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Las características de la pérdida o de la ausencia del padre es un primer factor que

Capítulo IV. Discusión final: El objeto perdido en la trilogía del Edipo rige el Destino Divino del

A. Los estados mentales de los pacientes a la luz de las rupturas por la ausencia del padre en la

1. Las características de la pérdida o de la ausencia del padre es un primer factor que

Dimos una mirada a las dinámicas de relacionamiento del mundo interno y con el mundo externo que los tres pacientes tenían en la actualidad, identificando que el primero de los factores que marcaron las maneras en que ellas y él establecían relación con los hombres y mujeres de la actualidad, estaba matizado por la características que tuvo la pérdida o ausencia de su padre durante el desarrollo en su infancia. Las distintas modalidades que el objeto masculino, entendido como el tercer alterno a la feminidad materna y la bisexualidad infantil del bebé tuvo en la vida de los pacientes, muestran consecuencias también diferenciales en la organización de un mismo aspecto: la dificultad

del relacionamiento y el establecimiento de la pareja adulta. La dinámica infantil señala el rumbo del Destino de las dificultades que el joven o adulto tendrá.

El abandono, ausencia o separación del padre puede ser tan dramático como el de la madre, si no más. El vacío que deja el objeto masculino paterno, es llenado en muchas ocasiones por una madre confundida que llora, sufre, no entiende, no oye. Los niños quedan, entonces, en doble vacío.

Xiomara tuvo ocasión de vivenciar una triangulación más duradera y estable, padre y madre reunidos alrededor de su crianza, participando cada uno a su manera. Empiezan los viajes de papá, alrededor de los 6 o 7 años, en plena definición de relación hacia el mundo social a través del ingreso en la escuela. Cada vez que viaja, mamá queda a solas con ella, Xiomara siente la violencia que recae en sus hombros: la madre la maltrata con indiferencia, con regaños desmedidos, con golpes fuertes de castigo, Xiomara paga la ausencia del padre, sus viajes son castigados sobre ella, tal vez por ser amada, tal vez porque la madre queda rabiosa con sus partidas y ella lo representa, tal vez porque la madre confundida no sabe cómo situarse con su hija en ausencia del padre, que también organiza sus deseos. Xiomara tal vez se pregunta el padre dónde está en medio de la tortura y el dolor, lejos, ocupado de algo más, (¿) en nombre de ellas (?); la niña no puede enfrentar el regreso de él con rabia, no puede reclamar, es un alivio su retorno y tal vez tema que si reclama, la próxima vez él no regrese.

La ausencia del Objeto masculino, en Xiomara, siempre se ve aliviada con el

regreso, él va y viene “siempre”, y aunque en medio de su ausencia el sufrimiento se

manifiesta no solo por la partida sino por los maltratos de la madre, se espera con ansias el retorno para que llegue de nuevo el alivio; así está en su mundo interno, el objeto masculino es uno solo, fijo, siempre el mismo que regresa, uno que hay que esperar ansiosa, suspendida la vida, sin posibilidad de hacerla distinta, agarrada de manera fanática

a la “inevitabilidad” del regreso del Objeto masculino que traerá alivio al sufrimiento que su ausencia ha dejado en ciernes el Self, el objeto masculino padre-esposo, confundidas las vivencias del pasado (Madre-Xiomara-Padre) con las actuales (Juan-Carla-Xiomara), los viajes del padre que en la infancia tanto sufrió, con la separación de Juan, el padre de su hija, que ahora ella sufre. El hombre que en el presente es el padre de su hija, es el único que puede ser su pareja-esposo, de manera fija. La familia en la mente de Xiomara es una

imagen cristalizada en la que padre y madre, bajo las circunstancias que sean, deben permanecer unidos al lado de su hija. El deseo por el hombre fijo, que en realidad es su padre y no puede ser otro, es negado, y es sustituido por el padre de su hija que debe regresar; mientras tanto ella suspendida, no consigue darle continuidad a la vida. A modo de la ranchera de Juan Gabriel:

Probablemente ya de mí te has olvidado

y sin embargo yo te seguiré esperando.

No me he querido ir para ver si algún día que tú quieras volver me encuentres todavía.

Por eso aún estoy en el lugar de siempre

en la misma ciudad y con la misma gente.

Para que tú al volver no encuentres nada extraño

y sea como ayer y nunca más dejarnos.

(Se me olvidó otra vez, Juan Gabriel, 1974)

Xiomara no consigue salir del Objeto masculino Padre para ir en busca de otros objetos masculinos posibles que ofrezcan amor, el amor que conoce es el del padre, confundido con el del hombre, que en su mente es el mismo que va y viene, que regresa sin remedio, pero que aún hoy, no ha vuelto. El padre de Carla, confundido en su mundo interno con el Objeto padre que la aliviaba de niña, no regresó, Xiomara atrapada en la tragedia de ser la niña-mujer del objeto-padre-hombre, el deseo afincado en Juan, por desplazamiento del deseo afincado en el Padre, en el incesto fantaseado.

Por su parte, con Dalila reconocemos la configuración del drama con una ausencia temprana y permanente del padre que se va del lado de su madre; la madre también se aparta, lo veremos más adelante, dejándola en el vacío, sin embargo lo que ahora nos ocupa es cómo queda el Objeto masculino en la mente de Dalila. La experiencia temprana deja algunas imágenes, quizá, el padre no es negado, participa en la distancia con llamadas telefónicas, envío de dinero, señales de su existencia llegan a Dalila y a partir de éstas elabora su propia imagen de él, una idealizada y pública, en la que está atento de ella, su cuidado, la conoce y la ama.

Podría decirse, Dalila “captura” una imagen del padre que a modo de poster adhiere

en las paredes de la superficie bidimensional de su Self, que no pudo configurar con claridad el espacio ante la dificultad de la experiencia de contención por parte de la madre. Esta imagen la publica a quién pregunta por él, la muestra, inventando las narrativas a su alrededor: como una foto excelsa e iluminada de un hombre guapo, exitoso policía, con riquezas y que ama profundamente a su hija. Dalila adhiere a su Objeto masculino padre en una imagen estática para no aceptar el dolor de su abandono, pero no le sirve para situarse con los hombres, de los que espera que correspondan con el afiche, de los que espera adherirse, a su vez, para vivir en felicidad, en una suerte de doble posesividad, uno pegado de otro, el objeto masculino mantenido en contacto consigo misma y ella por reciprocidad, adherida a él (Muñoz, 2014). El Self que requiere el Objeto masculino para sentirse existente vital, que está dispuesto a inventar su propio objeto adhesivo del cual sostenerse para no caer ante la doble carencia, de un objeto femenino continente que la abrigue en la soledad. A nuestra comprensión, una canción que interpreta Frank Sinatra:

I've got you under my skin I've got you deep in the heart of me

So deep in my heart that you're really a part of me.

I've got you under my skin I'd tried so not to give in

I said to myself:

this affair never will go so well. But why should I try to resist

when, baby, I know so well I've got you under my skin?

I'd sacrifice anything come what might For the sake of havin' you near

In spite of a warnin' voice that comes in the night And repeats, repeats in my ear:

"Don't you know, little fool, you never can win? Use your mentality, wake up to reality." But each time that I do just the thought of you Makes me stop before I begin 'Cause I've got you under my skin.2

2

(I ve got you under my skin, Cole porter, 1936)

En Dalila, el deseo que debía emerger en dirección al padre, no alcanza a consolidarse como deseo-búsqueda por un objeto masculino diferenciado, sino por la armazón de un Objeto imagen masculino confuso y adherido en su superficie. La mirada del tercero se asoma, al parecer no con la suficiente fuerza y permanencia, pero cuando Dalila intenta regresar la mirada a la madre, a modo de sostén diádico, se encuentra con que ella mira hacia otra parte. La caída es inevitable.

Por último, Jesús, siempre pegado en el manto femenino, él adherido a la madre, la madre adherida a la gran abuela, la abuela apelmazada en el grupo de mujeres, de padre desconocido, anónimo, ausente “por siempre jamás”. Objeto masculino paterno que produce herida dolorosa en la madre, del que no se puede hablar, se hace innombrable porque el llanto sucumbe de manera inmediata. El objeto masculino padre, siempre añorado, esperado desde lo alto del atrapamiento de la torre, príncipe redentor que podría descender desde el mundo de hadas a darle lugar al deseo por él. La imagen del objeto masculino idealizada y distante, divinizada, llevada a la máxima expresión en la religión fanática que se vive en el grupo familiar, no hay hombre mortal que alcance las características del hombre ideal que podría salvarle. No ha podido ocurrir la triangulación, no hay con quién, ahí donde podría tener lugar el padre, hay un taponamiento de silencio,

una exigencia de “no-preguntar”, no hay vacío, no hay hueco, no hay mirada de tercero que

desde afuera del “nos”, llame.

De manera indiscriminada uno y otro hombre es poseído, tratando de encontrar tras de ellos al hombre ausente que nunca estuvo, que no se conoció, el hombre desconocido, Jesús ignora la calidad de lo masculino, prefiere buscar la apariencia masculina, la agresividad que clichesudamente se reconoce en lo masculino, no encuentra forma de ser hombre, no encuentra objeto masculino que le presente la masculinidad, no encuentra el

Te tengo bajo mi piel/ Te tengo en lo profundo de mi corazón/ Tan profundo en mi corazón/ Que realmente eres parte de mí.

Te tengo bajo mi piel/He tratado de no ceder/Y me dije:Este romance no funcionará.

Pero, ¿por qué debería resistirme/Cuando, nena, sé perfectamente/Que te tengo bajo mi piel? Sacrificaría cualquier cosa/ Pase lo que pase/ Por el bien de tenerte cerca/ A pesar de una voz de advertencia/ Que aparece de noche/Y repite, repite en mi oido:

"¿No sabes, pequeño tonto,/Que nunca podrás ganar?/Usa tu mentalidad,/Despierta a la realidad." Pero cada vez que lo hago/ Tan sólo pensar en ti/ Me detiene antes de empezar/ Porque te tengo bajo mi piel.

padre que le indique el orden, la Ley, la salida de la madre, y con ello la vía de configuración y expresión de su identidad masculina.

Jesús, hombre joven, que a través de cada hombre espera encontrar la libertad de la feminidad confusa y no hace más que actuar de nuevo la adquisición de un hombre para todas las mujeres de su casa. El Self busca un objeto masculino desconocido y amorfo que no podría reconocer aún si se lo topara, un Objeto hombre dividido: idealizado hasta la divinidad en la religión y erotizado hasta al masoquismo en las agresiones del tío y los abusos del abuelo a las mujeres.

A Jesús lo han dejado sin hombre las mujeres, sin objeto masculino con el cual identificarse, ahora busca desesperado uno para él, uno que no sea poseído por ellas, uno que sea solo suyo para recibir de él la herencia de la masculinidad que desconoce, como si quisiera untarse de hombre, superficie a superficie. A través del encuentro sexual, de las sensaciones penianas, por una adherencia espera hacerse a una masculinidad sensación que se la ha escapado desde la infancia.

La búsqueda en Jesús es incesante:

I miss you But I haven't met you yet

So special

But it hasn't happened yet You are gorgeous But I haven't met you yet

I remember But it hasn't happened yet And if you believe in dreams

Or what is more important: That a dream can come true

I will meet you I was peaking But it hasn't happened yet

I haven't been given My best souvenir

I miss you But I haven't met you yet

I know your habits But wouldn't recognize you yet

And if you believe in dreams Or what is more important That a dream can come true

I will meet you I'm so impatient I can't stand the wait

When will I get my cuddle? Who are you?

I know by now that you'll arrive By the time I stop waiting

I miss you3 (I miss you, Bjork, 1995)

Estas experiencias de los tres pacientes nos hicieron regresar sobre la estructura de la triangulación que se da con la presencia e ingreso del tercero, que en ellas y él ha sucumbido bajo el peso de la ausencia, permanente o intermitente, del tercero objeto- masculino-padre, que se retira de la escena totalmente o temporariamente determinando dinámicas que se perpetúan hasta la adultez, tiñendo de la misma calidad las relaciones con las parejas hombres, que a los tres les resultan tan difíciles de experimentar. Regresando a la diagramación que hasta el momento hemos venido estableciendo, el “ustedes” se ve alterado y la posibilidad de un establecimiento “yo-y-tu”, se perturba encontrando distintas

modalidades de configuración. La espacialidad que empieza a constituirse en la contención materna y encuentra un nuevo vértice de tridimensionalidad en la presencia y posición del objeto paterno, se ve alterada. El hijo o hija se topa con la ausencia del padre, sin encontrar

movimiento “hacia afuera” de la confusión entre el o ella y la madre. La ausencia del padre,

va poniendo el primer factor que puede perturbar el desarrollo de la dimensionalidad del espacio mental, generando dejando al sujeto en experiencias de superficie sensuales, sensoriales.

3

Te extraño

Te extraño/Pero aun no te encuentro/Tan especial/Pero aun no ha ocurrido/Eres caballero/Pero aun no te encuentro/Recuerdo/Pero aun no ha ocurrido

Y si crees en los sueños/O lo que es más importante:/Que ese sueño puede hacerse realidad/Te encontraré

Estaba flotando/Pero no ha pasado aun/No me han dado/Mi mejor recuerdo/Te extraño/Pero no te encuentro todavía/Sé tus hábitos/Pero aun no te reconocería

Y si crees en los sueños/O lo que es más importante:/Que ese sueño puede hacerse realidad/Te encontraré

Estoy tan impaciente/No puedo esperar/¿Cuándo me abrazaras?/¿Quién eres? Ahora sé que llegarás/En el momento en que pare de esperar/

Hemos visto lo que cada uno ha conseguido hacer en sus posibilidades con el “Yo- y-tu”, pero no ha sido en la soledad, sino en la “compañía” de la madre, objeto femenino,

parte de la estructura que venimos revisando, enigma sensual, que ahora corresponde abordar. He aquí el segundo factor determinante de las relaciones del Self: la relación que ha establecido el hijo o la hija con la madre y la calidad de la relación que queda, después de la ausencia del padre

2. La manera como yo quedo en la relación con la madre, la mareja, es el segundo

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