En la Conferencia de Algeciras el asunto de Marruecos quedó debidamente encauzado y los firmantes del Acta conformes con las pautas acordadas. Sin embargo, pronto aparecieron fisuras y situaciones no previstas que inspiraron actuaciones no siempre acordes al espíritu y la letra de lo allí pactado. Francia, en particular, iba a destacar por su agresividad y determinación en Marruecos, ante la tolerancia pasiva del
339 El enfrentamiento entre Silvestre y El Raisuni culmina en la reunión que, con otros oficiales,
mantienen en Tánger donde se produce el conocido diálogo que hace decir a éste: “Tu y yo formamos la
tempestad; tú eres el viento furibundo; y yo el mar tranquilo: Tú llegas y soplas irritado; yo me agito, me remuevo, estallo en espumas. Ya tienes ahí la borrasca. Pero entre tú y yo hay una diferencia: que yo como el mar jamás me salgo de mi sitio, y tú como el viento jamás estás en el tuyo, en uno solo”;
ORTEGA, M.L., España en Marruecos…, op. cit., p. 109; FORBES, R., El Raisuni…, op. cit., p. 117, añade un comentario del Raisuni en este sentido: “[Silvestre] era una persona impaciente que quería ir
demasiado rápido. Con franqueza, él ha sido el enemigo de mi vida, así como Zugasti [cónsul en
Larache] fue mi amigo”.
340 FERNÁNDEZ ALMAGRO, M., Historia del reinado de Alfonso XIII, op. cit., p. 185. 341 ORTEGA, M.L., España en Marruecos…, op. cit., p. 132.
resto de naciones europeas. Maura calificaría esta actitud del país vecino como “veleidosa y poco madura propensión a la conquista”,342 o como más explícitamente recogía en su carta del 28 de agosto de 1907 a su ministro Allendesalazar: “la manera
de conducirse Francia hasta hoy no daba muestras sino de querer consumar propósitos opuestos al acta de Algeciras, utilizando para tal designio las circunstancias y nuestra complicidad más o menos pasiva”. 343
Frente a esta determinación francesa, España tuvo que adoptar sus propias medidas, mirando siempre de reojo a Francia y siguiendo una política dubitativa y fluctuante que le hacía perder eficacia y coherencia, siempre dentro del entorno de compromisos asumidos en Algeciras. Como expresaba Maura en una entrevista en el
ABC del 30 de agosto de 1907, “teniendo Marruecos tantas cosas que defender, y no siendo nosotros una nación poderosa, debíamos cumplir exactamente los Tratados, porque esta es la única fuerza de los débiles, cuando están interesados en que los demás cumplan”.
Antes de entrar a describir, aunque sea someramente, los sucesos de Casablanca del verano de 1907 y su significado, conviene hacer un breve apunte de las circunstancias que los rodearon: Los dos cabecillas insurgentes –el Roghi en la zona oriental y El Raisuni en la occidental- habían puesto en jaque al Sultán, incapaz de controlarlos y someterlos. El primero se había erigido en la autoridad real en su zona, tras haber batido a las mehallas imperiales y recibir el apoyo más o menos espontáneo de las kabilas rifeñas. Impartía justicia, recababa impuestos, otorgaba concesiones y castigaba duramente a quienes le negaban su apoyo y sumisión. El Raisuni, señor feudal de la zona occidental, demostraba la misma voracidad recaudatoria que su homólogo de Zeluán y practicaba unos métodos de convicción y castigo que incluso en la Edad Media habrían resultado salvajes e inhumanos. Sometió al área de Tánger a sus atrocidades, sin excluir los secuestros, y, como se ha mencionado, desafió al Sultán en apoyo de su hermano en rebeldía.
El ambiente de repudio a los europeos y de exaltación patriótica iba en aumento, fomentado por el movimiento contra el Sultán que encabezaba su hermano Muley Hafid al que los ulemas, en enero de 1908 en la mezquita de Muley Idris de Fez, habían acordado designarlo como sucesor del sultán Abd-el-Azid con la condición de que
342 Carta desde Dinard de Antonio Maura a su ministro de Estado, Allendesalazar, (15 de agosto de
1907), FAM, s.c.
hiciera la guerra santa contra los europeos –Francia- y de que denunciara el Acta de Algeciras.344 La primera víctima occidental se la cobró en Marrakech en la persona del médico francés, doctor Mauchamps, que fue asesinado por colocar unas antenas para la triangulación necesaria para levantar el plano de la ciudad, que algunos creyeron que se utilizaba para comunicarse con “el enemigo”. Este hecho, ocurrido en la zona interior del país alejada de los puertos, fue aprovechado por Francia para, ante la pasividad de otras naciones, ocupar Uxda,345 ciudad que nada tiene que ver con Marrakech, pero que le permitía abrir “una puerta de entrada a Marruecos” desde Argelia y ejercer una especie de supervisión de la zona del Muluya. Sólo más tarde, las tropas francesas ocuparían Marrakech y desembarcarían en Casablanca.346
El Sultán Abd-el-Aziz, juguete en manos de los franceses, vio cómo una vez más las querellas fratricidas, tan habituales en el imperio, ponían en peligro su corona y le obligaban a dejar Fez y a refugiarse en Rabat…más cerca de Europa. Raisuni, despechado contra él, abrazó la causa de su hermano rebelde, lo que hizo aumentar la inestabilidad en la zona y dar origen a lo que se califica como guerra civil, que más que una guerra de confrontaciones bélicas, se convirtió en una serie de sobornos, traiciones, fidelidades, infidelidades, promesas y castigos, todo ello tendente a granjearse el favor y apoyo de la población dubitativa. Las concesiones mineras del Roghi en la zona de Melilla y la presencia extranjera en los puertos del Atlántico eran un combustible de fácil manejo y fuerte capacidad para atizar el fuego de la rebelión basada en el rechazo de los europeos.
En cuanto a la presencia europea de ocupación en Marruecos, era cuestión de dos; Francia, como actor principal, deseoso de aprovechar cualquier oportunidad que justificase la intensificación de su ocupación colonial, más o menos disfrazada de protección, y España, con ambiciones y capacidades mucho más limitadas referidas a la zona norte limítrofe con las plazas de soberanía y los presidios. El resto de potencias, una vez establecidos los criterios de reparto e intervención en Algeciras y Cartagena, se limitaban a controlar pasivamente que los dos actores respetaban grosso modo esos principios.
344 WOOLMAN, D.S., Abd el Krim…, op. cit., p. 24; CASTELLANOS, M., Historia de Marruecos (II),
op. cit., p. 85; PABÓN, J., Cambó, op. cit., p. 768.
345 Telegrama del cónsul español (Tejada) al ministro de Estado del 26 de marzo de 1907, FAM 164-9 en
el que resalta el hecho de que Francia haya ocupado Uxda sin esperar una contestación a su reclamación cerca del Sultán. Califica de “pretexto” el asesinato del doctor Mauchamps.
346 WOOLMAN, D.S., Abd-el-Krim y la Guerra del Rif, op. cit., p.24. Nota del ministro de Estado para
Francia había iniciado los trabajos de ampliación del puerto de Casablanca para dar cabida a buques de mayor calado y construía un ferrocarril en la Chauía para allegar los materiales necesarios en esas obras. Los trabajos del puerto eran mirados con recelo por los marroquís, el mismo que manifestaban respecto al ferrocarril, al que consideraban como un instrumento de penetración de las tropas francesas hacia el interior del país. Además, el tendido pasaba muy cerca de un cementerio y, según los locales, “perturbaba el reposo de los difuntos”. El 24 de julio de 1907, los Chauía hicieron llegar su demanda de demolición del ferrocarril ante Mulay el Amin, y tan sólo una semana después un santón local declaró la guerra santa contra los europeos. El tren fue agredido, los raíles levantados y su conductor apaleado hasta la muerte, antes de que los revoltosos se dirigieran al puerto donde dieron muerte a seis obreros franceses, tres españoles y tres italianos que trabajaban en su remodelación.347 Los desórdenes en la ciudad se propagaron rápidamente, teniendo como objetivo prioritario la comunidad israelita local con la que se cebaron los revoltosos.
En un entorno tan complejo y hostigado por Hafid, Francia había descuidado la formación de la policía que, según el Acta de Algeciras, le correspondía operar en Casablanca, y había dado inicio a las obras del puerto y el ferrocarril sin contar con un mínimo de protección, a sabiendas que esos trabajos constituían una clara invitación a la violencia. Como escribía Primo de Rivera a Maura: “Todos se han unido contra la
europeización y los acuerdos del Protocolo de Algeciras por odio a la civilización cristiana y a todo lo que significan reformas, novedades o variaciones de la rutina en que han nacido, vivido y quieren morir…”.348
La reacción de Francia fue inmediata. El gobierno de Paris, tras reunirse con los ministros de negocios extranjeros, acodó que “la represión no podía ser aplazada”.349 Fuerzas de tierra fueron desplazadas a Casablanca en el Galilée, surto en Tánger, mandadas por Drude. A su vez, Francia apeló a la aplicación de los acuerdos del Acta respecto a la policía, y planteó que el objetivo de mantener el orden requería que la policía de Casablanca funcionase adecuadamente y, alegando que era una función compartida entre los dos países, pidió la colaboración de España. El gobierno español,
347 Questions Diplomatiques et Coloniales, nº 252, 16 août 1907; GONZÁLEZ HONTORIA, M., El
protectorado francés…, op. cit., p. 37.
348 Nota de F. Primo de Rivera a Maura del 25 de agosto de 1907, FAM 405. Vid. también
ALLENDESALAZAR, J.M., La diplomacia española…, op. cit., p. 66.
con Maura como presidente, se vio forzado por los acuerdos de Algeciras a enviar el
Álvaro de Bazán y una dotación de 400 hombres al mando de Santa Olalla, con
instrucciones de ceñirse rigurosamente a su función de policía en el exterior de la ciudad.350 Al primer buque francés siguió un segundo con tropas al mando de Mangin.
El día siete de agosto, los buques franceses sometieron al barrio moro de Casablanca a un implacable bombardeo, provocando destrucción y muerte indiscriminada. A consecuencia de esta brutal agresión, se desencadenó una reacción de ira de la población atacada, que, de forma igualmente indiscriminada - sin piedad para mujeres ni niños- arremetió contra los habitantes del barrio judío de la ciudad, ajenos a los acontecimientos.351
Maura tenía muy claro cuáles eran los límites y condiciones que imponía el Acta de Algeciras a España, que eran de pura policía, excluyendo cualquier tipo de compromiso en operaciones bélicas tales como las que, a todas luces, Francia deseaba desarrollar. Era consciente, a su vez, de la intención de Francia de emplear a España como justificación ante terceras potencias, so pretexto de actuar bajo las previsiones del Acta.352 Como indicaba desde Francia a su ministro de Estado: “de lo que estoy
convencido es que [lo que] en el sur del país ocurra, para nada impresiona a los habitantes del norte […] Por eso me parece tan aventurado, tan ineficaz, meter el brazo armado por las grietas de aquella fábrica ruinosa […] En Marruecos se tendrá lo que se ocupe, durante la ocupación o la inminencia ostensible de la dominación material”.
353
La presión francesa sobre España se hacía cada vez más intensa, rebasando incluso los límites que la diplomacia al uso imponía. Pichon en Paris y Revoil en Madrid sometieron al Gobierno a una tenaza de la que era difícil zafarse. Maura reiteró con firmeza que había enviado el Álvaro de Bazán a Casablanca y estaba dispuesto a enviar un contingente de tropa con el único fin de cubrir las misiones que habrían correspondido a la policía de la plaza, caso de que hubiese estado organizada, pero nunca como fuerza de ocupación.354 Los franceses no desistieron, llegando a proponer
350 ALLENDESALAZAR, J.M., La diplomacia española…, op. cit., p. 71. 351 BALFOUR, S., El abrazo mortal…, op. cit., p. 40.
352 SECO SERRANO, C., “La esperanza regeneracionista (1902-1912)”, op. cit., p. 246.
353 Carta de Antonio Maura fechada en Dinard el 15 de agosto de 1907. Maura había hecho un viaje a
Francia para someter a su esposa a una revisión médica.
354 ALLENDESALAZAR, J.M., La diplomacia española…, op. cit., p. 73. Carta de Maura a
Allendesalazar, ministro de Estado (15 de agosto de 1907): “Nos importa mucho hacer constar que es voluntaria (subrayado en el original), no pactada con nadie, por nuestra propia conveniencia sugerida
que Francia haría esa labor, pero que sus soldados marcharían bajo la bandera española. Maura rechazó indignado esa propuesta que tan a las claras evidenciaba las intenciones de Paris y optó por enviar un contingente de 400 hombres, entendiendo que era el mínimo que los acuerdos de Algeciras exigían de España en esa circunstancia.355 Este envío se hacía con carácter “excepcional y transitorio” y nunca amparando una acción militar bajo la rúbrica de policía en una “seudoejecución de lo pactado en Algeciras”.356 En la misma correspondencia con su ministro de Estado en la que establece estos principios, Maura acepta las imposiciones y obligaciones derivadas del Acta de Algeciras, pero insiste en su decisión de ser “cuidadosísimos de regatear por pulgadas
nuestra cooperación”. Como justificación, en nuestra opinión no demasiado sincera,
Maura enfatiza que “esa aportación que hacemos de los contingentes de policía […] ni
aun con tal carácter la aportaríamos si no afluyese a imponérnoslo la necesidad ineludible de proteger a nuestros naturales y sus intereses de arraigo allí”.
Otro de los planteamientos franceses consistía en la ocupación de Francia y España de los puertos marroquís. Además de constituir una flagrante violación del Acta de Algeciras, rebasaba las posibilidades –y los deseos- del gobierno español, en función de los requerimientos que conllevaba, tanto militares como económicos.357
Para dejar clara la misión de Santa Olalla y sus hombres en Casablanca, Maura dio instrucciones muy precisas a su ministro de Estado, primero en telegrama y luego por carta. Su misión debía ser el ejercicio de la policía en virtud de la autoridad legítima del Sultán, según los acuerdos de Algeciras, distinta de la que pudiesen desarrollar las tropas francesas, en las que los soldados españoles no deben participar. Nuestro contingente –añadía Maura- debe limitarse a la defensa de consulados, personas e intereses europeos “sin ser lícito aceptar Santa Olalla puesto en línea de combate”. Más expresivo, si cabe, que en el telegrama, el Presidente insiste en la carta: “nunca,
nunca, podríamos dejar ir sin rumbo, a remolque, ignoramos dónde, ignoramos para
355 No todo el mundo era de la misma opinión. F. Primo de Rivera envió a Maura una nota desde Tánger,
fechada el 25 de agosto de 1907, FAM 405-3, donde exponía que “para garantizar las vidas y haciendas
de los cristianos residentes en Marruecos, cuando menos en cierto período de tiempo, es indispensable la protección directa y eficaz de la fuerza armada europea […] es inútil asegurar el orden valiéndose de una policía constituida y mandada por marroquíes”, añadiendo que si España no estaba dispuesta a este
sacrificio, otras potencias civilizadas ocuparían la costa frente a España.
356 Carta de Antonio Maura al ministro de Estado, Allendesalazar del 14 de agosto de 1907, FAM 405-1. 357 Carta de Antonio Maura su ministro de Estado, del 25 de agosto de 1907, FAM 405-1 (15).
Telegrama de León y Castillo al ministro de Estado (FAM 405-4), dejando claro que la presión de M. Pichon la justifica en virtud del acuerdo de 1904 y no del Acta de Algeciras. La negativa tajante de Maura ante la propuesta francesa se contiene en su carta al ministro de Estado del 28 de agosto de 1907 (FAM 405-1- 19), con su lacónico “no ha lugar a deliberar”; FERNÁNDEZ ALMAGRO, M. Historia del
qué […] y cada día puede ser crítico y complicar de modo incalculable una situación que comenzó por la irregularidad de prescindir Francia de nuestro asenso, siguió por el equívoco de fingir unanimidad a sabiendas de la discordia […]”.358
La pasividad de los soldados españoles, de acuerdo con las instrucciones recibidas de ejercer la policía en las afueras de Casablanca,359 algunas decisiones menos afortunadas de Santa Olalla en la ubicación de sus fuerzas, la denominación con la que tituló unilateralmente su función, la presión constante de los franceses para hacer intervenir al contingente español y la campaña orquestada por la prensa francesa por inspiración de su gobierno contra la tropa española, provocaron un creciente malestar y tensión entre los gobiernos de ambos países. Era la evidencia del enfrentamiento en la interpretación de la forma de hacer frente a la cuestión marroquí, donde España se jugaba su autonomía –al menos formal- evitando convertirse en un gregario de las iniciativas francesas.
A lo largo de esta intensa correspondencia de Maura (en Francia) con su ministro de Estado pueden deducirse los criterios aplicados por el gobierno español en la crisis provocada por Francia en Casablanca, la resistencia a ser manejado como comodín y coartada de sus intereses, la consciencia de nuestras limitaciones militares y financieras, la repulsa a aventuras militares, y el respeto escrupuloso de los tratados internacionales, en particular, del Acta de Algeciras. Maura reitera en su correspondencia para dejar clara su actitud antibelicista, que: “sistemáticamente pues,
soy ageno (sic.) a cualquiera planes de acción militar, aun sin llegar a la consideración del estado de cosas actual en España: lo sería igualmente si fuese yo gobernante en Francia o en otra nación más habilitada que nosotros para tales empresas”. 360
A raíz de estos sucesos, Francia se vio envuelta en una campaña militar de calado,361 que hubo de frenar con realismo para limitarla a la zona próxima a
358 Telegrama de Antonio Maura al ministro de Estado del 25 de agosto de 1907 y carta de esa misma
fecha, cit. Supra.
359 Comunicado de Santa Olalla al ministro de la Guerra, 4 de octubre de 1907, FAM 405-2, en la que se
queja de las “serias y difíciles circunstancias por las que atravieso, resistiendo y rechazando fría
mesuradamente el empuje diario de actos y determinaciones abusivas de los franceses”. En términos
semejantes, tras el incidente producido por la detención de un moro armado en el interior de Casablanca, se manifestaba Enrique Ovilo en carta dirigida al general Martitegui el 23 de agosto de 1907 (FAM 405- 2): “El exterior (de Casablanca) ocupado militarmente por Francia, el interior acogiéndose a los
tratados ¿cuál es nuestro papel?”.
360 Carta del 15 de agosto de 1907, cit.
361 Como mencionaba Maura en su carta a Allendesalazar el 5 de septiembre de 1907 (FAM, donación
Vda. de Allendesalazar, s.c.), “En cuanto al gobierno francés no deja de maravillarme que todavía no se
nos muestre convencido de la enormidad del desacierto suyo en Casablanca - puesta a un lado la grave falta para con nosotros”.
Casablanca, abandonando, a su vez, el peligroso proyecto de ocupación de los puertos. D’Amade, tras la ocupación de Casablanca se había internado por toda la Chauía, lo que no solucionó la querella entre el sultán y Muley Hafid. Vencedor éste, el sultán se retiró a Tánger bajo protección francesa.362 En la ciudad, el pánico de los europeos había desaparecido y la nueva situación parecía no recomendar emprender acciones militares.
Con esta nueva situación más calmada, España y Francia pensaron que sus embajadores podían presentar al Sultán -en Rabat- sus cartas credenciales, pendientes aún de esta formalidad. La situación del Sultán, huido ante la presión de su hermano, del Raisuni y del Glaui, podía facilitar la obtención de ventajas ante este explícito reconocimiento de su menguada autoridad. Una vez más, la trapacería y el juego sucio de Francia retrasaron y deslucieron este acto de aproximación al Sultán y de los resultados que hubieran podido esperarse. De nuevo, España experimentaba la deslealtad y el ninguneo de Francia en sus mutas relaciones. Pocos meses después, su caída obligó a Francia a cambiar sus alianzas y a avenirse con el hasta entonces su