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LA CURACIÓN EN EL TEMPLO

DÉCIMO MES Ampliación de

LA CURACIÓN EN EL TEMPLO

Llegamos ahora al tema de la curación psíqui - ca, o más bien la curación en el templo, pues en su mayor parte se hará dentro del recinto sa - grado.

La mayoría de las personas están interesadas en la curación psíquica, quieren saber si tienen algún poder curativo, y algunos quieren saber su alcance. En respuesta a lo primero, como mago entrenado al menos deberá entender cómo funciona. Casi todo el mundo tiene algún poder curativo, es algo instintivo, tal como ates - tigua el impulso a poner la mano sobre una zona dolorida, a succionar un dedo que se ha cortado, a masajear la cabeza cuando duele. Lo hacemos sin pensar en ello.

¿Hasta dónde podemos llegar? Creo, que con la excepción de los casos raros e impredecibles, la curación psíquica tiene sus límites. Me temo que tengo poca paciencia con un paciente de apendicitis aguda que crea que un curandero psíquico puede curarle sin recurrir a una opera - ción. Cuando descubren que la curación psí - quica no es posible, es demasiado tarde. Bueno, es posible, pero muy improbable. No sirve de nada poner pétalos de caléndula sobre zonas grangrenosas. Hay que colocar la curación psí - quica en su perspectiva adecuada.

Para lo que sí es de enorme ayuda es para el proceso curativo real, es decir, para ayudar a personas sometidas a operaciones graves a que la herida cure rápidamente y sin complicacio - nes. Puede servir de ayuda en procesos como las depresiones, ataques nerviosos, conseguir que el cuerpo se ayude a sí mismo para que responda al tratamiento médico. Sé que algunas de las medicinas son nocivas, pero si se estimula al cuerpo por medio de la curación psíquica a que responda rápidamente no será necesario utilizar mucho tiempo esos elementos farmaco - lógicos.

Cuando hay que acudir al tratamiento ho - meopático es cuando se tiene dolencias meno - res. En esos momentos no es necesario tomar las medicinas recetadas por doctores agobiados de trabajo. Pero luego, cuando llega el mo - mento y necesita esas medicinas, le bastará con una cantidad menor, pues tiene muy pocas o ninguna detenidas en el sistema.

Acepto que algunas medicinas naturales son tan buenas, sino mejores que algunas de las cosas que le ofrecen los doctores en sus consul- tas, sin embargo, trate de decirle eso a alguien agobiado por el terrible dolor de los cálculos renales. Sin advertirlo, uno se queda rígido por el dolor y necesita algo que lo alivie, más algo para disolver los cálculos, y lo necesita en ese instante. Créame si le digo que sé de lo que estoy hablando. Pero una vez que ha pasado el ataque y han salido los cálculos, me sentí feliz de abordar los remedios naturales para impedir que volviera a suceder lo mismo.

La curación psíquica trabaja en una longitud de onda diferente a las medicinas naturales. Es un don que en algunas personas alcanza pro- porciones casi increíbles; estas personas pueden producir curaciones ultra-rápidas, pueden ayu- dar en los casos de dolor de espalda y en dolencias como la artritis y las inflamaciones. Algunas personas pueden trabajar a distancia del enfermo y conseguir los mismos resultados. También a este respecto puedo contar un caso en el que un supervisor de SOL del Reino Unido pudo ayudar a una estudiante sometida a una larga y compleja operación dental en Nueva York. A decir verdad, la paciente debe- ría haber salido del quirófano incapaz de abrir la boca y de un color negroazulado; pero la única cicatriz que tuvo fue la de la aguja del goteo en el brazo.

En raras ocasiones han sucedido curaciones milagrosas, y estoy absolutamente dispuesta a aceptarlas, pero creo que no es prudente pensar que un curador psíquico pueda ayudar siempre, sobre todo cuando el problema se ha presen- tado ya en toda su crudeza, y quizá es incluso terminal. En esos casos en los que puede ayudar el poder del curador psíquico es en promocio- nar la capacidad autocurativa del cuerpo del enfermo, en despertarla, en ponerla en funcio- namiento y controlarla, a parte de esto el poder del curador podrá causar la plena curación cuando sea posible, y si no ayudar al funciona- miento de los analgésicos naturales presentes en el cerebro.

No quisiera que el lector pensara que estoy en contra de los curadores, lejos de ellos, pues dos de mis mejores amigos, personas muy que- ridas para mí, son curadores poderosos; pero creo que se pone una carga excesiva en esas personas al esperar que realicen milagros conti- nuamente. Todos los curadores son empáticos y extrasensibles, y cuando no consiguen hacer lo que desean los contratiempos son tremendos. Pídales que hagan lo más posible, pero no les pidan lo imposible.

¿Tiene usted poderes curativos? Bueno, puede hacer una prueba simple; si coloca su mano sobre alguien cuando siente dolor, ¿se le ponen las manos muy calientes o muy frías, o permanecen como estaban? La mayoría de los curadores, aunque no todos, tienen un gran calor en sus manos, calor que sienten las perso- nas a quienes están curando. Algunos sienten que las manos se les van quedando frías con- forme el poder curativo va pasando al paciente.

Mi consejo es que si siente que tiene algún poder curativo acuda a algún grupo curativo espiritual reconocido para que un clarividente le examine en los niveles interiores. Si tiene algún poder de este tipo, trabaje con ellos para desarrollarlo. Algunos curadores, en los que esta facultad es innata, necesitan poco o ningún entrenamiento, pues «recuerda» lo que apren- dieron cuando les entrenó el antiguo Therapeu- toi, pero son la excepción.

Si uno de su grupo o un miembro de su familia necesita curación, puede tratar de invo- car a la forma divina apropiada. Esculapio, Apo- lo, Cheiro e Hipócrates funcionarán dentro de la tradición griega. Isis o Thoth en la egipcia; Jesús de Nazaret o Rafael en la Cabalística.

Si el enfermo es un miembro del grupo, o usted mismo, puede tratar de dormir en el templo encima del «Pastos», diván estrecho utilizado para esos fines. Invoque la forma di- vina que ha elegido, cúbrase con una manta o una sábana azul y duérmase inmediatamente después de la invocación. A veces, un sueño clarificará la causa raíz de su problema, lo que le permitirá tratarla a nivel de tierra.

Si le han pedido que haga algo por una persona a la que no conoce, o que está lejos, debe tener algo de ella en donde concentrar el poder curativo. Ponga ese objeto en el altar, o el pastos, abra el templo según la tradición que vaya a utilizar e invoque a la forma divina curativa. Es una buena idea utilizar los poderes del sur, el oeste y el norte para reforzar los del este. Por ejemplo, puede situar a Esculapio en el este, invocar a Apolo en el sur y pedirle, en cuanto que padre de Esculapio, que aumente su poder curativo. Puede colocar a Atenea en el oeste y pedir que conceda su sabiduría para mejorar el poder del este. En el norte puede colocar a Hades, el señor de los efectos ocultos, pidiéndole su ayuda para descubrir dónde tiene la raíz el problema.

Antes de recibir una bolsa entera de cartas diciéndome que nadie cura con su poder, sino por medio del poder de Dios, permítaseme aclarar una cosa. Los hombres y las mujeres somos hijos de esa causa primordial descono-

cida que tiene miles de nombres, uno de los cuales es el de Dios. Como hijo de esa gran entidad, la persona tiene derecho a utilizar to- dos los poderes o talentos que se le han dado. Esos poderes y talentos se le han dado libre- mente, como regalo, para que los utilice en el bien de los otros; el curandero es plenamente consciente de quién le concedió esos dones, y consciente de que se le dieron para que los utilizara como él considerara justo. El libre albedrío fue el último y el más precioso de todos los dones entregados al hombre, y no debe tener miedo de utilizarlo. Muchos curan en el nombre de Dios, pero como ya dije, tiene muchos nombres, todos los cuales son válidos; por tanto, si alguien decide curar invocando un nombre diferente no por ello será menos sa- grado ni menos eficaz. Los poderes curativos no son la prerrogativa exclusiva de los seguidores de la fe cristiana.