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Comienza por Uno Mismo

“Para transformar el mundo debemos empezar por no- sotros mismos; y lo importante al empezar por nosotros

mismos es la intención. La intención tiene que consistir en comprendernos a nosotros mismos”.

A

ctuar.

El aspecto más reiterativo en mis cursos y asesorías es que nuestras conversaciones están dirigidas solamente a quienes ahí participan. Es decir, el cambio está orien- tado a nosotros mismos y la principal recomendación es

actuar, no hablar —lo mismo sería válido para este libro.

Eso sí, a sabiendas de que un cambio personal siempre generará un cambio en el grupo completo, en esto apli- camos un principio sistémico: cualquier cambio que

haga una persona cambiará a quienes le rodean.

Le ruego reflexionar al respecto, este libro está sola- mente destinado a usted, no sirve para ayudar a salvar otras personas, porque si usted cambia, cambia el mun- do. En el fondo, cada uno debe probar por su cuenta, cada uno aprende por sí mismo. En esto coinciden ple- namente los grandes autores que escriben acerca de lo humano, Carl Rogers indica que “yo no creo que nadie haya enseñado jamás a otra persona”, Russell Ackoff agrega: “sólo se aprende por sí mismo y aunque nadie puede desarrollar a otro, se le puede ayudar si él quie- re”. Leo Buscaglia aporta: “El hombre aprende solo. Si tomamos la palabra educador, veremos que viene del latín educare, que significa guiar, conducir”.

El reconocido sacerdote jesuita Anthony de Mello cuenta esta historia en su libro El canto del pájaro: “El sufi Bya- sid dice acerca de sí mismo: De joven yo era un revolu- cionario y mi oración consistía en decir a Dios: ‘Señor, dame fuerzas para cambiar el mundo’. A medida que fui

haciéndome adulto y caí en la cuenta que me había pa- sado media vida sin haber logrado cambiar a una sola alma, transformé mi oración y comencé a decir: ‘Señor, dame la gracia de transformar a cuantos entran en con- tacto conmigo. Aunque solo sea a mi familia y mis ami- gos. Con eso me doy por satisfecho’. Ahora, que soy un viejo y tengo los días contados, he empezado a com- prender lo estúpido que he sido. Mi única oración es la siguiente: ‘Señor, dame la gracia de cambiarme a mí mismo’. Si yo hubiera orado de este modo desde el principio, no habría malgastado mi vida”.

Una manera en que yo mismo me relajo en cuanto a intentar cambiar a los demás, y concentrarme en mi propio avance, es darme cuenta que el mundo conti- nuará igual sin mí, seguirá girando. Las personas se- guirán comunicándose y amando, y lo harán cada vez mejor, porque hay un avance natural hacia la mayor complejidad, escrito en las entrañas mismas de la natu- raleza, es un avance a formas cada vez mejores de or- ganización, tal como ha venido sucediendo.

En fin, reconozco haber sido muy sobreprotector en mis relaciones con personas cercanas y aprecio con mucha satisfacción los avances de esas personas desde que “las solté” y les permití evolucionar por su cuenta.

SALVANDO A LOS PECES DE MORIR AHOGADOS

Marcia Grad, en su bello libro La princesa que creía en

los cuentos de hadas, cuenta que la princesa, en su

recorrido para crecer como persona, debe pasar por el Valle de la Ilusión, ahí ve, en el borde de un lago, unos monos que se afanan en evitar que los peces se aho-

guen, los sacan del agua y los tiran junto a un árbol. Dice la princesa: “No podemos hacer algo nosotros”, Willie (el encargado del lugar) le contesta: “No es ne- cesario. Los peces de por aquí ya saben lo que tienen que hacer cuando los monos intentan salvarlos (vuel- ven a saltar al agua)”. Replica la princesa: “¿quieres decir que esto pasa siempre?”, dice Willie: “Sí, esto y mucho más. Si te parece mal que los monos intenten salvar a los peces, deberías ver lo que pasa cuando unas personas intentan salvar a otras”.

Entonces, ¿cuál es la primera relación que debemos trabajar? La relación con nosotros mismos, buscando la transformación personal permanente.

Transformación personal permanente

Somos personas en transformación permanente desde todo ámbito, espiritual, corporal, intelectual o emocional. La transformación personal permanente es vital, porque las fuerzas de la vida se encuentran en el cambio y la inestabilidad, no en las seguridades. George Dionne y Enrique Reig, en su libro Reto al cambio, dicen: El motor de la vida es el cambio. Los seres humanos cambiamos aunque no nos lo propongamos; cambia nuestra edad, talla y peso. Cambia nuestro metabolismo, estado civil, situación económica; nuestras amistades, lugares de trabajo. El paso del tiempo es inexorable”.

AMOR INCONDICIONAL A UNO MISMO

Marcia Grad, (La princesa que creía en los cuentos de

hadas), relata que un mago muy especial instruye a la

te amas de forma incondicional, es fácil cambiar todo lo que necesitas cambiar”, también le dice: “La forma en que viviste el ayer marcó tu hoy, y la forma en que vivas hoy condicionará tu mañana. Cada día es una nueva oportunidad para ser como quieres ser y para que tu vida sea como tú quieres que sea. No sigas atrapada en tus viejas creencias”.

Lograr la transformación personal comienza por la pro- pia aceptación, de todo cuanto hemos sido y somos, de nuestra historia y de la historia de nuestros padres. Es nuestra experiencia, hay que hacerse amigo de ella y no usarla de excusa para evitar la transformación hoy.

¿CÓMO QUITARSE LA ARMADURA?

Robert Fisher, en su libro El caballero de la armadura

oxidada, relata la historia de un caballero muy rígido

que debe iniciar un viaje para aprender a vivir, y qui- tarse la armadura. Hacia el final del recorrido, está a punto de caer de una montaña, “pensando que morir- ía, se dejó ir y se precipitó al abismo, a la profundidad infinita de sus recuerdos. Recordó todas las cosas de su vida de las que había culpado a su madre, a su pa- dre, a sus profesores, a su mujer, a su hijo, a sus amigos y a todos los demás. A medida que caía en el vacío, fue desprendiéndose de todos los juicios que había hecho contra ellos”.

La transformación personal permanente se activa, o refleja, en la mayor sabiduría con que miramos los su- cesos del mundo y nuestra propia experiencia, comen- zamos a reflexionar en buscar el significado.

Buscar el significado

Hay personas, como Carl Rogers, Harold Kushner, Vik- tor Frankl o Ignacio Larrañaga que nos invitan a buscar

el significado de nuestra existencia. La pregunta más

vital es: ¿cuál es el sentido de la vida?.

Viktor Frankl es profesor de neurología y psiquiatría en la universidad de Viena, creador de la logoterapia, disci- plina orientada a la búsqueda del sentido, y autor de numerosos libros traducidos a varios idiomas. Veinte universidades le han otorgado el grado de doctor hono-

ris causa. En su libro La presencia ignorada de Dios,

dice: “Cuando la psicoterapia considera el fenómeno de creer no como una fe en Dios, sino de una manera más amplia como fe en un sentido, entonces le es entera- mente legítimo ocuparse de este fenómeno. En ese ca- so lo ve precisamente con los ojos de Albert Einstein, para quien preguntarse por el sentido significa ya tener religión”. Agrega algunos comentarios que nos ayudan a reflexionar: “El sentido no puede ser dado, sino que ha de ser encontrado. El sentido ha de ser encontrado, pero no puede ser producido. Para encontrar el sentido el hombre es guiado por una conciencia. En una pala- bra, la conciencia es un «órgano del sentido». Podría definirse como la facultad de descubrir y localizar ese único sentido que se esconde detrás de cada situación”. A su vez el Sacerdote Ignacio Larrañaga, creador de los Talleres de Oración y Vida, de amplia difusión en el mundo, en su libro Del sufrimiento a la paz, dice “El

drama no está en sufrir, sino en sufrir inútilmente. Una

tificación que el dolor pierda, parcial o completamente, su garra y estigma, inclusive para transformarse en fuente de satisfacción y alegría. Es el caso de la madre. La mujer, dice el Señor, al dar a luz sufre apreturas, a veces hasta el espasmo; pero sabe que es el precio de una vida. Y al tener al hijo en sus brazos, el dolor se le transforma en una inmensa alegría”.

La clave es la trascendencia. Preguntarnos qué significa para el mundo nuestro paso por la vida. También signifi- ca hacer aquello que más nos gusta y entretiene, lo que nos motiva, nos da placer y felicidad, aquello que uno haría ¡gratis!

¡Qué bello es vivir! Es el título de una antigua película de Frank Capra, protagonizada por Donna Reed y James Stewart. Es la historia de un hombre, querido y con una bella familia, que dedica su vida a dirigir una institución que financia casas para la gente modesta del pueblo. En un percance, su tío pierde una gran suma de dinero y este hombre, desesperado, intenta suicidarse. Sin embargo, en el último minuto, lo distrae una persona a punto de ahogarse que pide ayuda, se trata de un ángel que le ayudará a cambiar de idea, para eso, le muestra que habría sucedido si él nunca hubiera existido.

Así, este hombre se transforma en una persona sin identidad, recorriendo un pueblo que no lo reconoce. Poco a poco comprende que sin él, su hermano habría muerto, la gente modesta viviría en forma miserable, un malvado sería dueño del pueblo, su esposa sería una mujer solitaria, no tendría hijos y su madre se vería en

serias dificultades económicas. Se da cuenta que su vida sí tuvo y tiene sentido.

Buscar el significado es una mirada a nosotros mismos, a descubrirnos, hasta que comience a surgir nuestra esencia, la personalidad y propósito.

Personalidad y propósito

Cada uno de nosotros tiene personalidad, un conjunto de atributos físicos, de carácter y propósito que nos identifican. Somos una singularidad.

La búsqueda de propósito tiene que ver con identificar nuestras mejores habilidades, actuales y deseables. Es ir más allá de “conocernos” —por lo demás utópico, porque estamos en transformación permanente. Las

habilidades actuales son nuestras fortalezas, las que

podemos seguir desarrollando. Las habilidades desea-

bles son aquellas que quisiéramos tener, son nuestros

sueños, que también nos identifican, nos ayudan a ver más allá y a reconstruirnos.

Un ejemplo de este punto es el rediseño de la conducta de Henry en la película La fuerza de la verdad (“Regar- ding Henry”, Harrison Ford). Allí el protagonista sufre una agresión que le provoca daño cerebral, lo cual lo lleva a perder totalmente su memoria. Luego, en forma lenta y paciente se recrea a sí mismo con la ayuda de su familia. El resultado es una personalidad radicalmen- te diferente a la original.

¿Podemos realmente separar nuestros propósitos de nosotros mismos? Es difícil, porque nos identifican.

A propósito, Susan Campbell (Del caos a la confianza) nos enseña que: “no podemos aprender sobre nosotros mismos si no estamos dispuestos a ser nosotros mis- mos”. Agrega que: “una de las grandes lecciones que se impone en esta época para la civilización humana es que debemos poner más energía en lo interno (formarse uno mismo) que en lo externo (ganarse la vida). Cuando nos concentremos en las cosas que nos ayudan a lograr una sensación de control sobre nosotros mismos, no gastaremos energía tratando de controlar el mundo ex- terno, que es prácticamente incontrolable”.

AMAR LO QUE UNO HACE

Robert Kriegel nos dice que: “El ingrediente básico en la mayoría de los proyectos exitosos es amar lo que uno hace”. También agrega: “hacer de su negocio un placer es un buen negocio”. Describe un estudio don- de se hizo un seguimiento a 1.500 personas durante 20 años, señala: los datos revelaron algunos resulta- dos sorprendentes: 1) Al finalizar el período de veinte años, 101 de los 1.500 participantes se habían conver- tido en millonarios. 2) Los millonarios, con una sola excepción, pertenecían al grupo de personas que hab- ían decidido dedicarse al trabajo que les encantaba (el 17% del total)”.

Ser verdaderamente humanos es desarrollar nuestras fortalezas y la potencialidad, lograr una alta satisfacción y productividad precisamente porque estamos haciendo lo que queremos hacer en todo momento.

Evidentemente, si estamos haciendo lo que queremos hacer estaremos contentos y alegres.

Estar alegres

Una de las señales más efectivas de avance y supera- ción personal es la alegría. Los grandes maestros se caracterizan por su enorme alegría, aun con las duras pruebas de la vida. Por eso a San Francisco de Asís se le veía flotar de alegría, el padre Hurtado decía “conten- to, señor, contento”, Violeta Parra escribió esa bella canción titulada “Gracias a la vida”, La madre Teresa de Calcuta decía: “el resguardo más eficaz es la sonrisa”, se filmó esa película sobre la India: “La ciudad de la alegría”, etc…

EL ESFUERZO DE SUPERACIÓN VIENE ACOMPAÑADO DE ALEGRÍA

El conocido psiquiatra Enrique Rojas Montes, en su li- bro La conquista de la voluntad, dice: “cualquier esfuer- zo que se haga para sacar lo mejor de uno mismo viene acompañado de alegría, que alienta la ruta y mueve a obrar en consecuencia. El resultado de todo esto es un hombre recio, sólido, firme y consistente, que no se desalienta fácilmente. Una persona así consigue lo que se propone. Por eso está contenta”.

Ya es del saber común que la risa es una de las mejo- res terapias para mantenernos sanos y optimistas.

La alegría se manifiesta en la sonrisa y en el compartir, por ejemplo, mi esposa, Sonia, aprendió de los enormes beneficios de “tres abrazos al día”, lo practicamos entre nosotros y con los niños. Debo reconocer que a veces nos pasamos de esa cuota, aunque, no hay problema, porque es una de los pocas cosas en que uno se puede exceder sin efectos secundarios indeseados.

Leo Buscaglia, en su libro Amar a los demás, dice: “mu- chos de nosotros nos pasamos la vida buscando la feli- cidad con desesperación, rara vez nos pasa por la men- te que la felicidad está en nosotros. Soren Kierkegaard (uno de los grandes poetas suecos) al reconocer que cuando «un hombre, que como ser físico tiende siempre a volcarse hacia su exterior, pensando que su felicidad se encuentra fuera de él, mira finalmente en su interior y descubre que la fuente está dentro de sí», expresa una de las grandes verdades de la vida”.

La alegría se retroalimenta y confunde con otra señal del avance: la armonía interior.

Armonía interior

La armonía interior surge de la coherencia entre cuerpo, mente y emoción, partes de una unidad indisoluble que es uno mismo. Se manifiesta en que cualquier cambio en uno de ellas tiene un efecto inmediato sobre el todo. Por ejemplo, al hacer deporte obtenemos una sensación de bienestar general que influye sobre el estado emo- cional y los pensamientos. Asimismo aplicando el inte- lecto y pensando en positivo también logramos una sen- sación de bienestar general que repercute favorable- mente en la emoción y en el cuerpo.

Sima Nisis, en el prólogo del libro de Humberto Matura- na El sentido de lo humano, refiriéndose a su experien- cia como su alumna, dice: “había que convertir el aprendizaje en una educación para el amor. El amor, contra todo lo que creíamos, no era inalcanzable, esta-

ba ahí, junto a nosotros, porque eso era lo natural del hombre”. En el mismo libro, Sima le plantea al Dr. Matu- rana: “En muchas oportunidades usted ha manifestado que un alto porcentaje de enfermedades en el adulto tiene por causa la falta de amor”. Contesta el doctor: “¡Y no solamente en el adulto! El organismo como sistema existe en una armonía o coherencia interna que se pier- de cuando sus relaciones e interacciones dejan de ser congruentes con esta armonía. La negación del amor rompe esta congruencia y da origen a alteraciones fi- siológicas”.

EL MIEDO Y LAS ALTERACIONES A LA VISTA

El Dr. Raúl Flint, en un artículo en la revista Uno Mis- mo dice: “Los orígenes de la miopía y de otras altera- ciones de la vista tienen, habitualmente, un elemento común. Se trata de un sentimiento muy difundido y a veces muy difícil de tolerar; me refiero al miedo. Además de la posibilidad de ver, los ojos poseen otra función muy destacada: la toma de contacto con el medio y con los otros seres. Nos comunicamos por medio de ellos. Podemos tener una mirada tierna, de acercamiento, compasiva, anhelante; dura, agresiva; inexpresiva como la del jugador de póker, temerosa o lastimosa, altiva, pícara o de complejidad, esquiva, franca o transparente”. El miedo —y especialmente el

miedo al miedo, presente en estas alteraciones— sue-

le dificultar nuestra visión y la posibilidad de comuni- carnos con la vista. También bloquea para expresar con la totalidad del ser otros sentimientos, como la ra- bia y la pena. Para poder hacerlo, necesitamos lo opuesto completamente del miedo: confianza.

Lo corporal incluye, entre muchos otros aspectos: ali- mentación, deportes, ambiente y la aceptación de ges- tos y posiciones. Por ejemplo, el proceso de aprendizaje tiene toda una corporalidad asociada, tal como mirar arriba y tomarse la barbilla cuando uno tiene dudas. Lo intelectual es conocimiento, lenguaje y pensamiento, el que podemos usar para soñar y visionar, por ejemplo, una mejor calidad de vida.

Lo emocional es el origen de los sentimientos, principal componente de las decisiones. Algunas emociones básicas son: ira, tristeza, temor, placer, amor, sorpresa, disgusto, vergüenza y felicidad. Cada una tiene múlti- ples variaciones que calificamos de diferente manera. Por ejemplo: el placer puede ir desde un pequeño agra- do hasta la euforia, a su vez la tristeza se puede expre- sar como una leve melancolía o llegar hasta una depre- sión.

Buscar la armonía es volver a aceptar una realidad que nació con los seres humanos: somos organismos alta- mente complejos y unitarios, donde están indisoluble- mente trenzadas las emociones, la razón y el cuerpo. Desde hace poco más de tres siglos —con la publica- ción del Discurso del método de René Descartes— co- menzó la disociación entre la razón, la emoción y el cuerpo. Bajo una concepción mecanicista, se pensaba que los sentimientos no eran seguros y que no se podía construir sobre ellos. Sólo la razón era firme, sin embar- go, estaba fuera del cuerpo.

El doctor Antonio Damasio es profesor de la Universidad de Iowa y uno de los neurólogos más importantes del mundo. En su libro El error de Descartes, muestra la influencia de la emoción en nuestros actos. Precisamen- te el título del libro alude al error de Descartes, cuando éste consideró al pensamiento fuera del cerebro y plan- teó su célebre frase “pienso, luego existo”, El doctor Antonio Damasio demuestra que la emoción precede biológica, evolutiva y operativamente al pensamiento, dice que una mejor frase sería: “siento, luego existo”. Agrega: “El gran público aún no comprende totalmente el problema creado en la medicina occidental por la grie- ta entre cuerpo y mente, si bien ahora último parece

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