a su vez desarrollan dos niveles de análisis diferentes para un mismo concepto.
1.4. CUATRO PERSPECTIVAS CLÁSICAS SOBRE EL CAPITAL SOCIAL
1.4.2. EL CAPITAL SOCIAL EN JAMES COLEMAN
1.4.3.1. COOPERACIÓN, PARTICIPACIÓN Y BIENES COMUNES
El fracaso de la cooperación entre actores para la consecución de metas comunes no responde a ignorancia o irracionalidad, sino a la falta de expectativas de retorno en la inversión de esfuerzos. Porque a pesar de que los individuos tengan asumido que la lógica que se impone para la obtención de beneficios y recursos pasa por la cooperación colectiva, esta colaboración está determinada por la confianza general dentro del contexto de interactuación (Putnam, 1993)154.
Cabe añadir que Putnam (1993) afirma que las reservas o Stocks de capital social facilitan la cooperación de los actores. Estas reservas de capital social se encuentran insertas en las comunidades a través de las instituciones comunitarias que son las encargadas de fomentar su creación, como también, de funcionar como “almacenes” o “bancos” de este tipo de capital.
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Putnam se refiere a comunidad como sinónimo de estructura, grupo o colectivo, de un modo amplio puede abarcar desde un nivel micro (aldea, comunidad de vecinos o pueblo) a un nivel macro (grandes urbes o países).
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Putnam (2011:260) “Allí donde se carece de normas y redes de compromiso cívico, la perspectiva de la acción colectiva resulta deprimente”
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Putnam (1993:90) “El capital social se refiere a características de la organización social, como por ejemplo redes, normas y confianza, que facilitan la cooperación y la coordinación en beneficio mutuo. El capital social aumenta los beneficios de la inversión en capital físico y humano”. (En Zona Abierta Nº94-95 (2001)
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En este tipo de comunidades la cultura cívica es una seña de identidad, y el capital social incorporado en normas y redes es un factor determinante en aspectos como la economía o el funcionamiento institucional.
Además, debemos tener presente que para logar una mejora social a todos los niveles, tanto individual como colectiva, es muy importante que exista una confianza social generalizada extendida entre todos los miembros de una red o grupo, ya que como afirma Putnam (1993) “La confianza es el lubricante de la vida social”155.
Un aspecto innovador respecto a la transgresión o desviación es que Putnam (1993) señala que la densidad de la participación social funciona como mecanismo corrector que previene las malas prácticas, como el engaño social o la corrupción. De este modo, la participación social y el compromiso cívico son elementos de control efectivo sobre los acuerdos que se establecen dentro de las redes sociales.
Al igual que el resto de capitales el capital social tiende a autorreforzarse e incrementarse con su uso, fenómeno que ocurre a todos los niveles (individual y colectivo). Pero al contrario que los demás tipos de capital, los individuos pueden hacer uso del mismo pero no pueden apoderarse de su propiedad, ya que se trata de un bien público e intangible. Y aunque existe el capital social individual, este es entendido como la capacidad de obtención o movilización de bienes y recursos a través de redes y vínculos de los que dispone un individuo, de manera directa o indirecta, pero estos vínculos o redes no son, ni exclusivos, ni restrictivos para el actor. Del mismo modo que otros bienes públicos, tiende a ser infrasuministrado por los agentes privados, ya que como apuntamos anteriormente su existencia es una manifestación de otras actividades sociales, además de que está compuesto por vínculos normas y confianza que se extienden en un contexto social determinado pudiendo ser transferibles (Putnam, 1993).
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Tal y como hemos expuesto anteriormente, Bourdieu (1988) enuncia que el capital social, al igual que el capital cultural, podría ser convertible en capital económico bajo determinadas circunstancias. En el mismo sentido, esta capitalización económica de este elemento era enunciada también por Coleman (2011), aludiendo a que la existencia de capital social en forma de aval y confianza mutua evitaba costes transaccionales, además de ahorro de recursos en forma de tiempo puesto que facilitaba transacciones con mayor facilidad y agilidad. Robert Putnam (1993) se manifiesta en este aspecto en la misma línea que los otros dos autores. Para el politólogo americano el capital social juega un papel decisorio a la hora de favorecer el desarrollo económico de las comunidades, señalando que minusvalorar su capacidad de mejora sería un grave error, tanto a nivel macro como micro. La idea central de su argumento reside en lo que Putnam (1993) denomina “capitalismo de redes”, una forma de la consecución o facilitación de recursos económicos a través de los vínculos disponibles, generalmente familiares, desarrollando un juego de ayuda mutua que favorece que una red pueda obtener recursos del mercado a través de los vínculos o lazos que ese mismo grupo disponga, pero aplicados al contexto laboral o de mercado, tal como propone Granovetter (2000) en su teoría de los lazos débiles156.
Para Putnam (1993) los ámbitos donde se genera desarrollo y prosperidad, como son los centros universitarios, empresas, instituciones financieras, polígonos industriales o instituciones científicas, etcétera, son contextos propicios para la creación de capital social. En ellos las redes sociales son un elemento clave para el desarrollo y la innovación, donde tan importante como el capital humano es el poder establecer conexiones que faciliten el desarrollo, por lo que la acumulación de capital humano vendría determinada en gran parte por ser una “actividad social”157.
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Ibídem, p.96. También hace referencia a que lo que muchos profesionales de marketing o las finanzas denominan
networking o “hacer contactos” no es más que una simplificación del concepto de capital social.
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Ídem. Haciendo mención a Robert Lucas fundador de la economía de las expectativas racionales, que da valor a las relaciones sociales en la creación de capital humano al igual que defiende que este no puede ser equiparado al capital físico, aunque esto no es algo que le pueda restar importancia como clave del desarrollo.
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Por este motivo, a la hora de actuar en cualquier plan que implique algún tipo de medida encaminada a un plan de desarrollo económico hay que tener en cuenta los costes sociales que derivarán de ella, porque el cambio de modelo implica mucho más que lo meramente económico. El impacto social es fundamental para entender cómo se estructura una comunidad, y aunque estos efectos no deseados son consecuencia de unas actuaciones que no los prevén, dichos cambios pueden generar que se obtenga el resultado contrario al que se ha propuesto, y que una solución pase a ser un problema por no tener en cuenta el impacto que una medida de hondo calado social, como por ejemplo una mala planificación urbanística, se convierta en un coste colectivo de mayor magnitud que aquel problema pretendía paliar, tal como se refiere Woolcock (2001) en las estrategias de tipo top-bottom (de arriba abajo) . Según Putnam (1993) otro de los elementos que otorgan gran relevancia al capital social es su capacidad a la hora de actuar como motor de movilidad social, los contextos sociales donde los individuos se desenvuelven determinan su identidad, pero además, también las posibilidades que tienen de poder elegir su destino. En consecuencia, las desigualdades sociales correlacionan con las desigualdades de capital social158, del mismo modo que lo hacen con el capital humano y financiero, de lo que se desprende que la apertura a otros ámbitos abre un abanico de oportunidades de adquisición de nuevos recursos, que a su vez pueden ser empleados para una movilidad social159.
Algunas formas perjudiciales de capital social pueden limitar el progreso y la innovación en las comunidades. Esta restricción se produce porque el cierre efectivo de una red es lo
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Ibídem, p.103. “Las desigualdades sociales pueden reproducirse en el capital social. Las normas las redes que sirven a algunos grupos pueden obstaculizar a otros, en particular si las normas son discriminatorias o las redes socialmente sesgadas.”
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Cabe recordar ahora que existe un tipo de capital social “encerrado en sí mismo”, el capital social primario
Bonding que se trata de aquel que se transmite en la familia determina los recursos disponibles por los actores. Siguiendo la idea de Bourdieu (1988), al igual que los demás capitales trasmitiría las capacidades y habilidades, pero también reproduciría una situación de clase social. Esto en relación al capital social actuaría como limitador, por lo que, el individuo se valdría de este como recurso pero no llegaría más allá por la imposibilidad de abrirse a una red o contexto más amplio que le permitiera establecer nuevos vínculos que a su vez darían la posibilidad de obtención de nuevos recursos. Consecuentemente, si los actores se desplazan a otro contexto nuevo donde hay una variedad de vínculos en una dimensión Brigding que tienda puentes, como pueda ser la universidad, la adquisición de capital social nuevo rompería esta dinámica de “capital social encerrado en sí mismo” para aportar nuevos recursos y así proporcionar la oportunidad de movilización de nuevos recursos o bienes.
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suficientemente poderoso como para establecer entre sus miembros un control que no transija con los cambios. De este modo se crea una especie de “sectarismo corporativo” que constriñe los beneficios del propio capital social. Los peligros de las facciones Putnam (1993), constituyen uno de los principales elementos negativos del capital social, y tienen el efecto de elevar los costes, principalmente en el control, y disminuir los beneficios ya que se impide que se puedan establecer nuevos contactos que beneficien al conjunto. El exceso de celo en la aplicación de las normas que contemplaba Coleman (1988; 2011) no aportaba la innovación que introduce Putnam (1993), por la cual un exceso de celo normativo crea subestructuras de poner que limitan la innovación dentro de una comunidad.
Para Putnam (1993), solo la cooperación voluntaria trasciende a cualquier individuo, porque el capital social es un producto colectivo que no puede conseguir ningún agente a título individual por muchas cualidades que posea. Las redes de compromiso cívico generan en su mayor parte capital social comunitario a través del uso de normas institucionalizadas160 de reciprocidad generalizada, y se asientan sobre niveles óptimos de confianza generalizada. El elemento fundamental que define a la comunidad cívica es su capacidad logar la colaboración en la consecución de unos intereses comunes Putnam (2003). Para alcanzar dicho fin hace uso de la reciprocidad generalizada, los efectos que ésta produce son principalmente dos, por una parte se crea capital social, y por la otra, se arraiga la colaboración comunitaria como respuesta a los dilemas de la acción colectiva.