El hecho humano de la religión va casi siempre acompañado de unas posi- bles deformaciones, que constituyen su patología. Nos ocupamos aquí de sincre- tismo, superstición, magia, esoterismo y fundamentalismo. Son fenómenos que pueden adquirir versiones e intensidades diferentes, pero tienen en común el he- cho de que representan en alguna medida aspectos de la religión que la acercan a lo irracional. Exigen, por lo tanto, un análisis y un diagnóstico por parte de la fi- losofía de la religión.
Sincretismo es un término que encierra gran vaguedad. Fue usado ocasional-
mente en la Antigüedad en contextos tanto religiosos como profanos para signi- ficar unión de fuerzas y propósitos. Erasmo de Rotterdam (1466-1536) habla genéricamente de sincretismo como una unión positiva de puntos de vista aparen- temente contradictorios. La noción adquiere en el siglo XVII un tono negativo y se refiere a la conciliación improcedente de opiniones y criterios teológicos opuestos. Sincretismo deviene así un término polémico que se emplea para defen- der la religión verdadera frente a la herejía.
A partir de la segunda mitad del siglo XIX, la palabra entra de lleno en el campo de la historia de las religiones, se reviste de un sentido más bien neutral, pero se usa en ocasiones de modo ideológico y racionalista, para referirse a pre- suntas influencias estructurales que el cristianismo habría sufrido de otras religio- nes y cultos antiguos.
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Un análisis riguroso del sincretismo indica que se trata de un mezcla o com- binación, total o parcial, de religiones. No es propiamente hablando una unión, porque en la unión suelen permanecer intactos, y con toda su personalidad, los elementos o polos que se unen. En el sincretismo tiene lugar una interpenetración o confusión, de modo que surge una religión distinta de las anteriores que se han mezclado. El producto sincrético es un nuevo culto o una nueva realidad religio- sa que no existía antes de la mezcla. No puede decirse que las religiones mezcla- das coexistan en la nueva. Han perdido su identidad y apenas son reconocibles como independientes.
El sincretismo es un fenómeno muy general en la historia religiosa de la hu- manidad. Las religiones de la tierra son tradiciones vivas, que sólo en la mente re- ciben generalmente una unidad cerrada y sin fisuras. La experiencia indica que se desarrollan y encuentran unas con otras. Se producen de ese modo mezclas de di- vinidades, cultos, ritos e incluso doctrinas.
El fenómeno sincrético no encierra en sí mismo gran importancia objetiva, dado que las religiones no poseen el mismo valor. Hay mezclas de religiones que no suponen un empobrecimiento o una pérdida de sustancia respecto a las origi- nales.
Las religiones (universales) de tipo profético, que profesan una doctrina cali- ficada de ortodoxa y practican ritos preceptivos vinculados a esa doctrina, se con- sideran originales y de rasgos puros bien definidos. Son religiones monoteístas, como el judaísmo, el cristianismo y el islam, y proceden de experiencias fundacio- nales concretas. Estas religiones mantienen una visión muy peyorativa del sincre- tismo, como patología que viola la esencia y razón de ser de su sistema doctrinal y ritual. El sincretismo es aquí una amenaza y un riesgo de mezclas ilegítimas.
El sincretismo religioso suele producirse por la fusión de culturas, si bien in- fluyen factores geográficos, económicos y lingüísticos. Lo normal, sin embargo, es que el sincretismo religioso siga al entrecruce cultural. Responde también a ve- ces a un intento político de crear unidad, a fin de superar los enfrentamientos de religiones en pugna abierta. «Intentos de esta clase se han hecho en el pasado por gobernantes e imperios para eliminar fuentes de conflicto mediante un proceso de sincretismo religioso, en el cual los dioses de pueblos conquistados eran adopta- dos en el panteón de los conquistadores, manteniendo sus propios templos y sa- cerdotes.
»La llegada de las religiones universales anuló la posibilidad de esta solu- ción en su forma más simple. Pero en el Oriente, donde estas religiones se encon- traron con un trasfondo de cultos más antiguos y primitivos, hubo intentos de lo-
grar un sincretismo similar en el más elevado nivel de pensamiento religioso»51.
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Un típico ejemplo de este proyecto es lo intentado en la India por el emperador mogol Akbar (1556-1605) que fundó una religión ecléctica y artificial con el fin político de unir a musulmanes e hindúes en un culto común.
Es casi una ley establecida en los procesos sincréticos que la religión infe- rior infecta y contamina la superior. Lo contrario no suele ocurrir. El sincretismo no se produce a veces tanto en las religiones mismas como en la mentalidad y en el comportamiento de los individuos. Un budista chino puede sentirse además confuciano y sintoísta todo al mismo tiempo, según lo que elija ser en momentos determinados de su existencia (educación, vida familiar, comercio, matrimonio, muerte…).
El hecho de que una religión haya adoptado, conscientemente o no, elemen- tos (doctrinas, ritos, insignias) de otra no quiere decir que exista sincretismo. Porque esos elementos pueden respirar distinto en una religión que en otra. El cristianismo toma numerosos aspectos del judaísmo, con el que se halla en conti- nuidad histórica y de fondo, y con el que comparte el mismo patrimonio religio- so. Pero la relación de cierta dependencia de la religión cristiana respecto a la ju- día no constituye sincretismo, dado que los principios que estructuran una y otra religión son diferentes.
El producto sincrético puede alcanzar en ocasiones gran unidad e identidad propias, llegando a ser de hecho una religión o culto independientes y en sí mis- mos bien perfilados. Ocurre así con la religión india de los sikhs, que une elemen- tos hinduistas purificados de excesos, con una concepción monoteísta procedente del islam. El sikhismo fue fundado en el Punjab durante el siglo XV. Otro ejemplo notable es el budismo tibetano, o budismo tántrico, que ha absorbido y ha incorpo- rado plenamente la anterior religión tibetana. Esta religión vive y respira en el bu- dismo del Tíbet, que es por eso diferente del de otros países budistas.
Los cultos afroamericanos, como el voudú, la macumba, el candonblé, la santería, etc., presentan generalmente rasgos definidos, y a pesar de la heteroge- neidad de los elementos que los componen, parecen mantener un núcleo cuasi-re- ligioso estable.
Un sistema religioso sincrético bien conocido es el gnosticismo antiguo, cuyo dualismo incorporaba elementos de los cultos mistéricos orientales, las reli- giones judía y cristiana, y diversos conceptos filosóficos. La mezcla de religiones mistéricas del Oriente con las religiones griega y romana del helenismo precipitó
en numerosos cultos sincretistas52. La religión universal actualmente más conta-
minada por mezclas y adherencias ajenas al Corán es el islam, tal como se vive y practica en muchos lugares de los continentes africano y asiático.
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52. Cfr. AA.VV., Les syncrétismes religieux dans le monde méditerraneen antique, ed. C. BONNET-A. MOTTE, Bruxelles-Roma 1999.
El religioso belga Jacques Dupuis hacía en octubre del año 2003 una pro- puesta sincretista en los términos siguientes: «La religión del futuro será la con- vergencia general de las Iglesias en un Cristo Universal que dé satisfacción a to- das. Las tradiciones de las demás religiones del mundo forman parte de un plan divino para toda la Humanidad, pues el Espíritu Santo está presente y actúa en- tre hindúes y budistas, y ha dado su inspiración a las sagradas escrituras de cris- tianos y no cristianos. Así lo pide la universalidad del Reino de Dios, que impli- ca formas diferentes de compartir el mismo misterio de salvación. A fin de cuentas, lo que importa es que un cristiano sea mejor cristiano, y un hindú me- jor hindú»53.
Se contiene en este texto y en sus presupuestos de fondo una notable confu- sión de planos y perspectivas. El autor viene a decir que lo ideal es que las tradi- ciones religiosas más establecidas pierdan sus rasgos definitorios, y renuncien a su personalidad y a su identidad. Es un planteamiento no sólo utópico sino irra- cional. Equivale a decir en el plano lingüístico que las lenguas más reconocidas y creadoras de culturas deberían desaparecer, para converger en un extraño y artifi- cial esperanto.