• No se han encontrado resultados

A cambiar se aprende cambiando No se cambia la vida sin cambiar la propia vida

Del “¿esto es bueno?” al “¿esto funciona?”

Lamentablemente, en el devenir del mundo moderno, la tecnociencia y la conciencia no crecieron al mismo ritmo ni se miraron cara a cara todo lo deseable. La primera avanzó como un tren de alta velocidad, en manos de una economía liberal que se fue adue- ñando del mundo. La segunda, la concien- cia individual y colectiva, en su necesaria vinculación con la ética, encontró escaso caldo de cultivo entre los gestores de la

El poder de las corporaciones transnacionales

En la Modernidad tardía que se estamos viviendo, especialmente durante las últimas décadas, el fenómeno de globalización de la economía ha dado cada vez más poder a las corporaciones transnacionales, generando un panorama mundial en el que, como señaló Nelson Mandela, unos son los globalizadores y otros lo globalizados. Las brechas Norte-Sur se han hecho mayores, la esperanza de vida ha disminuido sensiblemente en algunas par-

tes del mundo empobrecido, y el mercado –los mercados- ha dejado de ser una parte más de la organización social para convertirse en el centro y eje articulador de la vida. Hay que decir en alto que el poder de estas grandes corporaciones es, en estos momen- tos, posiblemente el mayor elemento de des- estabilización no sólo de las economías, sino también de la biosfera y de la sociedad. Con sus deslocalizaciones, con sus políticas agre- sivas y descarnadas de criterios éticos, ellas han pasado incluso por encima de la sobera- nía de los Estados, para generar un panorama de arrasamiento ecológico y social nunca antes conocido.

¿Cómo operar el cambio? Los cami- nos hacia un nuevo paradigma

Abandonar los errores y excesos del pensa- miento economicista y reduccionista moder- no no es tarea sencilla. Sin embargo, resulta esencial en momentos como el presente. El cambio global es un desafío que, en mi opi- nión, nos enseña algo fundamental: no es posible salir de las crisis con los viejos mode- los que nos han conducido a ellas.

Necesitamos, en primer lugar, estrenar una nueva mirada sobre el mundo. Una mirada que abandone los dualismos, las dicotomí- as, las visiones enfrentadas y reduccionis- tas. Es necesario que, en todos los órdenes de la vida (científico, económico, sociocul- tural, personal…), avancemos hacia visio- nes complejas e integradas, que nos permi- tan comprender el mundo y comprender- nos en él en términos de relaciones y no de

objetos o sujetos aislados. Esta nueva visión, que representa un auténtico cambio de paradigma, tiene que nacer ya en las escuelas, prolongarse en las universidades, y empapar todo el tejido social. La educa- ción tiene ahí una difícil y comprometida tarea.

Para problemas complejos, solucio- nes complejas

Escamotear la complejidad de los ecosiste- mas físicos y sociales no nos servirá en el camino hacia la sostenibilidad. Asumirla nos conduce a una idea central: la de cam- bio. Entender que los sistemas complejos son abiertos y disipativos, es comprender que permanecen cambiando, en un difícil orden por fluctuaciones que da lugar a for- mas de equilibrio dinámico. En este contex- to, el papel del azar y la incertidumbre son fundamentales. La naturaleza y la sociedad se nos aparecen entonces como realidades muy alejadas del modelo mecanicista new- toniano.

Una nueva lógica de lo vivo se abre paso. De hecho, está ya presente en toda la nueva ciencia del siglo XX, desde Max Plank y Einstein hasta nuestros días. ¿Por qué no ha calado más en la sociedad? En cuanto a las crisis ecológicas y sociales que padece el planeta, hay que decir que el problema no es el cambio (la dinámica de cambio es la que garantiza la continuidad de la vida; un sistema que no cambia es un sis- tema muerto), sino la aceleración de los cam- bios.

Despacio, despacio…

Avanzar hacia un nuevo paradigma nos exige reconocer que, en el corazón del cambio glo- bal, y como uno de sus impulsores funda- mentales, se esconde el problema del tiem- po. Hemos impactado sobre los recursos y los hemos consumido a mayor velocidad de la que la naturaleza desarrolla para regenerarlos, y hemos arrojado desechos a la atmósfera, los mares, los ríos, el suelo, en un proceso acelerado que sobrepasa los límites naturales de absorción y degradación. Aceptar esta pre- misa, que está en la base de la insostenibili- dad de nuestro actual modelo de crecimiento, significa asumir que necesitamos adecuar nuestro tiempo, nuestros ritmos, a la lógica de la naturaleza.

Resistentes y resilientes

El cambio global es un fenómeno planetario, pero no sería malo reconocer que la crisis arde también en el comedor de nuestra casa. En los grandes y pequeños gestos de los habitantes de la Tierra se esconde la poten- cialidad de la resistencia, la capacidad para negarse a ser cómplices de algunos modos de hacer y de pensar que conducen a la des- trucción. Tanto el pensamiento ecológico como el pacifista, los movimientos intercultu- rales, las reivindicaciones para acabar con la feminización de la pobreza…, todos ellos y muchos más movimientos, nos enseñan que una resistencia personal y colectiva es posi- ble, que el actual modelo exige disentimiento si no queremos perpetuarlo.

No es posible salir de la crisis con los viejos modelos