3. Bases teóricas y conceptuales en la sociología de la ciencia
3.6. La ciencia como campo científico desde Bourdieu
3.6.1. Campo científico
El concepto de campo en la obra de Bourdieu puede referirse a los distintos ámbitos de la vida social, como el literario, el artístico, el jurídico, el político, el económico o el científico, pero su centro de atención y la especificidad de cada uno se define por la forma en que se distribuyen sus capitales o poderes (García, 2016). En el campo científico, Bourdieu (2003) plantea que posee dos propiedades internas que le permiten diferenciarse de los demás campos: una, por su estructura o sistema de relaciones objetivas específicas que se desarrollan en su interior, que determina tanto la posición en ella como los recursos del cual se vale para actuar; y dos, por la forma específica en que se dan tales relaciones, ya que, además de ser jerárquica, es dinámica en tanto se compone de luchas y competencias en su interior, en donde, por el tipo de correlaciones de fuerza o de capitales que se dan entre sí, en la que sobresale el capital científico como una especie de capital simbólico y que actúa como un condicionante importante en las relaciones de poder en la ciencia, le otorga la singularidad a este campo.
Como el objetivo en el campo científico es la autoridad científica o el monopolio de la legitimidad científica, los agentes y las instituciones emplean distintas estrategias para ir escalando social y simbólicamente, al tiempo que se les posibilita conservar o cambiar los principios bajo los cuales se rige la ciencia, y va desde lo epistemológico, lo administrativo y
45 la estructura de distribución de capital (Bourdieu, 2000, 2003).
Por consiguiente, se establece que los actos científicos, sus productos, las posiciones en las jerarquías, están inscritas y permeadas por unas relaciones objetivas. Las acciones y las prácticas de los agentes y las instituciones actúan según una serie de condicionamientos estructurales, que van desde lo histórico en lo educativo (tanto en lo familiar como en el sistema escolar), la clase social, su capital cultural y la institución a la que pertenece. Estos condicionamientos le determinan al científico las herramientas o bazas con las cuales entra a competir con los demás, en unos escenarios desiguales por la diferenciación en las oportunidades y las recompensas. Dichas herramientas o bazas dependen de la distribución desigual de capital que, a su vez, estructura el campo científico (Bourdieu, 2003).
Como efecto al planteamiento determinista por su carácter estructuralista, no es un mero reflejo que el científico o cualquier otro agente o institución actúe según sus condicionamientos, y sobre ello hace énfasis el propio Bourdieu. La dicotomía entre objetividad y subjetividad es llamada a ser superada en su propuesta para la sociología: por un lado, las relaciones sociales objetivas que designan las posiciones de sus ocupantes y, por otro lado, la expresión histórica de dichas relaciones en la subjetividad de los sujetos que permiten configurar para sí mismos las categorías necesarias de percepción y las capacidades cognitivas para formular sus propias formas de participación.
Quienes están inmersos en la ciencia, participan en un espacio o juego condicionado en sus relaciones sociales, con unos roles distintivos y delimitados, con criterios específicos para la definición de las posiciones en la estructura social, y con la exigencia y el requerimiento de poseer las capacidades tanto cognitivas como de recursos -o la posesión de varios capitales como el social, el económico, el cultural y el científico-. En pocas palabras, se enfrentan a un espacio con unas reglas y regularidades muy particulares que deben ser aprehendidas y que es condición para ser admitido y para ser dominado.
46 En una perspectiva exterior del campo científico en su relación con los demás campos, Bourdieu (2003) deduce que la autonomía no es un rasgo absoluto en la ciencia. El campo científico posee las condiciones necesarias para sortearse sus operaciones necesarias para su funcionamiento interno, que no están lejos de cierta <<tensión>> entre las fuerzas que la componen, sin embargo, su relación con el resto del mundo social está sujeto a ciertas <<presiones>>, por lo que Bourdieu (2003) habla más de autonomía relativa.
Esta autonomía funciona de manera gradual. Existen diferencias entre las ciencias naturales y las ciencias sociales. En este sentido, Bourdieu (2003) ha señalado que la naturaleza del objeto en las ciencias sociales hace que tenga muchos ojos encima como “para que les sea otorgado el monopolio de la producción de la verdad” (p.151), por lo que parece estar condenada a ser controvertida con agentes no científicos. En este sentido, “la sociología es socialmente débil, y tanto más, sin duda, cuanto más científica es” (p. 154).
[…] la ciencia social está especialmente expuesta a la heteronomía porque la presión exterior es especialmente fuerte y las condiciones internas de la autonomía son muy difíciles de instaurar (sobre todo, en lo que se refiere a imponer un derecho de admisión). Otra razón de la débil autonomía de los campos de las ciencias sociales es que, en el propio interior de esos campos, se enfrentan unos agentes desigualmente autónomos y que, en los campos menos autónomos, los investigadores menos heterónomos y sus verdades «endóxicas», como dice Aristóteles, tienen, por definición, mayores posibilidades de imponerse socialmente en perjuicio de los investigadores autónomos: los dominados científicamente son, en efecto, los más propensos a someterse a las exigencias externas, de derecha o de izquierda (es lo que denomino la ley del jdanovismo). (Bourdieu, 2003; p 152)