Fuente: CEPAL, sobre la base de Fondo Monetario Internacional (FMI), Estadísticas financieras internacionales, Washington, D.C., versión en CD-ROM, diciembre de 2001 y Banco Mundial, Global Development Finance, 2001, Washington, D.C., versión en CD-ROM, 2001.
Como se observa en el gráfico 2.10, el financiamiento del Banco Mundial, y en general de los bancos de desarrollo, a los países de ingresos medios presenta un patrón anticíclico similar. Este financiamiento complementa el del FMI, ya que proporciona recursos de largo plazo destinados a los gobiernos. De hecho, dada la volatilidad del financiamiento privado, esos recursos suelen ser la principal, y a veces única, fuente de financiamiento de largo plazo disponible en períodos de crisis. Cabe señalar que esta concentración de los préstamos en los países de ingresos medios no ha desplazado por completo a los de ingresos bajos. En efecto, el flujo de recursos destinados por el Fondo Monetario a estos últimos ha mostrado una cierta estabilidad, e incluso un leve aumento, cuando han necesitado apoyo adicional para la balanza de pagos. Eso es lo que sucedió en la década de 1980 en América Latina y el Caribe y en Asia-Pacífico durante la crisis asiática. En el caso del Banco Mundial, el flujo de recursos destinado a los países de ingresos bajos ha mostrado una tendencia ascendente en las últimas décadas.
A. Créditos del Fondo M onetario Internacional
B. Créditos de la banca de desarrollo 0 10000 20000 30000 40000 50000 60000 70000 80000 90000 100000 1970 1972 1974 1976 1978 1980 1982 1984 1986 1988 1990 1992 1994 1996 1998 Millones de d ó lares de 1995
Ingreso bajo, excepto India Ingreso m edio bajo, excepto China, Rusia e Indonesia Ingreso m edio alto, excepto Argentina, Brasil y México G randes prestatarios
0 5 10 15 20 25 1970 1972 1974 1976 1978 1980 1982 1984 1986 1988 1990 1992 1994 1996 1998 Millones de d ó lares de 1995 Ingreso m edio Ingreso bajo
Las tendencias generales del endeudamiento externo de los países en desarrollo no han sido positivas, aunque los patrones varían considerablemente de una región a otra. Si se comparan con 1980, antes de la crisis de la deuda latinoamericana, los coeficientes deuda externa/producto de todas las regiones del mundo en desarrollo son superiores en la actualidad, pero en algunas de ellas (incluida América Latina y el Caribe) son inferiores a los niveles críticos alcanzados a mediados o fines de los años ochenta (véase el gráfico 2.11a). En cambio, los coeficientes de deuda externa/exportaciones muestran una tendencia más favorable (véase el gráfico 2.11b). El problema adquiere mayor gravedad cuando se comparan los coeficientes de deuda de determinados países con valores de referencia (benchmarks) considerados manejables. A partir de los datos del Banco Mundial sobre 84 países en desarrollo sobre los que se dispone de información para el período 1980-2000, se puede calcular que el número de países que presentan una relación deuda externa/producto inferior al 40% se ha reducido de 45 a 23, mientras que el grupo con coeficientes de deuda externa/exportaciones inferiores al 200% incluye ahora a 33 países en lugar de 56.
Sin embargo, los riesgos de una brusca alteración de las tasas de interés como la que se produjo a comienzos de la década de 1980 son menores en la actualidad, debido al control de la inflación en los países desarrollados. De todos modos, conviene recordar que las tasas de interés real en esos países se mantuvieron altas en los dos últimos decenios del siglo XX (aunque se han reducido durante la crisis reciente) y, sobre todo, que los márgenes aplicables a los países en desarrollo en los mercados privados de capital son normalmente muy elevados. En términos de los criterios tradicionales de sostenibilidad de los coeficientes de endeudamiento, calculados sobre la base de la comparación del ritmo de crecimiento de la economía y la tasa de interés real, la relación sigue siendo desfavorable en la mayoría de los países.
Por último, cabe destacar que la tendencia a la concentración de la banca en el plano internacional se ha extendido a los países en desarrollo. Este proceso obedece tanto a la expansión de los grandes bancos internacionales como a la estrategia adoptada por los de menor tamaño para hacer frente a la competencia internacional, como ha ocurrido con los bancos españoles en América Latina. Sin embargo, la concentración de la banca en manos extranjeras presenta muchas variaciones de una región a otra y también entre países de una misma región. Europa central y América Latina muestran concentraciones mucho mayores que las de los países de Asia-Pacífico (52%, 25% y 6% del total de activos bancarios en 1999, respectivamente).
La participación de los bancos extranjeros fluctúa entre un máximo de 42% a 54% en Argentina, Chile y Venezuela y un mínimo de alrededor del 18% en Brasil, México y Colombia. Este proceso ha sido estimulado por las autoridades regulatorias de los países desarrollados, con el propósito de reducir los riesgos cambiarios de los bancos (Hawkins, 2001). El acuerdo sobre servicios financieros de la Organización Mundial del Comercio constituye el marco institucional internacional que brinda garantías jurídicas a este proceso.
La conjunción de los procesos de liberalización financiera, de penetración de la banca extranjera y de las nuevas modalidades de articulación externa del sector privado han dado origen a una profunda reestructuración de los sistemas financieros de los países en desarrollo. En muchos sentidos, los sectores financieros nacionales están hoy más diversificados en términos de servicios, pero algunas de sus deficiencias clásicas aún perduran. El sesgo por las operaciones de corto plazo y los elevados márgenes de intermediación continúan siendo la norma, al igual que el racionamiento del crédito, sobre todo para las pequeñas y medianas empresas y las familias de menores ingresos. Aunque los mercados de valores locales se han expandido en algunos países, las emisiones primarias de acciones no aumentaron, ya que las grandes empresas han preferido emitirlas en los centros financieros internacionales. Por último, a pesar de los importantes cambios adoptados en materia de regulación y supervisión bancaria, la estabilidad de los mercados locales no ha mejorado significativamente, como lo demuestran los numerosos y recurrentes episodios de crisis.
Gráfico 2.11