Las convulsiones se deben a descargas repentinas desorganizadas de neuronas interconectadas en el cerebro, que alteran temporalmente una o más funciones cerebrales. La epilepsia es un desorden neurológico crónico caracterizado por la aparición de convulsiones no provocadas. En países desarrollados, la epilepsia afecta aproximadamente a 50 de cada 100,000 personas. Afecta de tres a cuatro veces más en países en desarrollo.

Muchos tipos diferentes de epilepsia han sido reconocidos. La epilepsia puede iniciar a cualquier edad y puede ser idiopática (que tiene una causa incierta) o sintomática (que tiene una causa conocida o probable). La mayoría de las epilepsias idiopáticas probablemente se deben a la herencia de uno o más genes mutantes, frecuentemente un gen mutante de canales iónicos. Las epilepsias sintomáticas resultan de una amplia variedad de enfermedades o lesiones del cerebro, incluyen- do trauma del nacimiento, lesión de la cabeza, enfermedad neurodege- nerativa, infección cerebral, tumor en el cerebro, o embolia.

Las epilepsias son de dos tipos, generalizadas y parciales. Las crisis generalizadas típicamente resultan en la pérdida de la conciencia y pueden causar un rango de cambios conductuales, incluyendo con- vulsiones o cambios repentinos en el tono muscular. Surgen cuando hay una actividad eléctrica simultánea excesiva en una amplia área del cerebro, frecuentemente involucrando el tálamo y la corteza cerebral. En las Crisis parciales, las crisis típicamente suceden con el manteni- miento de la conciencia o con un estado de alerta alterado y cam- bios conductuales. Las crisis parciales pueden producir alteraciones localizadas visuales, auditivas y de sensibilidad cutánea; movimientos descontrolados repetitivos; o conductas automáticas confusas. Tales crisis vienen de una actividad eléctrica excesiva en un área del cerebro, tal como un área restringida cortical o hipocampal.

Muchas drogas antiepilépticas están disponibles. Sus principales blancos son ya sea canales iónicos o receptores a neurotransmisores. Las epilepsias generalizadas con frecuencia son controladas fácilmente con drogas antiepilépticas, llegando hasta un 80 por ciento de pacien- tes libres de convulsiones con el tratamiento. Desafortunadamente, las epilepsias parciales son generalmente más difíciles de tratar. Frecuente- mente, pueden ser controladas con un solo antiepiléptico que previene las crisis o disminuye sus frecuencias, pero algunas veces es necesaria una combinación de estas drogas. La identificación de los genes muta- dos que subyacen a la epilepsia puede proveer nuevos blancos para la próxima generación de drogas anticonvulsivas.

La cirugía es una excelente opción para pacientes con tipos especí- ficos de crisis parciales que no responden a drogas antiepilépticas. La cirugía requiere la localización precisa y remoción del área del cerebro a partir de la cual se originan las crisis parciales. Después de la cirugía, la mayoría de los pacientes apropiadamente seleccionados experimentan una mejora o remisión completa de las crisis por al menos varios años. Una nueva forma de tratamiento de la epilepsia, terapia de estimu- lación eléctrica, fue introducida como otra opción para crisis parciales difíciles de controlar. Un dispositivo implantado similar a un marca- paso libera pequeñas descargas de energía eléctrica al cerebro vía el nervio vago a un lado del cuello. Si bien no es curativa, la estimulación del nervio vagal ha mostrado que reduce la frecuencia de crisis parcia- les en muchos pacientes.

Embolia

Una embolia ocurre cuando un vaso sanguíneo que trae oxígeno y nutrientes al cerebro se rompe o se tapa por un coágulo o alguna otra partícula. Esto priva al cerebro de sangre, causando la muerte de las neuronas en minutos. Dependiendo de su ubicación, una embolia puede causar muchos desordenes permanentes, tal como parálisis en un lado del cuerpo y pérdida del habla.

Hasta hace poco, si usted o un ser querido sufría una embolia, su doctor le diría a su familia que no había tratamiento. Con toda proba- bilidad, el paciente viviría sus meses o años restantes con impedimen-

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EMBOLIA. Una embolia sucede cuando un vaso sanguíneo que lleva oxígeno y nutrientes al cerebro se rompe o se tapa por un coágulo (1). Esta carencia de sangre lleva a una cascada de anormalidades neuroquímicas que puede causar la muerte celular en minutos. Se liberan radicales libres, causando daño a las células endoteliales (2) y mitocondrias (3) de las neuronas. Normalmente el cuerpo activamente se deshace de los radicales libres (4), pero en la embolia, el daño a las células endoteliales permite muchos más de los que pueden ser controlados para moverse hacia el tejido cerebral. Dependiendo de su ubicación, una embolia puede tener diferentes síntomas tales como parálisis en un lado del cuerpo o pérdida del habla.

tos neurológicos.

Este escenario sombrío está ahora iluminado. En principio, el uso de la droga de bioingeniería que disuelve coágulos, el activador tisular del plasminógeno (tPA), es ahora un tratamiento estándar en muchos hospitales. Este acercamiento rápidamente abre vasos bloqueados para

restaurar la circulación antes de que la pérdida de oxígeno cause daño permanente. Dada en las primeras tres horas de una embolia, frecuen- temente ayuda a limitar el daño cerebral resultante. Asimismo, las ac- titudes sobre la tercera causa de muertes de la nación están cambiando rápidamente. Mucho de esto viene de un nuevo y mejor conocimiento

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de los mecanismos que llevan a la muerte de las neuronas después de la embolia y de concebir maneras de proteger a estas neuronas.

La embolia afecta alrededor de 700,000 norteamericanos al año – 150,000 de los cuales muere; el costo total anual está estimado en $51.2 billones. La embolia frecuentemente sucede en individuos arriba de los 65 años de edad, aunque un tercio son más jóvenes. La embolia tiende a ocurrir más en hombres y afroamericanos y en aquellos con factores de riesgo tales como la diabetes, presión arterial alta, enfermedad cardiaca, obesidad, alto colesterol e historia familiar de embolia.

Controlando los factores de riesgo con dieta, ejercicio, y ciertas dro- gas se puede ayudar a prevenir la embolia. Otros tratamientos específicos que involucran cirugía o endoprótesis arteriales pueden liberar los coágu- los en las arterias de la región del cuello; esto y los tratamientos dirigidos a enfermedades del corazón pueden ayudar a prevenir un corte del flujo sanguíneo. Las drogas anticoagulantes pueden reducir la probabilidad de que se formen coágulos que viajen al cerebro y causen una embolia. Otras terapias experimentales bajo investigación pueden llevar aún a mayores recompensas para pacientes en el futuro. Algunas estrategias se dirigen a mecanismos en el interior de la neurona. De esta forma, pretende reducirse el círculo vicioso de daño local seguida por un amplio margen de muerte neuronal producida bioquímicamente. Una variedad de tipos de drogas han mostrado ser efectivas en estudios animales.

Evidencia clínica emergente sugiere que, después de una embolia que afecta el movimiento de un brazo, fomentar el uso del brazo debili- tado al restringir temporalmente el uso del brazo sano puede ayudar a la recuperación funcional. Otra posibilidad prometedora para mejorar la recuperación después de la embolia es a través del uso de células ma- dre. Algunos estudios en animales han mostrado que una inyección de células madre ayuda a la recuperación aún si se administra varios días después de la lesión. La administración de factores de crecimiento pue- den incrementar más los beneficios del transplante de células madre.

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