Capítulo II. La conectividad en el discurso académico
2.1. Conectividad: definición y tipos
Todo discurso constituye una unidad de significado. Por unidad de significado nos referimos
a la articulación de relaciones semánticas que operan simultáneamente en un nivel global –coherencia– y en un nivel local –cohesión–. Las relaciones de coherencia organizan la
estructura total del texto de forma lógica y clara, en tanto que las relaciones de cohesión
conectan las partes de un texto a través de mecanismos de carácter gramatical (p. ej., referencia, elipsis, sustitución) o léxico-gramatical (p. ej., conjunciones, adverbios,
locuciones adverbiales, interjecciones, etc.). Así, un elemento textual presupone o señala su vinculación con el otro, de modo que el segundo no puede ser decodificado sin el primero (Halliday & Hasan, 1976).
En consecuencia, para que un discurso sea definido como tal debe expresar cohesión (Halliday & Hasan, 1976) mediante la agrupación lógica de cláusulas de forma explícita o implícita (Calsamiglia & Tusón, 1999). De esta manera, es esperable que el contenido, en su totalidad, sea “un fluido de información, y no una sarta entrecortada de frases –o cláusulas– puntuales aisladas” (Montolío, 2001, p.19) y así el oyente/lector pueda interpretarlo satisfactoriamente (Cassany, 1999).
En este trabajo de investigación nos enfocamos en un mecanismo cohesivo que une cláusulas, debido a que forma parte de lo que varios autores han etiquetdo en un sentido amplio como conexión (p. ej., Briz, 2001; Calsamiglia & Tusón, 1999; Cuenca, 2010; Cuenca et al., 2011; Fuentes, 1987; Halliday & Hasan, 1976; López Serena & Borreguero Zuloaga, 2010; Martín Zorraquino, 2010; Martín Zorraquino & Portolés, 1999; Mederos, 1988; Montolío, 2001; Pons Bordería, 1998; Portolés, 1993, 2001) o conectividad (p. ej., Berman, 1998, 2008; Berman & Slobin, 1994), que para estos últimos autores es la manera en la cual los usuarios de una lengua marcan la conexión entre cláusulas al describir actividades, eventos y estados entre las distintas partes del discurso durante su construcción.
Usaremos el término conectividad para referirnos a dos tipos de conexión. Por un lado, la conexión intraoracional que alude al empleo de conjunciones coordinantes (p. ej., y,
o, pero, pues, luego), subordinantes (p. ej., que, cuyo, si, para, porque, aunque, cuando, como, donde, etc.) y locuciones preposicionales subordinantes (p. ej., con el objeto de, debido a, pese a, etc.) para establecer conexiones entre cláusulas, en donde la cláusula
principal o independiente es modificada por una o varias cláusulas subordinadas gramaticalmente de la principal, con el fin de establecer distintas relaciones de dependencia (p. ej., completiva, adjetiva o circunstancial) (Martín Zorraquino, 2010).
Por otro lado, lo que conocemos como conexión extraoracional se realiza por un grupo heterogéneo de palabras, cuyo cometido es facilitar el procesamiento de la información para comprender el discurso (Martín Zorraquino & Portolés, 1999; Montolío, 2001, Portolés, 1993, 2001) mediante las siguientes funciones: (1) conectar dos o más cláusulas (p. ej., además, sin embargo, en consecuencia, incluso, etc.), (2) condicionar la interpretación interna de una cláusula (p. ej., en realidad, en principio, de hecho, en el
fondo, etc.), (3) reformular información (p. ej., es decir, esto es, mejor dicho, en cualquier caso, etc.), (4) estructurar información (p. ej., en primer/segundo lugar, por un/otro lado, ante todo, en parte, etc.), (5) proyectar la actitud del hablante –y escritor– sobre una idea
que se quiere intensificar, atenuar, evidenciar o aceptar (p. ej., desde luego, sin duda, por lo
visto, bueno, claro, etc.); y (6) manifestar la relación entre los actores durante la
comunicación (p. ej., mire (usted), ¿me entiende?, bueno, hombre, etc.) (Loureda & Acín, 2010; Martín Zorraquino & Portolés, 1999; Portolés, 2001).
En virtud de las funciones señaladas, se ha sostenido que los recursos de conexión extraoracional usados de forma adecuada dotan al texto oral y escrito de un significado relativamente unívoco y de fácil comprensión al interlocutor. Esto, por cuanto fungen como guías que facilitan la interpretación de las relaciones entre cláusulas (Portolés, 2001).
Ahora bien, algunos autores (p. ej., Calsamiglia & Tusón, 1999; Cuenca et al., 2011, Galiana, Gras & Rosado, 2017; López Serena & Borreguero Zuloaga, 2010; Montolío, 2001, 2014) no diferencian de forma categórica los recursos propios de los dos tipos de conexión mencionados, sino que en su enfoque de conexión admiten tanto los intraoracionales como lo extraoracionales, quizás porque la forma como se codifica el significado de los recursos de conexión intraoracional es semejante a la de los recursos de conexión extraoracional (Martín Zorraquino, 2010). A modo de ejemplo, López Serena y Borreguero Zuloaga (2010) incluyen en su inventario locuciones adverbiales y conjunciones causales y finales de naturaleza intraoracional (p. ej., por eso, a causa de, ya que, para que, a fin de que, si bien,
aunque, etc.).
A diferencia de este enfoque, en nuestro abordaje sobre la conectividad distinguiremos la conexión intraoracional frente a la extraoracional y nos detendremos en la segunda, como se apreciará en el siguiente subapartado.
2.1.1. Recursos de conexión extraoracional: objeto de estudio
Hemos visto que coexisten dos tipos de conexión en el discurso. La intraoracional, que desempeña funciones sintácticas de coordinación o subordinación en el seno del núcleo oracional, y la extraoracional, que se mantiene al margen de la predicación oracional para realizar diversas funciones discursivas (Loureda & Acín, 2010; Martín Zorraquino & Portolés, 1999; Portolés, 2001).
En este trabajo, nuestro objeto de estudio son los recursos de conexión extraoracional. Un conjunto variado de palabras desde un punto de vista gramatical, tales como:
Adverbios (p. ej., bien, asimismo, claro, entonces, etc.) y adverbios de foco (p. ej., por ejemplo, además, también, ni siquiera, etc.);
Locuciones adverbiales (p. ej., en consecuencia, en resumen, sin embargo, no
obstante, desde luego, sin duda, en teoría, etc.);
Conjunciones coordinantes (y, pero, pues);
Locuciones conjuntivas (p. ej., es decir, o sea, etc.);
Sintagmas preposicionales (p. ej., a mi entender, desde mi punto de vista, en mi
opinión, etc.);
Formas verbales en modo imperativo (p. ej., oiga (usted), mire (usted), vea (usted),
escuche (usted), etc.);
Interjecciones (p. ej., eh, bueno, etc.);
Apéndices (p. ej., ¿no?, ¿eh?, ¿verdad?, etc.);
Adjetivos que forman “expresiones parentéticas de modalidad” (Martín Zorraquino, 2010, p. 164) (p. ej., obvio, cierto, exacto, etc.);
Pausas articuladas (López Serena & Borreguero Zuloaga, 2010; Martín Zorraquino, 2010; Martín Zorraquino & Portolés, 1999) (p. ej., este, eh, mmm, hum, etc.); y
Excepcionalmente, “verbos realizativos que expresan opinión propia” (Martín Zorraquino, 1999, p. 45) (p. ej., (yo) pienso, creo, opino, considero que, etc.). Aunque son recursos de conexión intraoracional, los incluimos en nuestro trabajo porque llevan a cabo la misma función modal que los sintagmas preposicionales referidos, son recursos frecuentes y relevantes en las argumentaciones analíticas y, sobre todo, adquieren un papel destacado en el análisis de la estructura de la argumentación.
En términos generales, este grupo de palabras se caracteriza por ser un recurso
lingüístico que es invariable, tiene movilidad posicional, ocupa una posición parentética –a modo de inciso– entre cláusulas o en una cláusula y tiene un significado procedimental –instrucciones que orientan el procesamiento de la información enunciada–, o bien, un
significado “híbrido” entre lo procedimental y lo conceptual (Martín Zorraquino & Portolés, 1999; Murillo, 2010; Portolés, 2001) (véase detalle en el apartado 2.3.).
Por consiguiente, consideraremos como recursos de conexión extraoracional todas las categorías de palabras mencionadas, siempre que se ajusten a la mayoría de las características descritas. Excluimos, pues:
1. Las conjunciones coordinantes y, pero, pues –cuando se desempeñan como tales15– ;
2. Las conjunciones subordinantes y locuciones prepositivas, cuyas propiedades contravienen la caracterización esencial de este tipo de recurso, pues constituyen expresiones de conexión intraoracional. Por ello, están integradas en la oración, muestran un elemento subordinante por medio de las preposiciones a, de, por o de la conjunción que o, a veces, de la combinación de estos elementos y aceptan tanto especificadores como complementos (Martín Zorraquino & Portolés,1999; Montolío, 2001; Portolés, 2001) (p. ej., a causa de, pese a, aunque, si bien, ya que, debido a,
por eso);
15 Normalmente, llevan a cabo funciones sintácticas en la conexión intraoracional; sin embargo, ocasionalmente, pueden operar en la conexión extraoracional (Martín Zorraquino, 2010; Porroche Ballesteros, 2001, 2002) (véase ampliación en subapartado 5.1.3.1. del capítulo V).
3. Los adverbios y locuciones adverbiales enunciativos (p. ej., francamente,
sinceramente, honestamente, etc.) y modales (p. ej., afortunadamente, desgraciadamente, ciertamente, etc.) cuando se comportan como adverbios de
modo;
4. Los alargamientos vocálicos (p. ej., buenoo, esteee, perooo, etc.16); y
5. Los marcadores gráficos, que en los textos escritos corresponden a la sangría, la coma y el punto y en los textos orales a las pausas y la entonación (Cahana-Amitay & Katzenberger, 2000; Katzenberger & Cahana-Amitay, 2002), pues su función no es exclusiva de los recursos de conexión extraoracional (Briz, 2001) y, además, su análisis queda fuera de nuestro objetivo de investigación.
Ya definido qué estimaremos como recursos de conexión extraoracional, que también llamaremos marcadores discursivos (en adelante MD), en el siguiente apartado ahondaremos en la terminología que han recibido y en las principales perspectivas desde las que se han estudiado.