COMPROBAR LOS PROGRESOS

In document Joe Dominguez Vicki Robin - La Bolsa O La Vida.pdf (página 152-171)

El quinto paso: hacer visible la energía vital

En el quinto paso se vuelven visibles los resultados de los pasos anteriores, al volcarlos en un gráfico que le brinda una visión clara y sencilla de su relación actual con el dinero (la energía vital) así como también la tendencia de su situación financiera y la transformación de su relación con el dinero.

LA CONFECCIÓN DE SU GRÁFICA

El quinto paso comprende la elaboración de un gráfico de sus ingresos y sus gastos que tenga un tamaño suficiente para albergar los datos

¿Cuánto es suficiente? ¿Qué es estar satisfecho 'i 185

correspondientes a un período de entre tres y cinco años. Este gráfico es fácil de diseñar, fácil de mantener y fácil de interpretar. Toda la información necesaria ya está en la tabla mensual. No hace falta un programa informático para llevar a cabo el quinto paso; ¡sólo hay que poner manos a la obra!

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En una tienda de artículos para oficinas o en una papelería consiga una hoja grande de papel milimetrado (puede ser una hoja de 45 x 55 cm, o de 60 X 90 cm, que tenga 10 cuadrados por centímetro). Pero si no la encuentra, no se preocupe: se puede hacer con cualquier hoja grande de papel y una regla (véase la figura 5-1). El eje vertical izquierdo representa el dinero; en él han de figurar tanto sus ingresos como los gastos. Marque los incrementos de dinero; comience con 0 en la parte inferior y deje espacio sufi-

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ciente en la parte superior. Aunque le parezca extraordinario en estos momentos, es probable que tenga que reservar suficiente espacio en la parte superior por si se duplican sus ingresos. Más de un PIF nos ha enseñado tímidamente una gráfica a la cual ha tenido que añadir otra hoja en la parte superior para hacer constar un nivel de ingresos que jamás se le había ocurrido pensar que podría conseguir. Calcule la escala de modo que la cifra más elevada (ingresos o gastos) de este mes quede más o menos por la mitad. La escala horizontal representa el incremento del tiempo mes a mes. En este eje le tienen que caber de cinco a siete años para poder comprobar las tendencias a largo plazo, y a lo mejor le basta para conseguir la independencia financiera.

Al final de cada mes, marque las cifras correspondientes al total de ingresos y gastos de ese período. Le conviene usar colores diferentes, uno para los ingresos y otro para los gastos. Una con una línea cada punto con el del mes anterior. De este modo, le quedarán dos líneas de colores, una para los ingresos y otra para los gastos.

Y eso es todo. Al hacer este paso, el primer mes, obtendrá una imagen inmediata, y muy reveladora, acerca de sus hábitos con respecto al dinero. Pero lo más interesante y lo más divertido es

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marcar las cifras mes a mes, año tras año. La gráfica añade a las dos dimensiones de la tabla mensual la dimensión dinámica del tiempo. Es como transformar un álbum de fotografías en una película en movimiento: las tablas mensuales son como instantáneas de momentos determinados de su viaje hacia la independencia financiera; en cambio, la gráfica da vida al movimiento hacia la meta, al progreso en el tiempo. El diagrama será como una película en mo- vimiento en más de un sentido, porque le presenta en movimiento y además le mantiene en movimiento, renovando su compromiso de seguir adelante.

EL CICLO INICIAL DE LA CONTENCIÓN Y EL DESPILFARRO

Es posible que el primer mes que registre las cifras se enfrente a uno de los puntos débiles de nuestra cultura: puede que tenga menos ingresos que gastos, es decir, que haya gastado más de lo que ha ganado. (Después de todo, es lo que suele ocurrir.) Comprobar esta realidad quizá le resulte extraño y seguramente querrá cambiar, ahora mismo además. Acostumbrado a los presupuestos, los regímenes y las promesas que todos nos hacemos el día de Año Nuevo, jura sobre una pila de extractos de cuentas bancarias y tarjetas de crédito que el mes siguiente será mejor.

Entonces se suele poner a dieta la cartera, con el celo característico de aquellos que acaban de comenzar un régimen: escatiman, ahorran, se aprietan el cinturón a sí mismos y a sus familias; sólo alubias, arroz y pasta. Todos los días se concentran en esta línea, decididos a reducir los gastos a la mitad en un solo mes. Muchos de ellos lo consiguen, por increíble que parezca. Al anotar la cifra del segundo mes, observan con orgullo que se ha producido un descenso importante.

Lo malo es que resulta imposible mantener semejante austeridad. El tercer mes las cifras vuelven a subir, como si se vengaran, en compensación por las privaciones del mes anterior.

Y ahora, ¿qué? Siguiendo la antigua forma de pensar, a lo mejor decide aceptar la carga de volver a ceñirse a un presupuesto... o se da por vencido. No se desaliente: existe un método mejor que, además, funciona.

A Diane Grosch, la programadora que conocimos en el capítulo 1 y que odiaba su trabajo pero no encontraba otra salida, río le costó demasiado hacerse una gráfica: lo suyo eran los números y los controles. Aunque disponía de diversos trofeos que demostraban su éxito —desde un costoso automóvil deportivo hasta recuerdos de viajes a países exóticos— su gráfica no se diferenciaba demasiado de la de tantos otros que persiguen el sueño americano: tenía más gastos que ingresos.

«Al verlo realmente quedé muy sorprendida. No tenía idea de que gastaba más de lo que ganaba. Pero no había la menor duda: ese mes tenía unos ingresos de 2 280 dólares (285000 pesetas) y unos gastos de 2 4 70 dólares (308 750 pesetas).»

Lo tomó como un desafío. Si las probabilidades indicaban que no sería capaz de gastar menos de lo que ganaba, quiso demostrar lo improbable. Decidió probar distintas formas de reducir los gastos. En vez de salir a comer con sus compañeros de trabajo, o incluso de encargar comida más barata, decidió comer en el trabajo. Durante un mes no se compró ropa ni salió a comer fuera; después de todo, cualquier cosa se puede soportar durante un mes. Y así fue cómo, al mes siguiente, había conseguido gastar menos de lo que ganaba, demostrando así que era capaz de hacerlo.

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«¡Fantásticol Al mes siguiente presté menos atención, recuperé mi antiguo hábito de gastar y perdí gran parte de lo que había conseguido el mes anterior. Mi gráfica tenía un aspecto horrible.»

Entonces se dio cuenta de que en lugar de cambiar la gráfica tenía que cambiar ella misma. Sin embargo, a lo largo de los años había gastado montones de dinero en seminarios para cambiarlo todo, desde su autoestima hasta su eficacia laboral, mas los cambios nunca habían sido duraderos. Pero esta vez había algo diferente: la gráfica, que parecía cuestionar toda su forma de vivir la vida. Al trazarle una imagen de sus hábitos de gastos, le demostraba fehacientemente por qué no le alcanzaba el dinero hasta final de mes. Decidió seguir los pasos y averiguar adonde conducían. Había luchado contra las dificultades y había vencido en otras ocasiones, y estaba decidida a volver a hacerlo. (Véase la figura 5-2.)

¿Cómo se produjo este cambio en los gastos? Diane explica que a medida que iba siguiendo los pasos del programa y notando su efectividad, su autoestima fue en aumento y, al ver que era capaz de lograrlo, su insatisfacción se convirtió en el deseo de hacerlo lo mejor posible. Este entusiasmo transformó su experiencia laboral, algo que la sorprendió tanto a ella como a sus superiores.

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Gráfica de Diane con gastos

«En dos meses ya no tenía deudas y mis gastos se redujeron a 850 dólares (106250 pesetas). Los gastos de alimentación pasaron de 186 dólares (23250 pesetas) al mes a 105 dólares (13125 pesetas), sin siquiera proponérmelo. Tal vez se debiera en parte a que estaba más satisfecha con mi traba jo y, por lo tanto, necesitaba premiarme menos. Las facturas de restaurante se redujeron a 40 dólares (5000 pesetas) de los 120 dólares (15000 pesetas) anteriores, por el mero hecho de salir a comer fuera sólo cuando realmente me apetecía. Me fui a vivir a una casa donde pagaba menos alquiler, situada más cerca del trabajo, de modo que mis gastos de gasolina se redujeron en un 60 %. Los gastos médicos se redujeron tam- bién a la mitad, probablemente por el mismo motivo por el que se redujeron los gastos en alimentación: como me gustaba más el trabajo, ya no tenía necesidad de ponerme enferma. Nada de todo esto me hizo sentir que me estaba privando de algo; no me esforzaba por gastar menos. En realidad, ni siquiera era consciente de estar haciendo nada en particular. Todo fue ocurriendo poco a poco. Al mismo tiempo, me gustaba apuntar las cifras en la gráfica mes a mes y comprobar los cambios. ¡Qué emocionante!»

La gráfica nos recuerda que la transformación de nuestra relación con el dinero requiere tiempo y paciencia. La impaciencia, la negación y la codicia en realidad forman parte de lo que se está cambiando. Hace falta tiempo para reflexionar sobre nuestras vidas y ver si todavía queremos ir al sitio al cual estamos yendo. Una

intuición es instantánea pero cualquier evolución requiere tiempo. A lo mejor tarda sólo unos cuantos días en leer este libro, pero cambiar su relación con el dinero le llevará más tiempo. Recuerde los que ganaron la lotería. Por más que gane la lotería, esto no cambiaría su relación con el dinero y su vida no se llenaría de pronto de más alegría y tranquilidad. Si presta atención a su reac- ción frente a la gráfica en lugar de sentirse contrariado, podrá aclarar las actitudes y las creencias que le han llevado al lugar donde se encuentra actualmente.

Existen dos claves para que este proceso funcione en su caso: 1. Comenzar.

2. Seguir adelante.

Nos dicen a menudo que un largo camino empieza siempre por un primer paso. Lo que no nos dicen es que uno llega a su destino después de cientos de miles de pasos. Hay que seguir avanzando siempre, porque estos pasos son importantes para que siga desarrollando la conciencia y reforzando su

de enero de 1986 a agosto de 1990

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integridad día a día. Al final, uno empieza a sentir la magia del proceso. Sin siquiera intentarlo, verá que la línea de gastos empieza a bajar. ¿Cómo?

¿DE QUÉ MODO

SE AHORRA CON LAS TRES PREGUNTAS?

¿Recuerda las tres preguntas del cuarto paso? Ahora va a comprobar el profundo efecto que tienen en su conciencia acerca del dinero y, por consiguiente, en la gráfica.

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La primera pregunta era: «¿He recibido satisfacciones, recompensas y valores proporcionales a la energía vital que he gastado?» Si se formula esta pregunta todos los meses con respecto a cada una de las categorías de gastos, tendrá mayor conciencia de sus elecciones y de este modo conseguirá reducir automáticamente el total de gastos mensuales, con lo cual sentirá el placer de ver cómo desciende la línea de gastos de la gráfica. Corno hemos visto en el capítulo 4, aprender a distinguir los gastos que nos producen satisfacción de los que no activa nuestro mecanismo de supervivencia. En realidad, se está reprogramando. Cada uno de sus signos - constituye un ultraje a su instinto de supervivencia, ese movimiento automático hacia el placer para alejarse del dolor. Este poderoso mecanismo se convierte en su aliado cuando adquiere conciencia de que algunos gastos que consideraba una fuente de placer, o que realizaba por pura costumbre, en realidad no le resultan agradables en absoluto.

¿Se acuerda de los caprichos? En seguida sabrá cuáles son los suyos. Esos instantes de cegadora conciencia, cuando de pronto se da cuenta de que está a punto de gastar su energía vital para comprar otro capricho más, le ayudarán a reducir gastos. Vamos a ver cómo funciona.

En el pasado, cuando intentaba cambiar de hábitos e incrementar así su experiencia de la satisfacción, no tenía una imagen global exacta de su patrón de gastos. En lugar de reconocer que la adquisición de caprichos era una fuente de insatisfacción, seguía pensando que era algo que tenía que continuar. A veces, tal vez haya intentado renunciar a alguno como castigo por ser tan dis- pendioso... para encontrarse otra vez delante de ellos en cualquier tienda pensando: «Uno más, sólo uno más.» Pero ahora ya lo tiene claro y observa el laberinto del dinero desde más arriba. Ya ha visto la luz: «En realidad, este gasto de energía vital no me produce satisfacción.» Se sentirá como cuando uno despierta de un sueño y se da cuenta, con alivio, de que no era real. De hecho, esto es justamente lo que ocurre.

Este tipo de reprogramación tiene una fuerza increíble y empezará a actuar la próxima vez que esté a punto de comprar algo automáticamente. En cuanto estire la mano para coger otro capricho, se encenderá de pronto una luz roja en su cerebro: «¡Alto! ¿De verdad necesito otro? ¡No! Irá a parar al cajón junto a todos los demás. Cada uno de ellos me cuesta cinco horas de energía vital, y ni siquiera los uso.» Mientras se va alejando de su adicción a los caprichos exclama: «¡No!» (Al cabo de un tiempo, aprende a no perder la calma.) Toda la diferencia radica en ese instante de conciencia. Ahora que la relación entre gastar dinero y obtener satisfacción se coloca en el lugar que le corresponde, un capricho ya no significa satisfacción automática, sino todo lo contrario. Ahora puede ser coherente consigo mismo, sin violentarse ni tratar de

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comprar felicidad ni satisfacción. Al contrario, ahora obtiene satisfacción utilizando su energía vital de otra manera; está valorando esa energía vital y, por consiguiente, se está valorando a sí mismo. Desde esta perspectiva, cambiar de dirección resulta sencillo.

Ivy Underwood había tenido una infancia pobre como hija de padres mexicano-estadounidenses. Nunca tenían suficiente dinero, pero en lugar de reconocerlo y hablar de lo malo de la situación, le decían trivialidades. «Somos afortunados», decía su padre, que era católico, «porque sólo los po- bres entrarán en el Reino de los Cielos». De este modo, se mezclaban la re- ligión con la pobreza y la frustración de contar hasta la última moneda, dejando a Ivy confusa y resentida. Decidió que cuando creciera tendría su- ficiente dinero para no tener que preocuparse jamás del saldo de su cuenta corriente y para comprarse todo lo que quisiera.

Ivy identificó sin esfuerzo su debilidad: la ropa. Al hacer el inventario, en el primer paso, recorrió rápidamente toda la casa, satisfecha ante su sencillez, hasta que llegó a su armario. ¿De dónde había salido tanta ropa? Evidentemente, procedía de distintas tiendas, y la mayoría de ellas era cara. Pero, ¿por qué? Su determinación de no volver a ser pobre nunca más se había convertido en la necesidad de ir siempre vestida a la perfección. Medía la distancia que la separaba de la pobreza por la cantidad de cumplidos que recibía cada día por su atuendo.

Por supuesto que para su carrera profesional era importante ir bien vestida, pero para Ivy esto significaba varios conjuntos nuevos cada mes. Incluso se sentía poco elegante si se ponía la blusa del mes anterior con el traje nuevo del mes actual.

Al hacer la tabla mensual en seguida se dio cuenta de que la satisfacción que sentía no era proporcional a las horas de energía vital dedicadas a ser clienta de varios grandes almacenes. Sin luchas, negaciones ni privaciones, dejó de comprar ropa que no necesitaba. Quedó muy sorprendida al observar que la cantidad de cumplidos diarios no disminuía en absoluto.

Todo fue bien durante muchos meses hasta que un día, deprimida por algo, se encontró otra vez en la sección de ropa, buscando unos pantalones cortos. De pronto se dio cuenta. «¿Qué hago yo aquí, si ni siquiera me hacen falta unos pantalones cortos?» Salió de la tienda con las manos vacías y la sensación de que su propio poder y su integridad habían salido fortalecidos.

Gordon Mitchell, el activista negro convertido en asesor financiero que hemos conocido en el capítulo 1, comprobó que sus categorías de gastos

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inconscientes eran mucho más devastadoras que la afición de Ivy por la ropa. Habría que llamarlas mega-caprichos, o sencillamente grandes debilidades. Para él, el curso de IFfue más parecido a una operación de cataratas que a conseguir un par de gafas nuevas.

Al interrogarse a sí mismo acerca de la satisfacción y la coherencia, se dio cuenta de lo aburrido y cansado que estaba desde hacía ocho años. También vio con toda claridad cómo había llegado a esa situación. En primer lugar, había supuesto que como asesor financiero necesitaría un despacho caro, pero cuando comprobó la cantidad de energía vital que le estaba costando (2600 dólares, 325000 pesetas, al mes), se preguntó si realmente le compensaba. De hecho, resultó que no, puesto que la mayor parte de las operaciones se concretaba por teléfono, por correo o en casa del cliente. Nadie le visitaba nunca en su despacho. De modo que lo trasladó a su casa, con lo cual el coste mensual se redujo a 500 dólares (62 500 pesetas).

El segundo punto débil para Gordon eran sus hijos, que vivían con su madre pero de cuyo sustento se ocupaba él, sin ningún problema. Pero el problema era que les daba más dinero cada vez que se lo pedían, porque se sentía culpable por no estar con ellos. Tiene nueve hijos, lo cual acrecentaba el problema. Por más que les diera, siempre querían más. Este proceso de honesta evaluación le ayudó a darse cuenta de que sus hijos se habían vuelto adictos y que él era el responsable. Decidió cambiar y, por más que ellos se hayan distanciado en cierta forma, Gordon está contento de no seguir pa- gando con dinero la culpa de ser un padre ausente. Incluidos algunos pe- queños ajustes más, después de formularse las tres preguntas Gordon ha re- ducido sus gastos en un 50 %, y además se siente mucho más satisfecho.

Si bien no hay muchos casos como el de Gordon, después de ver las gráficas de centenares de PIF podemos afirmar que aquellos que superan el período crítico de tres meses reducen sus ingresos un 20 %, aproximadamente, casi sin darse cuenta: sin sentir que se privan de nada, sin esforzarse por mantener un presupuesto; simplemente, se trata de un descenso natural. Cuando uno se da cuenta de que no obtiene una satisfacción proporcional a la cantidad de energía vital que ha dedicado a una subcategoría de gastos cualquiera, automáticamente genera un cambio autoprotector en su forma de gastar. Con el tiempo, acaba sintiéndose mejor cuando no gasta; no comprar un capricho se convierte en una fuente de satisfacción porque uno ha decidido que no le satisfacen.

La coherencia y la integración personal

Todavía podemos esperar mejores resultados del trabajo con la gráfica.

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