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Contradicción principal, contradicciones secundarias

EL CUARTO RASGO DE LA DIALÉCTICA I El carácter específico de la contradicción

III. Contradicción principal, contradicciones secundarias

PUESTO QUE ya tenemos absoluta conciencia de la fuerza del vínculo que enlaza lo específico a lo universal, observamos más claramente las relaciones existentes entre contradicción principal y contradicciones secundarias. En efecto, un proceso determinado nunca es sencillo, precisamente porque debe su existencia específica a un sinnúmero de condiciones objetivas, que lo unen al conjunto. Resulta que todo proceso

es el eje de una serie de contradicciones. Pero entre estas contradicciones, una es la contradicción principal, la que surge desde el principio hasta el fin del proceso y cuya existencia y desarrollo determinan la característica y la marcha del proceso. Las otras son contradicciones secundarias supeditadas a la contradicción principal.

¿Cuál es, por ejemplo, la contradicción principal de la sociedad capitalista? Incuestionablemente, la contradicción entre proletariado y burguesía. Mientras exista el capitalismo, perdurará esta contradicción; y es ella la que en última instancia decide sobre la suerte del capitalismo, puesto que la victoria del proletariado significa la muerte del capitalismo. Pero la sociedad capitalista, aquilatada en su proceso histórico, alberga otras contradicciones, secundarias en relación a la principal. Por ejemplo: contradicción entre la burguesía existente y los restos del feudalismo vencido; contradicción entre el campesinado trabajador (pequeños propietarios, aparceros, jornaleros....) y la burguesía; contradicción entre la burguesía y la pequeña burguesía; contradicción entre la burguesía monopolista y la burguesía no monopolista, etc... Todas las contradicciones que surgen y se desarrollan en la propia historia del capitalismo. Y como este desarrollo se efectúa en escala mundial, es menester considerar inclusive la contradicción entre los diversos países capitalistas, la contradicción entre la burguesía imperialista y los pueblos colonizados.

Todas estas contradicciones no son yuxtapuestas. Se enredan y, conforme a la primera ley de la dialéctica, están en acción recíproca. ¿Y cuál es el efecto de esta intención? Este: en determinadas condiciones, una contradicción secundaria adquiere tal importancia que se convierte, durante un período determinado, en contradicción principal, en tanto que la contradicción principal pasa a segundo plano (lo que no quiere decir en absoluto que su acción cese). En resumen, las contradicciones no son estáticas, cambian de lugar.

Es así como la contradicción entre la burguesía y el proletariado en los países coloniales, aunque sea determinante en último análisis –puesto que se resolverá mediante la victoria del socialismo en esos países- pasa, sin embargo, durante cierto tiempo, al segundo plano. Lo que pasa al primer plano es la contradicción entre el imperialismo colonizador y la nación colonizada (clase obrera, campesinado, burguesía nacional uniéndose en un frente nacional de lucha por la independencia). Esto no erradica en modo alguno las luchas de clases en el seno del país colonial. (Tanto más, cuanto que una fracción de la burguesía del país colonial es cómplice del imperialismo colonizador.) Pero la contradicción a resolver con más urgencia, es la que plantea el imperialismo y que resuelve la lucha nacional por la independencia.

El capitalismo entraña contradicciones específicas inherentes, contradicciones objetivas que perduran tanto como él. Contradicciones que impelen a la burguesía a encontrar en la guerra imperialista una solución a sus dificultades. Resulta, pues, que de manera inevitable (es decir, necesaria) los países capitalistas son rivales encarnizados. Es ilusoria la creencia de que la supremacía del capitalismo norteamericano sobre los otros países capitalistas pone un límite a las contradicciones que son inherentes al capitalismo como tal. Ningún pacto atlántico, ninguna alianza amenazante contra la U.R.S.S.,tiene el poder de suprimir esas contradicciones. La burguesía inglesa y la burguesía francesa, no pueden soportar ilimitadamente la dominación del capitalismo norteamericano en la economía de sus respectivos países. Y lo mismo sucede con los países vencidos. Alemania y Japón.

Las contradicciones entre países capitalistas (especialmente entre los Estados Unidos y Gran Bretaña) se han agravado considerablemente hasta el punto en que una gran parte de la burguesía inglesa y francesa prefiere el entendimiento con la U.R.S.S., que su propia liquidación en una guerra antisoviética bajo el mando norteamericano.

“Se dice que las contradicciones entre el capitalismo y el socialismo son más fuertes que las contradicciones entre los países capitalistas. Teóricamente, eso es acertado, claro está. Y no sólo lo es ahora, hoy día, sino que lo era también antes de la segunda guerra mundial. Y, más o menos, eso lo comprendían los dirigentes de los países capitalistas. Sin embargo, la segunda guerra mundial no empezó por una guerra contra la URSS, sino por una guerra entre países capitalistas. ¿Por qué? En primer término, porque la guerra contra la URSS, como el país del socialismo, es más peligrosa para el capitalismo que la guerra entre países capitalistas, pues la guerra entre países capitalistas sólo plantea la cuestión del predominio de unos países capitalistas sobre otros países capitalistas, la guerra contra la URSS debe plantear inevitablemente la cuestión de la existencia del propio capitalismo. En segundo término, porque los capitalistas, aunque con fines de ‘propaganda’, alborotan acerca de la agresividad de la Unión Soviética, no creen ellos mismos lo que dicen, pues tienen en cuenta la política pacífica de la Unión Soviética y saben que este país no agredirá a los países capitalistas.”10

Sea cual fuere la agresividad común de los países capitalistas, la Alemania imperialista (¡restaurada por las burguesías inglesa y francesa, que soñaban con lanzar las hordas hitlerianas contra la Unión Soviética!) lanzó sus primeros golpes... contra el bloque capitalista anglo-franco-norteamericano.

“Cuando la Alemania hitleriana declaró la guerra a la Unión Soviética, el bloque anglo- frnaco-norteamericano, no sólo no se unió a la Alemania hitleriana, sino que, por el contrario, se vio impelido a formar una coalición con la URSS, contra la Alemania hitleriana.” 11

Conclusión:

“La lucha de los países capitalistas por la posesión de los mercados y el deseo de hundir a sus competidores resultaron prácticamente más fuertes que las contradicciones entre el campo del capitalismo y el campo del socialismo.”12

Este distanciamiento de las contradicciones –una contradicción secundaria que se convierte, durante un tiempo, en la contradicción principal- debe valorarse en todas sus consecuencias prácticas. De esta clase, señalamos dos:

a) El rearme de la Wehrmarcht, formulado por los generales criminales de guerra, con la complicidad de la burguesía francesa, se apresta a la agresión contra la Unión Soviética. Pero, lo mismo que en 1940 Hitler se apoderó de París antes de lanzarse sobre Moscú, igualmente hay oportunidad de comprobar que los asesinos de Oradour se hallan dispuestos a ocupar y a saquear a Francia, una vez más, para intentar resolver sus propias dificultades económicas. La política de Adenauer, protector y cómplice de los nazis, no deja ninguna duda a este respecto. Y tan es así, que es necesario entender a Eisenhower cuando declara: “Entra en nuestros intereses, en nuestra tarea, hacer las cosas de modo que el ejército alemán pueda atacar en todas las direcciones que nosotros, los norteamericanos, juzguemos necesarias.

10 STALIN: Problemas económicos del socialismo en la U.R.S.S. p. 27.

11 Ibid, p. 28.

Una Francia agotada por la sangría de Indochina y saqueada por el imperialismo norteamericano, constituye para la burguesía alemana (¡restablecida con la ayuda de la burguesía francesa!) una presa mucho más fácil de derrotar que la poderosa Unión Soviética.

b) Las contradicciones entre los países capitalistas asumen tal importancia que cada día se dificulta más al imperialismo norteamericano imponer su ley en esta selva: el retraso que se ha puesto a la ratificación de los acuerdos de Bonn y del tratado de París, a pesar de las presiones norteamericanas, constituye un ejemplo entre muchos otros. La diplomacia soviética, porque domina perfectamente la dialéctica de los contrarios, utiliza al máximo las contradicciones entre los capitalistas (de este modo, la U.R.S.S., desarrolla su comercio con la Inglaterra capitalista). La coexistencia pacífica entre regímenes diversos será, por lo tanto, el resultado de una lucha en que las contradicciones internas del capitalismo, aunque secundarias en relación con la contradicción capitalismo-socialismo, jugarán un papel importante.

Se ve, pues, hasta qué grado es necesario, cuando se estudia un proceso, continuarlo en todo su desarrollo y no atenerse a un conocimiento momentáneo. Cualquier contradicción secundaria que surge hoy, mañana será, en efecto, la contradicción principal.

Este sistema de análisis aplicado a la Francia actual hace ver una suma muy compleja de contradicciones: contradicción entre proletariado y burguesía; contradicción entre la pequeña burguesía (de las ciudades y de los campos), y la burguesía; contradicción de las partes rivales de la burguesía, etcétera... Pero también existe, en su apariencia exterior, contradicción entre el imperialismo francés y los pueblos colonizados que él mismo explota; contradicción, también, entre el imperialismo francés y los otros imperialismos (principalmente el imperialismo norteamericano y el imperialismo alemán renaciente), etcétera... Y existe, por tanto, contradicción entre el capitalismo francés y el socialismo ¿Podemos situar en el mismo plano todas estas contradicciones? No. Si estimamos la sociedad francesa contemporánea en su totalidad, observamos que la contradicción principal es la lucha entre el proletariado y la burguesía, lucha que, desde el triunfo de la revolución burguesa,13 atraviesa la historia de Francia como un

hilo rojo y cuya solución decidirá el porvenir del país asegurando la victoria del socialismo. Sin embargo, la burguesía capitalista, para subsistir recurre a la protección del imperialismo norteamericano, traicionando así los intereses de la nación. Y de esta manera opone su política de clase no expresamente al proletariado revolucionario, sino a las otras clases, incluso a la parte de la burguesía que no obtiene beneficios de la dominación yanqui. Consecuencia: surgida de la contradicción principal antes mencionada, se desarrolla una contradicción secundaria (imperialismo norteamericano y burguesía antinacional –por una parte- contra –por la otra- la nación francesa dirigida por la clase obrera). Esta contradicción secundaria ha tomado tal importancia que se constituye durante algún tiempo en la contradicción principal. La ocupación actual de los comunistas franceses, vanguardia de la clase obrera y de la nación, consiste en resolver esta contradicción enarbolando en alto, hacia adelante, a la cabeza de un imbatible frente nacional unido, la bandera de la independencia nacional hipotecada y pisoteada por la burguesía en quiebra.

Es claro que un partido revolucionario mal armado teóricamente no logrará comprender ni prever el movimiento recíproco de las contradicciones. En ese caso, iría a remolque de los acontecimientos.

13 Bajo el Antiguo régimen feudal, ya existía la lucha entre el proletariado y la burguesía, pero entonces esa lucha no representaba