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Manuel Arias Maldonado:

Antropoceno. La política en la era humana

Taurus, Madrid, 2018

256 páginas, 18.90 € (ebook 9.99 €)

Manuel Arias Maldonado a lo largo de este excelente libro, pleno de reflexiones bien in- formadas y eficazmente orientadoras, es la época en la que la humanidad se constituye como una fuerza geológica global. Una épo- ca que sustituiría al Holoceno, y quizás no en el sentido de que va detrás (lo que deja- ría al Holoceno con una extensión temporal muy corta), sino en el de que lo reemplaza por completo, si es que estamos dispuesto a situar el punto de inicio en el Neolítico, con el comienzo de la agricultura, como al- gunos sugieren. El asunto es controvertido, pero la tesis que más consenso suscita es la que sitúa su origen a mediados del si- glo xx, con el rastro de isótopos radioacti-

vos dejados por las explosiones nucleares. Aunque el término no está aún oficialmente aceptado por los geólogos, no puede negar- se su éxito en los medios de comunicación. Sintetiza en un sólo concepto los temores y las esperanzas que los cambios tecnoló- gicos generan, debido a las enormes trans- formaciones que han producido en nues- tro entorno y en nuestras formas de vida, y recoge bien la mutación radical que se ha dado en la imagen que nos formamos de la propia naturaleza. Ésta es ya, irremediable- mente, una naturaleza humanizada; lo que encontramos por todas partes, una hibrida- ción entre lo natural y lo humano.

Conviene saber que este libro que ha pu- blicado la editorial Taurus es fruto de vein- te años de estudio sobre temas de política medioambiental por parte del autor, quien ya publicó en 2008 Sueño y mentira del

ecologismo (Siglo XXI), y que acaba de te-

ner un gran éxito editorial con La democra-

cia sentimental, publicado en 2016 por

Página Indómita. Su estilo es sumamen- te claro y ameno, como sabe el lector de las columnas, entradas de blogs y artícu-

los de opinión que Arias Maldonado publi- ca de forma frecuente en diversos medios españoles y extranjeros. Lo que no es obs- táculo para que las cuestiones sean trata- das con el rigor necesario en un título que, sin ser un tratado académico al uso, tampo- co es un ensayo. El lector interesado puede encontrar en él la información que busque sobre el tema e indicaciones de cómo am- pliarla, ayudado por la abundante bibliogra- fía que se cita en las notas situadas al final, de modo que no dificultan la lectura. Una virtud adicional del libro es la soltura con la que se maneja información procedente tanto de las ciencias naturales como de las ciencias humanas y sociales. Y esto –hay que decirlo– no es algo fácil de encontrar.

Arias Maldonado no se sitúa en una vi- sión catastrofista ni derrotista, pero tam- poco abiertamente optimista. Ofrece una descripción equilibrada de los problemas que se nos avecinan y que, sin duda, cons- tituyen desafíos enormes para el futuro de nuestra especie. Tomando como antece- dente la famosa apuesta de Pascal, cree que lo mejor es ponerse manos a la obra con la convicción de que queda mucho por hacer y de que no todo está perdido de an- temano. Tenemos, en efecto, mucho mar- gen para la acción moral y política. También para la tecnológica. Pero sin descuidar el hecho de que estamos ante un asunto po- lítico y no sólo técnico. ¿Todos somos res- ponsables de igual manera de la situación creada? ¿Sobre quiénes han de recaer las cargas? ¿Quién es el nosotros al que los pro- blemas afectan? Éstas son preguntas que reclaman respuestas políticas y que una vi- sión tecnocrática deja inexcusablemente de lado.

No obstante, el hilo conductor del libro, y supongo que el asunto en el que el lector

estará más interesado en encontrar orienta- ción, es la cuestión de qué hacer, qué me- didas tomar, cómo afrontar la situación. Y la cuestión es que ni siquiera estamos se- guros de que podamos hacer algo realmen- te efectivo. Mientras que los transhumanis- tas presumen con insistencia de que el ser humano ya está en condiciones de tomar el control de su propia evolución biológica, e incluso de reconfigurar mediante la tec- nología toda la biosfera, lo que percibimos cada día a través de los noticiarios es que el planeta está cambiando de forma descon- trolada debido a nuestras acciones. La pre- gunta decisiva es, pues, si podremos tomar en verdad el control.

Aunque el autor no puede ofrecer seguri- dades al respecto, entre otras razones por- que regirán en el futuro condiciones aún desconocidas, el mensaje, como antes dije, no es derrotista. El libro expone una varie- dad de propuestas para la acción, pero deja bien claro que ninguna de ellas despier- ta un consenso general ni hay varitas má- gicas con las que resolver los problemas. Todas las proposiciones realizadas hasta el momento tienen ventajas e inconvenientes. Habrá, entonces, que apostar por las más realistas y más factibles. En particular, de- beríamos inclinarnos por medidas que es- tén empíricamente informadas y que re- conozcan el valor instrumental del mundo natural para el bienestar humano. Este últi- mo no puede ser eliminado de los objetivos. No tiene sentido cuidar la naturaleza y des- entendernos de nuestra especie, lo que, por supuesto, no implica que debamos mante- ner el nivel de vida que llevamos en los paí- ses occidentales. Un nivel de vida que no es universalizable.

Hemos de ir aprendiendo, en esta cues- tión como en tantas otras, a partir de la ex-

periencia. Pero, en ese sentido, como se- ñala el autor con una expresión sugerente, el Antropoceno es un «apocalipsis didácti- co», y lo es porque las situaciones de ries- go son, precisamente, las que nos indican qué debemos corregir. Hans Jonas formuló hace tiempo una idea parecida cuando afir- mó que sólo sabemos qué es lo que está en juego cuando sabemos que está en juego, aunque él le dio el nombre más prosaico de «heurística del miedo». Arias Maldonado apuesta con fuerza por el desarrollo de una «ilustración ecológica», pues de ella de- pende el futuro. Como concreción de la idea, los que tenemos un papel en la docen- cia, o algún acceso a los medios de comuni- cación, estamos ante una importante tarea de concienciación por delante.

Vengan de donde vengan las medidas para paliar la situación, nada podrá hacer- se sin el auxilio de la ciencia y de la téc- nica. Pensar en lo contrario es «pastoralis- mo». La naturaleza no es un Edén perdido. Descartadas quedan, por tanto, las actitu- des heideggerianas extremas que creen en- contrar algún tipo de solución en una re- tirada individual (puesto que colectiva no parece posible) a la naturaleza y en un des- asimiento de la técnica. Por el contrario, debemos mantener la confianza en el po- der de las nuevas tecnologías: podemos in- cluso crear con ellas más naturaleza o me- jorar la naturaleza que ahora tenemos. Por eso, hemos de pasar del conservacionismo a un interés directo por la «gestión ambien- tal y el diseño socioecológico». El avance de la ciencia y de la técnica es, en suma, uno de los mejores aliados para conseguir un Antropoceno sostenible.

No creo estar muy desencaminado si digo que este libro manifiesta, acertada- mente, en mi opinión, una perspectiva de

las relaciones entre el ser humano y la téc- nica con claras reminiscencias orteguianas. En especial, el autor defiende de forma más o menos expresa las siguientes tesis: 1) el ser humano es constitutivamente técnico y, mediante la técnica, construye su pro- pio entorno (la «sobrenaturaleza», en ter- minología de Ortega); 2) ha transformado, por ello, la naturaleza desde sus comienzos mismos como especie, lo que implica que «el ser humano es natural y excepcional» (p. 134); y 3) constituye, pese a todo, una unidad con la naturaleza; no es ajeno a ella, pero tampoco es ella, dada la hibridación de lo social y lo natural.

La parte final del libro es la que plan- tea cuestiones políticas más directas y, por ello mismo, la que quizás le granjee más críticas. ¿Pasa cualquier intento de solu- ción por desmontar el capitalismo, como mantienen los ecosocialistas? ¿Cuál es la mejor forma de compaginar la búsqueda de la sostenibilidad con la democracia? Arias Maldonado contesta a la primera

cuestión afirmando que no necesariamen- te hay que acabar con el capitalismo para conseguir la salvación y que puede inclu- so que el intento de hacerlo sea contrapro- ducente. En cuanto a la segunda, lo prin- cipal es evitar la tentación totalitaria. Un régimen totalitario mundial no garantiza- ría la solución, porque no podría contar con la cooperación de la gente ni permiti- ría la libre circulación de ideas. La demo- cracia es mejor para encarar los problemas ecológicos, pero a través de un sistema de gobernanza global (representación políti- ca más conocimiento experto), no a tra- vés de una democracia fuerte a escala pla- netaria (algo que no parece, por otro lado, que sea fácil de conseguir a corto o me- dio plazo, no sólo por dificultades operati- vas, sino por diferencias axiológicas). Un Antropoceno sostenible es compatible con la democracia, aunque no con cualquiera, sino con una que tenga los adecuados sis- temas de representación y de delegación en la toma de decisiones.

Luis Buñuel, poeta a su pesar, siempre necesitó junto a él a un escritor en su exi- toso oficio de cineasta. El primero fue el pintor y también escritor, no lo olvidemos, Salvador Dalí, con quien escribió Un perro

andaluz y La edad de oro. El último, el au-

tor del libro que nos ocupa, Jean-Claude Carrière, con quien no sólo escribió sus seis últimas películas y algunos proyectos no realizados, de Diario de una camarera a Ese oscuro objeto de deseo o Agón, sino sus propias e inolvidables memorias, Mi

último suspiro, tan impropiamente titula-

das en español, como bien señaló Gibson en su biografía; cuando mucho más ade- cuado hubiera sido traducir Mon dernier

soupir por «Mi último aliento». Se hace

difícil identificar al recio aragonés con un

suspiro, por mucho que fuera el último. En medio, unos pocos y excelentes guio- nistas entre los que podemos destacar a Luis Alcoriza y Julio Alejandro.

Nuestro cineasta mayor nunca se con- sideró un buen escritor, oficio que le hu- biera gustado ejercer muy por encima del de cineasta, y palió la soledad de la es- critura con la compañía de un interlocu- tor que le ayudara a contrastar y estructu- rar su desatada imaginación en el molde del guión cinematográfico. Con Carrière (Colombières-sur-Orb, 1931) llegó a esta- blecer un verdadero matrimonio laboral a lo largo de una veintena de años. Desde el primer momento surgió entre ellos una singular complicidad y empatía. Se lleva- ban treinta y un años. Buñuel (Calanda,