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Composición y estructura del Libro de Buen Amor

2. EL CONOCIMIENTO GENERAL SOBRE JUAN RUIZ, ARCIPRESTE

2.4. La obra de Juan Ruiz, Arcipreste de Hita

2.4.1. Composición y estructura del Libro de Buen Amor

El Libro de Buen Amor, una de las obras cumbres de la literatura medieval española, es la única y extensa obra de Juan Ruiz, de 1728 estrofas heterogéneas y de carácter misceláneo y fragmentario. Contiene aspectos religiosos y profanos, narrativos y líricos, fabulosos y satíricos, populares y cultos, divertidos y morales. Al principio se

149 Ibid. 150 Ibid. 151 Ibid., p. 387. 152 Ibid., p. 603.

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denominó El Libro de los Cantares153 pero después se modificó convirtiéndose en el

Libro de Buen Amor.

Juan Ruiz compuso su obra bajo el reinado de Alfonso XI y en los tres manuscritos existentes se han registrado dos fechas de composición del Libro: 1330 y 1343.154 Aunque el Libro no depende de ningún género literario medieval, se puede decir que es un extracto de temas y de géneros de toda la literatura anterior, de las tradiciones de la literatura religiosa, del drama latino de la Edad Media, de un estilo culto y retórico junto con otro más popular, de las técnicas desplegadas en los sermones a la vez cultos y populares, de la poesía goliardesca y de la lírica popular.155 Está lleno de fábulas y cuentos de origen oriental y de exemplas típicamente medievales con intención didáctica, de citas bíblicas, de Aristóteles, de Ovidio, de Esopo, de las Decretales y de la Instructio156; consiste en una serie de pasajes morales y satíricas, de

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Alborg, Juan Luis: Op. cit., p. 261.

154 Blanco Aguinaga, Carlos; Rodríguez Puértolas, Julio; M. Zaval, Iris: Op. cit., p. 45. 155 Rico, Francisco; Deyermond, Alan: Op. cit., p. 207.

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Sobre la influencia de Instructio en el Libro de Buen Amor Ramón Gonzálvez Ruiz en su artículo “La persona de Juan Ruiz” dice de esta forma:

Cuando el Arcipreste redactó su Libro de buen amor, la última novedad pastoral entre el clero de la diócesis eran las disposiciones sinodales sobre el catecismo. Este importante documento, llamado Instructio y también Tractatus, sobre cuya influencia en el libro del Arcipreste ya otros han llamado la atención, sería después traducido al castellano y ha servido de base a cuantos catecismos se conocen en Castilla. Monumento de teología y pedagogía escolásticas, está muy bien estructurado y va acompañado de unos brevísimos comentarios, útiles para los predicadores. Los demás sínodos del siglo reiteraron una y otra vez su validez, hasta el punto de convertirse en el documento pastoral más conocido del clero y del pueblo de todo aquel siglo. Leyéndolo atentamente, se tiene la impresión de que el Libro de Buen Amor está lleno de resonancias de la Instructio de don Juan de Aragón, aunque no se atenga a su mismo orden. Gran parte de su libro el Arcipreste lo dedica a los pecados mortales con sus ejemplos e historias apropiadas, lo que correspondería a la última parte de la Instructio. Llega un momento en su libro en que Juan Ruiz parece dar por terminada una parte importante de él y declara: “Los mortales pecados ya los avedes oídos” (estrofa 1583), y en esa composición poética pasa a comentar las otras partes de la doctrina cristiana: los enemigos del alma, las virtudes, los sacramentos, las obras de misericordia, los dones del Espíritu Santo, concluyendo con el típico final

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episodios alegóricos y de composiciones líricas y juglarescas. Según su nombre, es un libro sobre el buen amor que recomendando diversas normas abarca diferentes maneras de amar, pero en este caso nos enfrentamos con una contradicción en toda la obra, dado que en algunos episodios se alude al amor de Dios y en otros al amor mundano. Según su mismo autor, la obra tiene dos lecturas, la culta y la popular, y por esta razón la deja abierta para que cualquier persona pueda desarrollarla y ampliarla:

Porque Santa María, segund que dichö he, es comiençö e fin del bien, tal es mi fe, fizle quatro cantares. E con tanto faré

puntö a mi librete, mas non lo cerraré. (c. 1626)157

Dado que el autor ha empleado la ironía para componer su obra, advierte con frecuencia al lector del carácter complejo y contradictorio de ésta, insistiendo en huir de lo superficial de la obra, para analizarla profundamente y comprenderla correctamente, como dice en el prólogo:

E ruego e consejo a quien lo viere e lo oyere que guarde bien las tres cosas del alma: lo primero, que quiera bien entender e bien juzgar la mi entención por que lo fiz, e la sentencia de lo que y dize, e non al son feo de las palabras; e segund derecho, las palabras sirven a la intención e non la intención a las palabras.158

El Libro de Buen Amor es una obra autobiográfica, escrita en primera persona, cuyo autor es el protagonista principal y describe su vida como una ficción amorosa a través de una serie de episodios y aventuras sentimentales, encubriendo diferentes personalidades bajo esta forma autobiográfica. Por una parte, aprovechando dicha forma, Juan Ruiz presenta la senda del buen amor y refuerza la enseñanza contra el loco amor y,

parenético con que solían y suelen terminar muchos sermones (estrofa 1605). Si a eso le añadimos las oraciones marianas con que se abre y se cierra el libro, que demuestran una ferviente devoción del autor a la Virgen María, se tiene la sensación de que en todo el libro, dentro de su aparente desorden, se perciben claros ecos de la Instructio. […] Gonzálvez Ruiz, Ramon: Op. cit., p. 63.

157 Ruiz, Juan: Op. cit., p. 601. 158

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por otra, y bajo la evidente presencia de su propia personalidad, mezcla lo profano con lo devoto. Así pues, esta obra es una mezcla de un escrito de carácter satírico, didáctico, religioso y amatorio.

Al contrario que la literatura anterior, de un carácter simbólico e idealista, en la obra de Juan Ruiz nos enfrentamos a la realidad cotidiana, pues esta obra nos presenta mucha información sobre la sociedad de su tiempo, las costumbres, los oficios, etc. y así refleja la vida entera bajo un sentido más bien humorístico y satírico que serio recordando la realidad concreta con una aguda advertencia. Su libro muestra una expresión sobre la crisis de aquel tiempo y una crítica de la época. Sobre este aspecto del

Libro de Buen Amor, Juan Luis Alborg en su libro Historia de la literatura española

alude a las palabras de Américo Castro:

Realidades –dice- antes mudas para el arte, surgen ahora valoradas petacamente: pregones callejeros, diálogos cargados de intenciones, una muchacha que habla en árabe, el ajuar de la cocina, las faenas a que da motivo, operaciones agrícolas, “las viejas, tras el fuego, ya dizen sus pastrañas (copla 1273)”. También por vez primera se habla de la manera de ser de ciertos españoles: “tomé senda por carrera, como faz el andaluz” (116). Tal despliegue de fenómenos sensibles, de experiencias cotidianas, carece de antecedentes en castellano. Se dice ahora en rimas lo que acontece en la intimidad de las almas y en el mundo en que se vive; sentimos la presencia de ciudades de Castilla, el bullir de tres castas y tres creencias, se habla de astrólogos, de alcahuetas. De libros doctos; se alude a labriegos, a caballeros servidores de España, a damas, frailes y monjas; hay holgorio de músicas y cantares, guisos apetecibles, fiestas litúrgicas, puertos de la Sierra de Guadarrama, lenguaje exquisito e improperios plebeyos. Todo envuelta y confuso, y presentado en una orgia de sensaciones que alternan con un derroche de moralidades abstractas.159

Alan Deyermond justifica este aspecto del Libro, es decir un reflejo de la realidad de la vida, de otra forma. Cree que Juan Ruiz como arcipreste tenía que visitar las parroquias, averiguar todas las condiciones y presentar todos los resultados de su visita; una visita que tenía el aspecto pastoral y el inquisitorial. Según Deyermond, la obra de Juan Ruiz es una parodia de un informe sobre la visita pastoral, en la que se

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pueden encontrar los diferentes acontecimientos con los que el Arcipreste se enfrentaba.160

Hay diferentes teorías sobre el Libro de Buen Amor y su contenido, a las que se refiere J.L.Alborg de esta manera:

Menéndez y Pelayo cree que el Libro tiene un carácter goliardesco pero cree que al contrario de los goliardos, en Juan Ruiz no existe insurrección contra la autoridad espiritual ni ataque a los dogmas.

Don Ramón Menéndez Pidal cree la existencia de una mezcla o fusión de intención moralizadora con ironías y desenvolturas y las concepciones contradictorias en el Libro de Buen Amor y expresa “si bien son un brote natural del espíritu ejemplificante que había producido Disciplinas, Documentos y Castigos en abundancia, son un brote muy traído; Juan Ruiz está situado al final de esa serie y su Buen Amor es la despedida humorística a la época didáctica de la literatura medieval.”

Américo Castro […] defiende que el Libro de Buen Amor no es un libro didáctico: “El Libro de Buen Amor _escribe_ no cabe en los límites de la poesía didáctica, en la cual la vida es contemplada desde fuera de ella, puesta entre paréntesis y vista en la firme realidad ideal del deber ser, no en la realidad problemática de su existir”. […] A Juan Ruiz no le interesa qué sea el hombre; le fascina, en cambio, sentirlo afanándose, queriendo, o incluso pecando. […] El Libro de Juan Ruiz es más que un Ars amandi; su tema radical seria más bien el trabajo e inquietud anejos a la necesidad de amar. […] La naturaleza, la costumbre y el hado a la vez impulsan y obstaculizan la marcha del vivir. La conciencia de ser así la vida interviene auténticamente en la compleja estructura de la obra del Arcipreste, pese a todas las bromas de su irrefrenable humorismo. El Libro se mueve dialectalmente, menos entre las nociones de virtud y pecado, que entre las vivencias de impulso vital y del obstáculo encontrado (rechazo, desengaño, tristeza, etc.). La interpretación del Libro como obra burlona salaz (goliardismo) impedía captar lo que hay de seriamente humano tras su estilo alegre, juguetón y juvenil. […]

María Rosa Lida de Malkiel y Leo Spitzer creen que el Libro de Buen Amor es una obra de intención didáctica. María Rosa dice: “No es el Buen Amor, desde luego, tratado didáctico, es decir, libro de orientación escuetamente doctrinal y no estética,

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ni tampoco poema didáctica que exponga directamente un saber objetivo, como las Geórgicas o el Dittamondo, sino obra de poesía amena con intención didáctica (siendo la conducta humana la materia principal pero no exclusiva de su didactismo), en enlace intimo con obras de idéntica intención de la literatura árabe y la hebrea. […]

Anthony N. Zahareas […]: “Así como para María Rosa Lida el Libro es una composición artística con propósitos didácticos, yo diría, por el contrario, que es un libro didáctico con propósitos artísticos”. Según Zahareas, al examinar la intervención del Arcipreste como narrador de sus aventuras amorosas y comentador de su significación moral, queda patente su deliberada ambigüedad, su empleo sistemático de la ironía, y el modo como se quiebra la supuesta distancia entre el comentador y el narrador”.161

A continuación, expresa su propia idea sobre el Libro. En su opinión, el aspecto capital del Libro es el humor:

Su humorismo no surge de un malévolo deseo de fustigar ni se retuerce en acritudes sarcásticas, sino que brota gozosamente de su mismo concepto de la vida, que le permite ver la gracia de una situación, lo pintoresco de un personaje, los rasgos cómicos de un gesto. […] Con frecuencia, puesto pronto su ironía retozona estalla en una salida jovial que quiebra la seriedad de la predica y delata su fondo de hombre satisfecho.162

El Libro de Buen Amor contiene diferentes partes, cada parte con título propio, a las cuales a continuación nos remitimos:

El Libro comienza con una oración (estrofas 1-10) y un prólogo en prosa que según Deyermond “es del tipo de sermón culto y de sermón popular”163, en el que comenta sobre el alma y sus facultades: el entendimiento, la voluntad y la memoria; las explica separadamente y nos presenta la vinculación existente entre ellas. Esta parte es el comienzo del Libro pero solo se encuentra en el manuscrito de Salamanca. Otros dos códices comienzan en la estrofa 11, consistiendo en otra invocación por la cual Juan Ruiz pide ayuda a Dios para escribir su obra. A continuación, compone los dos gozos de

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Alborg, Juan Luis: Op. cit., pp. 231-236.

162

Ibid., p. 238.

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Santa María, una explicación sobre el sentido del Libro y el modo de interpretarlo y una narración cómica que consiste en el debate entre los griegos y los romanos. Después continúa con un pasaje que es una demostración sobre la naturaleza del ser humano y la tendencia general de la condición humana, y así empieza a narrar sus aventuras amorosas. Juan Ruiz se enfrenta con diversas figuras femeninas, como la noble discreta, la panadera Cruz Cruzada, la virtuosa y recogida, la viuda Doña Endrina, la jovencilla delicada, las serranas, Doña Cuaresma, la viuda rica, la monja Doña Garoza y una mora, con quienes tiene aventuras amorosas. En casi todos estos encuentros interviene un mensajero o una mensajera como Ferrán García, Don Hurón, Trotaconventos, Don Amor y Doña Venus cuyos consejos sigue Juan Ruiz y a quienes pide ayuda, pero a pesar de tratar de alcanzar la plenitud del amor no solo no lo logra, sino que se enfrenta con un fracaso tras otro. A lo largo de estas narraciones se han insertado una serie de fábulas y cuentos poseyendo alguna enseñanza o consejos, así como algunos comentarios didácticos, unos con temas profanos y otros con temas religiosos y morales. Después de dichos pasajes el poeta explica cómo se ha de entender su Libro, continuando con varios gozos de Santa María, cantares de escolares y de ciegos, cánticas de loores de Santa María, y termina el poema con la Cántica de los clérigos de Talavera.

En cuanto a la métrica del Libro de Buen Amor, se puede decir que gran parte del

Libro está compuesta en cuaderna vía o Mester de Clerecía, con versos alejandrinos de

arte mayor pero, junto a esta métrica, se puede observar el uso del Mester de Juglaría. Asimismo, en algunas partes se encuentra el arte menor. Junto a estas formas también se observa el uso de metros populares de estructura zejelesca para los pasajes líricos, debido a la influencia de la juglaría morisca.164