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cartas a Fliess del 24/6/1894, y sobre todo en la del 29/9/1896, Freud habla claramente de los 51 años como

fecha de su muerte: “Me gustaría mucho resistir hasta esa famosa edad límite de aproximadamente 51 años”. En marzo de 1907, cuando Jung y Freud se encuentran, Freud está a punto de cumplir 51 años. Esta preocupación, que no le abandonó nunca (las siguientes edades “críticas” fueron: 61, 62, y 81 y medio), y es un aspecto muy relevante para comprender la urgencia de Freud en designar un “heredero” y continuador de su obra.

212 Carta de Freud a Jung del 7/4/1907 (W. McGuire y W.Sauerlander, 1974, p. 162).

213 Freud y Ferenczi pretendían que el cargo tuviera carácter vitalicio y con poder absoluto sobre todas las

2.3.2.3. Karl Abraham (1877-1925): el “rival berlinés”214.

Karl Abraham es el tercero de los “suizos” en visitar a Freud, en 1907215. El encuentro

con Freud tiene lugar el 15 de diciembre de 1907. Tres días después, como ya iba siendo tradición entre los visitantes de Bergasse 19, asiste como invitado a una de las reuniones de los miércoles, la del 18 de diciembre.

La relación entre los dos se había iniciado ese mismo año. En junio, Abraham decidió enviar a Freud una separata de un artículo basado en una conferencia que había pronunciado en el Congreso anual de la Asociación Alemana de Psiquiatría, el 27 de abril de 1907 en Frankfurt. Cuando se encuentran en diciembre, Abraham acaba de instalarse en Berlín tras pasar poco más de tres años en Zurich. Tenía entonces treinta años recién cumplidos y se había graduado como médico en 1901. Antes de Zurich, había trabajado como asistente del Profesor Liepmann en el Hospital Municipal de Psiquiatría de Dalldorf. Allí estuvo tres años, pero no pasaba del puesto de “asistente”, lo mismo que le ocurría en Zurich. Se quejaba en una carta a Freud: “en siete años no he conseguido ascender del puesto de asistente, ni en Alemania, por ser judío, ni en Suiza, por no ser suizo”216.

En su estancia en el Hospital Burghözli, Abraham trabajó bajo las órdenes directas de Jung (como segundo asistente de Bleuler217) que es quien le inicia en el estudio del

psicoanálisis. En Zurich también conocerá al que se convertirá en su amigo y colaborador durante el resto de su vida: Max Eitingon. La relación entre Jung y Abraham, durante el tiempo que pasó en Zurich, no fue buena, pero empeoró significativamente cuando ambos entran en contacto con Freud, que percibe pronto esta rivalidad. Así, oculta a Jung el inicio de su correspondencia con Abraham, hasta que Jung hace mención de él en una carta a Freud218.

Si Eitingon había ido a Viena oficialmente enviado por Bleuler, Abraham entró en contacto con Freud de manera totalmente independiente. En esto, también es distinto de los otros “suizos”. Además, entonces está desarrollando investigaciones propias y personales acerca de la demencia precoz, en la cual pone el acento en el autoerotismo, mientras que Jung está trabajando en su “teoría tóxica” sobre la demencia precoz. Freud valora esta independencia, y en la cuarta carta que le escribe le acepta entre los suyos:

214 Así nombra Freud a Abraham en una carta a Jung (19/4/1908, en W. McGuire y W.Sauerlander, 1974,

181).

215 Aunque tendríamos que decir que es el cuarto, pues Biswanger, otro suizo, había acompañado a Jung en su

visita para conocer a Freud en marzo de ese mismo año.

216 Carta de Abraham a Freud del 6/10/1907 (E. Falzeder, 2002, p.13). 217 Su puesto lo ocupará A.A. Brill cuando se marcha de Zurich.

Un aumento de mi prestigio en Alemania seguramente sería de su provecho, y si me permitieran calificarle directamente como discípulo y seguidor mío -y usted no parece que se avergüence de ello-, podría interceder enérgicamente por usted219.

En esta misma carta, le invita a visitarle y Abraham se muestra agradecido, aceptando plenamente el título de “discípulo y seguidor”220. Anteriormente221, Freud había pedido

información sobre Abraham a Jung y éste se había demorado en dársela, aunque después confiesa su mala relación y sus celos:

En una de sus últimas cartas me pedía usted que le diese mi opinión sobre el doctor Abraham. Admito de antemano que estoy “celoso” de él, por mantener correspondencia con usted. (¡Perdone usted esta franqueza, que seguramente le parecerá falta de buen gusto) No hay que objetar nada contra Abraham. Tan sólo que no me es completamente simpático. Le he propuesto, por ejemplo, colaborar en mis trabajos, lo cual rechazó. Pero ahora escucha con atención lo que hablamos Bleuler y yo, lo que investigamos, etc. Luego hace una publicación (…) Es inteligente, pero no original, de notable capacidad de adaptación, pero carece por completo de sensibilidad psicológica por lo que casi siempre no gusta nada a los pacientes. Aparte de lo arriba expuesto Abraham es de trato social agradable, muy aplicado y sumamente ducho en todas las cuestiones burocráticas del centro222.

Freud tranquilizó a Jung, aclarándole que su comunicación con Abraham “excluía la intimidad”223, y, poco después, Jung se despacha a gusto sobre Abraham224, para no

volver a mencionarle, salvo para comunicar a Freud que éste ha dejado su puesto en Zurich225. Freud es discreto y evita mencionar al alemán en sus cartas a Jung, mientras que su correspondencia con Abraham ya va tomando un tono personal. En diciembre, Freud comunica a Jung que Abraham le va a visitar en Viena y le tranquiliza posteriormente: “Abraham estuvo con nosotros desde el domingo hasta el miércoles. Es más simpático de lo que le describió usted, si bien algo inhibido, nada fascinante. No encuentra la palabra oportuna en el momento oportuno”226.

219 Carta de Freud a Abraham del 8/10/1907 (E. Falzeder, 2002, p.14). 220 Carta de Abraham a Freud del 13/10/1907 (E. Falzeder, 2002, p.15).

221 Carta de Freud a Jung del 10/7/1907 (W. McGuire y W.Sauerlander, 1974, p.113): “Mantengo ya

correspondencia con el Dr. Abraham. Sus esfuerzos me interesan mucho. ¿Cómo es en realidad? Su carta y su trabajo han despertado en mí gran simpatía hacía él”.

En la respuesta de Jung, éste habla de Abraham sin nombrarlo: “(…) el Prof. Bleuler y el primer médico asistente se marcharon de vacaciones”(el primer médico asistente era Abraham).

222 Carta de Jung a Freud del 19/8/1907 (W. McGuire y W.Sauerlander, 1974, p.116). 223 Carta de Freud a Jung del 27/8/1907 (W. McGuire y W.Sauerlander, 1974, pp.117-118).

224 Carta de Jung a Freud del 29/8/1907 (W. McGuire y W.Sauerlander, 1974, p.119): “No existen relaciones

cordiales, de lo cual no me siento culpable. Abraham tiene con frecuencia ligeras ideas de persecución con respecto a mí. Su mujer es de Berlín y padece autoerotismo berlinés, con todas sus consecuencias psicológicas. Ello influye sobre Abraham”.

225 Carta de Jung a Freud del 10/10/1907 (W. McGuire y W.Sauerlander, 1974, p.132): “Quizá sepa usted ya

que Abraham se ha marchado de aquí. Esperemos que tenga suerte”. Abraham no se marcha de Zurich hasta finales de noviembre, casi un mes después.

Freud preparó cuidadosamente su recepción en Viena para hacer que la reunión que versara sobre su trabajo227. Si bien, personalmente, no queda fascinado con Abraham, como si le había ocurrido con Jung, surge entre ambos una buena amistad y esa complicidad entre judíos que nunca podría existir con Jung (Grosskurth 1990, 128 y Sanfeliu, 2002, 48). Abraham, encantado, trasmite sus impresiones a su buen amigo Eitingon, mostrándose satisfecho de estar entre los seguidores de Freud en la categoría más elevada:

Freud ha clasificado a sus discípulos en tres categorías: a la más baja pertenecen los que tan sólo han comprendido la Psicopatología de la vida cotidiana; luego vienen los que han captado las teorías que conciernen a sueños y neurosis; por último, la categoría más elevada la constituyen los que han seguido en la teoría de la sexualidad y han admitido su extensión del concepto libido228.

También le cuenta su mala impresión sobre los vieneses (Sanfeliu, 2002, 49):

No estoy nada entusiasmado con los discípulos vieneses. Asistí a la reunión del miércoles. Él (Freud) está muy por delante respecto al resto. Sadger es como un estudiante talmúdico: interpreta y aplica toda regla dictada por el maestro, con rigor de judío ortodoxo. Entre los médicos del grupo, el que me dio mejor impresión es Federn. Stekel es superficial, Adler desigual, Wittels muy verborreico, y los demás insignificantes. El joven Rank parece muy inteligente, lo mismo que el doctor Graf, editor de la Frei Presse.

La sesión de la SPV se centró en la discusión sobre los traumas sexuales y la educación sexual de los niños. Abraham intervino sólo en una ocasión y fue para reafirmar su posición de “freudiano” puro (Nunberg y Federn, 1967b, 281):

El doctor Abraham asume una postura escéptica con respecto a la opinión de que los traumas pueden evitarse por medio de la información sexual: ello no ayuda a los niños predispuestos al trauma y los demás no sufren traumas. En primer lugar, la información debe proporcionarse a los padres que, caso contrario, suscitarían traumas sexuales en sus hijos. Lo importante es comenzar a proporcionar información sexual tan pronto como sea posible; por su parte, empero, no confía en que la información brindada en el marco de la escuela sea útil. La ternura de la madre es necesaria para el hijo.

Sanfeliu (2002, 51-52) destaca el importante significado de esa breve intervención:

La teoría del trauma invita, en sus albores, a la prevención y, por qué no, a la pedagogía; ésa fue, precisamente, la primera tendencia del psicoanálisis norteamericano, al menos de Putnam, Hall y sus primeros seguidores, tras las conferencias en la Clark University. La “predisposición traumática” es asunto diferente a la simple y lineal información educativa… ¿Quién puede ser el elemento inquietante que rompa la tersa causalidad racionalista que parecía anunciarse? Abraham lo repetirá a lo largo de toda su obra: la ternura de la madre, el primer objeto. Otra vez el objeto, el diálogo objetal inicia el juego recíproco de las fantasías.

227 Centrado entonces sobre el significado y la importancia de los traumas sexuales tempranos.

Abraham participa activamente en la discusión, mostrándose escéptico acerca del valor profiláctico de la información sexual a los niños. Freud, que por entonces está trabajando en un artículo sobre la moral sexual del mundo actual (en el que llegará a exponer una explicación de corte sociológico sobre el complejo de Edipo229), dirá las siguientes palabras: “La mejor manera de neutralizar los traumas sexuales sería emprender una reforma social que permita cierto grado de libertad sexual”230.

Karl Abraham muere el día de navidad de 1925, a la edad de 48 años, siendo presidente de la IPA y de la mayor y más organizada sociedad psicoanalítica, la alemana. Era, entonces, el sucesor de Freud al frente del psicoanálisis. Años después, al escribir la nota necrológica sobre su prematura muerte, Freud (1926c, 267) dirá:

Entre todos los que me han seguido por los oscuros senderos del trabajo psicoanalítico, el se conquistó una posición tan sobresaliente que un solo nombre más podría mencionarse junto al suyo231. La irrestricta confianza que le dispensaban colaboradores y discípulos lo

habría llamado probablemente a la jefatura (…)

Es difícil sintetizar brevemente la importancia de Karl Abraham, en sus distintas facetas. Junto a Ferenczi, fue considerado el mejor clínico; como teórico, sus aportaciones sobre la psicosis y las etapas tempranas del desarrollo fueron pioneras y abrieron el camino para la teoría sobre las relaciones objetales. De manera injusta, se valora menos la enorme contribución de Abraham a la consolidación del movimiento psicoanalítico, aportación que podemos condensar en varios aspectos:

a) La importancia de su labor “didáctica”, de la que da cuenta la lista de los analistas a los que analizó y ayudó directamente a formarse: Melanie Klein, Theodor Reik, Hans Lieberman, Karen Horney, Helene Deustch, Edgard Glover, James Glover, Sandor Rado, Ernst Simmel, Alix Strachey y Felix Boehm.

229 La moral sexual cultural y la nerviosidad moderna Freud (1908), que se publica en la revista que dirige Hirschfeld.

Jones (1955, pp. 311-312) dirá: “Este trabajo que representa casi su primera incursión en el terreno de la sociología, está inspirado en toda su extensión en un cálido sentimiento humanitario. Constituía en esencia una protesta contra las exorbitantes exigencias que la sociedad hace al individuo, especialmente en la esfera sexual. Los fundamentos de esa protesta siguen siendo tan válidos ahora como entonces (…) En una palabra, Freud era partidario de cambios radicales en la sociedad, si bien señalaba al mismo tiempo que era difícil realizar reformas radicales en una sola esfera. No hizo ninguna sugestión concreta acerca de las reformas que habría que realizar, ya que esto no era competencia de un médico, pero insistió en que su experiencia con las neurosis constituía un poderoso argumento a favor de las mismas”

230 H. Nunberg y E. Federn (1967b, 282). Este es uno de los momentos álgidos de Freud como reformador

social (ver nota anterior) y como revolucionario que, basándose en los descubrimientos psicoanalíticos, busca mejorar la sociedad, a la manera de un Marx del espíritu. Lo quiera o no, Freud está inaugurando el ala izquierda del movimiento psicoanalítico. Esta tendencia iniciada en Viena, y en la que, paradójicamente, coincide Adler – socialista- de manera mucho menos revolucionaria, tendrá inmediatamente su abanderado en Otto Gross y será cortada en Salzburgo, de forma abrupta por el propio Freud, quizás asustado de las posibles consecuencias de una deriva por ese lado: “Somos médicos y queremos seguir siéndolo” (H. Rosenberger, 2003, 11).

231 Strachey señala, en una nota a pié de página, que ese otro, sin duda, es Ferenczi, que acompañará a Abraham

b) Su impresionante trabajo como creador y organizador del movimiento psicoanalítico alemán que, bajo su dirección, pasó de los cinco heterogéneos fundadores de la Sociedad Psicoanalítica de Berlín en 1908, a más de 150 miembros oficiales en el momento de su fallecimiento, momento en el cual Berlín es el centro mundial del psicoanálisis, por delante incluso de Viena232. c) Junto con Eitingon y Simmel, fue el principal impulsor en desarrollar la terapia

psicoanalítica al alcance de toda la población, la “psicoterapia para las masas” que Freud propuso en 1918, y que se plasmó en el Policlínico de Berlín.

d) Igualmente, junto a Eitingon y Ferenczi, fue el más firme defensor de una política unificada de formación, que haría realidad la existencia de un movimiento psicoanalítico internacional cohesionado.

Por último, cabe señalar que Abraham fue el más firme defensor de la ortodoxia teórica freudiana, convirtiéndose en el adalid de la vigilancia doctrinal desde el “Comité secreto”. Pero aunque pueda parecer paradójico, desde la firmeza de su fidelidad a los principios freudianos abrió importantes caminos de investigación que desembocaron en posiciones heterodoxas233.

2.3.2.4. Sandor Ferenczi (1873-1933): “Querido hijo”234.

Sabemos que Sandor Ferenczi leyó la Interpretación de los sueños a principios de siglo, pero no le interesó235 e, incluso, rechazó hacer una reseña del libro, que le habían encargado. Su interés de por el psicoanálisis fue, por tanto, tardío, aunque, eso sí, fulgurante. En 1906, Ferenczi, tras conocer los trabajos de Jung con el test de asociación de palabras de Wundt, queda tan fascinado que comienza a practicar la prueba a todo aquél que estuviera dispuesto, a la par que comienza a leer toda la literatura psicoanalítica que consigue (Ferenczi, 1930, 94-95).

En marzo de 1907, tras visitar a Freud, Jung viaja a Budapest y se aloja en casa de Stein, al que había conocido en el Hospital Burghözli. Del encuentro entre Jung y Ferenczi, nace una rápida amistad cimentada por el mutuo interés en el psicoanálisis. Jung, que está fascinado por su reciente encuentro con Freud, se lo transmite a Ferenczi y Stein, de manera que éstos le piden que les consiga una entrevista con

232 Consultar el Anexo nº 9 de este trabajo.

233 Por citar dos posiciones teóricas “heterodoxas” derivadas de las líneas de investigación impulsadas por

Abraham, podríamos hablar de las teorías de Melanie Klein o de Karen Horney.

234 Así encabeza Freud una carta a Ferenczi en 1911 (17/11/1911. E. Brabant, E. Falzeder, y P. Giampieri-

Deutsch, 1993a, 359), dándole un trato que no otorgó a ningún otro de sus seguidores.

235 El propio Freud lo reseñaba en 1923, en la conmemoración del 50 aniversario de Ferenczi (S. Freud, 1923c,

p. 287): “Pocos años después de su aparición (que fue en 1900), La interpretación de los sueños cayó en las manos de un joven médico de Budapest; neurólogo, psiquiatra y perito en medicina forense, no contento con ello buscaba ardientemente nuevos conocimientos para su ciencia. No llegó muy adelante en la lectura, pronto arrojó de sí al libro, no se sabe si por aburrimiento o disgusto”.

“Herr Professor”. Jung escribe a Freud el 28 de junio de 1907, para comunicarle el deseo de los húngaros: “(…) el Dr. Stein de Budapest y otro especialista del sistema nervioso, el doctor Ferenczi, quieren visitarle en Viena236”.

Freud, deseoso de ampliar su número de seguidores y de agradar a Jung, decide recibirlos. Ferenczi inmediatamente inicia la comunicación epistolar – la más numerosa e importante- con Freud antes de ese encuentro. En su primera carta, ya se muestra entregado a “la causa”:

(…) no solamente porque siento curiosidad de conocer personalmente al profesor, cuyas teorías llevan ocupándome sin cesar desde hace más o menos un año, sino también porque supongo que este encuentro me será muy útil e instructivo.

Necesito saber, más que nunca, ahora que tengo la intención de exponer el conjunto de sus descubrimientos ante un público de médicos, por una parte, totalmente ignorantes en la materia, por otra, mal informados. (…) En todo caso, la tarea es muy difícil; abrumar desatinadamente no haría más que perjudicar la Causa y al menos en cuanto a la contención quisiera demostrar maestría. Disculpe mi inmediata incursión in media res: el tema le domina a uno fácilmente.237

¿Quién es este médico húngaro que llega a Freud con 34 años?238

Sandor Ferenczi había estudiado medicina en Viena, en el mismo año que Freud se estrenaba en el método catártico con “Emmy Von N”. Al terminar sus estudios, vuelve a Budapest donde inicia su práctica médica como asistente en el Hospital Público Rokus, en el servicio de atención médica a prostitutas (Rodrigué, 1996a, 511). Allí el joven Sandor desarrolló una fuerte conciencia crítica y social a la par que inicia su práctica como neuropsiquiatra. Sus primeros escritos denuncian las malas prácticas médicas y los intereses farmacológicos (Lorin, 1983, 288). Inicia sus publicaciones científicas con su ensayo Espiritismo (Ferenczi, 1899) y en 1904 publica un interesante ensayo sobre la hipnosis (Ferenczi, 1904a). También participa en el III Congreso de Psiquiatría Húngara, en el que presentó un trabajo (Ferenczi, 1904b), en el que abogaba por la creación de un comité nacional de defensa de los derechos de los homosexuales, en línea con el Comité Internacional creado por Magnus Hirschfeld. Para entonces, ya había leído los Estudios sobre la histeria (Freud y Breuer, 1893-1895), que rechazó por desacuerdo con la hipótesis de la etiología sexual de la histeria.

Es decir, que cuando Ferenczi, en 1906, se encuentra con los trabajos de Jung y se convierte al psicoanálisis, tenemos delante a un sólido neuropsiquiatra muy al tanto de todas las novedades de la literatura médica internacional y con una extensa práctica médica. Además de un decidido científico y duro polemista. Así lo refiere This (1994, 105): “(…) no era un neófito ingenuo, sino un espíritu abierto, un verdadero observador de su tiempo”. Y también Talarn (2003,88):

236 Carta de Jung a Freud del 28/6/1907 (W. McGuire y W.Sauerlander, 1974, p. 103).

237 Carta de Ferenczi a Freud, la primera, del 18/1/1908 (Brabant, Falzeder, y Giampieri-Deutsch, 1993a, p.

45).

En 1908, Ferenczi cuenta treinta y cinco años, tiene publicados más de 50 artículos científicos, es un experto psiquiatra y asesor de los tribunales de justicia, se mueve en los círculos más selectos de la cultura de su país. Es en estas condiciones en las que empieza

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