Convertirse en abuelos

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5. Desarrollo psicosocial en la vejez

5.3. Relaciones familiares

5.3.1. Convertirse en abuelos

Existe un interés creciente por el rol de las personas mayores cuando ejercen como abuelos por su tarea fundamental en el mantenimiento de los miem- bros más jóvenes de la familia. Ello es así, con independencia del tiempo que vean semanalmente a sus nietos, ya que su condición de abuelos les otorga un esencial y nuevo sentido a sus vidas. Los abuelos pueden proporcionar una asistencia práctica, apoyo y consejos útiles sobre el cuidado, en especial cuando los nietos son pequeños. El encuentro de los abuelos con los nietos es siempre enriquecedor para ambas partes. A muchos niños les atrae estar con sus abuelos por diferentes y variadas razones: algunos porque, al lado de los abuelos, no existen tantas órdenes ni obligaciones; otros, porque pueden ha- cen cosas distintas con ellos en las que sienten más libres. Algunos nietos ven

La semejanza facilita la armonía

El matrimonio con alguíen que comparta características simi- lares aumenta la probabilidad de ser felices en el matrimonio (Acitellli et al., 1993). Una de las razones es que se favorece la consistencia de la personali- dad a lo largo del curso de la vida.

a sus abuelos como amigos, una especie de guía, como divertidos, cariñosos, mimosos y como personas con las que les gusta estar, si bien depende de la forma de ser de ambas partes. Por lo general, los abuelos sienten satisfacción por estar con sus nietos, pues se trata de una forma de renovación personal al tener más participación en la familia, lo cual favorece que se sientan más jóvenes y actualizados. Los nietos tienden a conectar a los abuelos con ciertos hechos actuales y novedosos que les permiten descubrir nuevos saberes y sen- tirse integrados en el mundo actual.

El Informe 2000. Las personas mayores en España, elaborado por el IMSERSO, señalaba que casi ocho de cada diez personas mayores tienen nietos y los ven con una elevada frecuencia, así como existiría una excelente relación entre abuelos y nietos, ya que el 95% de las personas mayores se consideran muy satisfechas con dicha relación. Triadó, Villar, Solé, Pinazo y Osuna (2005) estudiaron esta cuestión de una forma muy precisa. Analizaron la respuesta de 154 parejas de abuelos-nietos a las mismas cuestiones. Tanto los abuelos como los nietos destacaban que disfrutaban de la relación, y que el tiempo compartido era deseado y agradable para ambas partes. No obstante, también existía una diferencia entre ambos ya que, mientras los abuelos se percibían a sí mismos como consejeros de sus nietos, éstos no lo veían de la misma forma, destacando más para ellos el papel que los abuelos desempeñan como mediadores de la relación padres-hijos.

El rol del abuelo

Rico, Serra, Viguer y Meléndez (2000) estudiaron la visión de los niños sobre las rela- ciones abuelos-nietos al final del milenio. Esta investigación trata de describir el rol del abuelo actual para éstos; 25 niños y 25 niñas de edades entre 3 y 6 años cumplimentaron un cuestionario sobre las características de sus abuelos favoritos y sobre la imagen que tenían de la relación. La figura del abuelo favorito está formada por abuelas maternas, jubiladas o amas de casa, de 60-70 años, que viven en la misma ciudad que su nieto y mantienen un contacto frecuente con él, viéndose varias veces a la semana. Observan que sigue existiendo una tendencia tradicional en la cual la mujer tiene el rol de cuida- dora de los niños, lo que conlleva una mayor relación con las madres y abuelas. Suele existir en las familias una mayor unión por la rama materna, por lo que se explica que la abuela materna sea la más elegida. En cuanto a la imagen que tienen los nietos de la relación que mantienen con sus abuelos favoritos, se concluye que la mayor parte de niños tienen una buena imagen de la relación. Respecto al sexo, los nietos eligen más a sus abuelos y las nietas a sus abuelas, es decir, existe una relación de sexos motivada probablemente por los roles de sexo que se les adjudican. En cuanto a la imagen de la relación, las nietas consideran en mayor proporción que los nietos que sus abuelos les dan amor incondicional, actúan como historiadores o enlace con el pasado, ayudan en momentos de crisis y les cuidan. Además, las nietas tienen una buena imagen de la re- lación que mantienen con sus abuelos, y los nietos tienen una imagen regular. En fun- ción del orden de nacimiento, los nietos benjamines consideran que sus abuelos ayudan en momentos de crisis, en mayor porcentaje que los nietos primogénitos, intermedios y únicos, y según el número de hermanos, los hijos únicos consideran a sus abuelos como contadores de cuentos e historias en mayor proporción que los demás niños, especial- mente que los que tienen dos o más hermanos. Por último, en cuanto a la imagen de la relación abuelo-nieto, se concluye, en función de las variables del abuelo, que respecto al sexo, los nietos consideran a sus abuelas en mayor porcentaje como ayuda en momentos de crisis y a los abuelos los consideran en mayor proporción como modelos de enveje- cimiento y de ocupaciones. Estos resultados demostrarían que las abuelas realizan roles más emotivo-expresivos y los abuelos más instrumentales.

Hasta hace relativamente pocos años, el periodo de tiempo en el que coin- cidían abuelos y nietos era corto o incluso inexistente. Actualmente, dentro de la heterogeneidad existente, pueden llegar a convivir un largo periodo de tiempo, ejerciéndose el rol de abuelo a una edad relativamente temprana y con buena salud. La relación abuelos-nietos es un hecho relevante para ambos dado que suelen verse con bastante frecuencia, si bien el papel de los abuelos no tiene un estatus fijo y delimitado. El rol de abuelo tiene múltiples signi- ficados, según la persona que lo desempeñe, así como cada abuelo y abuela; dependiendo de la forma en que lo interprete, lo reflejará en el estilo con el

La reivindicación del papel de los abuelos

En el año 1997 se créo ABU- MAR, Asociación de Abuelos y Abuelas en Marcha, una ONG que lucha por la transforma- ción de la sociedad cuyo ob- jetivo específico es revalorizar socialmente la figura y la iden- tidad de los abuelos y favore- cer la comunicación intergene- racional.

que lo desempeña. Los abuelos señalan que una de las razones que hacen gra- tificante la relación con los nietos es que pueden convivir y quererles sin que esté presente la presión de tener que educarles, como tuvieron que hacer con sus propios hijos.

En un estudio considerado clásico en este ámbito, Neugarten y Weinstein (1964) establecieron estilos diferenciados de ejercer de abuelos. Identificaron cinco diferentes formas que, hoy en día, pueden continuar considerándose válidas, si bien algunas de ellas no son incompatibles entre sí, sino que pueden entremezclarse; además, no todas son igual de frecuentes:

a) Los abuelos formales que tendían a ser mayores, distantes y que representan

una figura de autoridad para los nietos.

b) Los que pretenden disfrutar al ejercitar el rol de abuelo y lo hacen de una

manera relajada, no autoritaria, buscando la satisfacción en la relación.

c) Los que se convierten en sustituto de los padres, asumiendo las responsabi-

lidades cotidianas, normalmente mujeres.

d) Los que se reservan el papel de ser la fuente de sabiduría de la familia, guar-

dianes de la historia familiar y del pasado.

e) Simplemente los que representan una figura distante que pocas veces ve a

sus nietos.

Nótese que, al hacer una clasificación sobre el papel que ejercen los abuelos, se ignoran sustancialmente algunas características que modulan la relación: las características de personalidad de abuelos y nietos que pueden hacer que la relación sea de mayor o menor proximidad o compatibilidad, la distancia geográfica entre abuelos y nietos o las propias edades y el sexo de los nietos, entre otras razones.

En definitiva, existe un determinado número de variables que influyen en las relaciones abuelos-nietos: si se convive o no bajo el mismo techo, si se habita o no en la misma población, y las características de la ciudad (grandes urbes o municipios más pequeños), obligaciones laborales, si el lugar de trabajo se encuentra lejano a la vivienda, la forma de distribución del trabajo familiar, la propia personalidad, creencias y valores, o la propia concepción de la familia, la importancia que se concede a las relaciones intergeneracionales, la función familiar que se les asigna a los mayores, la edad y el sexo de abuelos y nietos, o la propia frecuencia de contacto. A estas dimensiones que modulan el papel de los abuelos, ha de sumarse la idea de que los abuelos no representan su papel de forma rígida, sino que lo modifican a medida que los propios nietos crecen y cambian.

Relaciones intergeneracionales abuelos-nietos

Triadó, Martínez y Villar (2000) realizaron un interesante estudio sobre las relaciones intergeneracionales abuelos-nietos, desde la perspectiva de los adolescentes. Para ello, entrevistaron a 272 adolescentes de ambos sexos de 14-20 años de edad. Encontraron que los abuelos y abuelas que eran de más edad representan, sobre todo, papeles conciliadores. Los chicos ven a sus abuelos de forma mas distante, mientras que las chicas señalan una relación más estrecha. En tanto que los abuelos proporcionan conocimiento de la vejez y del pasado familiar, las abuelas ejercen como cuidadoras y se encuentran más cerca de la realidad cotidiana. Asimismo, observan que la línea familiar es determinante para comprender las diferencias entre la percepción de la figura de los abuelos y las abuelas. Los abuelos de la línea paterna se ven como figuras distantes, en tanto que a los de la línea materna se les percibe como representantes de una gran variedad de roles positivos. Los abuelos maternos suelen estar más cercanos a los nietos que los paternos y, al parecer, la abuela materna suele ser la favorita.

Entre todos los roles que cumplen los abuelos, es necesario dedicar una men- ción especial al del cuidador. Una gran parte de los abuelos cumplen una fun- ción familiar y social significativa, ya que ellos cuidan de los nietos mientras los padres atienden otras obligaciones, especialmente de tipo laboral. Muchas mujeres mayores se ven obligadas a diario a ejercer de abuelas cuidadoras, exis- tiendo evidencia de que, con frecuencia, los abuelos que cuidan a sus nietos viven la situación de forma estresante y con sobrecarga, entre otras razones por tener que actuar bajo el principio�de�no�interferencia, es decir, para mante- ner una relación armoniosa con todas las partes deben inmiscuirse lo menos posible en la educación que reciben los nietos. Existen también determinadas situaciones críticas en las que los abuelos tienden a implicarse más intensa- mente en la vida de los nietos como, por ejemplo, durante el divorcio de los hijos, cuando surgen enfermedades o cuando existen problemas económicos.

"Abuelos y nietos" Julián�Marías

Publicado�en�ABC�17-XII-1998

"Es un hecho notorio la reciente y creciente inestabilidad del matrimonio –o su ausencia– y por tanto de las relaciones familiares. Adelantaré mi impresión de que el predominio numérico de situaciones que se pueden llamar normales, de familias compuestas de un padre y una madre con hijos de ambos es abrumador. Pero las 'excepciones' son tantas, que lo que puede llamarse crisis es evidente, y sus consecuencias de una gravedad que todavía no se ha medido bien. Pero hay un factor nuevo, de los últimos decenios, y también creciente, y que viene a modificar la situación. Se trata de que el aumento de la longevidad hace que las últimas generaciones, los que son niños o jóvenes, tengan abuelos en proporción desconocida en tiempos pasados. Yo no he tenido abuelos. Vi una sola vez, recién cumplidos los dos años, a mi abuela paterna, y tengo un recuerdo sorprendente, vivo y preciso, de ese fugaz encuentro. Esto es todo. Los abuelos, los que llegaban a tener relación con sus nietos, eran casi siempre 'viejos'. Ahora no lo son; llegan a esa relación en buen estado, vivos y despiertos, y con gran frecuencia duran mucho, es decir, conviven con los nietos, no sólo en la infancia sino ya entrada la juventud y aun en los comienzos de la madurez. Esto es algo nuevo, nunca existente, y puede alterar la configuración de la vida humana.

Cuando tuve la primera nieta, alguien me preguntó si se quería a los nietos como a los hijos; respondí que no, y no porque no fuese hija mía, sino porque no lo era de mi mujer. Luego se quisieron mutuamente de tal manera, con tal entusiasmo, en el breve tiempo que convivieron, que la quise tanto como a mis hijos, aunque con un matiz diferente. No creo demasiado en los genes más allá de su función estricta, es decir, la transmisión de los caracteres genéticos. En lo que se refiere a la vida personal –que es lo que verdadera- mente importa– el papel de la vocación y la libertad es lo decisivo; he tenido demasiadas decepciones al considerar las descendencias que parecían 'probables' para no reducir lo genético a sus límites propios. En cambio, le doy gran importancia a la convivencia, al trato, al influjo personal. Es evidente que la relación entre padres e hijos está expuesta a muchas cosas inquietantes. No solo las rupturas matrimoniales –o la ausencia de ma- trimonio–, los trueques y reajustes, las familias resultantes de diversas uniones con hijos de varias procedencias. Incluso en condiciones normales, que son las más, hay falta de

Programas para ''ser mejores abuelos''

Actualmente, algunos centros de personas mayores realizan programas de formación para abuelos para desarrollar mejor su rol, incluyendo la enseñanza de las habildiades sociales ne- cesarias para mantener una co- municación constructiva.

tiempo, de comidas en común, de conversación, de contar y recibir cosas, experiencias, modos de hablar. Se está produciendo una 'desamortización' del pasado reciente, cuyas consecuencias ya se advierten. Y aquí intervienen los abuelos. Vienen del pasado, pero están en el presente, y en muchos casos tienen porvenir. Siempre recuerdo que se cuenta desde los proyectos, es decir, desde el futuro, y esto es válido tanto para la historia como para los recuerdos individuales. Los abuelos tratan con sus nietos 'desde' un nivel crono- lógico pretérito, pero están instalados en el presente y miran hacia el futuro. Su papel involuntario es restablecer la continuidad histórica, hacer que el presente de los nietos tenga mayor 'espesor' que el de las personas anteriores a esta situación de longevidad lúcida. Han vivido en tiempos que se van alejando. Han asistido a sucesos que se han olvidado o que muchos se dedican a deformar y falsificar. Es posible que los abuelos tam- bién lo hagan por error o con mala voluntad, pero en todo caso aportan una instancia diferente y es probable que se sientan obligados a la veracidad para con sus nietos. Un aspecto de singular importancia es el lingüístico. Me preocupan las variaciones del léxico, la sintaxis, hasta la fonética. Hay palabras que no se usan, o muy rara vez, o giros de la lengua que eran usuales y han dejado de serlo. Procuro averiguar a qué niveles de edad afectan esos cambios. Los abuelos ponen ante los oídos y la mente de sus nietos la len- gua viva de hace algún tiempo, que ha empezado a estar en desuso, sustituida por otras expresiones –por lo general empobrecida, no lo olvidemos–. Hay un hecho notorio y es que los campesinos –los que quedan y no están demasiado afectados por la televisión– hablan mejor que los semicultos urbanos nutridos de los medios de comunicación más que de conversaciones. Esto sorprende a los que oyen hablar a personas sencillas de His- panoamérica, más próximas a la convivencia efectiva y directa. Sería interesante indagar el nivel lingüístico de los jóvenes según su trato con los abuelos. Pero queda el otro lado de la cuestión: los nietos mismos. Interviene decisivamente el azar en la existencia de abuelos y la relación efectiva con ellos. Pero hay algo de mayor alcance: la actitud de los nietos. Ante todo, el grado de 'interés' por los abuelos: ¿Los tienen en cuenta? ¿Esperan algo de ellos? ¿Sienten curiosidad, estimación, desdén, indiferencia? La relación afectiva con ellos puede presentar enormes diferencias. Y en ello se interponen los padres, que tienen con los suyos una relación llena de diferencias y matices. Los padres presentan a los abuelos a una luz determinada, que condiciona la visión de los nietos. Y, para no simplificar demasiado las cosas, los padres son dos, uno que es hijo o hija, otro que es yerno o nuera, lo que añade nuevos matices. A última hora, lo que cuenta es la actitud personal del nieto, su capacidad de curiosidad, recepción, afecto. Y, por supuesto, el ho- rizonte en que se mueve. Quiero decir lo que de verdad le importa. He hablado de lo que el abuelo cuenta, de cómo habla, de su uso de la lengua. Pero no es esto lo más impor- tante. Lo que podría servir al nieto es quién es. El tipo de hombre o de mujer que es 'de otro tiempo' pero también de este. Cuando el viejo dice 'en mi tiempo' a veces olvida que también lo es el día que señala el calendario. Ante el abuelo, el nieto hace la expe- riencia inmediata de la historia. Asiste a la variación mínima y accesible de unos cuantos decenios. Si lo percibiera adecuadamente, recibiría un enriquecimiento que le permitiría comprender nada menos que la historicidad de la vida humana, que va a condicionar la suya. Y todavía hay algo más. Hay abuelo y abuela, varón y mujer. Presentan ante los ojos del nieto y la nieta dos formas de instalación sexuada, de vida humana personal, fácilmente comprensibles, pero que no son iguales a las de sus padres ni a las que van a realizar ellos mismos después. Veo en la persistencia de los abuelos, que no se deciden a morir demasiado pronto, una posibilidad para los nietos, con la única condición de que tengan la generosidad de aprovecharla".

Julián Marías era filósofo, escritor, crítico de cine, periodista, y miembro de la Real Academia de la Lengua.

La configuración de las familias en las sociedades occidentales ha cambiado sustancialmente, surgiendo nuevas formas de organización familiar; también los roles que asumen los miembros de las familias igualmente han evolucio- nado, apareciendo en mayor medida que en épocas previas las relaciones in- tergeneracionales. En esta nueva configuración familiar, toma protagonismo la figura de los abuelos, aun sin tener un rol tan definido como lo tienen los padres e hijos. Además, hace ya tiempo que se viene considerando a los abue- los como los guardianes de la familia, una red de seguridad que interviene en momentos de crisis familiar para procurar dar coherencia y estabilidad a la familia. En definitiva, en la sociedad actual los abuelos se han convertido en una fuente de recursos muy valiosa para la familia, cuya implicación estará mediatizada por las actitudes y decisiones de los padres que pueden facilitar o dificultar el rol de abuelo. Los abuelos proporcionan la continuidad con el

pasado durante el curso de la vida, y emergen también como una alternativa para los nietos al ser modelos complementarios de roles de adulto de los que el niño aprende.

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