talentos en una propuesta memorable.
¿Varios talentos? Pues sí, varios. Escucho a menudo a las personas quejarse de que no tienen ningún talento. No les creo. Todos tenemos algo que ofrecer a los demás. Lo que ocurre es que el talento no se muestra pulido, sino en bruto, con un aspecto muy rudimentario. Todos tenemos varios talentos no desarrollados, y el modo de pulirlos es trabajando en ellos. El buen pianista practica varias horas al día, el buen escritor escribe decenas de páginas al mes, el buen dibujante emborrona hojas sin parar... Estoy convencido de que todos podemos ser muy buenos en algo concreto si nos lo proponemos.
«Tu vocación reside ahí donde se cruzan tu talento y las necesidades del mundo» (Aristóteles). Es decir: desarrolla tu talento y ponlo al servicio de los demás.
Mensaje: los buenos emprendedores no terminan nunca de mejorar sus habilidades. Saben que un negocio nunca está terminado. Tampoco esperan a que todo sea perfecto para empezar. Parten de lo actual y lo convierten en el ideal.
En los negocios, todo es una cuestión de talento, no de dinero. Un ejemplo: Chrysler compró Daimler y el creador de la mítica Chrysler dimitió (Thomas Gale). La revista de negocios Forbes lo anticipó: «La Chrysler está muerta». Años después así fue; sin aquel talento, la firma se devaluó y finalmente fue absorbida por Fiat. Otro ejemplo: Apple se deshizo de su creador —lamentable error—; pero sin el talento de Steve Jobs, Apple languideció y finalmente requirió la vuelta del genial Steve, quien recondujo la nave hacia el éxito de que hoy goza. Talento y liderazgo, diantres. No es el dinero ni el tamaño o que cuenta.
El talento es el corazón de los negocios. Convierte tu talento en oportunidades. Identifica tu talento específico (alrededor del que gira tu empleo o negocio). Me refiero a tu talento «estrella». Pero, cuidado, con uno tal vez no baste. Personas muy talentosas en lo suyo terminan arruinadas. ¿Por qué? Porque hoy más que nunca es preciso el modelo renacentista de saber un poco de todo y mucho de algo. Sin ese «un poco de todo» las cosas no avanzan. Confiar tu salud económica a un único talento es una temeridad. No digo que seas un experto en todo pero sí deberás conocer un mínimo de muchas áreas, cada vez en más. Un poco como Leonardo Da Vinci.
Por ejemplo, mi talento número uno es la expresión del conocimiento (por escrito y oralmente) pero no puedo confiar que con eso me bastará. Además debo mejorar continuamente en ofimática, tecnologías, Internet, marketing, ventas, finanzas... Conocimientos satélites.
No seas bueno, sé excelente en lo tuyo. Excelente es mejor que bueno. «Lo bueno es enemigo de lo excelente» (Jim Collins en su libro: Goog to Great). Lo bueno no es suficiente; o si lo es, no tardará en no serlo. ¡Sé excelente, por Dios!
Pregúntate:
Y ¿Qué hicieron para llegar donde están? Y ¿Qué puedes aprender de ellos?
La ventaja de contar con un modelo de excelencia como estrella polar es que te puede evitar muchos errores y ahorrarte años. No reinventes la rueda. ¡No hace falta! Aprende de los que han transitado el camino que tú deseas andar, modela su éxito, reprodúcelo. El éxito (la técnica de conseguir lo que deseas) puede aprenderse por todos, la excelencia puede manifestarse en todos. Está en nuestra naturaleza ser grandes de verdad. Incluso está en tus manos hacer de la excelencia un hábito.
J. F. Rowling, Miss Harry Potter era profesora de escuela. En los años noventa se divorció y se hico cargo de su hijita. Hundida en la desesperación, se quedó en el desempleo y como no podía permitirse pagar la calefacción en la fría Edimburgo, se pasaba los días en los cafés buscando trabajo en los clasificados de los periódicos y escribiendo una historia sobre un joven mago: Harry Potter. La autora, desde pequeña, amaba inventar historias fantásticas su extraordinaria imaginación era su único talento infrautilizado. Su secreto: decidió desempolvar su talento y convertirlo en un medio de vida. El resto es historia. Hoy la autora es una de las mujeres más ricas de Gran Bretaña y reconocida en todo el mundo por la legendaria saga de Harry Potter.
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Las 12 habilidades imprescindibles del
emprendedor
Un negocio personal es el reflejo de su propietario. Si su mente está desordenada, el negocio lo estará también. Si el emprendedor no desarrolla su talento, su negocio carecerá de él. Si el negocio tiene que pasar a otro nivel, el emprendedor deberá hacerlo antes.Voy a compartir contigo diez fórmulas (y media) para convertirte en un emprendedor de éxito (vamos, el top ten de las habilidades).
El entrenador del FC Barcelona, Pep Guardiola, usó la PNL para conducir a su equipo a la victoria en la final de la Champions Leage 2009, en Roma. Diez minutos antes de salir al terreno de juego, el equipo visionó un corto con imágenes del club y una música de gran impacto emocional. La conjura de los «gladiadores» modernos. Ganaron la final. Del mismo modo, como tu entrenador de dinero que soy, te animo a que leas las siguientes «12 habilidades imprescindibles del emprendedor» con la siguiente música de fondo: «Suite: Raiders of the lost ark», el tema central de la película En busca del arca perdida, de Indiana Jones. (Yo la estoy escuchando ahora mientras escribo esto, no es broma). ¡Sentirás la adrenalina!
1. Comercial. Lo primero es aprender a vender. No saber vender sale muy caro. Hoy más que nunca, no hasta con ser excelente profesionalmente, es preciso además ser muy comercial. Es incompatible estar en los negocios y darle la espalda a la habilidad número uno: vender Así que no puedes estar en los negocios si ignoras o desprecias la venta. La razón por la que hay más empleados que emprendedores es porque la venta tienen pocos fans. Todo el mundo se apunta a comprar; pero muy pocos se apuntan a vender. Por ejemplo, escribir un libro es menos complejo de lo que parece; pero venderlo es más complejo de lo que parece. Cualquiera puede escribir un libro pero no todos saben venderlo.
2. Marketing. El arte de crear interés en una propuesta. Hay definiciones mejores pero lo que importa es que tu audiencia sepa que existes y que desee ser tu cliente. El mejor marketing que conozco es crear las condiciones para que las personas deseen comprarte antes de que tú tengas que venderles. Que ellos te encuentren a ti en lugar de que tú tengas que encontrarles. Que te conozcan antes de que tengas que explicarles quién eres.
3. Desarrollo de productos y servicios. Planifica cada año las mejoras de tu negocio personal. Piensa en nuevas fuentes de ingresos y en ampliar tu propuesta. Aplícate en la planificación, es decir, marcarte metas con fechas y organizarte para cumplirlas. ¿Sobre qué productos o servicios? Te responderá Paul Zane Pilzer, economista: «Hoy el 95% de nuestra economía produce productos y servicios que no existían hace 50 años, y las mayores oportunidades de mañana estarán en sectores donde hoy nuestra economía está ausente». Mira hacia delante, no hacia atrás. Preveo profesiones «muy raras» en el futuro que no parecerán un trabajo pero con mucho porvenir.
4. Gestión óptima del tiempo. De hecho, gestionar el tiempo es imposible, tienes el que tienes, ¡quien debe gestionarse eres tú! Levántate temprano, aprovecha el inicio del
día para inspirarte. Cuando tú te levantas hace horas que algunos ya están meditando, ejercitándose o ganando dinero. Evita la tentación de hacer tareas improductivas en detrimento de las que son importantes. Es mejor que trabajes poco en lo que cuenta que mucho en lo trivial. El tiempo es tu mayor activo, vale más que el oro porque es escaso y no se puede recuperar una vez se ha gastado.
5. Habilidad para hablar en público. Es fundamental desenvolverse bien con audiencias, sean grandes o pequeñas, y saber transmitirles tu mensaje. Toma un curso de oratoria, o varios. En las universidades norteamericanas se enseña como una habilidad básica. El mundo es de las personas que se atreven a tomar la palabra y, haciendo uso de ella, son capaces de influir en los demás. Hablar en público, como todo en la vida, puede aprenderse por cualquiera practicando (los oradores no nacen, se hacen). La oratoria es una disciplina que puede aprenderse por todos practicando.
6. Habilidades para la comunicación interpersonal. Si quieres que crezca tu negocio deberás aprender a tratar a la gente: escucharla, entenderla, aceptarla, ayudarla. De nada sirve crear un buen producto o servicio, desentenderse de los clientes y parapetarse detrás del escritorio alejado de las personas. Sea lo que sea a lo que te dedicas, empieza y termina con la persona que atiendes. En la escuela desarrollaste tu coeficiente intelectual, pero es tu responsabilidad desarrollar tu coeficiente emocional.
7. Informática e Internet. Los ordenadores personales llegaron en los años ochenta para quedarse. La tecnología es una de las mayores palancas que conozco para conseguir más con menos esfuerzo. Imagino que eres usuario, pero deseo persuadirte de que des un paso más y te conviertas en «usuario avanzado». Usar con soltura un navegador de Internet así como un paquete ofimático (hoja de cálculo, tratamiento de textos...) es el mínimo. Contrata un consultor informático que te ayude a sacar más partido de tu equipo. Sea cual sea tu nivel, no creo que me equivoque si afirmo que no aprovechas ni el 10% del potencial disponible. Es como conducir un Ferrari y no pasar de la primera marcha.
8. Auto formación continúa. En el siglo XX una licenciatura te preparaba para vivir de lo aprendido por el resto de la vida. En el siglo XXI no. Según la OCDE, en 5 años el conocimiento actual sobre las cosas quedará obsoleto. La persona que no mejora sus habilidades y conocimientos cada año, empeora y se queda un año atrasada respecto al resto. Una persona que no se recicla, en apenas unos años, queda fuera de mercado. Reaprender no es opcional, es vital. En esta época tendrás que educarte a ti mismo — empezando por la educación financiera—. Por eso, recomiendo la lectura intensiva: un libro a la semana. ¿Qué clase de libros?: ensayos —no ficción— (95%), biografías de gente excelente (4 %) y novela —ficción— pero con información de fondo útil (1%). En fin, libros como el que estás leyendo ahora, que te enseñen y que te ayuden a mejorar. El analfabeto de hoy día no es quien no sabe leer, sino el que no ha aprendido a aprender (he trinchado la cita de Alvin Toffler pero aun así se entiende).
9. Inglés. De momento es el idioma de los negocios. Es el idioma de tus clientes fuera de las fronteras de tu país. Hace mucho, cuando los mercados eran locales, no importaba mucho conocer otras lenguas, pero el mercado global habla inglés. La mayoría de webs están en ese idioma y muchos de los libros que te conviene leer en tu profesión también lo están. Si quieres adelantarte al futuro, consigue que tus hijos aprendan chino. Será el idioma de los negocios y el de los económicamente poderosos (para mediados de este siglo).
todo saldrá bien, y por ello vive en el mundo de las creencias no contrastadas. La actitud ganadora, además de irradiar optimismo, expresa la confianza en resolver los problemas cuando se presenten, y lo hace; vive en el mundo de los hechos probados. Confianza es optimismo en acción. Siempre he confiado en que la vida, o «el gerente cósmico», hará su parte; y yo me ocupo de hacer la que me corresponde a mí.
11. Metas. Trabajar con objetivos, desglosados en tareas, pasos intermedios y fechas asignadas es fundamental para el logro de objetivos profesionales. Nunca me cansaré de repetir que carecer de metas es como despegar en una nave sin un plan de vuelo y acabar a la deriva perdido en el espacio. Cada vez más personas se dan cuenta, al llegar a los cuarenta, de que sus vidas se están perdiendo. Las estadísticas dicen que muy pocos trabajan con metas de alguna clase, si es así no me extraña que el éxito sea tan infrecuente. ¿Qué hace el resto? Imagino que perderse en el espacio. Un estudio de la Universidad de Harvard en 1953 constató que sólo un 3% de los alumnos habían escrito sus objetivos profesionales con un plan específico para lograrlos. Al cabo de 20 años, estos graduados habían acumulado más riqueza que el 97% restante en conjunto. ¿No resulta asombroso el poder de las metas?
12. Imaginación. El emprendedor visualiza nuevas realidades, invierte una parte de su tiempo en vislumbrar el aspecto de su negocio personal y en decidir cual es el siguiente nivel en su profesión. Es un visionario de su propia vida. Se hace grandes preguntas que le conducen a nuevos paradigmas. Sueña, crea el sueño, e invita a otros a sumarse a él y compartirlo. La creatividad es la fuente de riqueza ilimitada más segura que conozco; mientras el emprendedor desarrolle esta habilidad nunca le faltará nada. Garantizado.
Ya puedes apagar la música, el tema principal de la película de Indiana Jones (gracias, señor Spielberg, por enseñarnos que podemos ser héroes de nuestra vida). ¿No te sientes ahora un par de palmos más alto?
A lo que vamos, te aseguro que nadie nace con ninguna de las habilidades descritas arriba. Todos las aprendemos desarrollándolas con el sistema infalible de prueba y error, cayendo y levantándonos. En esto no hay discusión: tienes aquello que te concedes y careces de lo que tú mismo te niegas.