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consecuencias y disonancias

In document LA RESPONSABILIDAD SOCIAL CORPORATIVA (página 127-130)

The Responsability of Disconfort in the Social Welfare

2. consecuencias y disonancias

todo este planteamiento conduce a lo que ortega preconizó y llamó la época del «señorito satisfecho», que da lugar a un hombre-masa cuya es- tructura psicológica es la siguiente: «1.º una impresión nativa y radical de que la vida es fácil, sobrada, sin limitaciones trágicas; por lo tanto, cada individuo medio encuentra en sí una sensación de dominio y triunfo que, 2.º le invita a afirmarse a sí mismo tal cual es, dar por bueno y completo su haber moral e intelectual. este contentamiento consigo le lleva a cerrar- se para toda instancia exterior; a no escuchar, a no poner en tela de juicio sus opiniones y a no contar con los demás. Su sensación íntima de domi- nio le incita constantemente a ejercer predominio. actuará, pues, como si sólo él y sus congéneres existieran en el mundo; por lo tanto, 3.º intervendrá en todo imponiendo su vulgar opinión sin miramientos, contemplaciones, trámites ni reservas, es decir; según un régimen de “acción directa”» (orte- ga y Gasset, 1976, págs. 130-131).

este tipo de hombre, con esta estructura psicológica que «ahora anda por todas partes y dondequiera impone su barbarie íntima, es, en efecto, el

niño mimado de la historia humana. el niño mimado es el heredero que se comporta exclusivamente como heredero. ahora la herencia es la civiliza- ción… Se halla, al nacer, instalado, de pronto y sin saber cómo, en medio de su riqueza y sus prerrogativas» (ortega y Gasset, 1976, pág. 131-132). es lo que adler llamó «estilo de vida regalado» que lleva según Maslow (1954) a una patología de los valores producida por la gratificación, es decir, que una creciente opulencia da lugar a que muchos, en lugar de agradecer lo que tienen, presentan una tendencia a despreciarlo y a efec- tuar demandas cada vez menos razonables, como si fueran niños malcria- dos.

en el momento actual hay una segunda disonancia, que en el caso es- pañol ha sido más estridente, y es el enfrentamiento radical entre pasado y presente, al no haber querido ni sabido asumir la propia historia e intenta- do una ruptura, mediante la distorsión o el rechazo generalizado e indiscri- minado, especialmente de la historia reciente, sin afrontar un estudio obje- tivo y sereno. Se ha presentado este pasado como la encarnación de todos los males sin mezcla de bien alguno, que oprimía e imposibilitaba el desa- rrollo humano y social. Se trataba de una estructura política y social que encarnaba y fomentaba la injusticia, el olvido de los menos favorecidos, evitando el desarrollo y el progreso. el pueblo español se presenta como un pueblo al que se le negaba el acceso al conocimiento, a la cultura, al pensamiento, al trabajo digno y al desarrollo personal.

cuando nuestra reciente historia se ha presentado así, nadie, de los que tenían medios, posibilidades e incluso obligación de hacerlo, ha defendi- do los aspectos positivos, con lo que por omisión y silencio vergonzante, en bastantes caso, crearon el ambiente generalizado, la disonancia en las mentes, según la cual todo lo anterior que ellos habían vivido era la ex- presión de lo vituperable, negativo y rechazable, y, por el contrario, lo actual es el bien deseable, liberador, progresista y ardorosamente espera- do. en españa, donde se ha realizado una ejemplar transición política, sin solución de continuidad, se ha llevado a cabo una ruptura psicológica y mental, profunda y radical, a través de la técnica de la espiral del silencio y de la acción de unos políticos más empeñados en ajustar cuentas que en saldarlas definitivamente, en abrir diferencias. ejemplo de condenar, re- chazo y destrucción, a lo taliban, de todo vestigio, de lo realizado y de lo que representa, es la reciente Ley de Memoria Histórica, digna de ser ana- lizada con serenidad y objetividad. recordaré aquí lo que el profesor adolfo Muñoz alonso nos enseñó; al señalar que la Ley tiene que ser «ex-

presión de los hombres para los que se promulga y no expresividad impo- sitiva del estado sobre los ciudadanos a los que se dirige». (Muñoz alonso, 1973; 322).

Junto a estas dos disonancias de carácter generalizado, existe una terce- ra que afecta cada vez a un mayor número de personas, y que la expresa- mos como la producida por el choque entre la presencia de vidas opulen- tas, regaladas, sobradas de todo, con ostentación y frivolidad permanente, y la situación de aquellos que en una posición de necesidad, de pobreza o de grandes carencias sienten la impotencia de alcanzar niveles dignos, por- que la estructura social y económica no les ofrece las posibilidades para ello, así tenemos a los parados y los jóvenes que buscan con afán trabajo como base de su desarrollo personal y familiar. el parado que tuvo su tra- bajo y alcanzó un nivel aceptable de vida y, ahora, ve rota su vida profe- sional y en peligro el sustento de su familia, sufre una disonancia de una magnitud más intensa que la del joven que busca su primer empleo. esta intensidad aumenta cuando, además de conductas individuales, contem- pla, a su alrededor, el despilfarro, la corrupción y cinismo de los hombres públicos que precisamente fueron elegidos o designados para resolver estas carencias y buscar fórmulas que proporcionen esas posibilidades deseadas. este tipo de disonancia produce rabia, indignación y, sobre todo, resenti- miento en las personas que la sufren, a lo que se añade la sensación de impotencia al sentir que no pueden hacer nada y su vida se desenvuelve ante la indiferencia y las buenas palabras de los políticos que tanto prome- ten en las campañas electorales. Hemos creado una estructura política y administrativa que se preocupa y ocupa, en el mejor de los casos, de los grandes problemas macroeconómicos y sociales y olvida los problemas concretos de las personas concretas.

La frustración continuada de esta forma de disonancia puede dar lugar a un sentimiento agresivo que se manifiesta en mal humor permanente, respuestas inadecuadas y violentas dentro de la familia y los más próximos, y, sobre todo, el permanente rumiar interior que engendra resentimiento hacia todo aquello que considera causa de la situación en que se encuen- tra. Se trata de respuesta agresivas de carácter individual o en pequeños o medianos grupos, tal como las pandillas de jóvenes que arrasan nuestras ciudades destruyendo papeleras, cristaleras, etc. una de las causas, no la única y quizá no la más importante de estos comportamientos vandálicos, es la frustración, con causa o sin ella, que se produce en nuestra juventud, a la que no hemos sabido encauzar hacia causas nobles e ilusionadas.

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