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Cuentos clásicos

In document Psico Gestalt III (página 113-116)

Introducción a las técnicas de la terapia gestáltica

CUENTOS PARA NO VIVIR

1. Cuentos clásicos

A través de los siglos, los cuentos han surgido como algo espontáneo dentro del desarrollo del ser humano.

Los niños de todas las épocas y países han disfrutado y vibrado ante los cuentos, que, al ser repetidos una y otra vez, se han ido refinando y han llegado a transmitir, al mismo tiempo, significados evidentes y ocultos; han llegado a dirigirse simultáneamente a todos los niveles de la personalidad humana y a expresarse de un modo que alcanza el sentimiento del niño.

Dice Bruno Bettelheim’: «Al hacer referencia a los problemas humanos universales, especialmente aquellos que preocupan a la mente del niño, estas historias (los cuentos) hablan a su pequeño yo, en formación y estimulan su desarrollo..., empiezan, precisamente, allí donde se encuentra el niño, en su ser psicológico y emocional... ofrecen ejemplos de soluciones, temporales o permanentes, a las dificultades cambiantes».

Y todos los adultos hemos sido niños y hemos oído cuentos e historias fantásticas, llegando a tener nuestro favorito.

Con el paso de los años, al llegar a adultos, nuestra razón va anulando el aspecto mágico de los cuentos (por lo menos el de los cuentos de hadas, ya que podemos seguir viendo su permanencia en el éxito de los cómico, revistas para adultos), pero no así nuestra emoción.

Generalmente, cuando de niños, el entorno que nos rodeaba no era la mejor solución a nuestra situación, hemos tomado como modelo a algún héroe de nuestros cuentos y así, al identificamos con él y viceversa, hemos vislumbrado una posibilidad de futuro y hemos reducido nuestra angustia.

El héroe elegido no necesariamente ha sido el mejor, sino el que más se parecía al concepto que íbamos adquiriendo de nosotros mismos a través de los mensajes verbales y no verbales transmitidos por nuestros adultos (padres, tíos, maestros...).

De este modo conseguíamos en nuestra infancia tener un patrón de vida, que se acomodaba a nuestras características y sobre todo que nos facilitaba la posibilidad de crecer.

Así, hemos conformado nuestra vida adulta con una pauta emocional basada en un cuento. Al margen de otros muchos elementos que la configuran.

Resulta sorprendente y casi increíble constatar que, en el mundo en que vivimos, en nuestra misma ciudad y a nuestro alrededor, vivimos con Caperucitas Rojas, Bellas Durmientes, Cenicientas, Príncipes convertidos en sapos, Capitanes Trueno, etcétera.

Los cuentos sirven de pauta tanto a hombres como a mujeres y al descubrir cada persona cuál es su cuento, puede tomar una idea clara de cuál es su trayectoria y su desenlace, y si ese guión de vida es de su interés o prefiere cambiarlo y elegirlo libremente.

Para ampliar datos sobre teoría de los cuentos clásicos, recomendamos la lectura de ¿Qué dice usted después de decir “hola”?, de Eric Berne’ y «Psicoanálisis de los cuentos de hadas» de Bruno Bettelheim2.

Abordaje del tema

Como hemos dicho antes, después de recoger los datos verbales narrados por el paciente sobre su historia, nos encontramos con que su sentimiento ha quedado parcialmente fuera de su explicación.

Aquí o en otro momento cualquiera del proceso psicoterapéutico le pedimos que nos informe acerca del cuento que mejor recuerda de su infancia, o el que más le gustaba o el que para él tenga un significado especial.

A veces el sujeto no recuerda ninguno o recuerda varios. En el primer caso se le pide que busque en su memoria y si sigue sin centrarse en ninguno, lo dejamos pasar momentáneamente. En el caso de que recuerde varios, le pedimos que se centre sólo en uno, en el que más le guste, porque si bien podemos tener aspectos pertenecientes a varios cuentos es sólo uno el que nos ha servido como trayectoria cogiendo elementos de otros. Y si nos dedicamos a trabajar con varios a la vez, inevitablemente surge la dispersión, y nuestro trabajo será una tarea baldía.

Volviendo al punto de partida, una vez que el sujeto ha identificado su cuento favorito o el que recuerda como habitual en su infancia, le pido que me lo narre, tal y como le salga, su versión, sin esforzarse en recordar la versión «auténtica».

Generalmente y con su consentimiento, tomo nota o lo grabo, puesto que nos va a ser de utilidad posteriormente.

Una vez que lo ha contado, suele quedar muy claro el personaje o los personajes principales; no obstante, le pido que lo identifique y que vuelva a contarlo hablando en primera persona, como si él fuera el protagonista. En lugar de «el niño se alejó corriendo», «yo me alejo corriendo». Si utiliza tiempos pasados, le pido que utilice el presente, como si la acción transcurriera aquí y ahora.

En esta narración suelen surgir los primeros asombros. El sujeto descubre que no sólo es su cuento, sino que es su vida, y empiezan a aparecer toda clase de manifestaciones tanto verbales (exclamaciones, voz de sorpresa, titubeos en la entonación...), como corporales (acomodarse «mejor» en el asiento, replegamiento corporal, risas, enrojecimiento...).

Todo esto es trabajable gestálticamente.

A continuación trabajamos en «sillas calientes» o dramatizamos los pasajes significativos de cuento, así como los desenlaces inconclusos o mal concluidos de éste.

Para este momento, los sujetos ya han establecido paralelismos entre su situación real y el cuento; se dan cuenta de dónde están pillados y podemos pasar a trabajar en cómo están pillados.

La Neurolingüística la utilizo en frases mal o deficientemente estructuradas, con la intención de hacer surgir a la superficie la estructura de fondo mantenida en la frase, con su correspondiente contenido emocional. Veamos un ejemplo:

X.: «... y el niño decía: «nadie es capaz de comprenderme»...».

Terapeuta: ¿Qué les impide comprenderle?

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