DE LA CONTRAPOSICIÓN MODERNA ENTRE OBJETIVISMO FISICALISTA
COMO FUNDAMENTO DE LA PSICOLOGÍA NATURALISTA
En cualquier caso, si como es tenido por evidente —en la situa ción histórica dada— la naturaleza racional, en el sentido de las ciencias naturales, es un mundo corpóreo que es en sí, entonces el mundo en sí debería ser, de una manera peculiar y antes no conoci da, un mundo escindido, escindido en naturaleza en sí y en un tipo de ser diferente de ella: el ente psíquico. Esto tenía, desde un prin cipio, que plantear graves dificultades ya con respecto de la idea de Dios legada por la religión y en modo alguno abandonada. ¿No era Dios acaso indispensable como principio de la racionalidad? El ser racional, y ya ante todo como naturaleza, ¿no presupone acaso, para ser pensable, una teoría racional y una subjetividad que la produce? La naturaleza y, en general, el mundo en-sí, ¿no presupo ne acaso a Dios en cuanto razón que es absolutamente? ¿No goza acaso el ser psíquico, en cuanto una subjetividad que es puramente para sí, de una ventaja en el ser-en-sí? Divino o humano, el ser psíquico es siempre subjetividad.
La separación de lo psíquico produjo, de modo general, allí donde había sensibilidad para los problemas de la razón, dificulta des crecientes. Por supuesto que sólo más tarde llegaron a ser éstos tan imperiosos como para convertirse en el tema central de la filo sofía en grandes investigaciones sobre el entendimiento humano, en
OBJETIVISMO FISICALISTA
«( i í l i c a s de la razón». Pero la fuerza de los motivos iHciomilUlnn
e r a todavía inquebrantable y por doquier se apostaba, con ptami
confianza, por la realización multilateral de una filosofía racionttlis ta. Y no enteramente sin éxito en lo que hace a conocimientos indudablemente valiosos que aún cuando «todavía no» correspon dían al ideal, podían ser, de todos modos, interpretados como gra dos preparatorios. Cada establecimiento de una ciencia particular era guiado eo ipso por la idea de una teoría racional a ella corres pondiente y, respectivamente, por un ámbito racional en sí. La especialización de la filosofía en ciencias particulares tiene, en con secuencia, un sentido profundo y exclusivamente relacionado con la actitud moderna. Las especializaciones de los investigadores antiguos no podían producir ciencias particulares en nuestro sentido. La ciencia natural de Galileo no surgió de una especialización. Por otra parte, sólo las nuevas ciencias ulteriormente advenidas especia lizaron la idea de una filosofía racional motivada por la nueva ciencia natural y tomaron de ella el impulso para el progreso y la conquista de nuevos ámbitos: regiones particulares racionalmente cerradas en el interior de la totalidad racional del universo.
Naturalmente que casi desde un comienzo, y como primera exi gencia, apareció, una vez proclamada por Descartes la idea de la filosofía racional y de la separación entre naturaleza y espíritu, una nueva psicología ya con el contemporáneo de Descartes, Hobbes. Fue enseguida, como hemos indicado ya, una psicología de un estilo por completo extraño al de la época anterior, una psicología concretamente proyectada como antropología psicofísica en el espí ritu del racionalismo.
No hay que dejarse desorientar por el usual contraste entre empirismo y racionalismo. El naturalismo de un Hobbes quiere ser fisicalismo y como todo fisicalismo tiene, justamente, por modelo la racionalidad fisicalista.3
Esto vale también para las restantes ciencias de la modernidad, las ciencias biológicas, etc. La escisión dualista, consecuencia de la
3. Cuando uso aquí, con cierta frecuencia, la palabra «fisicalismo», lo hago exclusivamente en el sentido general, un sentido que resulta evidente a partir del curso mismo de nuestras investigaciones, para designar extravíos filosóficos proce dentes de malinterpretaciones del verdadero sentido de la física moderna. La palabra no remite, pues, aquí especialmente al «movimiento fisicalista» («Círculo de Viena», «empirismo lógico»).
concepción fisicalista de la naturaleza, influye en ellas y hace que se desarrollen en forma de disciplinas escindidas. En su inicial orienta ción puramente unilateral a lo corpóreo, las ciencias biofísicas se ven, ciertamente, obligadas a captar primero descriptivamente las concreciones, se ven obligadas a analizarlas y clasificarlas intuitiva mente; pero la concepción fisicalista de la naturaleza hizo que pare ciera obvio que una física más avanzada pudiera un día —y final mente— «explicar» de modo racional-fisicalista todas estas concre ciones. De ahí la consideración del florecimiento de las ciencias descriptivas biofísicas —debido, sobre todo, al empleo ocasional de conocimientos fisicalistas— como un éxito, en definitiva, del méto do científico-natural, interpretado siempre de modo fisicalista.
En lo que, por otra parte, concierne a lo psíquico —que resta tras la eliminación del cuerpo animal y, sobre todo, del humano, que tienen su sitio en la naturaleza regionalmente cerrada— la ejem- plaridad de la concepción fisicalista de la naturaleza y del método científico-natural juega, ya desde Hobbes, y como bien cabe com prender, un importante papel. Y ello de un modo tal, que al alma le es asignado un tipo de ser principalmente análogo al de la natu raleza, a la vez que a la psicología se le asigna la tarea de elevarse teóricamente desde la descripción a la última «explicación» teórica, como en la biofísica. Todo ello, sin embargo, desestimando la teo ría cartesiana de las «sustancias» corpórea y psíquica diferenciadas por atributos fundamentalmente diversos. Esta naturalización de lo
psíquico es transmitida, por mediación de John Locke, a toda la
época moderna, hasta nuestros días. Resulta significativa la imagen lockeana del white paper, de la tabula rasa sobre la que van y vienen los datos psíquicos de acuerdo con algún tipo de regulación, como en la naturaleza lo hacen los eventos corporales. En Locke este naturalismo de nuevo cuño no es elaborado consecuentemente, no es pensado hasta el fin como un sensualismo positivista. No obstante, se expande eficazmente y de un modo decisivo para las evoluciones históricas de toda la filosofía. Con todo, la nueva psi
cología naturalista no fue, desde su aparición, una promesa vana;
está viva y presente en grandes e impresionantes obras, con la pretensión, por otra parte, de fundamentar duraderamente una cien cia universal.
Alimentadas del mismo espíritu, todas las nuevas ciencias —in cluida, en la cúspide, la metafísica— parecen tener éxito. Allí don-
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