• No se han encontrado resultados

CAPÍTULO I. LOS EVENTOS DEPORTIVOS

1. Conceptualización de los eventos deportivos

Los eventos son un fenómeno espacio-temporal transitorio planificado o no. Cada evento es único debido a las relaciones que se dan entre el ambiente, las personas y los sistemas de organización o gestión (Getz, 1997; 2008). Una de las principales características de los acontecimientos es que nunca son los mismos y, por tanto, son experiencias diferentes que hacen imprescindible la presencia en los mismos para disfrutarlos plenamente (Getz, 2008).

Por ello, podemos establecer muchos tipos de eventos, pero, siguiendo a Masterman (2014), desde el campo de la gestión y organización de eventos nos interesa centramos en los eventos planificados. Los eventos planificados son aquéllos creados con una finalidad, cuya gestión ha pasado del ámbito de las iniciativas individuales y

comunitarias al ámbito de los profesionales y empresarios (Getz, 2008). Algunos autores se refieren a ellos como eventos especiales (Getz, 1997; Shone y Parry, 2004; Allen et al., 2005). En este sentido, Masterman (2014) nos dice que la terminología difiere, y según mencionan diversos autores existen acontecimientos de gran relevancia (“hallmark events”), mega-eventos, eventos principales y eventos menores. Así, para Goldblatt (1997) y Hall (1992a) los Juegos Olímpicos serían un evento de gran relevancia, aunque para Getz (1997) y Allen et al. (2005) serían un mega-evento y, a su vez, describen los eventos de gran relevancia o “hallmark events” como los que se repiten en un determinado lugar en la que la ciudad y el evento son inseparables, como por ejemplo Roland Garros (París) o Wimbledon (Londres), en tenis.

Por otro lado, Roche (2000) explica que los mega-eventos o grandes acontecimientos: Son eventos culturales de gran escala (incluyendo comerciales y deportivos), que tienen un carácter dramático, son atractivos para la población y tienen una significación internacional. Estos mega-eventos son organizados por combinaciones de variables de organizadores gubernamentales y no gubernamentales nacionales o internacionales. (p. 1).

En esta línea, Getz (1997) identifica un mega-evento a través del tamaño y la importancia y como aquél que tiene un alto rendimiento en el turismo, en la cobertura mediática, así como prestigio e impacto económico en la sede que lo organiza. Hall (1992a, 2006), señala que los mega-eventos, conocidos también como “hallmark

events” o eventos especiales, son las principales ferias, festivales, exposiciones, eventos

culturales y deportivos que se celebran de forma regular o una sola vez. De este modo, los mega eventos han asumido un papel clave en la promoción del turismo urbano y regional, así como estrategias más amplias de desarrollo urbano y regional (Hall, 2006). Siguiendo el modelo de Jago y Shaw (1998), Masterman (2014) diferencia entre eventos ordinarios (no planificados) y eventos especiales (planificados). Dentro de los eventos especiales, diferencia entre eventos principales “major events” y eventos de escasa relevancia “minor events”. A su vez, dentro de los eventos principales, distingue entre acontecimientos de gran relevancia “hallmark events”, que no son frecuentes y pertenecen a un determinado lugar, o mega eventos, que son puntuales y cambian de

localización o de sede. Tal y como nos dice Masterman (2014, p. 20), citando a Jago y Shaw (1998):

Estos autores definen los eventos principales como un evento especial que tiene un elevado status o prestigio, que atrae a un gran público con una amplia cobertura mediática, tienen una tradición e incorporan festivales y otro tipo de actividades, son caros, y atraen inversiones a la ciudad organizadora, dando lugar a la demanda de servicios asociados y dejando un legado en la misma. De acuerdo con esta definición los eventos principales pueden realizarse una sola vez o ser recurrentes, pueden durar uno o varios días y el tamaño y la escala de los mismos puede diferir enormemente.

En cualquier caso, hablar de eventos ordinarios como no planificados frente los eventos especiales como planificados, puede ser discutible, pues por el mero hecho de ser calificado como evento ya existe un cierto nivel de planificación, por mínimo que sea.

Figura 1. Definición de eventos a partir de Jago y Shaw (1998). Fuente: Adaptado de Jago y Shaw (1998) en Masterman (2014, p. 21).

Bowdin, Allen, Harris, McDonnell y O'Toole (2012, pp.17-18) señalan que los eventos especiales hacen referencia a “rituales específicos, presentaciones o celebraciones que son planificadas de forma consciente y creadas en el marco de ocasiones especiales para lograr unos objetivos o metas sociales, culturales o empresariales”. Por un lado, estos autores mencionan a Goldblatt como uno de los pioneros en la literatura sobre eventos, quien hace hincapié en el aspecto humano de los eventos especiales y los define como “un momento único en el tiempo, celebrado con una ceremonia y un ritual para satisfacer unas necesidades específicas” (Goldblatt, 2008, p.5). Por otro lado, destacan a Getz (2005, p. 16), que define los eventos especiales desde dos perspectivas: una desde el punto de vista de los organizadores del evento y otra desde el punto de vista del cliente o visitante. Desde la primera perspectiva, un evento especial es aquel que sólo se produce una vez o es poco frecuente fuera del programa normal o de las actividades de la organización promotora. Desde el punto de vista del cliente o visitante, un evento especial es una oportunidad de ocio o experiencia social y cultural fuera de las opciones o experiencias cotidianas. En la misma línea, Shone y Parry (2004, p. 3) definen los eventos especiales como “fenómenos que surgen de ocasiones no rutinarias que tienen objetivos de ocio, culturales, personales u organizativos diferenciados de la actividad diaria normal, cuyo propósito es ilustrar, celebrar, entretener o poner a prueba la experiencia de un grupo de personas”. De este modo Getz (2005) destaca que los eventos especiales tienen una serie de características que son el ambiente festivo, la unicidad, calidad, autenticidad, tradición, hospitalidad, orientación temática, asequibilidad, conveniencia y simbolismo.

Desde una perspectiva más general, Shone y Parry (2004) señalan que las características generales que reunirían los eventos en general serían las siguientes: son únicos, permiten la interacción y el contacto entre las personas, son intangibles, se acompañan de rituales y ceremonias, escala temporal limitada, implican una intensificación del trabajo tanto organizativo como operativo, son efímeros (no se pueden repetir de forma idéntica) y generan ambiente del que dependerá el éxito del evento y ofrecen servicios. Aunque para Cerezuela (2003), los eventos deportivos tendrían otras dos características: por un lado, en las fases de planificación de la estrategia de información y documentación de un evento, son prioritarias la temporalidad, complejidad organizativa y necesidad de atención al público y, por otro lado, los eventos deportivos suelen tener

una corta duración en el tiempo pero una influencia enorme a largo plazo, pudiendo transformar la vida cultural, política, económica y social de la ciudad, región o país donde se organicen. Y en esa línea, la característica de intangibilidad que señalan Shone y Parry (2004) no sería tal, sino más bien al contrario.

Así, pues los eventos deportivos son acontecimientos que permiten la reunión de espectadores para ver cómo se realiza una actuación, animarla y valorarla públicamente mediante aplausos y gritos. Jugadores y espectadores se funden en una misma configuración, sus acciones y reacciones son interdependientes (Elias, 1986, citado por Desbordes y Falgoux, 2006).

En este sentido, Alan Ferrand (1993, p. 280) citado por Gresser y Bessy (1999), destaca que:

El evento es un hecho social poderosamente mediatizado, cuyo impacto en los diferentes públicos va asociado a la incertidumbre del resultado obtenido por los diferentes agentes al realizar una hazaña, una actuación o una competición. Por eso, la cumbre de todos los eventos la ocupa el trío Juegos Olímpicos, Copa del Mundo de Fútbol y Campeonato del Mundo de Fórmula 1.

Por otro lado, Añó (2003, p. 81) define un gran evento o acontecimiento deportivo como “aquella actividad deportiva que cuenta con un alto nivel de repercusión social traducido en una fuerte presencia en los medios de comunicación y que genera por si misma ingresos económicos”. No obstante, esta definición es genérica y permite englobar múltiples acontecimientos o eventos deportivos, ya que no se específica en la misma el alcance de la presencia de los medios de comunicación, ni el de los ingresos económicos, ni el concepto o tipo de actividad.

Este autor propone una serie de características que catalogarían una actividad deportiva como evento deportivo. Estas características son las siguientes (Añó, 2011, p. 57-58): “repercusión social, nivel amplio de asistencia de público, presencia en los medios de comunicación, audiencia televisiva, tipo de deporte, dificultad de la práctica, patrocinadores e ingresos propios (taquillas, venta de objetos, etc.)”.

Las cuatro primeras determinaran la consideración como posible evento de acuerdo con el nivel de espectacularidad o su capacidad para realizarse públicamente, siendo interdependientes entre ellas, ya que si hay espectadores tiene repercusión social,

interesa a los medios de comunicación y, por lo tanto, tiene audiencia. Aunque con frecuencia encontramos deportes con cierta repercusión social y presencia en los medios de comunicación por ser los equipos representativos de una ciudad que no cuentan con un alto nivel de asistencia de público, tal es el caso, del balonmano, el voleibol, el atletismo o la natación, entre otros (Añó, 2011).

En cuanto al tipo de deporte y la dificultad de la práctica, observamos cómo cuanto más complejo es un deporte más dificultades de contar con una masa de practicantes tendrá y, por tanto, de aficionados. Por último, los patrocinadores y la capacidad de generar ingresos propios consolidaran una actividad deportiva como un gran acontecimiento