• No se han encontrado resultados

Cultos y procesiones

II. LA CONSOLIDACIÓN EN EL BARRIO

4. Cultos y procesiones

A pesar de la evolución ideológica del siglo XVIII, las prácticas internas más importantes de la O seguían siendo los cultos y lo relacionado con los funerales, aunque con algunas novedades.

Oficialmente los cultos que se celebraban en la iglesia de la O estaban regulados en el Capí- tulo LVII de las primitivas Reglas, y consistían en una misa el primer domingo de cada mes, ade- más de la fiesta a Santa Brígida el uno de febrero, la de Santa Justa y Rufina el 1 de julio, que con- tinuaba con una procesión, y por último en diciembre, la fiesta a la Patrona.116 Desde finales del

siglo XVII estos cultos se habían ido paulatinamente alterando, aunque se mantenía lo funda- mental: la Fiesta celebrada en honor de la Virgen de la O, que además y para darle más solemni- dad, habían hecho coincidir con el Jubileo Circular de las cuarenta horas.

Analizando la documentación podemos hacernos una idea de cómo se celebraban las fiestas en honor de la Virgen de la O; el ritual se asemejaría al descrito en este cabildo:

se acordó que la fiesta de Nuestra Señora se le hiciese nobena entrando en el número de los nuebe dias los quatro de el Jubileo, sin que… en los cincos restantes (hay) más gastos que la cera que se pone en el altar de la Virgen…117

En los libros de cuentas se puede comprobar cómo la Hermandad cuidaba hasta el más mí- nimo detalle en sus ceremonias, incluso eligiendo la persona más adecuada para dar el sermón, que se cobraba en el siglo XVIII a una media de 60 reales más el pago del cochero..., además de contratar una capilla musical para las ceremonias. La fiesta no sólo era en la Iglesia, también el día 17 por la noche –la víspera de la Fiesta de la Esperanza–, se engalanaba toda la calle Castilla: “fuegos en la función y luminaria la víspera.”

En la hermandad de la O coincidían las fiestas de su Titular con el Jubileo de las 40 horas, una ceremonia de un fuerte contenido sacramental, que consistía en la solemne exposición del Santísimo Sacramento durante tres días para su adoración, ceremonia instituida por el Papa Cle- mente VIII a finales del siglo XVI. Es bastante llamativo que casi desde que la Iglesia de la O se convierte en ayuda de Parroquia, el culto a la Virgen y al Santísimo coincida en los mismos días: toda una muestra de intenciones de la Hermandad.

114. AHO. Ver Cabildo de febrero de 1763. 115. AHO, Cabildo de 18 de marzo de 1764. 116. Cfr. Capítulo I de esta obra.

Durante todo el siglo XVIII tuvieron que ser importantes los cultos celebrados en honor a Nuestro Padre Jesús Nazareno, a pesar de que no estuvieran recogidos en las Reglas. Aunque no hay ninguna documentación al respecto, con toda seguridad se trataría de un quinario que sim- bolizaba las Cinco Llagas de Jesucristo.

Todos estos cultos de obligada celebración, quedaron oficialmente regulados en las nuevas Reglas, en las que se recogían:

Capítulo 12: honras para los hermanos difuntos. Capítulo 13: Adoración del S. M. Sacramentado. Capítulo 14: día Ascensión del Señor.

Capítulo 17: Acompañar a S. M. Sacramentado en la procesión de enfermos. Capítulo 56: Festividad de Nuestro Padre Jesús.

Capítulo 57: Ganar el jubileo.

Una de las principales manifestaciones internas de la Hermandad de la O seguía siendo acompañar al hermano difunto en la misa de funeral; en algunas ocasiones, bien por fidelidad y dedicación bien por haber pedido limosna para el Monumento, todos los gastos eran sufragados por la Hermandad. El ritual debía ser completo y lleno de una fuerte simbología, necesaria en una sociedad analfabeta:

como había muerto aquel día el hermano y alcalde Andrés Basquez... se acordó que se le mandase a el cuerpo quatro sirios y cuatro hacheras y que en el entierro fuesen los sirios con doce niños y muñi- dor a costa de la Hermandad...118

Había matices diferenciales si el difunto era Oficial, hermano, mujer de hermano o padre o hijo, no todos con los mismos derechos. Así, si la misa de difunto era de un hermano oficial, se duplicaba el sufragio por su alma, se le daban cuatro misas y seis cirios, mientras si era simple- mente un hermano, la Hermandad ponía el paño, doce cirios, la bóveda y cuatro misas rezadas; si el entierro era de la mujer de un hermano, la hermandad ponía el paño, la bóveda y la cera, y si era un padre o hijo paño, bóveda y seis cirios.119

Asimismo aumentaban los servicios ofrecidos en momentos de especial necesidad; en el Ca- bildo de 3 de febrero de 1752, se prometía a los hermanos que pidieran cera para el Monumento, mayores atenciones en su funeral: “quedando la hermandad obligada a pagarle a el fin de su vida un entierro de beneficio hecho en esta iglesia, dándole bóveda, paño, cirios, doble misas”.120

El lugar de los enterramientos no está muy claro en el s. XVIII, aunque sí en los últimos años del XVII:

“que la bóveda que esta Cofradía y Hermandad tiene en su capilla de Cripto Crucificado y Sacramen- tado, se entierran en ella los hermanos que fueren de su devoción... dando de limosna dos ducados, y los que no fuesen hermanos y tubiesen devoción quatro ducados”.121

118. AHO, Cabildo del 12 de julio de 1757.

119. AHO, Ver libro de acuerdos. Cabildo de 15 de agosto de 1707. 120. AHO, Libro de Cabildos de Oficiales del 5 de marzo de 1752. 121. AHO, Cabildo de 10 de agosto de 1683.

Así que, con la nueva iglesia, seguiría habiendo una bóveda donde se enterraba a los herma- nos y devotos, como aparece reflejado en las anotaciones de Cabildos que describen el ritual de acompañamiento en la casa del difunto, la misa de corpore in sepulto, además de “honras por los hermanos difuntos que se celebran con misa cantada, responso y sermón”.122

En algunas hermandades con finalidad asistencial similar, la mortaja del difunto era la túnica de la hermandad o el hábito de algunos religiosos próximos:

los habitos que se aian comprado para la mortaxa de los hermanos... determinamos que el hermano mayor tenga el cuidado de tener prebenidos dos habitos a causa de estar lexos los Conventos de Nues- tro Padre San Francisco de Asis.123

No era un caso aislado el comportamiento de los hermanos del Santo Entierro de Cristo de Pedrera sino muy usual en estos momentos, y que no correspondía sólo a los que formaban parte de estas asociaciones, sino a una actitud individual que se solía dejar recogido en los testamentos:

que mi cuerpo sea sepultado en la boveda de la Hermita de Nuestra Señora de la Asumpción que es la patrona de esta Villa, y mi cuerpo se amortaje con el avito de nuestro Seráfico Padre San Francisco de Asís recoletos de esta Villa... y conforme a la piadosa costumbre que observan sus religiosos lleven mi cuerpo quatro de ellos.124

Es probable que en la Hermandad de la O se siguiera este procedimiento pero sólo podría confirmarlo la revisión de las últimas voluntades de los hermanos. En todo caso, este servicio asis- tencial debió extenderse incluso más allá de la pertenencia a la Hermandad. Así, en el cabildo del 4 de agosto de 1761, se pone de manifiesto que los maridos de las hermanas no tenían derecho a la misa de difuntos, diferenciándolos de las mujeres de los hermanos que sí tenían este derecho, y esa práctica podría ser contraria a las propias reglas:

avia un acuerdo... que los maridos de las hermanas gozaban el privilegio que en muriendo se les daba paño, cirios, bóveda... que se estaba practicando contra todo derecho pues la Regla previene que gozen de este privilegio las mujeres de los hermanos, sus padres y sus hijos, lo que acordaron que el marido de la hermana no fuese acreedor ni tubiese derecho alguno a nada de lo propuesto y que se anotase este acuerdo en el libro.125

Desde su origen, las hermandades fueron asociaciones de laicos con una doble finalidad: por un lado, unos fines religiosos relacionados con el culto, y por otro, atender unos fines asistencia- les, en este caso, acompañar al hermano difunto.

Un episodio significativo tuvo lugar en el Cabildo de 10 de marzo de 1768, cuando unas per- sonas muy devotas habían regalado a la Hermandad una nueva Dolorosa: “una hermosa y devota

122. AHO, Libro de cuentas de 1697.

123. AGAS, Sección III, Serie Justicia y Hermandades. Legajo 141. Ver Reglas de la Hermandad del Santo Entierro de Cristo y Nuestra Señora de la Soledad de pedrera. Año 1734.

124. Testamento de don Pablo de Traba, síndico del Convento de San Francisco de Estepa. Archivo de Protocolos Notariales de Estepa. Recogido por PRIETO PÉREZ, Joaquín Octavio (2006): Historia de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno de

La Roda de Andalucía. Sevilla, Diputación Provincial, p. 108.

Imagen de Nuestra Señora de los Dolores”, con la intención de que fuera nueva Titular de la Her- mandad. La imagen se había colocado, para su contemplación, en el coro alto de la iglesia. Muy acalorada tuvo que ser la discusión cuando el hermano alcalde más antiguo dijo que deberían cui- dar las formas en que se expresaban, pues no se podía olvidar que el cabildo se está celebrando: “ante la presencia de su Magestad sacramentada y que no había motivos para hablar con tan im- propios términos”.126 Incluso algunos de los hermanos decidieron retirarse de la Sala Capitular,

posiblemente buscando el apoyo de los vecinos. En estos momentos uno de los cofrades que era sacerdote intervino en el Cabildo, intentando calmar los ánimos y proponiendo a los que habían abandonado la reunión que volviesen o se fuesen a su casa: “tratando de sosegarlos y obligarles a que entraran o se retiraran, pero no quisieron hacer lo uno ni lo otro, si no que quedara la puerta de la iglesia abierta.”

Al final el grupo disidente se marchó y se pudo hacer la votación. En la Hermandad había dos tipos de bolas que eran depositadas en una urna, la bola grande significaba que el hermano estaba de acuerdo con lo propuesto por la Junta de Oficiales, mientras las bolas pequeñas signifi- caba su oposición:

que el hermano que quisiese se recibiese la expresada Imagen de Dolores votase con la bolilla grande y que el que no quisiese se recibiese votase con la chica... y recogidos los votos en una urna y hechados sobre la Mesa Capitular... a favor... quarenta y seis... y que no se recibiese nueve.

Así que el Cabildo decidió no admitir la donación de la nueva dolorosa, aunque con poste- rioridad se supo que el Provisor eclesiástico llevaba una orden en ese sentido: “no se haga ninguna novedad en los pasos y que se niegue la admisión de la imagen donada.” Y de poco hubiera ser- vido una votación distinta.

Durante el siglo XVIII fueron muy pocas las estaciones de penitencia realizadas por la Hermandad de la O; las causas son bien conocidas: la lluvia, el pleito por el cambio de horario, la falta de medios y el deseo paralelo de dar prioridad al Culto al Santísimo o al patrimonio de la Hermandad.

El 20 de marzo de 1761 fue la primera salida el viernes Santo por la tarde de la Cofradía de la O. ¿Hubo estación de penitencia? ¿y en 1762?, en los años 1763 y 1764 queda constancia de que no hubo estación de penitencia por la precariedad económica. En 1765 el Cabildo de oficiales decide realizar la Estación de Penitencia pero con una condición expresa: “saliese la cofradía, más en los términos que la Hermandad no se perjudicase, sino que fuese a costa de sus hermanos”.127

Así, que tras casi veinte años esperando por una serie de circunstancias diferentes por fin pudo la Hermandad de la O volver a efectuar su estación de penitencia. Por su parte, en el Cabildo ce- lebrado el 14 de julio de 1765, deciden, con el dinero sobrante de la cofradía, arreglar el paso de palio que tenía goteras.

Desde la nueva Concordia, la Hermandad de la O hizo sus estaciones de penitencia en la tarde del Viernes Santo, pues salvo en 1775 que salió de madrugada, el resto de los años hasta el trienio liberal (1820-1823), que no hubo desfiles procesionales, fue el viernes santo tarde; como

126. DÍAZ, Rafael, op. cit., p. 39.

ejemplo de cómo quedaba el calendario de los desfiles procesionales de las cofradías de Triana, nos puede servir las procesiones que salieron en el barrio en 1791128:

Miércoles Santo.

Cofradía del buen Viaje, parroquia de Santa Ana. Jueves Santo.

Santo Christo de las Aguas y Nuestra Señora del Mayor Dolor. Convento de San Jacinto Cofradía de la Expiración y Nuestra Señora del patrocinio. Sita en su Capilla.

Cofradía de Nuestra Señora del Camino, capilla de los mártires Cofradía de Nuestra Señora de los Peligros. Triana

Santo Christo de las Penas y Nuestra Señora de la Estrella, Convento de Nuestra Señora de la Victoria Madrugada.

Cofradía de Nuestra Señora de la Esperanza y Caídas, Convento del Espíritu Santo Viernes Santo.

Cofradía de Nuestra Señora de la O sita en su Iglesia Cofradía de Nuestra Señora de la Encarnación, en su Capilla Cofradía de Nuestra Señora del Desconsuelo.

El 5 de marzo de 1775 el cabildo aprobó la salida de la cofradía para ese año, formándose una comisión compuesta por el prioste, el fiscal y el mayordomo primero, en unas condiciones muy parecidas a la de los últimos años: los hermanos que formaban la comisión se encargarían de recaudar el dinero suficiente para poder sacar la cofradía a la calle, aunque habían convenido que la Hermandad: “les bonificase la cantidad que dejasen entregar los individuos que concurrieron al cabildo, y que ofrecieron voluntariamente dar”.

Como era costumbre, se iniciaron una serie de peticiones de limosnas por los demandantes de la Hermandad, y el Domingo de Ramos de este año, 9 de abril, habían recaudado 1.651 reales, a los que había que sumar lo recaudado por los demandantes el Viernes Santo: 115 reales, más lo recaudado por el Cabildo, 391 reales, que sumaba un montante de 2.157 reales. Muy detalla- dos están los gastos de la estación de penitencia: en cirios 2.137 reales, en costaleros 300 reales más 15 que se le dieron para refrescarse, 6 para el muñidor, 14 para los eclesiásticos, 135 para la música…, incluso aparece reflejado 5 reales para el tarimón que se coloca en la puerta, pues como vimos en el capítulo de construcción de la Iglesia, el edificio estaba elevado tres escalones de la calle, y necesitaría esta tarima para salir del Templo.

Salida extraordinaria de la Virgen de la O de Gloria

Uno de los acontecimientos más importantes para la historia de la Hermandad de la O fue la primera salida procesional de su Virgen de Gloria, la Imagen que inicia la devoción a María San- tísima de la O en el barrio de Triana, y que nunca había salido en procesión por el barrio trianero; siempre había estado expuesta al culto en el interior de su Iglesia.

Se trató de una procesión de rogativa, procedimiento muy habitual ante catástrofes o situa- ciones adversas; en este caso, por la pertinaz sequía que afectaba a Sevilla, y que se agudizó en la

primavera de 1750, afectando decisivamente a las cosechas y por consiguiente al sector más im- portante de la economía.

Aparte de que la procesión tuvo lugar el día seis de abril de 1750, que fue por la noche, y que se dirigió a la parroquia de Santa Ana, donde un fraile dominico dio el sermón habitual, poco más se sabe de esta procesión extraordinaria. Eso sí, la Hermandad no dispone de los enseres necesa- rios: ni paso, ni manto…; no se sabe quién le prestó el paso que iba portado por 16 costaleros, y sí que el manto pertenecía a la Virgen de la Candelaria del Convento próximo de San Jacinto129.

III. LA TRANSICIÓN AL NUEVO RÉGIMEN

Documento similar