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COLAPSO DE LOS BONOS BASURA

In document LA GRAN CAIDA.pdf (página 99-103)

En los próximos años, creo que podremos ver un colapso de al me- nos seis veces el tamaño del colapso hipotecario de las hipotecas sub-

prime de 2007.

Las circunstancias me hacen creer que podrá ser como el desastre que yo experimenté en 1998 después del fracaso de la Gestión del Ca- pital a Largo Plazo (LTCM).

Sin embargo, esta vez, habrá varias diferencias cruciales que deja- rán a los inversores y reguladores sin preparación.

Para entender cómo se presenta el mercado, comencemos por algo que conocemos y estimemos desde ahí.

En la comunidad de defensa nacional, los comandantes militares son conocidos por luchar en la última guerra. Ellos estudian sus fra- casos anteriores para prepararse en el próximo confl icto. El problema es que cada guerra inevitablemente envuelve nuevas tácticas para las que no están preparados.

El caso más famoso fue la línea trasera de Maginot en los años 30. En respuesta a los avances alemanes rápidos en la Primera Guerra Mundial, Francia construyó una barrera de cemento, fortifi caciones y obstáculos de acero en sus fronteras para ganar tiempo y movilizarse si Alemania trataba de invadir nuevamente.

Hitler hizo la línea de Maginot irrelevante al superarla e invadir Francia por la Bélgica neutral. Los franceses no estaban preparados. Unas pocas semanas después los alemanes ocupaban París.

El mismo error se comete en los ciclos fi nancieros. Los reguladores fi nancieros no son distintos a los comandantes militares. Ellos luchan la última guerra. Los dos últimos colapsos globales, en 1998 y 2008, son buenos ejemplos.

En 1998, un pánico fi nanciero casi destrozó los mercados globales. Comenzó en Tailandia en Junio de 1997 y luego se extendió a Indone- sia y Corea. Para el verano de 1998, Rusia había defaulteado su deuda

y su moneda fracasaba. La resultante crisis de liquidez causó pérdidas masivas en las protecciones de los fondos de la Gestión del Capital a Largo Plazo.

Conozco de pérdidas porque estuve ahí. Como asesor principal de LTCM, estuve en cada reunión de comité durante el pico de la crisis, entre agosto y septiembre. Perdíamos cientos de millones de dólares por día. Las pérdidas totales después de dos meses fueron de casi US$ 4 mil millones. Pero esa no fue la peor parte…

Nuestras pérdidas fueron triviales si las comparamos con el US$ 1 billón de derivados negociables que estaban en nuestros registros con los bancos más grandes de Wall Street. Si LTCM hubiese fra- casado, miles de millones de dólares de instrumentos negociables no se hubiesen pagado y los bancos de Wall Street habrían caído como dominós y los mercados globales habrían colapsado en su totalidad.

Yo negocié un rescate fi nanciero con los líderes de los 14 ban- cos más importantes, incluyendo Goldman Sachs, JPMorgan y Ci- tibank. Finalmente, obtuvimos US$ 4 mil millones de capital nue- vo de Wall Street, la Reserva Federal recortó las tasas de interés y se estabilizó la situación. Pero fue una opción única que nadie más querría repetir.

Esta fue lección invaluable para mí, porque poco tiempo después, los reguladores convirtieron los fondos de cobertura (hedge funds) en instrumentos más confi ables. Ordenaron a los bancos seguir de cerca su exposición a los mismos, así como reforzar su documentación legal y solicitar más garantías para asegurar el desarrollo de las operacio- nes de libre comercio.

Los reguladores pensaban que esto prevendría la próxima crisis. Cuando surgió el caos en 2008, sin embargo, estaban sorprendidos de que los problemas no tuvieron lugar en los fondos de cobertura sino en otro segmento – los préstamos subprime o de alto riesgo.

La caída del mercado hipotecario rápidamente trajo como conse- cuencia una pérdida de control y una vez más, los mercados capitales globales quedaron expuestos al colapso.

Después de la debacle de 2008, los reguladores nuevamente co- menzaron a confrontar una última guerra. A partir de allí comienza la crisis que estoy previendo.

Las autoridades se encargaron de blindar el sistema de préstamos hipotecarios, a través de la imposición de mayores requisitos de solici- tud de préstamos, como señas de dinero más importantes, documen- tación más específi ca, certifi cados de ingresos y de empleo y mayor capacidad crediticia antes de otorgar los créditos.

Pero una vez más, los entes reguladores están tratando de solucio- nar problemas pasados e ignorando totalmente aquellos que están por venir.

El próximo colapso fi nanciero, ya se encuentra en nuestro radar y éste no vendrá de los fondos de cobertura o de las hipotecas. Tendrá lugar en los bonos basura, especialmente en aquellos relacionados con el sector energético y las deudas corporativas emitidas en mercados emergentes.

Recientemente, el Financial Times estimó que la suma total de deuda corporativa proveniente del rubro energético, emitida entre 2009 y 2014 con el objeto de fi nanciar actividades de exploración y desarrollo, es superior a los US$ 5 billones.

Por otro lado, según el Bank for International Settlements (Banco de Acuerdos Internacionales) el total de la deuda corporativa deno- minada en dólares, en mercados emergentes supera los US$ 9 billo- nes.

La deuda del rubro energético es objeto de cuestionamiento debido a la caída de los precios del petróleo. Mientras que la correspondiente a los países en desarrollo se presta a discusión, a causa del lento creci- miento global, la defl ación internacional y la fortaleza del dólar.

El resultado es una deuda corporativa de US$ 14 billones que po- siblemente no pueda ser pagada o refi nanciada bajo las actuales con- diciones económicas. No todos estos compromisos de pago serán in- cumplidos, pero sí, gran parte de los mismos.

La mayor parte de la deuda proveniente del segmento energético fue emitida con la expectativa de que el petróleo permanecería en un precio promedio de entre US$ 80 a US$ 130 por barril.

Por su parte, los bonos corporativos de los mercados emergentes fueron emitidos con la expectativa de que el dólar permaneciera en niveles similares a los mínimos registrados en 2011.

Pero sucedió todo lo contrario, en los papeles el petróleo cotiza a la baja y el dólar al alza, lo cual tira por la borda las proyecciones esta- blecidas. La dinámica ha sido acelerada y dramática.

Si la tasa de cesasión de pagos alcanza 10% –una conjetura con- servadora – el fracaso de este fi asco crediticio seria seis veces más representativo que las pérdidas de los subprime en 2007. El mundo está enfrentándose a una catástrofe de deuda mayor a la de LTCM en 1998 y a la del mercado inmobiliario en 2008. Los reguladores no es- tán preparados para esto ya que han estado ocupándose de la última guerra.

La buena noticia para los inversores es que el colapso no se pro- ducirá de la noche a la mañana. Tardará un año o dos en desatarse. El pánico que invadió el mercado en septiembre de 1998 comenzó a gestarse un año antes, en Tailandia, en junio de 1997.

Los temores que desembocaron en los acontecimientos de sep- tiembre de 2008, también se hicieron sentir un año antes, en agosto de 2007, cuando la reconocida estrella de CNBC, Jim Cramer, gritó, “¡No saben nada!, en un programa televisivo en vivo, refi riéndose a la Reserva Federal.

La crisis de los títulos basura comenzó a gestarse en el verano de 2014. Sin embargo, el punto de quiebre podría no verse hasta 2016 o

incluso después. Esta demora encuentra su fundamento en que, con frecuencia, las empresas y países cuyos proyectos no cuentan con fun- damentos sólidos, poseen un respaldo fi nanciero de disponibilidad inmediata, que les permite cumplir con compromisos de deuda por un tiempo prudencial, antes de incurrir en una cesación de pagos.

En el intermedio, usted puede benefi ciarse.

La declaración de default es un acontecimiento que aún no se ha dado, pero las señales de que eventualmente sucederá ya están a la vista, gracias a los bajos precios del petróleo y la fortaleza del dólar. Haciendo un análisis inteligente, no es necesario sentarnos a esperar que el desastre suceda. Sino que revisamos la información que circu- la, estudiamos los llamados “indicadores y alertas”, y usamos técnicas de deducción como el método de la probabilidad inversa para hacer predicciones.

El dólar fuerte es defl acionario. Si su tendencia al alza persiste, signifi ca que probablemente el precio del petróleo permanecerá bajo. En consecuencia, gran parte de la deuda vinculada al rubro energético no podrá ser cubierta e inevitablemente se incurrirá en una cesación de pagos.

A la fecha, no se ha declarado ningún default, pero estos ya se ven venir.

Aún existe una manera de que usted se benefi cie de la inminente crisis que traerán los bonos basura, pero para aprovecharla debe ac- tuar ahora.

In document LA GRAN CAIDA.pdf (página 99-103)