• No se han encontrado resultados

El completar la expresión

In document Psico Gestalt III (página 87-95)

Introducción a las técnicas de la terapia gestáltica

P.: No me siento atraído, hacia ti Me gustaría estar lejos de ti Preferiría no verte en absoluto (Más asertivamente) No me gusta estar a tu alrededor Me

2. El completar la expresión

En cierta medida, siempre estamos expresándonos. El verdadero novelista delineará su personaje más anónimo de tal forma que la falta de cualquier cosa especial será revelada, después de todo, como una expresión de sí mismo. Hay momentos en que todos somos artistas y vemos el milagro de la peculiaridad de cada individuo a través de sus acciones aparentemente insignificantes. Sin embargo, al igual que el percatarse, la auto-expresión varía en grado de una persona a otra. Una de las cosas que hace un terapeuta gestáltico, es intensificar la auto-expresión de la persona. El hace esto, en primer lugar, reconociendo los momentos o elementos de verdadera expresión en una acción, e invitando hacia su desarrollo.

T.: ¿Qué vivencias ahora? P.: Nada especial.

T.: Te encogiste de hombros. P.: Creo que sí.

T.: Así, acabas de hacerlo de nuevo (encoge los hombros). P.: Supongo que es un hábito.

T.: Por favor, hazlo de nuevo. P.: (Lo hace).

P.: (Se encoge de hombros, hace una mueca y un gesto de rechazo con codos y manos) Supongo que estoy diciendo “no me molestes”. Sí, déjame tranquilo.

Con el objeto de ser claros, creo que podemos distinguir, por lo menos, cuatro tipos de procedimientos conducentes a una intensificación de la acción:

1. La repetición simple.

2. La exageración y el desarrollo. 3. La explicitación o traducción. 4. La identificación y la actuación.

Me referiré, por separado, a cada uno de estos cuatro tipos de procedimientos.

Repetición Simple. Este es un método cuyo objetivo es intensificar el percatarse

de la persona con respecto a una determinada acción o afirmación suya, y puede ser visto como un paso más allá de la acción del terapeuta de simplemente hacer de espejo o reflejar. El ejemplo de encoger los hombros, arriba, puede servir para ilustrar este punto. A veces, la repetición verbal puede tener un efecto notable, en el sentido de que la persona se lleva a ver algo en una forma más y más comprometida, que estaba minimizando o no dándole su justo peso, o que estaba cubriendo bajo una máscara.

P.: (Hablándole a su madre) Ya no quiero nada de ti. Lo único que quiero es que te mantengas alejada de nosotros. No te metas en nuestras vidas. Ya no soy tu hija. En realidad, nunca lo fui. Jamás me comprendiste. Me duele que nunca lo hicieras. Estoy resentida contigo y dolida porque jamás me comprendiste. Tú no me ves. ¡Cómo me gustaría que me vieras!

T.: Repite eso.

P.: Me gustaría que me vieras, mamá. Mírame. Aquí estoy para que me veas. Quiero que seas capaz de yerme. No mires para otro lado. No hagas teorías acerca de mí. Esta soy yo. Tómame como soy; ni más, ni menos. ¿Puedes yerme?

T.: ¿Puede verte?

P.: Sí, creo que puede (se deshace en llanto).

A veces la repetición no tiene como resultado una intensificación del significado, sino que, si la afirmación original era contraria al verdadero sí mismo

del paciente, un sin sentido incrementado y una reacción en contra de la afirmación original.

La técnica de la repetición se puede adaptar a la situación grupal dirigiendo la afirmación o acción repetitiva a diferentes miembros del grupo. En estas instancias hay lugar para diversas variaciones del ejercicio:

1. Repetición estricta (por ejemplo, diciéndole “Adiós” a cada uno). 2. Repetición estricta seguida de elaboración según la forma en que la afirmación es aplicable a la persona en cuestión. 3. Repetición de contenido, adaptando la forma de la afirmación a cada persona.

4. Repetición de actitud con variación en contenido (es decir, la expresión de ira en cualquier forma que parezca adecuada para el individuo que se está encarando).

Como en el caso de otras técnicas, no se puede esperar que éstas por sí mismas hagan milagros, pero sí que permitan una oportunidad para el descubrimiento cuando se aplican en la actitud correcta. El rol de terapeuta es supervisar el procedimiento y rescatar al individuo de caer en un procedimiento mecánico, una representación o una evitación. Si él es estimulado a mantenerse consciente de lo que está sintiendo y haciendo, es probable que ocurra algo verdadero.

Exageración y Desarrollo. La exageración es un paso más allá de la repetición

simple y frecuentemente tiene lugar en forma espontánea cuando a una persona se le pide que vuelva a hacer o decir algo una serie de veces. Un gesto se hará más intenso o más preciso, una afirmación se va a hacer más fuerte o más susurrante, más intensamente expresiva o sea lo que fuera que inicialmente fue su tono de sentimiento.

Cuando a una persona se le pide que exagere y hace esto una serie de veces, puede descubrir algo nuevo en su acción. Tal vez esto no sea una cualidad completamente nueva, sino una que estaba en su conducta original como una semilla invisible, de modo que sólo la exageración pudo convertir en obvia.

En la siguiente ilustración (que estoy reconstruyendo luego de varios años), Fritz Peris tiene el rol de terapeuta y yo el de paciente:

T.: Te traje un regalo. Toma (le presenta un plato. con arena). P.: (Toma el plato).

T.: Cómetelo.

P.: Estoy perplejo. No sé si realmente quieres que me lo coma o acaso hay otro mensaje que no estoy captando.

T.: Cómetela.

P.: (Toma unos granitos de arena entre dos dedos y se los pone en la boca).

T.: ¿Qué vivencias?

P.: Siento los granos de arena en la boca y entre los dientes, y escucho el sonido de los granos cuando los mastico. Noto que me llega más saliva a la boca y tengo deseos de deshacerme de la arena. Empiezo a escupir

algunos granos, pero aún se quedan pegados en mi lengua. Me tomo la lengua con los dedos para limpiarla —y ahora se me pega la arena en los dedos. Estoy frotándome los dedos unos con otros —mientras sigo

escupiendo. T.: Exagera eso.

P.: Y froto las manos entre sí y contra los pantalones y sigo botando arena, ¡botándola fuera, fuera, fuera! (con amplios movimientos rechazantes de brazos y manos). Sí —eso es lo que siento—, he estado tragando

demasiadas cosas que no tenían nada que ver conmigo. Ahora me voy a deshacer de ti. ¡Fuera de mí! ¡Muchas gracias por tu arena!

La exageración constituye una forma de desarrollo de una acción, pero el desarrollo no siempre involucra exageración. A veces, si nos quedamos con una acción o afirmación a través de la repetición, el énfasis tendrá como resultado una modificación de dicha acción, de tal forma que un movimiento lleva a otro, y un sentimiento o pensamiento a otro diferente. La instrucción “desarrolla eso” es una invitación a que el paciente explore la tendencia de este movimiento, gesto, postura, sonido vocal o imagen visual. De esta forma, el impulso, sólo expresado de manera imperfecta en una acción pasajera, es capaz de revelarse completamente en una secuencia que a veces puede constituir un trozo de danza, música o poesía.

P.: No tengo ningún sentimiento claro. No le veo el sentido a enumerar mis sensaciones físicas...

T.: Por favor, sigue hablando con la misma voz pero sin las palabras. P.: Da da da da da da da da da da da da (con una expresión de desesperanza).

T.: Exagera esa expresión en tu voz.

P.: (Sigue adelante, pero esta vez con más tristeza aparente). T.: Otro poco. Exagéralo y veamos qué surge.

P.: (Su voz se transforma en una melodía triste y majestuosa y con una potencia cada vez mayor). ¡Esto es lo que siempre quise hacer! ¡Cantar! (con lágrimas en los ojos). ¡Eso fue realmente yo, más que en todas mis palabras! ¡Qué maravilloso! ¡No quiero detenerme!! (Sigue cantando).

Explicitación o Traducción. Le doy el nombre “explicitación” a una - de las

técnicas más originales de la terapia gestáltica, que el terapeuta habitualmente introduce con afirmaciones tales como “Ponle palabras a tu movimiento de asentimiento”; “Si tus lágrimas pudieran hablar, ¿qué dirían?”; “¿QUé le diría tu mano izquierda a tu mano derecha?” o “Dale una voz a tu soledad”. Al hacerlo, al paciente se le está pidiendo que traduzca en palabras un trozo de expresión no- verbal —un gesto, una imagen visual, un síntoma físico, etc. y se le pide, entonces, que haga explícito un contenido que sólo era implícito.

T.: ¿Qué tienes que decirle a Marta?

P.: (Con una voz muy muerta) No tengo mucho que decirte. Me gusta tu expresión y lo que has dicho hoy, pero te tengo un poco de miedo... T.: Háblale en jerigonza.

P.: (Se pone muy animado mientras lo hace, se inclina hacia adelante, sonríe y hace gestos con las manos).

T.: Ahora traduce eso al español.

P.: Marta, eres adorable. Me gustaría acariciarte, besarte, cuidarte. Siento mucha ternura hacia ti. Eres como una hermosa flor y siempre me gusta estar cerca tuyo.

En el proceso de explicitación, el paciente necesariamente tendrá que empatizar con aquel aspecto de sí mismo o de su percepción que él trata de colocar en palabras. Tendrá que vivenciar, por así decir, el acontecimiento desde adentro en lugar de como un observador externo: el resultado puede ser sorprendente cuando se aplica a la percepción de personas o imágenes de sueños, siendo ambas, pantallas para nuestra proyección. En estas instancias, el fantasma proyectado puede crecer y hacerse explícito en su cualidad fantástica, o a la inversa, puede surgir una verdadera percepción que estaba cubierta por una proyección:

P.: Yo lo odiaba y aún lo hago. Era un viejo verde. Siempre le gustaba tocarme o besarme, y yo le tenía tanto miedo...

T.: Déjalo hablar. Imagínate qué te hubiera dicho si hubiera sido capaz de hablarte con entera honestidad acerca de lo que sentía.

P.: Habría dicho: “Eres una hermosa niñita. Eres tal cual como tienen que ser las niñitas: ¡tan sana, tan pura! Es como beber agua fresca en medio de un desierto. Me siento tan solo y apartado de la vida, y toda mi soledad desaparece cuando estoy contigo”.

T.: ¿Cómo te sientes en relación a él ahora?

P.: Siento compasión. Ojala no hubiera sido tan mala con él. En realidad no había nada que temer.

El proceso de explicitación conduce al deseado fin de la interpretación mediante un enfoque radicalmente diferente. En primer lugar, no es el terapeuta quien le dice al paciente el supuesto “significado” de su acción, gesto, voz1 sino que al paciente se le insta a que contacte su mensaje por sí mismo. En segundo lugar, hay una gran distancia entre “pensar acerca de” un trozo de conducta o símbolo y empatizar con ello.

El primer paso implícito en la explicitación es vivenciar el contenido-sentimiento de la acción a ser explicitada. En segundo lugar, traducir ese contenido en un medio alternativo de palabras. Este proceso es semejante a aquel involucrado en la poesía o las artes visuales figurativas. El intentar dibujar, por ejemplo, es, sobre todas las cosas, un aprender a ver.

Este proceso de contactar una experiencia y luego expresarla en palabras, puede ser considerado como una instancia más de exageración y desarrollo de un acto expresivo. La diferencia es que, en la explicitación, el desarrollo no permanece dentro de un dominio único de experiencia (movimiento, voz, palabras), sino que fluye de un dominio hacia otro.

Cuando un mensaje (hasta ahora invisible como tal) es traducido de las acciones, sonidos o imágenes y puesto en palabras, el proceso justamente merece ser llamado un proceso de explicitación, ya que la actividad motora-visual habitual está más próxima a nuestros procesos automáticos e inconscientes, mientras que lo verbal o conceptual, vinculado al “proceso secundario”, es parte de nuestra actividad de vigilia. Sin embargo, el proceso de traducción no tiene que ser de acciones a palabras para servir al objetivo general de amplificar:

T.: ¿Qué estás sintiendo ahora?

P.: Me siento inquieto. Estoy impaciente conmigo mismo por no

poder decir nada importante. Y estoy muy consciente del grupo como un auditorio obligado a estar presente.

T.: Veo que estás golpeando tu pie izquierdo. P.: (Exagera el movimiento) Sí.

T.: Ahora haz con todo tu cuerpo lo que está haciendo tu pie.

P.: (Gradualmente desarrolla el movimiento hasta golpear el piso con fuerza utilizando ambos pies, mientras que, al mismo tiempo, se da palmadas en los muslos y muestra los dientes).

T.: Haz algunos sonidos también.

P.: ¡Ah! Ah! ¡¡Ahh!! (Algunas exhalaciones forzadas precedidas por unos ruidos guturales que se van convirtiendo cada vez más en risa).

T.: Ahora haz algo con la misma actitud.

P.: (Le descruza los brazos a alguien y le endereza la postura). ¡Despierta, hombre! (da vueltas golpeando con sus pies y moviendo los brazos y las manos como para indicar que se pongan de pie). ¡Despierte todo el mundo! ¡Salgamos de este lugar enfermo y oscuro! (Abre la puerta y empuja a alguien haciéndolo salir de la sala). O tú, sal de aquí. Voy a limpiar esta casa y botaré toda tu mierda. (Saca a empujones a alguien del brazo) ¡Sé limpio y alegre o sal de aquí!

Identificación y Actuación. La actuación es parte importante de la terapia

gestáltica, tanto en el sentido externo de pasar por los movimientos que calzan en un determinado rol como en el sentido interno de vivenciarse como otro, imaginar que uno mismo posee los atributos o acciones de otros seres o cosas.

En el sentido de que la actuación le da expresión motora a una idea, sentimiento o imagen, puede ser considerada como una instancia más de

traducción de una modalidad expresiva a otra. De hecho, es el opuesto de la

explicitación: mientras que en la explicitación le ponemos palabras a nuestros movimientos, en la actuación le damos movimiento a un pensamiento. Por lo tanto, la actuación puede ser comprendida como un modo más de completar o implementar la expresión. La conducta privada que llamamos “pensar” puede ser considerada como una acción incompleta o una acción simbólica. Al corporeizarla o trasladarla al medio de la carne y los huesos, llevamos esa acción a su máxima expresión. Lo mismo se puede decir de la anticipación y el recordar. Lo que el terapeuta gestáltico está haciendo cuando le pide a un paciente que actúe sus

recuerdos o expectativas, es equivalente a pedirle que lleve a cabo físicamente una acción que está ejecutando, repetidamente a veces, en fantasía. Al hacerlo, el paciente podrá descubrir que se está aferrando a ese recuerdo o fantasía en particular como consecuencia de su “incompletud” misma —una urgencia a poner en acción algo crónicamente evitado y sustituido por un ensayo descorazonado.

Además del principio de completud, hay otro sentido en el cual la actuación expresa la actitud de la terapia gestáltica. En un sentido interno, la actuación involucra un proceso de identificación, de convertirse en uno con la parte que actuamos o reconocer “su” experiencia como nuestra. Las instrucciones “sé él”,

“sé tu mano”, “sé tu voz”, etc., son un paso más allá de la empatía requerida por la

explicitación. Entre “dale una voz a ese bebé llorón dentro de ti” y “sé ese bebé llorón”, hay una diferencia en el grado de identificación con nosotros como actores. La tarea, probablemente será más difícil para el paciente cuando equivalga a identificarse con un lado desagradable de sí mismo que él está tratando afanosamente de desposeer. Por otra parte, en la medida en que sea capaz de identificarse con todo aquello que es —bueno o malo—, se estará haciendo responsable de sí mismo.

La identificación y la actuación no sólo acortan la distancia entre el yo y sus procesos, sino que también son las avenidas principales hacia el percatarse. Podemos saber más mediante el ser algo o alguien que razonando acerca de ello. La actuación necesita la comprensión holistica de que es más la función de la intuición que ninguna otra tarea particular. Sin embargo, lo específico al empleo gestáltico de la actuación, es que el mandato tras toda tarea constituye una variación del “sé lo que eres”. Los escenarios y persona es no son los dioses de un ritual religioso ni las creaciones de un autor clásico, sino que aspectos de nuestra propia vida que podríamos estar inclinados a considerar como accidentales o triviales, a veces insignificantes —una figura favorita de discurso, un gesto, una fantasía.

En la terapia gestáltica, las aplicaciones fundamentales de la actuación son la representación de sueños, la actuación de anticipaciones del futuro (que están tras la mayoría de los conflictos de la vida real), la representación del pasado y la representación de las diferentes partes de la personalidad que están en conflicto. En otra sección, me referiré al enfoque que le da la terapia gestáltica a los sueños, el pasado y el futuro. De modo que aquí sólo hablaré de la representación de rasgos de la personalidad.

En una sesión de terapia gestáltica, algunos de los momentos más áticos son aquellos en que el paciente toma partido por las diferentes partes que constituyen los aspectos no integrados o subsí mismos en conflicto dentro de su propia personalidad: el niño bueno y el rapaz rencoroso, el amatonado y el filántropo, la persona solícita y la egoísta, lo masculino y lo femenino, lo activo y lo pasivo, padre e hijo, el mandón y el mandado, y así sucesivamente.

Yo pienso que gran parte de la maestría del terapeuta está en su capacidad de indicarle al paciente los roles claves que debe explorar mediante la actuación —asunto que requiere, como todo lo demás en terapia gestáltica, ser sensible al momento. La suposición o conocimiento de que prácticamente todo el mundo quiere sentirse especial, por ejemplo, no basta para decirle a una persona determinada “sé especial” o “actúa en forma especial”. Para que esa representación de roles sea exitosa, el paciente tiene que haber entrado en contacto con esta región de su siquis por etapas, de modo que esa actuación de una persona “especial” sea la coronación de un desarrollo orgánico durante la sesión.

Aquí hay algunas de las claves que pueden revelarle al terapeuta la presencia de una actitud elegible para la actuación:

In document Psico Gestalt III (página 87-95)