4. DESCRIPCIÓN DE LOS CASOS DE ESTUDIO: CAN MASDEU (BARCELONA),
4.2 Estudio de caso 1: Can Masdeu (Barcelona)
4.2.2 Can Masdeu: ubicación, historia, propuestas
Can Masdeu se sitúa en el Distrito de Nou Barris, Canyelles, un barrio historicamente poblado por obreros y emigrantes rurales, en las faldas del Parque de Collserola. El proyecto nace en 2001 con la ocupación, realizada por un grupo de jóvenes ecologistas y libertarios, de un antiguo convento y luego hospital de leprosos, que se encontraba abandonado desde hacía más de 50 años y cuya propiedad - de la Fundación Hospital de Sant Pau - comprendía 15 hectáreas de bosque de pino.
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En su "Ecosystem services provided by urban gardens in Barcelona, Spain: Insights for policy and planning" (2016), Marta Camps-Calvet, Johannes Langemeyer, Laura Calvet-Mir, y Erik Gómez-Baggethun analizan muy bien la importancia de los huertos urbanos en Barcelona desde este punto de vista.
Mapa 1. Situación de Can Masdeu. En el polígono, la zona de huertos. (Fuente Visor de mapas Vissir3 Institut Cartográfic de Catalunya)
Después de resistir a algunos intentos de desalojo, y a pesar de un siguiente juicio a favor de los propietarios, los ocupantes consiguieron resistir y el proyecto empezó a desarrollarse. Gracias a su ubicación, a su suelo fertil y al acceso a las aguas del valle, se identificó pronto la masía como un espacio con gran potencial para el cultivo en terrazas. Bajo el impulso de algunos ocupantes comprometidos con los temas agrícolas y ambientales, en la primavera de 2002 se puso en marcha un proyecto agroecológico de huerticoltura, y se empezaron a crear en la colina las terrazas y parcelas para los huertos comunitarios. También se plantaron verduras y frutales y empezó a desarrollarse la colaboración entre los habitantes de la casa y los vecinos del barrio, que llevó, en septiembre de 2002, a la inauguración efectiva de los huertos comunitarios.
Mapa 2. Zona de huertos de Can Masdeu. Fuente Idem.
En esa primera época los huertos se organizaban sobre todo de forma espontánea, sin una estructura tan definida de funcionamiento. Las personas del barrio interesadas pedían una parcela para poder cultivar y se les facilitaba el acceso. En aquel invierno, después de un contacto con la Coordinadora de Associacions de Veïns i Entitats del Nou Barris, se celebró la primera asamblea de los Huertos Comunitarios y se constituyó también la Asociación para la Defensa de los Huertos Comunitarios de Nou Barris (para disponer de un instrumento legal ante un posible desalojo). En aquella ocasión se empezó a estructurar de una forma más compleja también la gestión del proyecto agrícola, estableciendo oficialmente algunos objetivos:
- recuperar el uso social y agrícola tradicional del valle y de la finca; - promover la agricultura ecológica en un entorno urbano/periurbano;
- crear un espacio de relación e interacción social comunitaria en el barrio, en torno al tema de la agricultura, favoreciendo la relación intergeneracional e intercultural y la participación;
- fomentar el empoderamiento de los participantes - habitantes y vecinos - en la gestión de los espacios naturales y agrícolas del parque;
- potenciar la autonomía del grupo de los huertos;
- crear un espacio de estudio e investigación sobre los temas agroecológicos y ambientales y su aplicación en contextos urbanos.
Desde entonces, Can Masdeu funciona como un proyecto multifuncional, que se presenta a la vez como vivienda para los ocupantes, centro social abierto con iniciativas de carácter educativo, cultural, social y político (todos los domingos se celebra un almuerzo popular, con talleres y visitas a los huertos y al parque de Collserola, al cual participan simpatizantes del proyecto, vecinos de Nou Barris y de otros barrios de Barcelona), y, obviamente, como experimento de producción hortícola.
Imagen 2. Mural de bienvenida a Can Masdeu (foto propia)
El espacio cultivado es actualmente de 3.400 m2 (y sigue expandiendose), repartidos en varias decenas de parcelas, asignadas a unas 80 personas/familias externas, y una
parcela más amplia, cuya responsabilidad es esencialmente de las personas que habitan en la casa, con el aporte de personas y simpatizantes externos. Las parcelas individuales son entre 25 y 50 m2, mientras que el huerto colectivo, que abastece el centro social por un 80% de sus necesidades alimentarias, se gestiona de forma común.
El grupo de hortelanos y participantes es muy heterogéneo, y refleja, en su variedad y diversidad, la amplitud de la propuesta social, política y agroecológica del proyecto. Por un lado hay gente que vive en la casa y que es directamente protagonista de las experiencias de organización y dinamización, con un grado de implicación bastante elevado. Por otro lado - y esa es la mayoría de los participantes - hay vecinos del barrio y de barrios cercanos, que colaboran de forma fija con las actividades de manejo y mantenimiento agrícola. La edad de estos participantes/colaboradores es muy variable: desde 20 hasta 85 años. Eso representa un factor más de diversificación del proyecto, y también un elemento importante de enriquecimiento a nivel intergeneracional y de intercambio de saberes y experiencias. Hay un grupo de hombres jubilados, que buscan en los huertos una manera para recuperar los conocimientos de su juventud rural (historicamente, el barrio de Nou Barris estaba pensado para alojar principalmente la mano de obra procedente de áreas rurales, catalanas y de otras regiones de España) y una forma de pasar su tiempo libre. Hay un grupo de mujeres de entre 40 y 50 años, muy activas en el movimiento asociativo del barrio, que hacen de vínculo entre el barrio y los huertos. Hay un grupo de hombres desempleados o con dificultad de trabajo, que encuentran en la actividad hortícola una aportación importante a su economía doméstica. Y también hay un grupo numeroso de gente joven, nacida y crecida en áreas urbanas, que busca en el experimento una forma de acercarse al mundo agrícola, y aprender técnicas y formas de manejo e interacción directa con los sistemas agroecológicos y forestales.
La toma de decisiones se realiza mediante una asamblea mensual, donde se analiza el estado de las parcelas y se debaten los temas de interés general. De la gestión y dinamización de la asamblea se encargan, de forma rotativa, algunos responsables de
los huertos comunitarios. Su papel es fundamental para combinar las cualidades y necesidades de personas con orígenes tan distintas (las personas mayores, que ya tienen experiencias agrícolas, aportan constancia y conocimientos técnicos, mientras que la gente joven, en cambio, tiene más experiencia en los procesos asamblearios y aporta conocimientos útiles para potenciar formas de organización horizontales). Y de hecho, aunque contribuye al enriquecimiento de la experiencia, tal diversidad es también una fuente de visiones muy distintas, así que los dinamizadores resultan muy importantes también para gestionar y mediar los conflictos.
Los recursos económicos necesarios para los huertos son gestionados por la comisión de economía, y se nutren de la cuota mensual y de actividades relacionadas con los huertos (talleres, actividades formativas y educativas etc.). El dinero se invierte principalmente en el mantenimiento de las infraestructuras, en la compra de herramientas y en las actividades comunitarias internas.
Cuanto a las características agrícolas del proyecto, en todos los huertos se practica la agricultura ecológica, según rotación y policultivo, y bancales enriquecidos con materia orgánica. El agua para el riego no proviene de la red urbana sino que es exclusivamente de agua de lluvia. Se han creado dos albercas y un depósito donde se desvía el agua cuando las albercas están llenas. Estas albercas se llenan por la escorrentía de la colina y el agua llega a los huertos mediante un sistema de distribución con canalizaciones y grifos. Durante gran parte del año el riego está libre y hay unas restricciones en los meses estivos (las medidas de riego son establecidas por la asamblea). La tierra - y esto es un factor distintivo de Can Masdeu respecto a otros experimentos de agricultura urbana en Barcelona, realizados muy a menudo en solares abandonados - es bastante fértil y rica de nutrimentos, y los huertos, según las palabras de los participantes, tienen una buena productividad. Casi todos los huertos tienen un compostador propio y el compost se realiza con el resto de las podas o de la cosecha y los restos orgánicos domésticos. Sin embargo, aunque importante, el compost no es suficiente, y la forma más importante de abonar y fertilizar el huerto es mediante estiércol de vaca o de oveja.
Cabe recordar que, a pesar de la asignación individual de las parcelas, el agua y la tierra son un bien común y escaso, así que tienen un peso importante en el manejo y funcionamiento de los huertos. Las comisiones de agua y tierra se encargan de velar por el buen uso de estos recursos, y todos los participantes tienen la responsabilidad de su cuidado.
Por su parte, las actividades de mantenimiento de las infraestructuras y del entorno de los huertos se realizan colectivamente durante jornadas comunitarias. Esas jornadas, además de resultar útiles a nivel práctico, son importantes para crear un mayor sentido de comunidad y conocimiento entre los hortelanos, así como para alimentar el intercambio de ideas, conocimientos y experiencias.
Por último, cabe recordar otro pilar del proyecto de Can Masdeu, es decir: el costante intercambio con la gente del barrio. Como hemos visto, los domingos abiertos, con los almuerzos y los talleres, representan una gran oportunidad de socialización y conocimiento, pero igual el centro social funciona también como taller permanente de dinamización social y agroecológica, y los huertos constituyen, desde este punto de vista, un elemento clave, pues la mayoría de los hortelanos y hortelanas son vecinos de Nou Barris, y por tanto representan un interfaz costante con la población y las asociaciones del barrio.
Imagen 3. Área agrícola común y parcelas (Fotos propias)