Alejandría y Cartago eran similares por el hecho de que ambas eran ciudades africanas y tenían grandes iglesias cristianas. Fuera de esas similitudes, sin embargo, no tenían nada en común; Cartago era romana, Alejandría griega; Cartago tenía pocos judíos, Alejandría contaba con decenas de miles de judíos; la iglesia cartaginense tenía prejuicios contra la
cultura y el saber, la iglesia alejandrina les abría las puertas. A causa de su
conservadurismo, Cartago se vio muy pronto envuelta en un cisma. Alejandría, debido a su liberalidad ante el mundo griego, muy pronto produjo una de las más grandes herejías de la iglesia primitiva. Tertuliano puso su sello sobre el cristianismo cartaginense; Clemente lo hizo sobre el cristianismo alejandrino. Entender a Clemente y a su discípulo Orígenes es comprender a Alejandría.
En estrecha conexión con la iglesia alejandrina funcionaba una escuela de instrucción cristiana que había fundado un tal Pantano. Este enseñaba en su propia casa sin cobrar nada, aunque vivía de las donaciones de los estudiantes más pudientes. La escuela creció y llegó a ser conocida como la Escuela Catequista (del griego: "instrucción oral"). Bajo
Clemente, que sucedió a Pantano, como principal instructor alrededor del año 190, la escuela se hizo famosa. Logró fortalecer la iglesia e interpretar el evangelio a los griegos instruidos.
Clemente buscó unir el cristianismo y la filosofía griega. Enseñó que la Palabra (o Logos) de Dios, es decir su Pensamiento o Razón, se había encarnado en Cristo; antes de su
encarnación había instruido a toda la humanidad, pero especialmente a los judíos. Los griegos no tenían su sabiduría de sí mismos; la habían obtenido en tiempos pasados del Antiguo Testamento; por lo tanto, habían hablado la verdad en su filosofía. El conocimiento que ellos habían obtenido debía ser usado por los cristianos para profundizar su fe; así llegarían a un conocimiento total de Dios. Aquellos que obtuvieran tal conocimiento serían verdaderos gnósticos; su gnosis constituiría una combinación de fe simple y de
comprensión filosófica. Este conocimiento conduciría a la virtud, y la virtud a ser
semejantes a Dios. Clemente atacó a los gnósticos con su propio nombre; en cierto sentido les arrancó el significado de su nombre y lo aplicó a los cristianos. Solo estos tienen el verdadero conocimiento de Dios, y por lo tanto, ellos únicamente son los verdaderos gnósticos.
Clemente escribió tres obras que se concentran en el Logos encarnado, Cristo Jesús. Su primer libro, Exhortación a los gentiles explica como el Logos primeramente nos convierte. El Instructor muestra como el Logos luego nos instruye. En tercer lugar, el Logos
perfecciona nuestro conocimiento para que sea la verdadera gnosis, lo cual Clemente
desarrolla en su último y más extenso libro, Misceláneas. En este Clemente postula muchos pensamientos hermosos pero que no componen un conjunto sistemático. En el sistema de Clemente, el Logos salva por medio de la educación; es un maestro y un dispensador de la ley de modo que podamos llegar a ser inmortales; se hizo hombre para que los hombres pudieran aprender a transformarse en divinos.
Orígenes
Orígenes nació de padres cristianos en Alejandría alrededor del año 185. En su juventud se le conocía tanto por su piedad como por su mente brillante. Asistió a la Escuela Catequista y estudio bajo Clemente. En 202-3 hubo una severa persecución en Alejandría bajo el emperador Séptimo Severo, lo que trajo como resultado la dispersión de los maestros de la escuela. Orígenes quedo entonces como principal instructor a la edad de diecinueve años, por cuanto los otros maestros de mayor madurez no se hallaban disponibles. Con este nombramiento comenzó Orígenes una vida dedicada a estudiar, enseñar, y escribir hasta el fin de sus días. Murió en 254 como resultado de las torturas que sufrió durante la
Los escritos de Orígenes son muchos; incluyen comentarios, ensayos devocionales, una obra sobre doctrina cristiana, y un trabajo apologético. En su apología cita y contesta los cargos que contra el cristianismo habían sido formulados en el año 170 por el escritor pagano Celso. Orígenes fue el primero en estudiar seriamente el texto del Antiguo Testamento. Compiló una obra conocida con el nombre de Hexapla (la palabra
griega hexaplous significa "séxtuplo"), en la cual aparecen, en seis columnas separadas, el texto original hebreo del Antiguo Testamento, el mismo texto en letras griegas para indicar la forma en que el hebreo debería pronunciarse, y cuatro traducciones, una de las cuales era la Septuaginta. La mente de Orígenes era tan productiva que le permitía ocupar seis secretarios para escribir los pensamientos de sus conferencias y de sus obras.
El más importante de todos los escritos de Orígenes es su libro De principiis (Los primeros principios). Es un libro de doctrina cristiana que muestra claramente la profundidad de su carácter cristiano, su bien preparada mente teológica, y su modo de pensar griego.
Notaremos algunos de los puntos principales que él enfatiza en este libro.
Una de las contribuciones más firmes de Orígenes a la teología de la iglesia es su
enseñanza acerca de la relación de Dios el Hijo con Dios el Padre. Por cuanto este tema ocupara todo un capítulo más adelante, mencionaremos aquí solamente que Orígenes consideraba al Hijo como eterno junto con el Padre; el Padre engendra eternalmente al Hijo. La doctrina bien conocida de la generación eterna del Hijo tuvo su comienzo con Orígenes. Lo que es peculiar en esta enseñanza, sin embargo, es la razón que Orígenes da para ello. Es en este punto que Orígenes muestra cuan profundamente su teología estaba influida por su trasfondo griego. "La diferencia entre el Creador y la criatura -enseñaba- es tan grande que no era apropiado que el Padre creara directamente: necesitaba un
intermediario que lo hiciera por el". Es por ello que el Hijo tuvo que ser generado. Es cierto que esta generación nunca tuvo un principio: el Padre y el Hijo estaban eternamente
relacionados como el que genera y el que es generado. No obstante, la teología de Orígenes nunca ha podido eludir la acusación de que en ella el Hijo está subordinado al Padre. También es claro que esta enseñanza acerca de la generación del Hijo surgió, por lo menos en parte, de las ideas griegas más bien que del cristianismo.