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COMUNIDADES VEGETALES

In document SECCION IV Diversidad de Ambientes (página 78-81)

En general, en el litoral mexicano predominan las familias con una filiación tropical (Moreno-Casa-sola et al., 1998). Una gran parte de las costas ocu-rre en latitudes tropicales y por lo tanto están bordeadas de diversos tipos de selvas secas y húme-das que aportan elementos a los hábitats más estabi-lizados de las dunas. En algunos sistemas en los cuales no ha habido tala de árboles, llegan a estable-cerse selvas bajas caducifolias (La Mancha, Alva-rado) y aun selvas medianas subcaducifolias cuyo único vestigio en Veracruz se localiza en La Mancha en los terrenos del Centro de Investigaciones Coste-ras (Castillo-Campos, 2006). El 25.3 % de las espe-cies registradas para las dunas en Veracruz forman parte de este tipo de selvas.

Las comunidades más ampliamente distribuidas y con mayor número de especies son los matorrales y pastizales, los cuales se entremezclan formando un paisaje moteado. Incluyen el 55.2 % de las especies. Las zonas húmedas tienen una cubierta herbácea y

arbustiva formada por el 8.7 %, mientras que las zonas de pioneras con arena móvil y las playas pre-sentan coberturas herbáceas o arbustivas bajas y abiertas, incluyendo al 2.2 y 7.8 % de las especies, respectivamente.

CONCLUSIONES:

PROBLEMÁTICA

El ambiente costero del litoral veracruzano es muy variado y heterogéneo, resultando en una alta diver-sidad vegetal que representa el 40 % del total de la flora de las costas mexicanas. En las costas del estado se desarrollan diferentes comunidades vege-tales y un conjunto entremezclado de diferentes eta-pas sucesionales. La gran cantidad de especies pertenecientes a comunidades vegetales diversas (como selvas y encinares) y que también crecen sobre los sustratos arenosos, contribuyen de manera importante a la riqueza de los ambientes costeros del estado. Por otro lado, la gran diversidad de ambientes resulta en la presencia de 18 especies endémicas, varias de ellas exclusivas de los ambien-tes costeros mexicanos. El mantenimiento de la alta heterogeneidad y dinamismo de las dunas costeras veracruzanas es lo que permite la alta diversidad de especies. Para la conservación de esta gran riqueza es necesario que los planes de manejo mantengan esta heterogeneidad de ambientes, etapas sucesionales y tipos de comunidades. Los sistemas de dunas requieren desde las etapas de dunas móviles donde habitan las especies endémicas estabilizadoras de dunas, los sistemas inundables donde hay especies acuáticas, hasta los sistemas estabilizados cubiertos por pastizales y selvas. En el largo plazo, el sistema pasa por distintos grados de estabilización-desesta-bilización, lo cual permite el mantenimiento de su diversidad. Asimismo, es importante la conectivi-dad de este sistema con otras superficies de selvas y acahuales tierra adentro, ya que mucha de la riqueza de las dunas estabilizadas proviene de estas comuni-dades tierra adentro. Es por esta razón que se ha

registrado un elevado número de especies como provenientes de otras comunidades y que Castillo y Moreno-Casasola (1996) consideran a las dunas costeras como un sistema que es fácilmente inva-dido por especies nativas y por especies exóticas.

En Veracruz, la costa es especialmente impor-tante, ya que alrededor del 20 % (4 203), de sus poblaciones, y el 27 % (1 898 013) de sus habitan-tes se encuentran a menos de 20 km de su litoral. El 65 % (14 398) de las poblaciones y el 52 % de los habitantes (3 596 774) viven a menos de 100 msnm. Sin duda las costas veracruzanas son impor-tantes centros de turismo y de desarrollos urbanos. Esta tendencia, aunque benéfica económicamente, genera un fuerte impacto ambiental, en términos de degradación de la calidad del agua, sedimentación de los ríos, incremento en los niveles de contamina-ción, disminución de la acción protectora de las costas y la pérdida de hábitat para la vida silvestre, entre otros. Este deterioro ambiental se ve exacer-bado, sobre todo, porque la legislación, la planea-ción y la zonficaplanea-ción de actividades en las costas mexicanas son pobres. Por lo anterior, es urgente, por un lado, generar conocimiento que permita diagnosticar el estado actual de estos sistemas y eva-luar los servicios ambientales que ofrecen. Por otro lado, deben contemplarse localmente medidas de protección, como pasarelas de madera y estaciona-mientos que permitan guiar a las personas hacia ciertas áreas, de modo que se evite que los cada vez más frecuentes visitantes pisoteen un sistema tan frágil y diseminen especies no deseables.

Las dunas costeras, al igual que otros ecosistemas naturales, ofrecen a la sociedad humana diversos bienes y servicios ambientales, como son: regula-ción de disturbios, control de la erosión, formaregula-ción de suelos, ciclo de nutrientes, polinización, control biológico, hábitat, producción de materia prima, mantenimiento del acervo genético de la biodiversi-dad, recreación y belleza escénica, cultural y protec-ción contra tormentas y huracanes (Martínez et al., 2007). Entre ellos, un servicio ambiental

particular-mente importante para las costas mexicanas es el de protección contra el efecto destructor de tormentas y huracanes.

Tres ejemplos lamentables ocurridos reciente-mente demuestran la importancia de los ecosiste-mas naturales para la protección contra desastres: son el caso del tsunami que impactó el sureste asiá-tico en diciembre de 2004 y los huracanes Katrina y Stan que tuvieron efectos devastadores en Nueva Orleáns y el estado de Chiapas, en 2005. En los tres casos las pérdidas humanas y económicas fueron cuantiosas. También en los tres casos se observó que en las zonas protegidas por ecosistemas naturales, los daños materiales y humanos fueron mucho menores (Danielsen et al., 2005) que donde la degradación ambiental era extrema. Las dunas, con su gran movilidad, pueden amortiguar las mareja-das producimareja-das por estos eventos meteorológicos y disminuir así el impacto de los mismos. El valor de los servicios ambientales de protección contra even-tos naturales es innegable (Costanza et al., 2008).

El mantenimiento de la estructura y funcionali-dad de las dunas costeras permite la conservación de la biodiversidad y, a la vez, garantiza el suministro de servicios ambientales tan importantes como el de protección contra fenómenos climatológicos poten-cialmente desastrosos.

LITERATURA CITADA

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INTRODUCCIÓN

La pérdida y fragmentación de las selvas altas en todo el mundo amenazan su integridad. A medida que el grado de fragmentación aumenta, los frag-mentos de selva remanente disminuyen en tamaño y aumenta su aislamiento. Los cambios en la estruc-tura y configuración de los fragmentos tienen importantes implicaciones para la conservación de las selvas, ya que pueden afectar numerosos procesos ecológicos y ecosistémicos, como son la dispersión y colonización de nuevos sitios, la dinámica poblacio-nal de plantas y animales y los flujos de energía, entre otros (Fahrig, 1998; Saunders et al., 1991).

El incremento en la incidencia de la radiación solar y el viento cerca de los bordes de los fragmentos provoca importantes cambios microambientales que pueden afectar negativamente la supervivencia de muchas especies de plantas (procesos denominados efectos de borde) (Saunders et al., 1991). Estudios en fragmentos de la Amazonia Central han demostrado que cerca de los bordes se acelera la tasa de

mortali-dad de árboles emergentes, especialmente de aquellas especies típicas del bosque maduro (Laurance et al., 1998). La muerte de estos grandes árboles abre claros en la selva que favorecen el reclutamiento de especies secundarias, adaptadas a vivir en ambientes perturba-dos. Así, cerca de los bordes de los fragmentos se pro-ducen importantes modificaciones en la diversidad y estructura de la selva original (Malcolm, 1994; Tur-ner et al., 1996; Benítez-Malvido y Martínez-Ramos, 2003), las cuales son más notables en los primeros 100 m de borde (Laurance y Yensen, 1991; Laurance et al., 1998, 2002).

En México, la deforestación ha ocasionado la pérdida del 90 % de las selvas del trópico húmedo (Flores-Villela y Gerez, 1994). Este suceso ha sido particularmente importante en la región de Los Tuxtlas, Veracruz, donde se estima que para la década de los 90, el 84 % de la selva original había desaparecido (Dirzo y García, 1992). En esta región, la selva alta perennifolia es el tipo de vegeta-ción más afectado por la deforestavegeta-ción, siendo su cobertura remanente actual de tan sólo el 5 % de la

de la vegetación en fragmentos

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