OTRAS CANOAS BAJAN EL RÍO: CONFLICTO ENTRE TRADICIÓN Y MODERNIDAD

In document Leer el lugar la representación del río grande de la magdalena en y otras canoas bajan el río de Rafael Caneva Palomino (página 76-96)

Para cerrar esta investigación quiero detenerme en lo que para cualquier otro análisis literario de un texto sería el inicio. El título de la novela: Y otras canoas bajan el río

sugiere la presencia de algo otro que atraviesa las aguas del río Magdalena. Y eso otro no es más que la presencia de lo extraño, de lo extranjero. El Magdalena como lo vimos en el primer capítulo fue la vía de comunicación y exploración durante la colonia, exploraciones con fines expansionistas cuyo primer acierto fue la fundación de ciudades y posteriormente o más bien a medida que se fundaban se imponía una nueva cultura -la española-. Este último capítulo dialoga firmemente con el inicio de este recorrido (capítulo 1), pues aunque el contexto de la historia que nos presenta la obra de Caneva puede ubicarse temporalmente entre los primeros veinte o treinta años de siglo pasado, en este caso el río también sirve de ruta, esta vez no para la colonia, pero sí para la entrada de la modernidad, que indiscutiblemente fue gestándose desde la llegada del viejo mundo a América.

“El capitalismo mundial fue, desde la partida, colonial/moderno y eurocentrado” (Quijano,

208). El proyecto capitalista es un proyecto que se gesta desde la colonia. Los relatos de viajes (de exploración) que inician en el siglo XVII pero que toman gran fuerza en el XIX, pueden entenderse a primera vista con fines netamente intelectuales y cuyo objetivo era educar al público europeo que jamás conocería América. Más allá de educar, el propósito tenía mayor profundidad: el de rastrear los recursos que posteriormente serían explotados para así poder construir un imperio (Pratt, 220). Por eso lo detallado en las descripciones de la naturaleza que nos ofrecen los viajeros que cité en el primer capítulo, aunque muchos de esos fragmentos de exploración se quedaron sin ser citados ya que mi intención era más la de rastrear el río dentro de las crónicas. Cualquier acercamiento que el lector tenga a las

80 mismas se dará cuenta de la importancia que le daban los viajeros a la naturaleza, ya que fue el conocimiento lo que permitió la dominación.

El río, como hemos visto, sirvió y sirve de arteria comunicadora, de cementerio, de vida y memoria, pero lo que más me interesa para este capítulo, es el río como el canal, el

conducto para que el proyecto expansionista/moderno bajo el lema del “progreso” tuviera el

éxito que aún mantiene, tal vez con otros nombres pero siempre bajo el mismo sistema de dominio.

La incidencia de la modernidad y del capitalismo en la novela de Rafael Caneva, es un tema ya abordado por Guillermo Ortega a quien cito en la introducción de este trabajo. Para este capítulo he decidido continuar con sus planteamientos viéndolos desde el impacto de lo

otro: un conflicto entre lo propio y lo ajeno, entre la tradición y la modernidad.

Y otras canoas bajan el río presenta una fuerte crítica a la modernidad y al mal llamado progreso. En cuanto a contenido, es claro el tema del exilio y el desplazamiento que sufren los personajes de la novela a causa de la llegada de comerciantes extranjeros (que entendemos como una manifestación metafórica del capitalismo) quienes los expulsan de sus tierras. A nivel estructural, en el transcurso de la lectura, la obra, de forma abrupta, inserta al lector en una noveleta, en otra historia completamente distinta a la de los pescadores de El Cabezón y que muestra el contraste entre lo tradicional y lo moderno. La historia de Ego primo de Robertico Palomino, es la de un intelectual nacido en la costa colombiana que decide iniciar sus estudios en el interior del país, pero a su llegada se enfrenta con un sistema social cerrado, con una clase burguesa que vive de las apariencias y que no le permitirá ser parte de ella. Aunque sin importarle esa sociedad, el protagonista de esta historia está decidido a ser el hombre moderno que se propuso cuando dejó las riberas del río.

Ego, como bien lo dice su nombre representa lo individual, el “yo”, el hombre moderno que no se piensa como miembro de un colectivo como sí lo son los pescadores de El cabezón. La modernidad acaba con lo colectivo para darle prioridad a lo individual. En contraste, la

81 historia principal no es de particularidades, lo que existe es la historia de una comunidad, la de un grupo de pescadores del Bajo Magdalena. Por lo anterior es que la novela no presenta personajes complejamente estructurados e individuales. Podríamos decir que sólo están constituidos como personajes Robertico Palomino y Ego, aunque incluso en estos dos hay gran diferencia: Robertico representa a los demás pescadores, Ego se representa a sí mismo.

Es así como el primer conflicto al que llamo conflicto de subjetividades se presenta en la figura de Ego y la de los pescadores. Con subjetividades me refiero a la cultura, sus formas de desarrollo, la forma de vida de unos y otros y el sistema de valores. El pescador representado en cada uno de los personajes de la novela, personajes que en su mayoría conocemos solo por lo que nos dice el narrador, es un hombre contrario a la modernidad. Esto lo vemos particularmente en dos casos: en el abuelo Roberto quien nunca tuvo contacto con la modernidad9y Librada Palencia que se resiste a tener siquiera un acercamiento:

[abuelo Roberto] Había nacido pescador y pescador moriría. Ni más ni menos. Tuvo fortuna. Quien lo duda!? [sic] El no usó en su indumentaria de vestir sino abarcas y cotizas. El no aprendió a leer y no supo nunca hablar la jeringonza trabajada de los que saben descifrar letras y más letras

(Caneva, 65, énfasis mío)

Recordemos que es la letra, lo letrado dentro del proyecto moderno quien da la categoría de ciudadano al que sabe leer y escribir, por lo que bajo estos preceptos el abuelo Roberto y muchos de los pescadores están expulsados del mismo.

Librada Palencia es una mujer que conoce los adelantos y progresos tecnológicos que trae consigo la modernidad pero se rehúsa a utilizarlos, para ella la tecnología son “claras

ocurrencias del demonio” (75):

9

Entendida como la llegada de la maquinaria, la industrialización, nuevas formas de comercio y conductas sociales: leer-educarse, vestirse de cierta forma y preocuparse por hacer parte de una sociedad cambiante.

82 Es ella de las que no aceptan por cosa buena el molino para hacer masa de

maíz ni la máquina de coser para confeccionar la indumentaria de los humanos. <<Cómo es posible que una mujer hecha y derecha no sea capaz de moler en piedra, después de pilar en su pilón tronador, una cuarta de maíz blanco?! (Caneva, 75)

En cuanto a Ego, él es un hombre estudiado que sería abogado y luego concejal, aunque decidió ser poeta y lo que Robertico sabe de él es a través de los periódicos y de lo que se habla acerca de sus publicaciones, esto es lo que el narrador habla sobre este personaje:

“[…] de aquel descendiente de pescadores que, desviado ya del camino de los abuelos, se enrumbó

por una ruta donde el quehacer es otro y la ambición es ilimitada “(179)

Pero incluso dentro de la noveleta de Ego, existe una crítica mucho más fuerte, en este caso no al personaje de Ego, sino a la sociedad moderna: Ego aunque pertenece más al mundo moderno es marginado como los pescadores, pues su padre lo engendró por fuera del matrimonio.

-Ego, -dijo- tú comprenderás ya cómo es la cuestión aquí en el trato social. Aquí existen ciertas actitudes, que en la costa no tienen ningún valor. Nuestra tierra amplia, libre, acogedora, todo lo permite. Aquí todo es distinto. Mientras allá se estima a los hombres por su capacidad, sean de una clase social o de otra, sean hijos naturales o legítimos, aquí no (186, énfasis mío).

Gran contraste entre lo esquemático y cuadriculado de la ciudad frente a la libertad que presentan las riberas. Ego es un hijo cuyo nacimiento no fue “santificado ante el altar” y si la sociedad descubre que su padre tiene otro hijo por fuera del matrimonio, inmediatamente

el padre pierde su “ho-no-ra-bi-li-dad”.

La crítica a la sociedad moderna es fuerte ante los juicios y descripciones del narrador, por ejemplo vemos que al referirse al padre de Ego y a su conducta, lo hace ver como un hombre acorralado e infeliz:

83 Este padre mío que tengo delante de mí no es el mismo visto en las veces

que estuvo en la costa. Es distinto. Sí distinto, a no dudar. Aquel era festivo. Este parece meditativo, preocupado, y presenta su frente como con alforzas (183)

Las descripciones de los pescadores (hombres y mujeres) tienen un aire vital, se les relaciona con frutas, la brisa y el río “los semblantes y la risa es frutal, de río, de brisa

juguetona porque, también es cierto, nada perturba a la conciencia de los pescadores” (52), mientras que la esposa y la cuñada del padre de Ego (mujeres citadinas) son descritas como avaras, egoístas, de espíritu arrugado, como pájaros de mal agüero: “Toma con una mirada mi estatura y en una sonrisa fiera-mueca descomunal como su cuerpo-me deja ver toda la maldad de que es capaz. Egoista al dar la mano para el saludo, deja ver su espíritu

arrugado, como la frente […]” (185)

El ambiente de la noveleta es denso, en todo momento llueve, los personajes están cargados no sólo con sus inmensos abrigos sino con todo tipo de máscaras que deben llevar para encajar dentro de esa sociedad hermética, tan diferente al siguiente pasaje que vemos en la historia principal:

[…] estas gentes, habitantes del mundo que ponen a transitar su existencia

sobre las playas de El Cabezón, no saben de quitasoles ni de bañistas con casetas de turismo, ni de exóticos adornos ni de zapatos con tacones playeros. No. Todos son nativos americanos con caras de salud y placidez

(52, énfasis mío).

Retomando a Ego, aunque sigue siendo un marginado en la ciudad no decide volver a su lugar de origen, es hijo de pescadores pero para él la libertad está en la conquista de la ciudad, en tener una posición destacada, cuando para un pescador ser libre es tener un

chinchorro propio. No se equivoca el narrador al decir que si “el hombre se conformara

84 La historia de Ego no sólo contrasta o tiene un quiebre con relación a la historia de los habitantes de El Cabezón por su posición entre río/cemento, tradición/modernidad. A nivel estructural, como mencioné, la narración cambia totalmente, lo que primero sabemos de Ego está contado por él mismo en primera persona desde un diario, unas notas. Luego la historia más compleja está narrada por un narrador omnisciente, quien es el que le adjudica y critica severamente la conducta social del hombre moderno. El lenguaje y la forma en sí de la narración cambian considerablemente de la historia de los pescadores a la historia que protagoniza Ego. En la noveleta no existen repeticiones, es una narración continua, a diferencia de la historia principal donde parece que ésta estuviera siendo contada a otra persona, donde el narrador aparentemente interpela a quien escucha la historia, o a quien la lee: “Su papá Roberto era el único que usaba sacos, se los cosía, se los cortaba y se los cosía la niña Rude. , la niña Rude se los hacía […]” (59, énfasis mío)

Más que interpelar en este caso, es como si el sujeto de enunciación respondiera una pregunta que no está dentro del discurso pero que fue hecha y contestada, reafirmando que sí, que la niña Rude era la que cosía la ropa del papá Roberto. Como éste existen varios pasajes en la novela.

Siguiendo con lo anterior, podemos referir otro aspecto en “conflicto” a nivel estructural: Dentro de la historia de Ego no hay espacio para la oralidad, su forma de hablar, los diálogos, hacen parte de un “orden” gramatical, sabiendo que tanto él como su padre deben tener acento costeño, o por lo menos Ego, quien es el recién llegado a la ciudad, pero esto no ocurre, de la misma forma como no ocurre cuando habla Robertico Palomino, lo que marca la diferencia de quienes han sido “educados” y de quienes no.

Lo oral y lo escrito entran en conflicto por medio de la historia principal y la de Ego, no lo hacían antes entre Robertico y los pescadores, porque reitero que Robertico los representa, ellos mismos saben que por ser estudiado conviene que esté al mando, no porque tenga mayor sabiduría, pero sí porque se entiende mejor con ese mundo al cual ellos no pertenecen.

85 Si bien no se puede hablar de una presencia concreta de oralidad en la novela, pues la oralidad no son sólo los diálogos donde se es fiel al habla riberana, sí se puede decir que el uso de este recurso de mímica de lo oral tiene que ver con una idea de acercarse más a la realidad, de ser más fiel a ella. Antes de continuar, quiero aclarar que entiendo por oralidad (en este caso) la transcripción del habla del hombre que habita las riberas, concretamente en los diálogos entre los personajes, excluyendo a Robertico Palomino. Analizar la importancia de la oralidad en la novela, sin pretensiones de hacer un estudio sobre la tradición oral, las culturas populares y su literatura, temas que no hacen parte de la investigación.

Teniendo claro desde qué punto hago referencia a la oralidad, me cuestiono lo siguiente: ¿Qué papel juega recuperar la voz del riberano en la novela? Es acaso la respuesta de la anterior pregunta -recuperar la tradición- y entonces pasamos a otra inquietud ¿para qué es útil dentro de la novela recuperar la tradición?

En el capítulo anterior mencionaba la importancia de los diálogos como medio

“humanístico” que según Caneva, toda obra de realismo social debía tener. Así mismo algunas líneas antes, refería el carácter de fidelidad con la realidad que tienen estos diálogos. Y aunque estos dos elementos juegan un papel importante, me atrevo a decir que el uso de la oralidad o de la voz transcrita del riberano, tiene como objeto recuperar la tradición. Tradición ligada a recuperar la memoria y, por ende, el pasado.

El discurso oral, dice Vich, funciona como forma de memoria colectiva donde el/los sujeto/s encuentran fundamentos para construir su identidad y repensar su presente (18) identidad desde lo colectivo, no desde el ser individual, el yo. Dicha identidad ligada a una tradición, por eso es constante ver que Robertico, siendo letrado, no deja de tejer su chinchorro recordando su pasado, por eso todos los pescadores recuerdan El Banco antes de la llegada de los comerciantes, porque es en el pasado, en lo que fueron y construyeron los abuelos, que ellos pueden saber quiénes son en el presente:

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[…] cuando los pescadores de El Cabezón ven alzarse a la distancia las luces

de la ciudad donde todos los mayores tejieron alguna emoción, sienten revolvérseles allá en la ardiente entraña un deseo indeficiente de ser

moradores de ella. El ancestro parece llamarlos con manos puras […]

entonces, enternecidos en lo íntimo del río de la sangre, anhelan poder volver a vivir en aquel que fue pueblo de nuestra Señora de la Candelaria de El Banco (Caneva, 57).

Ego, como lo dice el pasaje ya citado, se desvió del camino de los abuelos. El mismo

Robertico sabe que nunca va a volver, porque su “quehacer es otro” no el de pescador. Ego

es un hombre letrado y moderno, habla de Bogotá como un lugar espléndido, y su identidad no puede rastrearse en el pasado como sí lo hacen los pescadores, porque para él no hay pasado, su padre no lo quiere aceptar como hijo ante la sociedad: “Y Augusto oyó todo. Ego le había demostrado que sí tenía razón para aborrecer el pasado, para fugarse de él buscando integrar su opaca personalidad con una colección de emociones” (193).

La oralidad, como medio para mantener la tradición, desafía el proyecto moderno/ letrado, donde el ideal como asegura Aníbal Quijano era (y es) controlar y reprimir las formas de producción de conocimiento de los colonizados, sus patrones de producción de sentido y su universo simbólico, entre otros (Quijano, 209-210). Si la modernidad buscaba acabar con el pasado imponiendo la letra y la cultura occidental como única fuente de civilización, la oralidad permite su permanencia en el imaginario de las culturas dominadas. La novela no sólo hace uso de la oralidad para rescatar la tradición, sino que la misma narración (escrita

“correctamente” en voz del narrador) le da mayor importancia a los saberes ancestrales que a los impuestos por los extranjeros:

En las reuniones al pie de <<la bonga>> y en las diarias conversaciones a orillas del Cesar no había quien leyera mejor que él [el abuelo Roberto] los oráculos del tiempo: anunciaba con meses de anticipación, por el sonido de

un trueno cómo iba a ser el producto de la pesca en el próximo verano […]

87 Ya hemos visto el distanciamiento entre Ego y los pescadores de El Cabezón, y si bien es Robertico el representante de este colectivo, no sería adecuado dejarlo como un simple sujeto que busca mantenerse en la tradición. El protagonista de la historia principal es también un hombre moderno, que entiende la modernidad y la utiliza en beneficio del colectivo. Por supuesto es una práctica de modernidad distinta a la de Ego pues busca la libertad individual. Ya antes mencionaba la necesidad de Robertico de terminar de tejer su chinchorro y su ideal de que todos tengan el suyo propio para que experimenten la verdadera libertad:

En las pesquerías de El Banco sólo es pescador completo quien es libre y es libre quien no se concierta y, además, hace y sostiene su chinchorro. Por eso Robertico Palomino aspira que todos en el rancherío, todos, lo mismo que él, tengan por lo menos los útiles necesarios para que un pescador de verdad

viva de la pesquería […] (32)

En cuanto a Ego, éste se vale de Emilita, una mujer oculta dentro de la sociedad pero que sin embargo pertenece a ella: la utiliza, se casa con ella y no sólo se venga de su padre sino de la familia de esta mujer, pues piensa que al estar casado va a poder ser libre dentro de la sociedad moderna: “Él no la amaba. Pero por el momento lo interesante era obtener la soñada

independencia a cualquier precio […]” (197)

Robertico es un hombre letrado, es consciente de la importancia de educar a las nuevas generaciones, sabe que una de las desventajas del pescador es no saber leer y escribir, por eso convence a los habitantes del playón de hacer una escuela, en este pasaje ya antes citado:

[…] Si nosotros pasamos tanto trabajo es porque todos somos ignorantes. A

nuestros viejos los arruinaron porque no sabían leer siquiera y cualquier forastero los dejaba con las bocas abiertas con sólo decirles el abecedario

[…] creo que en vez de pensar en Policía mejor es que consigamos quien

88 El protagonista puede ser un punto medio entre la tradición y la modernidad, es un sujeto

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