EL CONTEXTO CONTEMPORÁNEO DE LAS EMPRESAS: IMPLICACIONES PARA UNA ÉTICA DE LA GESTIÓN DE
2. EL CONTEXTO CONTEMPORÁNEO DE LAS EMPRESAS
2.2 El contexto ético: la nueva demanda de responsabilidad en las empresas
Ante tal escenario, la ética resurge como una especie de freno, un aviso de que debemos volver a cuestionar antes de actuar, debemos medir las consecuencias de nuestros actos y pensar en las futuras repercusiones. La reflexión ética renace con el sentimiento de que queremos y podemos hacer el bien, a pesar del profundo pesimismo y nihilismo de nuestro tiempo, ya que la mejor manera de recuperar la confianza en la ciencia es «revitalizarla éticamente»73.
Es sobre estas bases, de pensar de manera prudente y especialmente responsable, que nos encontramos con el pensamiento de Paul Ricoeur. Según él, «nuestra época parece estar caracterizada por una nueva demanda ética», a causa de los profundos
69MARCUSE, Herbert. El hombre unidimensional. 70BAUMAN, Zygmunt. O mal-estar da pós-modernidade. 71HALL, Stuart. A identidade cultural na pós-modernidade. 72HARVEY, Condição pós-moderna, op. cit.
39 «cambios que afectan a la calidad del actuar humano en la época presente de las ciencias, de las técnicas y de la política»74.
La situación inédita en la que nos encontramos, debido al extraordinario avance de las aplicaciones técnicas, influye sobre innumerables ámbitos de la vida social. En el libro Temps de la responsabilité, Frédéric Lenoir agrupa éstos en seis dimensiones sociales principales: ciencias de la vida, medio ambiente, cambios económicos, empresa, mass media (medios de comunicación de masas) y política.
Para Ricoeur, esta actual condición revela el profundo contraste con la naturaleza de los griegos, primeros pensadores que articularon racionalmente la «consciencia moral». Según él75,
(…) la acción humana se desplegaba, entonces, al refugio de una naturaleza considerada invulnerable, la ciudad de los hombres formando una especie de enclave en los intervalos bien moderados de una naturaleza que podía ser hostil, pero que la acción humana no podía modificar de manera duradera. En la edad de las técnicas modernas, la relación se encuentra invertida: la naturaleza, el refugio donde el hombre vivió hasta nuestros días, se encuentra amenazada en los grandes equilibrios que permitieron a la vida desarrollarse y, a su vez, al hombre aparecer, subsistir y desarrollar su historia.
Actualmente, es la naturaleza la que está subordinada al hombre, y no sólo en su realidad externa. Con el avance de las ciencias genéticas, es el propio estado «interno» del ser humano el que puede cambiar drásticamente, o sea, su condición en cuanto a especie. Así, el hombre se ha vuelto peligroso para el propio hombre.
Los efectos devastadores que la especie humana es capaz de causar en el medio ambiente muestran cuánto ha avanzado el desarrollo técnico-científico al margen de la sostenibilidad, quizás mucho más estimulado por las ganancias financieras que por los «ideales originales» del propio desarrollo científico.
No podemos olvidar que el conocimiento científico moderno surge dentro de un panorama económico mucho más amplio, caracterizado por la idea de progreso y de acumulación de capital. Cabe destacar que no se trata de una teoría de la «conspiración» decir que muchas de las decisiones políticas actuales son tomadas a partir de consideraciones e intereses económicos y que éstos hasta ahora han dejado suspendidos las reflexiones éticas, sino que la actual crisis económica es consecuencia de esa suspensión, al confundir «liberalismo económico» con ausencia total de normas y límites.
74RICOEUR, Postface au temps de la responsabilité, op. cit., p. 271. (La traducción es mía). 75Ibíd., p. 273. (La traducción es mía)
Por una sostenibilidad humana en la Empresa:
aportaciones de la Filosofía de Paul Ricoeur a la Gestión Ética de Personal ___________________________________________
40 En palabras de Ricoeur, «(…) cuando los propósitos humanos se olvidan y sólo se tiene en cuenta el uso máximo de los recursos, el desarrollo resulta ser mal desarrollo»76.
Parece claro que con la progresiva movilización social y los efectos ya sentidos debido a décadas de progreso científico desequilibrado, el discurso en torno al desarrollo modifica su carácter predominantemente acumulativo y progresista, y pasa a relacionar el desarrollo, que continúa siendo deseado y necesario, a la idea de sostenibilidad. Este modelo de sostenibilidad encarna el concepto de responsabilidad que Ricoeur caracteriza como lo que justifica el retorno a los debates éticos en la contemporaneidad.
Otra dimensión social abordada por este autor en ese Postfacio es la dimensión política, en especial el problema de la participación ciudadana en las democracias occidentales. Para él, esta cuestión es mucho más grave cuando se piensa que es en el momento en que más se necesita esta participación – justamente para decidir sobre las cuestiones relacionadas con el desarrollo o con el «comando» de la economía –, cuando menos los ciudadanos se implican.
Quizás esta poca participación ciudadana se pueda justificar por el modelo ideológico técnico/científico que promueve la distinción de dos grupos de hombres: los especialistas – políticos, tecnólogos, científicos –, que tienen la competencia necesaria para discutir y opinar sobre los temas importantes de nuestra realidad social, y los laicos cuya opinión no puede ser considerada seriamente. De esta manera, se sostiene la antigua concepción de que el pueblo es peligroso para sí mismo y para los ideales democráticos, porque no puede entender las cuestiones complejas de la economía y de la política. Además, el desinterés y la incapacidad de los medios de comunicación de masas en convertirse en una fuente de información completa y de calidad, así como la falta de formación política adecuada de los ciudadanos, parecen disuadir vehementemente los intentos de una implicación del ciudadano común en el ámbito político.
No obstante, lo que estos tecnólogos y políticos no reparan es que con esta actitud hieren profundamente los mismos ideales democráticos; en la práctica continúan con el modelo de gobierno invisible77 que tanto combatieron y aún combaten, al menos en sus discursos televisivos.
76RICOEUR, Postface au temps de la responsabilité, op. cit., p. 276. 77BOBBIO, Norberto. El futuro de la democracia.
41 De esa manera, el fracaso de la democracia real como sistema político revela la paradoja de que, a pesar del supuesto éxito hegemónico del capitalismo democrático, continuamos siendo gobernados por un hatajo de políticos incompetentes. Para Castoriadis,
La sociedad «política» actual está cada vez más dividida, dominada por grupos de presión de toda clase que crean un bloqueo general del sistema. Cada uno de estos grupos de presión es, en efecto, capaz de obstaculizar eficazmente toda política contraria a sus intereses reales o imaginarios; ninguno de ellos tiene una política general e incluso, si la tuviera, no poseería la capacidad de imponerla78.
Sin embargo, para Ricoeur, todas esas crisis que llevan a una nueva demanda de la ética también revelan otra paradoja, la crisis de la propia ética, una vez que «la ética se hace más presente a la misma época en que ésta se ha convertido en problemática en cuanto a su justificación última»79.
De esta manera, el problema de la fundamentación teórica de la ética se coloca como un problema más de nuestra contemporaneidad, cuestionando, definitivamente, la garantía de la modernidad.
Para superar esta contrariedad, Ricoeur recurre a la convicción, que, según él, sería suficiente para orientar de manera práctica la acción individual y colectiva. Además, parece ser que es a nivel de las convicciones que los diferentes discursos contemporáneos encuentran sus argumentos comunes, y no en las interminables discusiones con respecto a los fundamentos.
Para justificar su tesis, dicho autor hace una distinción entre las convicciones que llama «d’arrière-plan» – asentadas en la máxima kantiana del hombre en cuanto a un fin en sí mismo –, de las convicciones «d’avant-plan» – que, a su vez, buscarían nuevos principios capaces de orientar al sujeto ante las mutaciones de la acción humana en la edad técnica.
Sin embargo, para este filósofo francés, las convicciones «d’arrière-plan» no conseguirían responder a las nuevas demandas suscitadas por las referidas mutaciones, lo que las obligarían a ajustarse a «esas situaciones inéditas», aproximándose a las «d’avant- plan», en el sentido de que las dos tienen en común la idea de responsabilidad.
78CASTORIADIS, Cornelius. La montée de l’insignifiance, p. 19. (La traducción es mía).
Por una sostenibilidad humana en la Empresa:
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42 De esta forma, Ricoeur propone «tomar la idea de la responsabilidad como guía en el paisaje cambiante de las convicciones d’avant-plan, las que ambicionan responder a las situaciones inéditas mencionadas anteriormente»80.
Según el autor, debemos hacer una importante distinción entre «responsabilidad como sinónimo de imputabilidad», dirigida al pasado, y «responsabilidad requerida por la edad técnica», direccionada al futuro.
En este sentido, la responsabilidad coloca la acción humana en relación directa con sus consecuencias, sean previsibles o imprevisibles a largo plazo. En esta perspectiva, ésta asume el carácter de una misión que nos fue confiada y que necesitamos llevar a cabo según sus reglas81.
En cualquier caso, él mismo reconoce la importante contribución de Hans Jonas82, que defiende la idea de que hoy somos responsables del futuro de la humanidad. En palabras de Ricoeur83,
La responsabilidad, en la edad tecnológica, se extiende tan lejos como lo hacen nuestros poderes en el espacio y en el tiempo, y en las profundidades de la vida. Y no conoceremos jamás a los descendientes que podrían pedirnos responsabilidades.
La responsabilidad se presenta como un ejercicio de moderación y de contención, y llega incluso a proponer la abstención del actuar. Es el miedo ante las consecuencias de las acciones de uno mismo lo que debe inspirar la reflexión ética.
Conforme Ricoeur, la política se presenta, en nuestra contemporaneidad, como el escenario privilegiado donde acaece o se produce el debate ético. Según él, «la democracia es el lugar político donde este conflicto puede continuar, ahora con el respeto a las diferencias»84. Por lo tanto, no podemos olvidar el carácter pluralista de las democracias occidentales, y con esto, entender la inmensa dificultad para encontrar lo que sería un fundamento «único» de la ética. De esta manera, el debate democrático sobre las convicciones aportadas por los diferentes individuos haría posible llegar a principios comunes, no en el sentido último de una ética, sino en la línea de un consenso justo, de
80Ibíd., p. 283. 81Ibíd.
82«Obra de tal modo que los efectos de tu acción sean compatibles con la permanencia de una vida humana
auténtica en la Tierra». (JONAS, Hans. El principio de responsabilidad. Ensayo de una ética para la civilización tecnológica, p. 40).
83RICOEUR, Postface au temps de la responsabilité, op. cit., p. 284. (La traducción es mía). 84Ibíd., p. 294.
43 una base de convicciones comunes y compartidas, «que giran en torno a la idea de la responsabilidad»85.
2.3 El contexto de la empresa: la crisis de los modelos mecanicistas y