidiana educacional.18 (Sirvent, s. d.: 2-3)

Desde su origen, las prácticas pedagógicas han estado ligadas a los debates en torno a la relación universidad-sociedad y se han constitui- do en objeto complejo en tanto se procure entender esta relación en el

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