MESOPOTAMIA, PAÍS ENTRE RÍOS
EN LA CUENCA DEL TIGRIS Y DEL ÉUFRATES Un regalo de dos ríos gemelos
Heródoto llamaba a Egipto "un don del Nilo". De la misma manera, se podría llamar a Mesopotamia un don de los ríos gemelos, Tigris y Éufrates. Los dos ríos nacen en las montañas de Armenia, y cuando en la primavera comienzan a fundirse las nieves, sus aguas se salen de madre, inundan la llanura y depositan su limo fertilizante. Para evitar que el terreno se transforme en marismas pantanosas y poder llevar el agua a los campos, aquí como en Egipto, canalizan las aguas de ambos ríos y las llevan hacia los campos. Sin un sistema de irrigación bien organizado, el país se hubiera transformado en un árido desierto o en un conjunto de terrenos pantanosos.
Para la organización de semejante sistema se necesitaba la intervención del rey. Se daba tanta importancia a los canales, que frecuentemente llevaban el nombre de los monarcas. Hamurabi mandó construir un canal que lleva esta leyenda: "Hamurabi es una bendición para el pueblo". Todavía hoy puede apreciarse la extensión que alcanzaba esta red de canales. No se puede viajar un solo día en este país de vieja cultura sin encontrar treinta o cuarenta lechos de antiguos canales.
"La más antigua de las civilizaciones descubiertas en el emplazamiento de Babilonia — dice Leonard W. King—, como las que le sucedieron, fue de carácter esencialmente agrícola. El país obtuvo de sus dos ríos gemelos todo cuanto necesitaba para su desarrollo, y al aumentarse gradualmente la natural fertilidad de su suelo aluvial mediante un sistema de riego, fue convirtiéndose en una presa tentadora para los pueblo, vecinos establecido, en regiones menos favorecidas. En consecuencia, la historia de Babilonia es, en gran parte, un relato de sucesivas incursiones, llevadas a cabo por nuevas razas sobre las llanuras del Éufrates y del Tigris. Pero en ninguna ocasión tuvo que sufrir cambio alguno subversivo a consecuencia de tales incursiones; siempre fueron los conquistadores absorbidos, paso a paso, y aunque de este modo la raza babilónica se enriqueció positivamente, el carácter general de su civilización permaneció invariable en todos sus rasgos esenciales. Y no es preciso ira buscar muy lejos la razón de la persistencia de este tipo de cultura: es que se adaptaba enteramente al carácter del país.
"El territorio babilónico yace en la mitad inferior del valle del Éufrates y del Tigris, cubriendo lo que era hacia 4.000 años antes de Cristo el delta de estos dos ríos. En efecto, ha sido formado por el depósito que sus corrientes han acarreado hasta las aguas del golfo Pérsico, y su rico suelo aluvial forma un marcado contraste con la mitad septentrional del valle, a la que los griegos dieron el nombre de Mesopotamia y Asiria. El límite natural del país, por el norte, se extiende, según una línea trazada desde Hit, en el Éufrates, a un punto situado debajo de Samarra, en el Tigris; la ligeramente elevada y ondulante llanura del norte, se convierte allí bruscamente en la inmensa planicie de aluvión. Al norte de esta línea, el valle difiere apenas del desierto sirio-árabe, pues sólo en las cercanías de aquellos ríos y de sus tributarios es posible el cultivo; la llanura está cubierta de vegetación después de las lluvias de invierno y primavera, hasta poca distancia de las orillas y sirve sólo para el pastoreo que practican las tribus nómadas.
Pero al sur de la línea divisoria, toda la región aluvial es apta para el cultivo, siendo su fertilidad maravillosa. Su clima subtropical y el ardiente calor de su verano son nuevas causas de prosperidad, dada su abundante provisión de agua."
Las tierras de Mesopotamia
Babilonia fue el más antiguo y opulento de los Estados que nacieron en el país creado por los ríos gemelos. Es indudable que la Mesopotamia, en sus principios, como Egipto, era un conjunto de pequeños Estados que comprendían una ciudad y sus territorios circundantes.
En el siglo XX, el hallazgo de inscripciones en los monumentos y de ingente material en los archivos ha permitido sentar las bases de la historia de la antigua Mesopotamia.
En la época en que se empieza a tener noticias de esta historia, hacia el año 3000 antes de Cristo, el país era bastante más pequeño que en la actualidad. El golfo Pérsico penetraba profundamente tierra adentro, casi 150 kilómetros más que en nuestros días, y el Éufrates y el Tigris desembocaban por separado en el mar. Si nos alejamos todavía más en el tiempo, hasta el año 4000 antes de Cristo, las aguas ocupaban los lugares en donde, más tarde, se levantarían las ciudades de Babilonia y Bagdad.
En la más remota Antigüedad, el país situado entre las desembocaduras de ambos ríos eran marismas cubiertas de selva virgen, de maleza y de inmensos bosques de cañas y bambúes. Esta vegetación exuberante atraía a los pueblos asentados en los desiertos del oeste y en las montañas del este. Había que roturar, cultivar e irrigar el terreno; los hombres no conseguirían hogar ni pan hasta que dominaran el medio agrario gracias a una colaboración bien organizada.
El resto del país estaba habitado desde hacía bastante más tiempo, pera no sabemos por qué pueblo. Hacia el año 3000 antes de Cristo penetraron allí nuevas tribus. Una de tantas oleadas de pueblos semitas, quizás del desierto de Siria, a lo largo del valle del Éufrates, llegó allí e invadió el país que más tarde fue llamado Akkad. Los asirios, que eran sin duda originarios del Cáucaso, pero ya muy mezclados con los semitas, habitaban más lejos, aguas arriba del Tigris. Entre los nuevos invasores, los más importantes fueron los sumerios, que se establecieron entre las desembocaduras de los ríos. Su origen es todavía un enigma, pero muchos detalles hacen creer que eran originarios de las montañas, quizás de Persia; su cultura parece tener las mismas raíces que la del pueblo que, hacia la misma época, fundó una colonia en el valle del Indo.
Hacia el año 3000 antes de Cristo, los sumerios establecieron o adoptaron en su nuevo país una civilización basada en el intercambio comercial y entablaron relaciones con países tan lejanos como Siria y Asia Menor. Su técnica estaba basada en la piedra, sílex sobre todo, el cobre y el ladrillo.
Los antiguos sumerios
Y en el país de los sumerios surgieron ciudades que sin duda son de las más antiguas del mundo36. La más célebre fue Ur, la Ur de los caldeos, como se la denomina
36Durante una campaña arqueológica, realizada en 1961-1966, el investigador holandés Mellaart
verificó importantes hallazgos al oeste de Catal Hüyük, una doble colina del desierto anatolio, en donde dijo haber encontrado una verdadera ciudad de la Edad de Piedra, con casas de adobe, equipadas con chimenea y bancos de piedra y conteniendo vasos de arcilla, figuras de piedra,
en el Antiguo Testamento, la ciudad de donde era originario Abraham, ubicada en el Senaar; es decir, en Sumer.
En las ciudades de la arcaica Sumer, el templo no era solamente un lugar de culto, sede del gobierno y de la justicia, sino también el centro de la economía. En él se almacenaban las cosechas y los rebaños, había carnicerías y se preparaban los pellejos y las pieles. En los talleres del templo, unos artesanos trabajaban la madera y el bronce, y en otras dependencias se encontraban los arquitectos, los constructores de canales y demás gentes encargadas del sistema de irrigación y distribución de las aguas. En conjunto, las personas al servicio del templo gozaban de la calidad de "siervos del dios".
El templo desempeñaba también oficios de banco y en él se efectuaban operaciones de depósito (oro, plata, trigo) y de crédito. Un sencillo sistema monetario facilitaba tales operaciones: los anillos de plata valían el doble que los anillos de cobre. Algunos han llamado a este sistema político-económico "socialismo de Estado religioso". Probablemente su relativa complejidad exigió la invención de la escritura para los cómputos y la enumeración.
Todas las ciudades sumerias, aunque no quedaran borradas del mapa, fueron por lo menos duramente castigadas por el diluvio hacia el año 3000 antes de Cristo.
El primer personaje sumerio que conocemos con exactitud por inscripciones votivas, es Mesannepadda, el rey de Ur, que vivió probablemente hacia el año 2,500 antes de Cristo.
Otra de las más antiguas ciudades de Mesopotamia era Lagash, situada en el lugar de la actual localidad de Tell o Tello, excavada por el francés Sarzec. Lagash adquirió importancia durante la dinastía fundada por Ur-nina —hacia el año 3100 antes de Cristo—, viviendo épocas de prosperidad y poder, a pesar de la hostilidad de la ciudad de Uma, contra la que tuvo que luchar constantemente.
Ur-nina fue un monarca pacífico, gran organizador y constructor, a quien se debe el florecimiento de la agricultura, que fomentó con la construcción de canales; restauró las murallas de la ciudad y construyó templos, el principal de los cuales era el del dios nacional armas, frescos, utensilios varios e incluso tejidos. El sexto de los diez estratos que la constituyen parecía denotar más edad que Ur y Jericó, consideradas hasta entonces como las ciudades más antiguas del mundo.
Enlil, y además un palacio y un granero. Para estas obras hizo traer a Lagash maderas desde los lejanos montes Zagros, siguiendo el curso de los ríos. A Ur-nina pertenecen los relieves en que aparece representado con toda su familia, llevando sobre la cabeza una gaveta con materiales de construcción.
Sargón de Akkad, primer "jefe de Estado"
Los sumerios desarrollaron un sistema de cuentas comerciales en Persia, en Asia Menor y en otros territorios. Ya se ha dicho que la mayor parte de las riquezas iba a parar a los templos de las ciudades, cuyos servidores explotaban al pueblo sin piedad y sumían en la desesperación a la mayoría de sus habitantes. El ambiente estaba maduro para una revolución. Se desencadenó primero en Lagash, donde el rey Urukagina, hacia el año 2360 antes de Cristo, sacudió el yugo de los sacerdotes mediante un golpe de Estado e "hizo renacer la antigua libertad". Pero el buen príncipe Urukagina fue derrotado por Lugalzaggesi, rey de Uma, y mientras lo conducían al cautiverio, Lagash era pasto de las llamas:
Los hombres de Uma han prendido fuego; han entregado la Antassura a las llamas; han robado la plata, las piedras preciosas; han derramado la sangre en Tirach, el palacio;
sí, han derramado la sangre incluso en el templo de Enlil y hasta la sangre en el templo de Baba...
El soberano de una de las nuevas ciudades semitas fundó el primer gran Estado propiamente dicho, modelo de los futuros imperios babilónico, asirio, persa, helenístico y romano. Es el primer gran conquistador de la Historia. Se llamaba Sargón (no confundir con los reyes asirios del mismo nombre), y según la tradición, era un hombre de humilde linaje que se rebeló contra su señor y fundó la ciudad de Akkad, como en lo sucesivo fue llamado el país.
Sargón sometió primeramente el país del norte, a lo largo de los ríos y las regiones montañosas del este; luego ya fue lo bastante poderoso para conquistar Sumer y más tarde sometió a los príncipes del Elam, de Siria, así como la parte central del Asia Menor hasta el mar Negro. Es posible que también extendiera su dominio hasta Chipre. Sus victorias se debían, sin duda, al hecho de poseer mejor armamento que sus adversarios; sus soldados combatían con armas de cobre contra tribus que aún estaban en la Edad de Piedra. Obviamente (?), las campañas de Sargón y sus sucesores perseguían un fin económico.
Sargón murió, después de cincuenta y seis años de reinado, hacia 2214, y su reino le sobrevivió casi un siglo. Su nieto, Naram-Sin, fue también un gran guerrero.
La posteridad había de considerar a ambos monarcas héroes legendarios. Mil años después de su muerte, las hazañas de Sargón todavía eran glorificadas en unos poemas descubiertos en Egipto, así como en la ciudad hitita de Hatusas, en Asia Menor. Los judíos también han conservado su memoria, bajo otro nombre: Nemrod.
Estela de Naram-sin.
Nuevas invasiones
Hacia 2130 antes de Cristo, el reino de Sargón se derrumbó por el empuje de los pueblos bárbaros del este, los guti, que se establecieron en régimen de conquistadores y abandonaron la administración de las ciudades a gobernadores (patesi), que debían pagarles tributo, aunque conservando una independencia bastante amplia. El más co- nocido de estos patesi fue Gudea, de Lagash, que durante mucho tiempo fue la más antigua personalidad conocida de la historia babilónica y cuyo nombre es tan popular como su figura, ya que existen varias y magníficas estatuas de él.
Parece ser que la riqueza y la expansión de las ciudades sumerias no fueron frenadas de manera considerable por los guti. Poco a poco, los invasores se asimilaron a la población mesopotámica, si bien Utuchengal, rey de Uruk, pudo sacudir el yugo extranjero hacia el año 2061 antes de Cristo.
La vieja ciudad de Ur recobró su hegemonía durante el período glorioso de su III dinastía, que duró apenas un siglo; fue la última edad de oro de la historia sumeria.
Estatua sedente de Gudea de Lagash.
El más grande de los reyes de Ur fue Sulgi, también llamado Dungi (2033-1988), que fue, sobre todo, un estadista y un organizador. Hizo un recuento de los dioses locales para construirles templos. En la cima de la jerarquía se encontraba el dios Enlil, a quien estaba consagrada la ciudad de Nipur, en donde se encontraba el tesoro del Estado, formado por productos agropecuarios como trigo y semovientes, y también metales. Oficialmente, este impuesto se pagaba al dios Enlil, y los habitantes de provincias lo hacían efectivo siguiendo las mismas modalidades y depositándolo en los templos locales, que llegaron a ser especies de oficinas de recaudación y bancos del distrito. Todas las contribuciones eran cuidadosamente anotadas en tablillas de arcilla, lo mismo que los cheques y recibos; en algunos templos se han encontrado verdaderos registros de contribuyentes.
Gran parte de este capital en mercancías era para la corte y los funcionarios, y la otra se vendía o se prestaba. Se percibían intereses sobre préstamos ordinarios, pero también se permitían préstamos sin interés a ciertas personas que estuvieran en peligro de ser vendidas como esclavos por sus deudas. Los templos, pues, seguían siendo verdaderos bancos, como en los primeros tiempos de Sumer. Para que el sistema funcionara armónicamente, el rey Sulgi instituyó un servicio de correos y una policía,
que mantenía el orden a lo largo de las rutas comerciales. Igualmente promulgó una ley válida para todo el reino, del cual no se conocen más que fragmentos, que prueban que las célebres leyes de Hamurabi son la meta de una larga evolución del Derecho.
El país de los sumerios estaba expuesto a muchos peligros y el reino de Sulgi fue pronto objeto de serias amenazas. En el Éufrates Medio había surgido una ciudad, que tomó el nombre de Mari, cuya riqueza y poder iban en constante aumento, y cuando el último rey de Ur cayó prisionero en una guerra contra el Elam, lucha en la que los sumerios llevaban la ventaja, el rey de Mari invadió Akkad y Sumer y se apoderó del reino. Ur pudo resistir durante unos veinte años, pero al final tuvo que someterse a las armas enemigas y la ciudad fue arrasada hacia 1950 antes de Cristo.
Así se expresaba una elegía o lamentación sumeria de aquella época tan funesta:
El viento adverso de la tempestad, para cambiar los tiempos y para extirpar la ley, ha provocado el huracán
y trastornado el antiguo orden de Sumer. ¡Los tiempos del gran rey se han esfumado! Ahora, las ciudades del país son cenizas y desiertos los parques y cercados... ... ya no vela la madre a sus hijos,
ni el marido llama amorosamente a la esposa,
mucho menos la amada se reclina en el pecho del amado... ¡El rey se marchó y los hijos lloran de dolor!
El país fue dividido entre los soberanos de Mari y Elam. Hacia 1800 antes de Cristo, el rey semita de Babilonia conquistó la mayor parte de Mesopotamia y fundó un nuevo imperio, que más tarde eclipsaría en magnificencia al mismo imperio de Sargón.